El fantasma que persigue a Abraham Olano

Abraham Olano es uno de los ciclistas más injustamente tratado

Esta tarde Teledeporte se acuerda de Abraham Olano

Lejos queda ya el mundial que dieron al inicio del confinamiento, que alimentó el estéril debate si Olano fue campeón por gentileza de Indurain, para que el astro guipuzcoano vuelva a las pantallas.

Es el Mundial CRI de Valkenburg año 98, aquel famoso año.

Una tarde de perros en octubre -la Vuelta prevé salir de allí en noviembre- y oro para Abraham Olano, tres años después de la plata en Colombia, y plata para Melcior Mauri, uno de los héroes de Mende.

Esa tarde Abraham Olano fue el primer ciclista, y creo que hasta la fecha el único, que ha sido campeón de ruta y contrarreloj.

Tras un serial dedicado a Miguel Indurain y un empacho de Perico, creo que era ya hora se acordaran del de Tolosa.

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No hace mucho corrió por las redes un polvorín de felicitaciones para Abraham Olano.

50 años cumplió el guipuzcoano. Curiosamente cada felicitación, cada retweet que sonaba en el espacio, tenía una respuesta, una retahíla que quienes vivimos la época del tolosarra nos recuerda a la de entonces.

Miembro de la generación del setenta, Olano fue posiblemente el mejor de esa hornada. Coincidió con Eugeni Berzin, ejemplo de devaneo de grandeza acompañado por la total desaparición, el vacío. Hoy vemos al ruso vendiendo coches con una figura que no insinúa su percal de ganador del Giro. También Francesco Casagrande, grande pero lejos de sus limites, y Michele Bartoli, enorme en lo suyo, en las Árdenas. Coincidió con Marco Pantani, sobran palabras, pero su palmarés es menos extenso que el de Olano. También Erik Zabel, Eric Dekker, Peter Van Petegem y otros rodaron con más o menos fortuna y no buenos finales en todos los casos.

Hace cuatro meses nos felicitó las Navidades desde Gabón, aquí al lado…

Abraham Olano acumula un bagaje que le sitúa entre los cinco mejores ciclistas de la historia del ciclismo español y sin necesidad de haber ganado el Tour, la carrera que marcó su techo. Ganó el primer mundial para España, sí con la ayuda de Miguel indurain, pero arrimado a la grandeza de un pedaleo que fue grande hasta el final, incluso con la rueda pinchada. También ganó el mundial contrarreloj tras la hacerlo en la Vuelta y a ello le añadió muchas e interesantes piezas que para muchos sólo una de ellas justificaría una carrera entera.

Con estas credenciales, a Olano, sin embargo le persigue un fantasma, un estigma, una especie de reproche generalizado porque no llegó a donde no sé quién pensó que debería haber llegado. Cuando Miguel Indurain colgó la bicicleta todos les miraron. En el Tour de 1997 Olano demostró que nunca ganaría a carrera francesa y que su regularidad, siempre coronaba noveno los puertos, no le valdría en el empeño.

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Decepción, amargura, frustración,… cuando se siembra de falsos argumentos el camino, pasa lo que pasa y Olano fue una estrella ahogada en las nunca cumplidas proyecciones, proyecciones que por cierto él nunca lanzó. En la Vuelta del 98 se vio claro, el público en general y su equipo en concreto se decantó por el Chaba Jiménez. Emoción frente a razón. Momento ante gesta. En los peores instantes de aquella relación imposible, pocos dudaron en ponerse al lado del abulense.

Pero a Olano le quedó un segundo capítulo de ingratitud por parte del ciclismo, ese que le vino desde Unipublic, que prescindió de él cuando se sacó el famoso listado de ciclistas manchados en el Tour de 1998. Sabiendo lo que se sabía, resultó curiosa la sorpresa mostrada, pero en fin, esto es el ciclismo, esto es la vida y a Olano, felicidades por tus 45 primaveras, siempre le tocó bailar con la más fea.

Imagen tomada de diariodeltriatlon.es

“Con Franco, la Vuelta era mucho mejor”

Aquella Vuelta de Enrique Franco fue el germen de lo que es hoy

No me miréis así que yo también me he asustado, ¿eh?

 

Bromas aparte, la verdad es que cuando leí esta primera frase del tuit que me contestó a esta entrada el bueno de Pello -el gran Pello Ruiz Cabestany– me quedé, en un principio, bastante perplejo.

