Los pronósticos que se hicieron trizas

Tras las emociones vividas en la recién terminada Vuelta a España, nos  ocupa nuestro tiempo los Campeonatos Mundiales de  ciclismo, que tienen por marco la ciudad estadounidense de Richmond, en el estado de Virginia. Acaparaba mucha expectación  el constatar el desarrollo y resultado concerniente a la exigente especialidad de contrarreloj individual reservada para corredores profesionales. Dos nombres de prestigio eran considerados como favoritos. No eran otros que el germano Tony Martin y el holandés Tom Dumoulin, que lleva tras sí una reciente y brillante actuación en la Vuelta, al ser desbordado a última hora por el italiano Fabio Aru.

Pero la verdad cierta fue que los pronósticos no se cumplieron en lo más mínimo. Del todo inesperada ha sido el triunfo alcanzado por el veterano bielorruso Vasil Kiryenka (34 años), conquistando con estrecho margen y merecimiento la medalla de oro, una sorpresa mayúscula, al superar en 9 segundos al italiano Adriano Malori y en 26 segundos al francés Jerôme Coppel.

Con todo hay que rendir una loable alabanza a nuestro representante español, el vasco Jonathan Castroviejo, el conseguir el cuarto lugar, al que le ha faltado superar tan sólo 3 segundos para hacerse con la medalla de bronce, otro golpe inesperado y positivo para la representación española frente a las manecillas del cronómetro.

El recorrido era no era precisamente plano como la palma de la mano, debiendo superar diversos repechos colocados a lo largo de un recorrido algo sinuoso. Se debieron cubrir un total de casi 54 kilómetros. El promedio registrado por el veterano Vasil Kiryenka no dejó de ser una marca memorable: 51,314 kilómetros a la hora.

Por  Gerardo  Fuster

Imagen tomada de www.Richmond.com

¿Quién es capaz de hacer lo hace Kiryienka?

Revolcón total, pronósticos fallidos. Nada salió como se esperaba. Después del huracán ¿qué queda? Vasil Kiryienka, siempre Vasil Kiryienka, el hombre que no parpadea, que recupera el resuello al cruzar la meta, que no muestra debilidad, ni dolor, ni sufrimiento. Una máquina, de verdad, un placer verle rodar tan redondo, tan perfecto.

En Richmond esperábamos, esperaba, a Dennis, Dumolin y Martin, De los dos primeros teníamos referencias claras y cercanas como para pensar que iban a estar ahí. El alemán tiraba de jerarquía e historial porque desde que dejara el Tour no se le recordaba nada reseñable.

Pero quedó Kiryienka, un ciclista que sube, baja, tira para un líder kilómetros y kilómetros. Con una cadencia ensayada en las puntuaciones que le hicieron campeón del mundo de pista, impuso la lógica de la forma y el buen hacer. Su triunfo no puede extrañar a nadie, para nada, ni mucho menos, es una máquina que tiene a bien servir su talento en favor de otros pero que cuando él toma las riendas de su destino, no se lo confía a nadie.

Con el bielorruso, emergió el otro outsider que esperábamos para la cita, el italiano Adriano Malori, un corredor que es un punto aparte en la magra tradición italiana en la lucha contra el crono. En twitter me citaron a Gianni Bugno, pero sinceramente el talentoso Gianni me parece lejos del camino que ha emprendido Malori, ni siquiera Nibali, buen croner se le mide, ni de lejos.

Desde un inicio Malori pareció la principal amenaza para Kiry. Hubo un momento que pensamos que le iba a superar, pero el de Sky se guardo la bala para el final, y vaya bala, le dio en la sien, de primeras y “muerto matado”. Mientras Jerome Coope saboreaba un bronce que no entraba en el más enrevesado de los pronósticos, Malori lo dejó todo, su entrada en meta, donde le costaba trazar recto habla del esfuerza inhumano del ciclista de Movistar que lleva dos medallas en otras tantas cronos en terreno estadounidense.

Y no queremos pasar por alto la actuación de Jonathan Castroviejo, un ciclista que nos tiene prendados, como dirían las letras de Maná. Hay ciclistas incondicionales, que se entregan, que dan sin pedir, que se lo dejan todo y la suma de todo ello la tenemos en Castroviejo.

