¿Cuál es la capital del ciclismo?

Capital de ciclismo JoanSeguidor

Si existiera una capital del ciclismo estaría entre tres nombres

Hay lugares en el bello globo bendecidos por la naturaleza, la belleza o el azar, en el ciclismo hay tres enclaves que podrían competir por ser la capital de este deporte. 

Son tres sitos que beben de su ubicación y extraordinaria tradición.

Supongo que podréis añadir alguno más, pero si me preguntáis por la capital del ciclismo, se me ocurren estos tres: Lieja, Briançon y Valkenburg.

La primera la conocéis de sobra, es noticia una vez al año, fijo, cuando no más.

Es la cuna de la decana, la Lieja-Bastogne-Lieja porque era el trayecto que encajaba para que los periodistas fueran y vinieran en tren el día de carrera, siguiendo al pelotón.

Por Lieja además pasa el Tour de forma recurrente, si no es directamente, en tránsito.

Por Lieja discurrió incluso una edición de la Vuelta a España y en Lieja se han jugado varios campeonatos del mundo. Incluso Lieja ha albergado el mundial, recuerdo uno en tiempos de Mariano Cañardo cuando los italianos monopolizaban la contienda.

Luego está Briançon, ahí en el valle, acuñada entre el Izoard y Galibier, en medio de un océano de cimas con nieves perpetuas, en una encrucijada, cerca de Italia, de Sestriere, la puerta al valle de Aosta.

Briançon y su ciudadela han visto el mismo año el Giro y a las pocas semanas el Tour de Francia.

Si no es final de etapa, es ciudad de paso.

En el olimpo de lugares ciclistas, está tocada.

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Ciudades bendecidas por el ciclismo: Lieja, Briançon y… Valkenburg

Aunque si queréis que os seamos sinceros, lo de Valkenburg es rizar el rizo.

Encajada en el Limburgo, la ceja de las Árdenas donde los Países Bajos dejan de ser bajos.

En el corazón de la vieja europa la ciudad neerlandesa es al ciclismo lo que Old Trafford al fútbol, la catedral del circo de las dos ruedas, un idilio del lugar, de la gente y el paisaje con la bicicleta.

Valkenburg tiene por descontado el ciclismo anualmente siendo ciudad de paso, mil veces, y meta de la Amstel Gold Race, la fiesta nacional neerlandesa de la bicicleta y el ciclismo.

Valkenburg ha puesto en el mapa un enclave como el Cauberg, la violenta subida en la que Philippe Gilbert cimenta su leyenda, habiendo ganando varias veces la Amstel Gold Race y siendo, incluso, campeón del mundo.

La ciudad del Valkenburg, modesta en dimensiones y población ha sido sede de los Campeonatos del Mundo de ciclismo en carretera cinco veces. Nada más y nada menos.

Cinco mundiales de ciclismo han acontecido en Valkenburg

Viajamos a 1938 y conocemos a marcel Kint, alemán, que se convierte en campeón mundial. Diez años después, y tres ediciones más allá, por el paréntesis de la Segunda Guerra Mundial, Valkenburg corona a Alberico Schotte, el belga que sacó petróleo de la increíble rivalidad de Bartali y Coppi, anulados en un marcaje imposible.

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Año 1979. 

Jan Raas, el especialista en la Amstel, saca oro de Valnkenburg que bate al sprint a Thurau y Bernaudeau.

Ya en el 98, Oskar Camenzind, suizo de Mapei, se corona campeón el día que todos miraban a Michele Bartoli bajo el diluvio de septiembre limbugués.

El Tour también ha aterrizado por Valkenburg, dos veces además. Ganaron Giles Delion, prometedor francés, en 1992, y Matthias Kessler, alemán de final infeliz, en 2006.

Pues bien, con este bagaje, con una infinidad de carreras, pruebas y eventos relacionados con las dos ruedas, el Campeonato del Mundo de ciclocross aterrizó aquí hace unos años con la hinchada entregada a la causa de Mathieu Van der Poel, quien no vivió su mejor tarde frente a Wout Van Aert.

Volviendo al principio, son tres nombres para capital del ciclismo, enclaves de frontera que hablan un idioma que va sobre una bicicleta…

¿Se os ocurre alguno más?

Imagen: Zimbio 

 

 

 

Una selección con muchos líderes pero sin caballo ganador

José Luis de Santos es un tipo afable. Su sonrisa es la mejor seña de identidad, una forma de suavizar el aterrizaje. Siempre que un servidor le ha requerido, su disposición hizo gala a su cargo: seleccionador nacional. Pero ello no esconde una alarmante realidad, con la mejor generación que España ha tenido nunca en los Campeonatos del Mundo el bagaje es escaso.