No sabía si me estaba vacilando o tenía un nuevo hater como seguidor, pero la primera impresión fue la de quedarme a cuadros.

Por suerte, el estado de schock inicial duró muy poco, apenas unos segundos.

Después de tragar saliva, pude seguir leyendo que Pello, como no podía ser de otra manera, se estaba referiendo, claro está, al recordado Enrique Franco, “que fue el director general de la Vuelta, y gran impulsor, antes de que la comprara la empresa organizadora del Tour”.

Recuperado del susto inicial -imagino que como todos vosotros- he querido recordar la memoria del ilustre e histórico director.

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Su gran trabajo y ambición, su anhelo y deseo fue, desde que se hiciera con sus riendas en el año 1980, la modernización definitiva de La Vuelta.

Y a fe que lo consiguió.

Así fue durante 25 años hasta 2004, temporada en la que tuvo que jubilarse.

 

 

Siempre al mando de su coche rojo y dando el banderazo de salida, agitándolo con ilusión.

Lo hizo con mano firme como cabeza visible de su empresa Unipublic, especialista en organizar eventos deportivos de todo tipo.

Dicen de él, algunos, que quizás lo hizo de manera intransigente y dictatorial.

Otros, le llegaron a recordar hasta su apellido.

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Encargo directo, en el año 1979, de la propia Federación Española de Ciclismo, dejaban en sus manos una Vuelta tocada de muerte, con la amenaza latente, incluso, de ser víctima del terrorismo.

Fue una apuesta arriesgada.

Gracias a su obsesión por mejorar una carrera obsoleta y en decadencia, consiguió convencer a Televisión Española para que se interesara por La Vuelta, descubrió Los Lagos y, no lo olvidemos, incorporó el Angliru a su recorrido, después de recibir la famosa carta de Miguel Prieto.

Siempre intentaba atraer a las grandes figuras ciclistas del momento.

Apostaba por la innovación y la sorpresa, por eso a los “palomos mensajeros había que cazarlos”, como él mismo se refería a aquellos que les reventaba las presentaciones de los recorridos con su filtraciones a la prensa.

Algo que a Enrique Franco le enrabietaba y mucho: “La Vuelta para mí es sagrada”

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Los cuatro sueños de Franco.

Hace 22 años, exactamente un 17 de septiembre de 1997, Enrique Franco fue entrevistado en el programa de radio “El Larguero”, presentado por José Ramón de la Morena.

En él, revelaba que tenía cuatro sueños por cumplir para “su Vuelta”:

-incluir en su recorrido la ascensión al Teide.

-lograr un final de etapa encima del puerto de Navacerrada, en un lugar conocido como “La Bola del Mundo”, un lugar inhóspito, muy poco accesible, casi intransitable, muy difícil de llevar a cabo por no decir casi imposible, donde los vientos juegan a su antojo entre antenas e instalaciones antiguas.

-volver a la montaña cántabra de “Peña Cabarga”, que ya había sido final de etapa en 1979 pero que entonces, claro está, no tuvo la repercusión que en esos momentos se merecía con la llegada de La Vuelta.

-por último, celebrar una contrarreloj individual (una cronoescalada) entre Pamplona y la “Higa de Monreal”, la montaña navarra en forma de pirámide, considerada como una de las más duras de la geografía española, con rampas de hasta el 20%.

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Cuatro sueños que no pudo ver cumplidos al fallecer, después de una larga enfermedad, en el año 2008.

Parece que fue ayer y ya han pasado 11 años.

Sin embargo, dos años más tarde, en 2010, dos de sus sueños sí iban a llegar a buen puerto.

En aquella edición se tuvo el enorme acierto, primero, de incluir la llegada a “La Bola”, algo que, como comentamos, no debía ser tan fácil cuando Enrique Franco se quedó sin ver cumplido.

Esa ilusión ya tenía fecha: el sábado 18 de septiembre, la penúltima etapa de la 75ª edición de la ronda española.

El segundo, con la llegada de nuevo de La Vuelta a Peña Cabarga, una ascensión que, posteriormente, ha agrandado su leyenda ya no sólo al ser final de etapa ese año, sino también en 2011 y 2013.

Queda pendiente el sueño de la “Higa de Monreal”, que parece un muro inaccesible, de momento, para las finas ruedas de las bicis de los corredores.