Varias veces me ha hablado Pedro Horrillo del de Getxo. Le padece en alguna salida y sinceramente cuenta maravillas de su sacrificio. Ciclista enorme, injustamente plegado al papel de secundario, sombra de Nairo, que brilló ahí donde Luisle, por más que lo intente, nunca logra nada importante. Eso sí el domingo el murciano será de la aprtida, el de Getxo, no.

Imagen tomada de www.bikeraceinfo.com

¿Se justifica la contrarreloj de Baku?

Admito que querría haber leído más sobre Baku y los primeros juegos europeos. Son interesantes historias las que se cuecen en esas latitudes, interesantes y posiblemente muy útiles porque ganas e ilusión demuestran ponerle. Llevan meses apareciendo en los intermedios de Eurosport anunciando la cita, dando pábulo e imagen. Incluso en los días previos, prensa nacional llevaba publicidad del evento.

Sin embargo, a la vista de lo visto, uno se pregunta si era necesario este tinglado, al menos en lo que a ciclismo de carretera se refiere, que es lo que nos ocupa, porque de la carrera de BTT me han hablado maravillas. Con la Vuelta a Suiza en su fase caliente y una Ruta del Sur prestigiada por Nairo y Contador, esta mañana de jueves se ha disputado la crono masculina en unos horarios en los que los países con tradición poco o nada pueden ver del evento y en medio de la más absoluta soledad. Una crono clandestina.

Vasil Kiryienka ha dado una exhibición, otra más, de potencia, para los cuatro gatos que nos hemos apostado por internet. La #PantallaJoanSeguidor nos trae un momento de muchos, el de Jesús Herrada –dorsal uno a la espalda- surcando por lo poco del terreno que no era ni árido ni ocre. Salida vacía, y eso que se promocionaba la playa del lugar, recorrido vacío, con seguridad cada cierto lapso de metros, mirando hacia fuera, hacia el infinito, pues no había a quien controlar, despobladas aceras en lugares típicos de las urbanizaciones mediterráneas que tanto se han construido en nuestro bendito país y llegada en una especie de patio o plazoleta en la que los corredores tenían que frenar girando. Triste, desamparado,… no estamos ante la mejor publicidad.

En lo deportivo medalla de bronce para  Luis León Sánchez, el eterno candidato a hacer una contrarreloj decente contra rivales de entidad. Hubo cierta euforia cuando el murciano entregó los mejores tiempos del segundo grupo de contendientes. Sin embargo cuando salieron Clement y Kiry las tornas cambiaron. Una pena, hoy que el gigantón murciano decidió emplearse le salieron dos más fuertes.

Mi galgo se apellida Kiryienka

Un momento en el tiempo. La Cabarga atestada. Fina tela humana que cubre la ruta desde el balcón que aprecia la bahía de Santander. Hay una tijera que abre brecha, que separa las aguas. El Moisés se llama Vasil Kiryienka. El cielo es el techo, huesos y carne en escozo las paredes. El ruido, el humo del tabaco.

Curiosa la temporada del bielorruso. Ciclista fichado desde Movistar, Kiryienka fue el vivo ejemplo del olfato, caso de gourmet, que tiene en Team Sky para fichar. Es un corredor único que tira por varios. Capaz de mantener kilómetros y kilómetros el pelotón junto, sin fisuras, sin relevos. Dantesca esa jornada de País Vasco con final en Beasain. Jornada fría, gélida, de finos alfileres punzando las mejillas y entumeciendo las piernas. Kiryienka solo tira, pasan diez, veinte, treinta kilómetros y sigue al frente. El Sky de Henao y Porte se descarga en sus espaldas. Los hombres de negro salieron con menos corredores que el resto aunque sabedores de que había uno que valía por tres.

De ahí que aún resuenen raras las razones del abandono de Kiryienka en el Tour. De esa desbandaba sin culminar que propinó Movistar en los Pirineos hubo una gran víctima. Todo el año pensado en el Tour, y al octavo día Kiryienka se fue para casa. Así, de forma indescifrable. Esto es ciclismo, un día arriba, otro ni llegas, un poco lo que le ocurre a su equipo, que impresiona en el orden y se hace vulnerable en el caos.