Esta tarde mismo me comentaban lo siguiente, textualmente: “Oscar Freire me parece un capullo integral, hace tiempo que parece estar al margen de todo”. A ver lo primero, admirando al cántabro como lo admiro, me parece fuerte, lo otro es la pura realidad. El cántabro está al margen no por opción propia, sino debido a una elección obligada ante el lastimoso paisaje que rodea nuestro ciclismo. Oscar está asqueado de tanta tontería.

España acude con una selección de nueve componentes a Limburgo. A saber, cinco líderes proclamados y cuatro currelas. No hace falta ser ingeniero para ver que algo no cuadra. Se ha optado por una selección de marketing, de estrellas, y en ello se pone en riesgo la consecución de un titulo que no cae en manos hispanas desde hace ocho años, sí ocho primaveras. El último gran éxito español como selección fue el oro olímpico de Samuel Sánchez en Pekín, a donde se acudió con un equipo de estrellas, pero vertebrado para Valverde y el propio Samu. En aquella ocasión Carlos Sastre hizo un ímprobo trabajo que allanó el camino para que el asturiano se colgara la presea más preciada.

Hasta Paolo Bettini, directo conocedor de las lagunas tácticas que varan las estrellas patrias, lo ha dicho. “Aquí veo a muchos líderes”. El calvillo bicampeón del mundo es consciente de la complejidad de gestionar un grupo tan diverso. La selección, a mi parecer, no podía estar peor hecha. Hay egos muy complicados de gestionar, y hasta donde no llegan las voluntades del seleccionador antes había primas y otras prebendas para armonizar esfuerzos. Recordemos los Mundiales de Verona y Lisboa, por ejemplo, donde equipazos con Beloki, Mancebo, Nozal e incluso Valverde se pusieron en manos de Freire mediando el vil metal. Cosa por cierto que me parece de puta madre.

Veamos nuestras bazas. Se llaman ganadoras pero todas presentan tambaleos. Oscar Freire llega bien, al menos eso dejó entrever en las últimas citas. Quizá sabedor de que esto será un maricón el último ya ha ensayado fugas a lo largo de la temporada, pues confiarle su suerte a tan escasos apoyos sería un suicidio deportivo. Sigamos por Alejandro Valverde, el hombre invisible en mundiales y juegos desde que hiciera plata en Madrid 2005. Desde que Samuel le dejara en bandeja el oro en Salzburgo 2006, el murciano es una sombra. Bettini lo sabe bien.

Continuemos por Contador, ejemplo tangible de desacierto táctico como para pedirle brillantez en una carrera de un día. Su honestidad quedaría íntegra si después del bajo tono que evidenció en la crono se pusiera al servicio del grupo. Para mí Samu es un manojo de dudas al margen de una flor por deshojar, nunca sabes qué te vas a encontrar. Y nos queda Purito, quizá el as más apto si no fuera por que las grandes distancias le hacen pupa.

Ese es el percal. Cinco líderes, sí, pero no cinco bazas indiscutibles. Este mundial ofrece tantos nombres que a él optan, miremos los outsiders que aquí mismo despiezamos, que ahora mismo vender un podio son palabras mayores.

Foto tomada de RFEC

Siete outsiders que quieren ver el arco iris en el Limburgo

 

La cita del domingo en Valkenburg sugiere muchos nombres notables, en primera línea, para ganar el arco iris que seguramente Mark Cavendish no pueda defender por la idoneidad del recorrido para sus características. Sin embargo hurgando, Iván Valbuena (autor del blog http://elcazaetapas.blogspot.com.es/) nos pasa este listado de outsiders que dado el componente de sorpresa de esta carrera bien podrían dar el salto:

  • Simon Gerrans: 2012 está siendo la mejor temporada de su carrera profesional, y la Milán San Remo su mejor victoria. Hace pocos días lució en Canadá un espléndido momento de forma. Outsider o favorito, Gerrans promete dar guerra.
  • Thomas De Gendt: su exhibición en el Stellvio, en el Giro de este año, se guardara en las hemerotecas como una las etapas más hermosas de la última década. Este combativo escalador, jugara sus bazas por libre, en una Bélgica plagada de grandes nombres.
  • Sergio Henao: integrante de la guardia pretoriana de Chris Froome  en la pasada Vuelta, su rendimiento esta temporada ha sido más que brillante. Cuesta arriba se defiende francamente bien, y el Cauberg dará fe de ello.
  • Lars Petter Nordhaug: después de ganar en Montreal, muchos le colocan como una baza más sólida que su compatriota Boasson Hagen. A día de hoy, sus prestaciones nunca han sido tan fiables como las de Hagen, pero quizás Holanda, le confirme vistiéndole de arcoíris.
  • Alexander Kolobnev: su affaire con el doping, el año pasado, quedó ya resuelto.  Si por algo se caracteriza este ruso, futuro compañero de Contador, es por la garra y la lucha que imprime allí donde corre, sobre todo en el Mundial que varias veces ha visto desde el podio.
  • Daniel Martin: este joven irlandés no ha tenido su mejor año esta temporada, pero sus prestaciones cuesta arriba y su punta de velocidad le convierten en un ciclista a tener muy en cuenta.
  • Moreno Moser: sobrino de Francesco Moser, es uno de los jóvenes con más futuro del pelotón internacional. La calidad que atesora, y su brillante estado de forma, le permitirán ser la bala en la recámara que su seleccionador, Paolo Bettini, necesita.