También, la escalada al Teide, un tema en trámite, un reto de futuro que según palabras del propio Guillén: “todo el mundo sabe, no es ningún secreto, que tengo ese deseo de volver a las Canarias”.

La Vuelta ya partió de allí en 1988.

Desde entonces no se ha vuelto.

Podríamos añadir que Enrique Franco tuvo un quinto sueño que tampoco pudo ver cumplido.

Éste no era otro que traer a Induráin después de ganar el Tour.

No lo consiguió nunca.

La Vuelta del 91 (segundo tras Mauri) y la del 96 (obligado a participar a la fuerza por su «no victoria» en el que tenía que ser «su sexto Tour») no servían.

Él quería al Induráin victorioso de julio en el mes de septiembre y eso no podía ser.

No pudo ser.

Esto hacía enfadar mucho a Enrique Franco que arremetía contra Induráin con estas duras palabras, fiel a su fuerte carácter:

“no le beneficia en nada a su carrera, porque habrá hecho mucho por el deporte español pero no por el ciclismo de este país y en otro sitio, público, políticos y medios de comunicación, no hubieran consentido su ausencia” -sentenció con firmeza.

Antes de retirarse, se encargó personalmente que su Vuelta quedara atada y bien atada durante varios años, como él mismo reconoció.

En su legado, puertos como el Angliru del que llegó a decir «una ronda española sin el muro asturiano es como una maratón de cinco kilómetros”.

Un puerto que cambió para siempre el sino de esta carrera y la de los límites humanos del ciclismo profesional.

Foto: Diario AS

La crisis que acecha a la Vuelta a España

En menos de un mes tendremos sobre la mesa el próximo recorrido de la Vuelta Ciclista a España. De lo que sabemos, que no es poco, tenemos presente que puede pasar a Francia, suena el Aubisque, que arrancará desde Galicia y además tendrá montaña de inicio con Lagos de Covadonga y La Camperona en el menú, que hollará hasta diez finales en alto y que se valora, oh sorpresa, la inclusión de una crono porque abre el abanico de aspirantes y obliga a los escaladores a arriesgar algo más en el atracón montañoso que se les propone.

El otro día Juan Gutiérrez hizo una pequeña proyección de las figuras que pueden ir a disputar la tercera grande del año. Partiendo de la base de que sólo dos colombianos estarán seguro, y salvo sorpresa, Esteban Chaves y Nairo Quintana, todo lo demás es humo denso y pesado porque además están por medio los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, una carrera que se anuncia dura y que por tanto abre el tiro a muchos corredores potencialmente favoritos en la Vuelta.

Esta coyuntura se suma a la situación de los tres tenores del ciclismo español, que no nos engañemos, son los que llenan y dan color a la carrera en nuestras fronteras. Valverde quiere hacer Giro y Tour, más Juegos, sería superman si se plantea la Vuelta también, Contador sólo tiene claro el Tour y Purito contempla la Vuelta pero con reservas y una campaña cargadísima antes de llegar a la misma.

2Alguna vez hemos escrito sobre la apuesta de Unipublic, de esta Unipublic, por el ciclismo. Si en términos empresariales no hay nada que objetar, han logrado perfilar un producto, la Vuelta, que les resulta económicamente, no ha mirado más allá, al calendario de carreras y de pruebas que pueden servir para crear el caldo de cultivo para que el ciclismo en España sea algo más que la Vuelta a España y un puñado de carreras que dejan enormes calvas en el calendario.

Hace veinte años esta misma empresa tenía de carrerilla prácticamente todas las carreras del calendario en su catálogo (salvo Volta, País Vasco, Burgos y Andalucía, principalmente). Entonces Unipublic gozaba de un círculo de carreras y la Vuelta como guinda, en ese calendario se batían equipos que generaban estrellas que a su vez daban color en la Vuelta, ese círculo virtuoso ahora mismo no existe, no hay noticias de que pudiera existir y Unipublic puede encontrarse que su Vuelta, la que ha tenido llenazo  de figuras estos años, quede huérfana de muchas de ellas, principalmente las españolas, porque no ha abonado el terreno para ello.

No obstante, la titularidad de ASO en Unipublic ya dice mucho de su hacer y proceder. Con la Vuelta generando posibles, la suerte del calendario patrio les debe traer sin cuidado. Sólo una cosa, si algo de castizo queda en Unipublic, que al menos se acuerden de poner en orden su corral.