Se rehízo en la Vuelta a España, desprovisto de servidumbres. Sabor agridulce, una de cal, la otra de arena. Con todo una cosa es indiscutible, a pesar de su calidad no duda en ponerse al servicio de otro, pero queda la duda de que sería si suerte se jugara en solitario. No aparecería en muchas quinielas pero seguro que daría la talla del excelente profesional que es. No podemos esconder nuestra afinidad por este ciclista que hace cinco años, cuando defendía los colores de un equipo cuyo patrón se llamaba Oleg Tinkov, fue campeón del mundo de puntuación y a los pocos meses ganador de una fenomenal etapa en el Giro de Italia bajo una cortina de agua y un frío de espanto. Sí, fue ese tiempo en el que hubo un día que no pareció disputarle a fondo una etapa a David Arroyo en Segovia. Porque nadie es perfecto y nuestro galgo tampoco.

 

Esta instantánea sale del anuario Zikliamatore 106 páginas con el pulso visual de este año como siempre a vuestra merced ciclando aquí.

“Liberad a Kiryienka”

Hay un tipo en el pelotón que anda por dos, por tres, por cuatro. Supe de él en un mundial de pista. En 2008, cuando ganó el título de puntuación sucediendo a Joan Llaneras. Luego a las pocas semanas en la mejor jornada del Giro de ese año le vimos tremendo, lozano. Era en el Monte Pora. En el marco de una gélida jornada, terrible, que puso a prueba a Alberto Contador rodeado de rivales italianos. Lo que no pudieron hacerle subiendo lo intentaron bajando. Dios cómo le atosigaron Di Luca y Savoldelli en aquel descenso donde las manos no tenían la sensibilidad para frenar. Qué mal lo pasó ese día el madrileño que vino desde Cádiz para ganar la grande italiana.

Ese día de perros un ciclista rodó por delante, con margen, para ganar la etapa. Bajo la pertinaz lluvia confundida con algún copo helado Vasil Kiryienka firmaba su primera gran muesca. Vestía los colores del banquero ruso por excelencia: Oleg Tinkoff. Ese equipo fue el germen del Katusha y ahora parte de su dinero va a parar a la estructura que lidera Bjarne Rijs. Qué cosas, ese ciclismo global y redondo.  Años después Kyrienka rubricaría otro éxito mayúsculo en el Giro, en Sestriere, en el recuerdo a Xavier Tondo.

Estas semanas de primeros rounds en las vueltas por etapas, la gente exclama asustada por el poderío del Team Sky. Quizá antes de dejarse impresionar por tales escenarios convendría reparar en qué tipo y qué corredores reclutan en el tenido como mejor equipo del mundo. No fueron tontos los ingleses cuando reclamaron a Kiryienka. Con su fichaje apuntalaban una ya de por sí terrible guardia alrededor de sus líderes. Un ciclista que suple con más que garantías la marcha de Michael Rogers, pues a la solvencia que iguala del australiano se suma una fidelidad como no veíamos en el pelotón desde años muy lejanos, quizá desde auténticos consortes del triunfo como Herminio Díaz Zabala o Alberto Leanizbarrutia, garantes a partes iguales de los éxitos de sus capos.

Dice el bielorruso que no le sabe mal entregar sus mejores pedaladas en pos del éxito de un compañero. Sin embargo, la acción de Kiryienka no es sólo de generosidad pues ésta la acompaña de un poso de grandeza que le da a su obra la dimensión de perfecta. La jornada más dura e histriónica del País Vasco destapó en su justa medida las sensaciones que este ciclista nos transmite: un profundo respeto por el oficio de ser no el gregario, si no el Gregario con mayúsculas que lo dispone todo desde la incondicionalidad y generosidad más absoluta para el mejor desempeño de sus jefes.

Por qué, viendo los últimos sesenta kilómetros del comodín del Sky se podría pensar que en clave egoísta, y viendo además cómo se defiende en todos los terrenos, haría pero que muy bien en pensar en sus propios intereses. Seguro que habrá que piense que hace aquello para lo que le pagan, pero a veces las cosas no resultan tan sencillas cuando tu forma es tal y tu pedaleo causa estragos hasta en los rivales de los tus líderes. Sólo reprocharle una cosa a Kiryienka, su exhibición en el circuito de Beasain nubló en gran medida el éxito de Omar Fraile. Eso no sabemos si personárselo.

Imagen tomada de Zikliamatore