Una crono por equipos sin ángel y desangelada

Al final es un detalle en un “Tour de forcé” lo que puede decantar una balanza en una forzosamente prestigiada carrera como el Mundial de contrarreloj por equipos. La primera edición de esta recuperada fórmula, aunque con marcas comerciales, ha arrojado un resultado especial en cuanto a la configuración del podio por tanto que los dos mejores equipos del mundo en la  modalidad, Team Sky y Garmin, no han podido participar de las medallas.

Fue en el Cauberg, la mítica colina de la primada Valkenburg, donde los problemas de Taylor Phinney dieron al traste con la remontada que BMC estaba llevando a cabo. Lo que son las cosas, un año corriendo a contrapié, con el ritmo cambiado, y en la carrera donde colectivamente debes enmendar, te ves acorralado en el momento cumbre. Omega ganó por que tenía un equipazo para la ocasión, el mejor reunido a estas alturas de la temporada, y preparó el momento con el mimo que nos consta otros no dispusieron.

La semana de mundiales en el Limburgo se abre con éxito de un equipo belga en casa del eterno rival. No cabe duda, en esta tierra de exacerbados nacionalismos, que mejor exaltación no pudo darse. Pero no nos engañemos, lo que tuvo lugar en parte del circuito que el domingo próximo proclame al sucesor de Mark Cavendish, fue un engendro forzado.

Sí. Una especie de cuña en el denso calendario para que los equipos pudieran expresarse en uno durante al menos una jornada al año. El ejercicio como tal es loable. Dado que esa crono por equipos integrada en el UCI Pro Tour no fijó los cimientos para dejarla firme en el calendario, esta fórmula se acusa como la más adecuada, al menos de momento.

Sin embargo, el público no acepta gato por liebre. Y eso que tratándose del Limburgo parecía que la apuesta iba a tener aliento popular. Pero nada más lejos de la realidad, el circuito apareció desangelado salvo en su tramo cumbre, la subida al Cauberg, donde la naturaleza ciclista ya dota de embrujo el lugar. Una cita corrida con marcas comerciales nunca puede despertar el crisol patrio que sí levantan las pugnas nacionales. Y ahí es donde vamos ¿por qué no implantar una crono por equipos nacionales?. Si en 1994 Chris Boardman se imponía a Jan Ullrich y Andrea Chiurato en la primera crono mundialista de la historia, qué motivo no hayamos para realizar un ejercicio de naciones, algo que en definitiva es más coherente y lógico para con la historia de los mundiales ciclistas.

Una crono por equipos metida con calzador

Los Mundiales limburgueses, la zona más meridional de los Países Bajos y a la vez montañosa, se abren con novedad, a una semana de su prueba reina, la elite UCI del domingo 23. Una crono por equipos de seis integrantes da rienda a una edición que vuelve a Valkenburg, ciudad primada del ciclismo, catorce años después de aquella lluviosa edición donde ganó Oskar Camenzind para puteo de Michele Bartoli el gran favorito.

No sé qué ocurre con las cronos colectivas que no genera la unanimidad que en mi opinión merecen. Son plásticamente bellas, ponen sobre el tapete el trabajo de fondo de los técnicos y obligan al equilibrio danzado sobre dos o tres pilares, más varios elementos que no distorsionen el rendimiento de los mejores. Insertadas tradicionalmente en la primera semana del Tour, esta prueba es como el Guadiana, entra y sale de su recorrido, con reglamentos variables, que en definitiva les resta contundencia en su resultado.

Ahora la UCI arranca su “semana grande” con este nuevo invento. Veremos cómo resulta. De entrada el listado de inscritos no invita a pensar en una cita tomada en consideración por los más grandes. Una semana después de acabar la Vuelta y con una temporada cargadita desde enero, resulta obvia la ausencia o no presencia de buenos ciclistas para esta disciplina. Ya puestos a innovar por qué no hacer una carrera por selecciones.

Que yo tenga conciencia ésta es la tercera vez que se quiere establecer una crono por equipos como prueba con entidad singular. Recuerdo aquel Gran Premio de la Liberación, un mundial oficioso de escuadras que tenía lugar en la cuarta ciudad de Holanda, Eindhoven. Tiempos del Panasonic, Buckler y PDM. Años donde los nuestros eran aprendices y la ONCE, alumno aventajado. Con el tiempo se introdujo una carrera de similar corte en el UCI Pro Tour. Tampoco tuvo vida más allá de los tres o cuatro años. Ahora adopta formato de mundial, es decir pasa por el rodillo de la UCI, que impone pero mucho menos que de ASO. Son cosas del ciclismo.