Ciclismo español: pan para hoy y… ¿hambre para mañana?

Hace tres años nos preguntábamos cuán grande sería el socavón que dejaría la crisis en el ciclismo español. Por aquel entonces arreciaba sobre nuestras cabezas una tormenta financiera que nos hacía temer lo peor, pero lo peor de verdad. Tres años después no sabemos si estamos en el punto más bajo, si caer más es imposible, pero lo cierto es que el panorama es similar aquellos campos de batalla tras el fragor de las espadas y las lanzas.

Desde que escribimos ese post, el ciclismo español ha dado un paso para delante y tres para atrás. Entonces habían dos World Tour –pues el Geox estaba a punto de dar la espantada- habían más equipos profesionales, como el Andalucía tan pésimamente gestionado, y cabían algunas carreras más. En el tema de equipos hoy el ambiente es gélido: Movistar en el WT y Caja Rural en el siguiente escalón. Se ha vivido la desaparición, traumática, del Euskaltel, también la del Euskadi. Hemos presenciado el inexplicable serial de Fernando Alonso pero también el nacimiento de algo que esperamos vaya a más, el Murias Taldea, la semilla de mostaza en las condiciones más inclementes.

El calendario ciclista español se junta y se arrebuja entre la carencia total de medios. Unipublic comenta que la Vuelta empieza a arrojar buenas cifras –algo que esperemos reviertan en el ciclismo, por caridad-. Con todo se contemplan 66 días de competición, por los 119 que había hace tan sólo cinco años y 180 de hace diez. El desmembramiento trae cosas buenas, por ejemplo la racionalización de las fechas y los recursos.

Por ejemplo entre las vueltas a Murcia y Andalucía se juntan tres carreras –una de ellas vuelta por etapas- en ocho días por zonas densamente pobladas de concentraciones ciclistas por fechas invernales. Se mantienen las dos vascas –País Vasco y San Sebastián- y la Volta a Catalunya en el World Tour y se agiganta un tremendo agujero competitivo en los otrora superpoblados meses de mayo y junio. Desde la recuperada Vuelta a Madrid no habrá nada hasta los nacionales y luego otro paréntesis hasta Ordizia. Extrañamos Valles Mineros, Puertos, Hucha de Oro,… y Bicicleta Vasca, siempre eibarresa por ser el objeto más fabricado en la última población guipuzcoana.

Entroncando con lo primero, con los equipos, se supera el medio centenar de ciclistas sin equipo para 2015. El listado es profuso e interesante y habla de lo necesario que habría sido que lo de Fernando Alonso hubiera salido adelante.

Todo este panorama, todo este campo de batalla trufado de negros nubarrones acontece justo cuando el presidente de la UCI, Bryan Cookson, le ha dado en Madrid el premio de mejor ciclista a Alejandro Valverde, de mejor equipo al Movistar y de mejor país a España. Muchos sugieren que viene un periodo de hambre y penuria. Si bien la abundancia que gozamos desde que aquel chaval abulense Angel Arroyo fuera podio en el Tour, de eso hace ya 32 años, quizá no sea la que marque el camino del ciclismo patrio, tampoco es tan pésimo todo lo que viene.

Es obvio que Contador, Valverde y Purito se dan una vez cada varias generaciones. Otros países llevan esperando reverdecer laureles desde hace lustros. Belgas y franceses en el Tour sin ir más lejos. Quizá, y aprovechado que Cookson estaba por España, convendría haberle preguntado cómo lo hacen en otros países, por ejemplo en el de origen del presidente de la UCI. Quizá Cookson les hablaría de inversión, de largo plazo, de paciencia, de fe,… cosas que por desgracia no abundan aquí.

Imagen tomada de vive.telefonica.com

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¿Cuál debería ser el siguiente paso de Unipublic?

No es habitual ver el ciclismo en la prensa económica. La semana pasada Javier Guillén, máximo responsable de la Vuelta a España y por ende de Unipublic, protagonizó una interesante entrevista en el diario Cinco Días. Si deportes como la Fórmula 1, un circo en toda la amplitud del término, fútbol o tenis tienen su presencia en estos círculos, es interesante ver hablar a la gente del ciclismo, sobre todo para tomar conciencia de las modestas magnitudes del deporte que más territorio abarca.

