El trofeo que Victor Cabedo hubiera soñado

El Trofeo Victor Cabedo surgió entre los clubs que organizamos la carrera (Sepelaco, Villareal, Alto Palancia y Campio Llorens). La unión entre estos clubs que organizamos es muy fuerte, casi familiar, y como Víctor amaba el ciclismo, era su vida, todos estábamos convencidos que la mejor manera de recordarlo es creando esta competición.

Elegimos juniors porque nosotros siempre hemos apostado por la base del ciclismo. La mejor forma de recordarlo tenía que ser en carreras que potenciaran la base y teníamos la particularidad de que algunas de estas pruebas ya existían, sólo tuvimos que coordinarlas en fechas, y hacer algunas modificaciones para lograr el Trofeo.

Lo primero que se buscó fue que las carreras transitaran por los recorridos habituales por los que Víctor entrenaba, y eso se sigue manteniendo. El primer fin de semana son dos finales bastante explosivos, suelen llegar grupos al sprint. La crono por equipos no tiene secreto y no la variamos.

La Copa de España de Villarreal si que modificamos y es una etapa en la que se puede llegar al sprint o en fuga. Depende más de los corredores que del recorrido. Eso sí, no son itinerarios fáciles, aunque hablemos de sprints llegan juntos 60 de los 200 que salen.

Tenemos una excelente nómina de ganadores: Enric Mas, Fernando Barceló, Guillem Cassú y Tomeu Gelabert. Y hemos tenido ganadores de etapas de la talla de Carretero, Sureda, Cañellas, Alcaide…

Mas y Carretero son un orgullo para nosotros y el ejemplo a seguir por todos, ya que han conseguido dar el salto al World Tour. Por detrás vienen Sureda, Barceló, etc… que son dominadores en el campo amateur y esperamos ver pronto en profesionales.

El entorno junior siempre es un ambiente muy familiar, es una categoría que nos encanta, y la verdad es que sentimos el apoyo y agradecimiento de los equipos participantes, que para nosotros es muy importante.

Para nosotros y para los equipos, el Trofeo Victor Cabedo es la primera carrera del año donde se pueden medir todos los equipos. Antes, en los inicios de temporada, todos los equipos competían en su comunidad y era mas adelante cuando medían sus fuerzas, ahora sentimos que ya están todos esperando que llegue el Trofeo para ver si su trabajo invernal ha sido bueno. Prueba de ello es que tenemos más demanda de participación que plazas podemos ofrecer a los equipos.

La verdad es que nosotros estos días lo que queremos es que salga todo bien. Nosotros recordamos a Víctor todos los días, pero sí que es verdad que el Trofeo nos sirve para que sea el resto de gente el que lo tenga presente y no caiga en el olvido.

Victor nos ha dejado muy buenos recuerdos, pero sobre todo nos ha dejado su pasión por la bicicleta y sus valores de esfuerzo, superación y constancia. Era una persona que nunca se daba por vencida, y eso nos marcó mucho. Ojalá sepamos transmitirlos tan bien como él lo hacía.

Su pérdida fue muy dura, y cada poco oímos historias similares: ciclistas que pierden la vida en la carretera. Sinceramente pensamos que es una cuestión de concienciación, se pueden endurecer penas, cambiar leyes… pero hay que empezar a entender que en la carretera cabemos todos, y hay que empezar por los jóvenes de hoy que serán los adultos del mañana.

Por José Cabedo

La responsabilidad empieza por el propio ciclista

Cuando hace un año murió Víctor Cabedo, víctima de un accidente mientras entrenaba, rescaté este párrafo escrito por el padre de un ciclista:

 

“Lamento profundamente la pérdida de Victor Cabedo, sólo los que tenemos hijos realizando sus entrenos casi a diario en la carretera, nos podemos llegar a imaginar el dolor de su familia, descanse en paz. Parándose a pensarlo bien, esto del ciclismo es muy complicado, pero nos gusta tanto!! Sin ir más lejos, ayer, mi chico con tan solo 15 años me llamó. Estaba con las dos ruedas pinchadas a 30 kilómetros de casa, solo, sin compañeros, por carreteras inhóspitas donde no pasa ni un alma. Nunca le dejo salir sin el móvil, menos mal, una llamada de teléfono y a buscarlo. Mientras vas de camino, parece que no llegas nunca, cuando lo ves bien respiras hondo, menos mal. Al día siguiente vuelta a empezar. No se si merece la pena tanto sufrimiento, pero es un estilo de vida y todos estos chicos son de otra pasta”.

