Valencia va a pedales

Vayan por delante dos cosas. La primera es que no soy ciclista practicante, lamentablemente, desde hace muchos años. La segunda que tampoco vivo en Valencia (capital), aunque prácticamente mi vida se desarrolla en la ciudad, por lo que podría decirse que soy vecino «adoptado».

El título de este artículo puede sonar despectivo, pero más bien es todo lo contrario. Valencia se mueve a pedales. A pedaladas cada vez más largas. Con más gente empleando el transporte más saludable y ecológico que hay. Y todo esto, le pese a quien le pese, ha sucedido tras la llegada a la alcaldía de Joan Ribó.

Todos le conocemos: es el alcalde díscolo, el que ha hecho temblar los cimientos de las instituciones y costumbres de más rancio abolengo del «cap i casal». Es el alcalde que está terminando con más de dos décadas de otro signo político. Y es que su manera de hacer política es diametralmente opuesta a lo que habíamos conocido hasta ahora. Y su compromiso con el uso de la bicicleta, la ecología y el transporte público son parte muy importante de los cambios que están sucediendo en la ciudad.

Todo el territorio valenciano es un gran «carril bici». Hay rutas ciclistas por todas partes, cualquier domingo por la mañana es habitual ver pelotones de aficionados recorriendo el territorio de arriba abajo por carreteras secundarias. Y las calles de nuestras ciudades también están asfaltadas con el color rojo del carril bici. Pero si hay tanto carril bici… ¿dónde están los ciclistas?

Ribó aspira a que Valencia esté a la cabeza de Europa en cuanto al uso de la bicicleta se refiere. No es cuestión baladí. De hecho, sus políticas están levantando ampollas en muchas capas de la sociedad civil. ¿A qué se debe tanto «rechazo»? Sencillamente a que nos habían acostumbrado a lo inamovible, a que las cosas no eran bueno cambiarlas, salvo que hubiera que cortar una cinta para inaugurar algo que poder esgrimir en campaña electoral pocos meses después, y olvidar otros tantos más allá. Pero claro, cuando no se trata de una campaña, sino de una realidad tangible fuera de periodo electoral, la cosa cambia.

Joan Ribó protagonizó una de las escenas más recordadas (y por qué no, sarcásticamente reproducidas) de la ciudad de Valencia, acudiendo el primer día de trabajo a su despacho montado en su bicicleta. Sin casco, decían unos (*). A ver cuánto dura, decían otros. Cuatro días y ya ha cogido el coche, decían por otro lado… Pero el caso es que aquél gesto solamente era el principio.

Valencia tiene desde hace muchísimos años carriles bici. En algunos tramos, fantásticos. En otros tantos, descuidados, maltratados y mal ejecutados. Las bicis son parte del paisaje urbano de los valencianos, sobre todo en el centro de la ciudad y en la periferia universitaria, donde incluso el transporte público es insuficiente para descongestionar zonas de gran volumen de tráfico y carentes de aparcamientos públicos, con o sin coste. Los ciclistas son, tras los peatones, el eslabón débil de la, llamémosle, cadena alimentaria vial.

Las actuaciones de Ribó forman parte de una planificación meticulosa que tiene como objetivo principal, en primer lugar, pacificar el tráfico en la ciudad; y en segundo lugar, no menos importante, reducir las emisiones contaminantes que toda gran urbe sufre.

La creación de las llamadas «zonas 30», donde la velocidad de los vehículos queda limitada a esa velocidad, y donde prima el transporte colectivo y el uso de las bicicletas no ha sentado nada bien a mucha gente. Comerciantes, transportistas… incluso vecinos, no ven con buenos ojos estas medidas, porque les perjudican. Perjudican la forma en la que se habían acostumbrado a vivir.

Pero estas medidas son inteligentes. No tratan de «castigar» al usuario motorizado de la vía, sino dignificar el uso compartido de las calles. Mal que nos pese cuando vamos sentados en nuestros cómodos coches, «a paso de tortuga» por zonas por donde antes circulábamos «como poco» a 50. Ribó pretende ampliar los carriles bici, arreglar las injusticias que los han degradado con el paso de los años: carriles invadidos por terrazas de establecimientos hosteleros, inconexos, obstruidos por coches mal aparcados, o incluso por mobiliario urbano como farolas o papeleras colocadas ahí porque «total, quién coj… usa esto».

Ampliar los tramos, las calles de preferencia para ciclista, crear nuevas conexiones y extensiones de la red de carril bici, muy amplia a fecha de hoy, pero con aspiraciones a conectar toda el área metropolitana… Es ambicioso, desde luego. Pero es que para muchos, todo era irreal. Era una promesa electoral que no se cumpliría. Y ahora resulta que promesa sí, pero cumplida, también.

Visto desde fuera, son molestias. Muchas molestias. Molestias para la conservación de una situación que, aún siendo anómala, hemos vivido como normal tantos años. Visto con el culo sentado en el sillín de la bici, la cosa cambia bastante.Pensadlo. Si pudiérais, ¿no cogeríais la bici? En Valencia, mucha gente ya ha dejado de cuestionárselo, y las está desempolvando. Las bicicletas no son solo para el verano, si tienes una ciudad que te invita a rodar por ella. Valencia cada día es más una ciudad «bike-friendly». Y como todo en esta vida, si triunfa, se acaba copiando…

Oscar García, administrador de El Cuaderno de JoanSeguidor

Imagen tomada de www.quehacerenvalencia.es

(*) En vías urbanas el casco no es obligatorio para los mayores de edad