La entrevista en sí está bien, pues habla Guillén de cuestiones que no acostumbra a abordar. Sin entrar en mayores detalles algunas de las impresiones del primer ejecutivo de la Vuelta sirven para tomar conciencia del estado real de la mejor carrera de nuestro país. Se cumplen unas cuantas ediciones bajo el paraguas de ASO y su efecto se deja sentir en lo que a difusión internacional se refiere. Es obvio que no entra en resultados, pero ya quisiéramos saber cuánto del paquete que negocia la empresa de matriz francesa queda en la Vuelta y cuánto para Francia, su Tour y sus carreras satélite (Dauphiné, París-Niza, las clásicas valonas, Roubaix, Tours, Avenir,…).

A Guillén le ha tocado torear con dos problemas. Heredó la carrera en un momento de herencia plomiza en forma de dopaje y con el tiempo le tocó gestionarla en tiempos de crisis total. No olvidemos que la España de 2011 y 2012, mientras la Vuelta rodaba, estaba en nivel de intervención. Parece no obstante que la carrera remonta, no sé si volverá a los niveles de aquella dorada época de abril y la carrera tambaleándose en los caprichos de la meteorología, pero al menos en 2014 Guillén admite que los resultados son mejores.

Un dato interesante es la cifra de inversión pública que corre por sus balances. Guillén la pone en el 13%, lo que en cierto modo es alentador porque le da independencia de acabar donde él quiera. Esperemos esa cuota baje. Con todo Guillén se pone otras metas y la primera es volver a Canarias, a donde la Vuelta no llega desde 1988 cuando lo hizo en su prólogo desde Tenerife y victorias de Etore Pastelli, Iñaki Gastón y el BH, dirigido por Mínguez y liderado por Cubino, de amarillo en aquel bucle.

Guillén también habla del norte de África para integrar Ceuta y Melilla en el mapa histórico de la carrera como siguientes pasos. Sin embargo desde este mal anillado cuaderno, se nos ocurren otros retos inminentes, tantos como carreras se han perdido en España desde 2005. Sí, hace un tiempo Unipublic era garante de un ramillete de carreras que entiendo que bien gestionadas, desde la racionalidad y bien proyectadas, pueden volver a ser negocio, pingüe si quieren, pero negocio a la postre. No entiendo que potencias turísticas como Catalunya no puedan recuperar su Setmana Catalana, que ciudades como Barcelona no eche el resto por la Escalada, que Aragón, Galicia o Valencia no tengan interés alguno en recuperar sus vueltas.

El retorno podría ser modesto, al nivel de lo que se exige hoy en día, pero si fuera un retorno ya nos daríamos con un canto en los dientes. A partir de aquí no vemos otra opción que seguir creciendo. Si lares como Dubai, Omán o Qatar ven el ciclismo atractivo que no habrán de hacer sitios de tradición y poso mil veces mayores. Creo que al margen de la Vuelta, la joya de la corona, Unipublic debería recuperar el rol que le corresponde en el ciclismo español. Es una obligación casi moral la que le empuja y estoy casi seguro que bien hecho hasta les daría beneficios.

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Un práctico soporte para llevar nuestro smartphone en el manillar de la bici o en el brazo!!

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Como ya sabemos, los teléfonos móviles de última generación (smartphones) cuentan con multitud de características técnicas y aplicaciones que los convierten en dispositivos multiusos cada vez más utilizados por deportistas de todo el mundo.
En el caso de los ciclistas y runners, uno de los accesorios esenciales para poder utilizar nuestro propio smartphone en la bicicleta o mientras corremos es el soporte para el manillar o brazo, existiendo múltiples opciones en el mercado.

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Un buen día para recordar a Alberto Gadea

Esta fecha 23 de mayo nos está resultando triste a la gente del ciclismo. Hace tres años recuerdo a Carles Francino en directo dar paso a una terrible noticia relacionada con el ciclismo profesional. Dio paso directamente  desde Sierra Nevada para reportar la dramática pérdida de Xavier Tondo por accidente doméstico. Ese día nos hicimos mayores casi de sopetón, envejecimos del golpe, un tipo que irradiaba vida, cariño y amistad perdido así de buenas a primeras, rompiendo el fino hilo que nos mantiene en este mundo de los vivos.

Hoy, también 23 de mayo, la vida nos arrebata otra persona especial: Alberto Gadea. Quizá algunos no lo conozcáis, yo tuve la suerte de conversar mucho con él, en su desordenado y siempre copado de papeles despacho de la Gran Vía barcelonesa. Ese despacho era la delegación de Unipublic en Barcelona, y desde ahí Alberto sacaba adelante sus labores de director técnico de la Vuelta a España pero también de las muchas carreras que entonces este organismo sacaba adelante: Setmana Catalana, el Luis Puig y Escalada a Montjuïc más las vueltas a Murcia, Aragón, La Rioja, Galicia y Valencia.

Alberto siempre nervioso, siempre entrañable, me acogió con un cariño casi de padre desde el principio. No pudo ayudarme mucho, en este mundillo los números van marcados y no siempre tienes el ganador, sin embargo guardo excelentes recuerdos de él y un fenomenal libro de la Vuelta a España que he utilizado mil veces en quehaceres varios. Con los años y por razón de un trabajo “enciclopédico” tuve que volver a su casa, cuando su enfermedad había avanzado ya mucho. El cariño que me dispensaron su señora e hijo Eduardo fue comparable al del padre de familia.

Su casa es un lugar de culto para la gente del ciclismo. Recuerdos, objetos, carteles, placas, diplomas, fotos, artículos,… de todos los sitios del mundo, de todos los mundiales, de todas las carreras. Durante años la casa de Alberto Gadea fue la maleta que le acompañó a los no pocos compromisos que le tenían largos periodos fuera de casa. Fue un hombre de ciclismo, una persona de mundo, un tipo querido en todos los sitios.

Para quienes no lo sepáis Alberto Gadea, que creció en un lugar muy cercano a mi casa, en el espluguense barrio de Can Clota, por ser las tierras del Sr. Clota, fue ya árbitro en 1957. A los diez años adquirió en Roma el nivel internacional, siendo el comisario más joven jamás nombrado. En 1968 arbitró su primera carrera con motivo de la Vuelta a Turquía compaginando su rol ciclista con el de constructor, su oficio de base.

Desde entonces presidió el jurado técnico de nada menos que el Tour de Francia, Vuelta a España, Volta a Catalunya, Vuelta  Suiza, Tour de Porvenir,… plantel de carreras al que hay que sumarle Mundiales de todas las especialidades. Su sapiencia global de ciclismo le valió ser presidente del comité de árbitros que rigió las competiciones ciclistas de los Juegos Olímpicos de Barcelona, hace 22 años en su ciudad. Desde 1985 ejerció su cargo de director técnico de Unipublic, siendo entre otras cosas una de las personas que dio el OK al Angliru en la Vuelta, con todo lo que ha significado para este deporte la inclusión del coloso asturiano.

Por todos estos años de buena amistad hoy queremos recordar a Alberto, un tipo grande que nos deja huérfanos, un poco más, a todos los que amamos este deporte.

 

Los italianos nos pasan la mano, una vez más

Quienes sepan de este blog hace tiempo, saben que sobre Italia no encontrarán objetividad. Sin embargo en esta ocasión nos han vuelvo a pasar la mano por delante. Nace la Roma Maxima, una nueva semiclásica que complementará la Strade Bianche, un día después de la celebración de esta, aprovechando que están por la bota itálica que mejor forma de asegurar el tiro.

En definitiva, surge una carrera nueva, en un país con una recesión de caballo y una galopante crisis política a la vuelta de la esquina. Un integrante de pleno derecho entre los PIGS, que no contento con perder parte de su calendario, echa mano de lo que sea para marcar el camino a lo que a mi juicio sólo puede salvar el ciclismo: la originalidad.

La nueva clásica ha pasado desapercibida entre tantas noticias malas y peores. En España asistimos estos días a la celebración de la Vuelta a Andalucía, algo así como un milagro de cuatro días, que se sucederá de sendas carreras de una jornada: Almería y Murcia, aquella que un día fue prueba de cinco etapas y ahora se reduce a clásica, por salir del paso, a sabiendas de lo que nos gustan las clásicas en este país.

RSC, que un día sí y al otro también saca un vídeo, un poster, un tweet que pone en boga su buque insignia, el Giro, apadrina esta nueva clásica que recupera con renovado brío, perfil 2.0 y más turístico aquella carrera que en su día tuviera cierto prestigio llamada Giro del Lazio. Le pone un nombre cojonudo en toda su acepción “Roma Maxima” y la envuelve de piedra bimilenaria diciendo que empezará y acabará al resguardo del Coliseo, justo en esa vía, llamada de los Foros Imperiales, que Mussolini abrió cual herida no cicatrizada en medio de todos los foros romanos.

Muchas veces hemos comentado que la sangría organizativa en España no sería tan grave si hubiera cierto grado de reposición. Sabiendo que desparecen carreras, quizá lamerse las heridas no fuera la solución recurrente si se apuntaran hacia nuevas fórmulas y sencillas organizaciones que lleven al calendario más días de competición.

Vean por ejemplo estos días Andalucía. Su vuelta de toda la vida sale con un día menos de los previstos mientras. A  continuación, la Andalucía Bike Race, una prueba BTT, lleva semanas sin inscripciones disponibles. A ver son cuestiones diferentes, pero el BTT por ejemplo marca ese camino de la innovación en la que los italianos nos llevan años luz.

Desconozco el poder ejecutivo de Unipublic desde que fue medio adquirida por los franceses, pero seamos francos, los vemos en las antípodas de sus colegas italianos. Mientras RCS se ha sacado de la mano la Strade Bianche y ahora la competición romana, sin olvidar que reflotaron la Milán-Turín, aquí toda la cartera de carreras que llevada Unipublic se ha ido al garete. Quizá sacar la Vuelta ya sea un logro. Luego se ponen en la mesa curiosas propuestas como las de Pipe Gómez, quien señalado por Eufemiano, ha tenido que desaparecer de la escena. Y es que hay veces en que las comparaciones son odiosas, muy odiosas.

Compararse con el Tour es salir perdiendo siempre

Emergen a diario en el transcurso de esta Vuelta a España comparaciones frente al Tour de Francia. Se hacen en términos de espectáculo. Entiendo que la carrera engancha por estos finales explosivos. Es humano. Normal. Las audiencias de la Vuelta invitan a pensar que se ha encontrado la medida del espectador. Desde que arrancara la prueba en Pamplona afirmamos que la Vuelta 2012 estaba hecha para el advenedizo. Mis felicitaciones al equipo de Unipublic y su director Javi Guillén, tan advenedizo como quienes disfrutan en masa la carrera.

Sin embargo, yo en el fondo, no veo tantas diferencias con el Tour en cuanto a términos de espectáculo, por que otras comparaciones resultarían abrumadoras. Ha habido más ataques, sí. Sobretodo en manos de ese ciclista entregado al espectáculo llamado Alberto Contador. Si no estuviera el madrileño en carrera qué nos quedaría. Purito sabía perfectamente que su físico no le permitía alegrías de y Valverde ha mostrado una actitud mucho más sólida que en anteriores ediciones peor lejana al madrileño. La suma de ambos no iguala la cantidad de ataques de Contador. Por otro lado la primera semana tuvo a Chris Froome en papel activo, pero luego la inercia del desgaste le ubicó en su sitio.

Si los comparamos con los finales en alto del Tour de este año, veremos que los de la Vuelta se decidieron al final y eso es un hecho. La ubicación de finales salvajes invita a jugársela en el tramo postrero, pero también a reunir a la familia en torno a la televisión para ver estos chicos retorcerse y vomitar.

A mi entender este Tour fue una carrera de perfil bajo por el bloqueo que un equipo dotado de gregarios que andaban como líderes ejercicio sobre la competición. No fue muy diferente en ese sentido a las ediciones de Armstrong, quien por cierto mantiene a día de hoy sus siete entorchados. La pimienta de la carrera estuvo en el careo de los dos mejores de la general en los momentos clave de la misma.

Esos momentos, que fueron medidos y contenidos en el tiempo, fueron en duración muy similares a los ofrecidos por los salvajes finales de etapa de la Vuelta a España. Sí, aquí la carrera también ha tenido dosis de emoción en los últimos tres kilómetros, pues más allá de estos ¿qué paso en Gallina, Ézaro, Cuitu Negru y Lagos?. Nada.

La diferencia de esta Vuelta frente al Tour ha sido la jornada de Fuente Dé. Sólo y exclusivamente ésta. Todo por la mano que Alberto Contador le jugó, y no de farol, a Purito a cincuenta kilómetros de meta. Buscar giros lingüísticos diferentes es hacer trampa. Por eso si me permiten, dejemos mejor el Tour a parte, y centrémonos en una Vuelta que ha tenido momentos vibrantes, pero no tantos.

 

Foto tomada de www.biciciclismo.com