 

El autor de este párrafo es Ramón Seco que en su muro de Facebook hizo este comentario. Seco es apellido de ciclismo en Lleida, y su hijo sigue con la saga corriendo en el norte, como nos gusta llamarle a los catalanes competir por los parajes navarros y vascos. En ese mismo post rescaté también una conversación twitera entre Luis Angel Maté y David Blanco. Los hoy ciclista y exciclista comentaban un suceso en la carretera. Habían sido increpados por un conductor. Este sábado el propio Maté me confirmaba que han sido tantas las veces que había recibido un improperio de un conductor que ni se acordaba del intercambio de palabras con Blanco. Incluso he visto tweets de conductores diciendo que qué narices les pasa a los ciclistas por circular en paralelo.

Hace pocos días leímos impresionados la historia de Bernat Font, un ciclista catalán nato en Begues que corre para el Naturgas, el equipo al cobijo de la Fundación Euskadi. Un día sale a entrenar y vuelve a casa machacado y dolorido por el puñetazo de un conductor que les adelantó demasiado cerca. Font cuenta lo sucedido en el esta entrevista.

La historia de Font creo que es pasto de la normalidad del ciclista. Cada día nos sobrepasa un accidente, un percance, cuando no una muerte. Con todo comenta el corredor:

 

“Mi opinión es que toda la culpa es de los conductores aunque reconozco que los ciclistas también se saltan semáforos o no respetan las señales”

 

Sé que lo que voy a decir no es agradable para algunas personas del colectivo ciclista, pero no puedo estar de acuerdo con parte de lo que dice el corredor. Conductores farrucos los hay, el de Bernat Font demostró ser un orangután, pero creo que el ciclista debe ser consciente de que, a igualdad de derechos en la carretera, su posición es de fragilidad. La culpa no es por tanto sólo de los conductores. No es lo mismo que el ciclista propine al golpe al coche, a que el coche le embista. Ello es obvio y por eso quizá, al margen de que los conductores deberían saber muchas más cosas del código que rige la convivencia, el ciclista debería extremar sus sentidos y evitar caer en calentones cuando se pone en peligro su integridad.

Yo lo veo a diario en la ciudad. Ciclistas por aceras, ciclistas en semáforos en verde, esquivando viandantes, demostrando muy poco civismo. Y eso es cierto, lo vemos y lo apreciamos. Dejan al colectivo sin derecho a exigir con su actitud. Exigir respeto es imperioso, por la bicicleta poco a poco se impone en las vías, pero también es imprescindible que la exigencia empiece por uno mismo, pues en la carretera, subnormales siempre vagan y cuando se cruzan en tu camino cualquier cosa puede ocurrir, más si a ello le añades que no vas con los cinco sentidos y cumpliendo la normativa.

Ese padre que ve a su hijo ciclista partir…

“Lamento profundamente la pérdida de Victor Cabedo, sólo los que tenemos hijos realizando sus entrenos casi a diario en la carretera, nos podemos llegar a imaginar el dolor de su familia, descanse en paz. Parándose a pensarlo bien, esto del ciclismo es muy complicado, pero nos gusta tanto!! Sin ir más lejos, ayer, mi chico con tan solo 15 años me llamó. Estaba con las dos ruedas pinchadas a 30 kilómetros de casa, solo, sin compañeros, por carreteras inhóspitas donde no pasa ni un alma. Nunca le dejo salir sin el móvil, menos mal, una llamada de teléfono y a buscarlo. Mientras vas de camino, parece que no llegas nunca, cuando lo ves bien respiras hondo, menos mal. Al día siguiente vuelta a empezar. No se si merece la pena tanto sufrimiento, pero es un estilo de vida y todos estos chicos son de otra pasta”.

Este extracto íntegro lo firma Ramón Seco en su muro de Facebook al cobijo de la extrañeza por la muerte de otro ciclista, esta vez un pro, valenciano, muy joven y naranja: Víctor Cabedo. Seco es un apellido ilustre en les terres de Lleida –permítanme los castellano parlantes esta licencia-. Su muro de Facebook y su blog son paredes vidas de pasión ciclista, con historias, historietas, de ayer de hoy, todas sobre ruedas, sobre una bicicleta. En casa, no podía ser de otra manera, tiene un ciclista.

Esto es el ciclismo de bambalinas. No lo conocemos, pues lo padecen en silencio sufridos padres que asienten ante las obligaciones de sus chavales para con la bicicleta, la carretera y el ciclismo. Suena duro. “Respiras hondo, menos mal”. Momento en que ves al chaval tras llegar de entrenar o cuando le recoges en la carretera por que ha pinchado en medio de la nada.

Así es la rutina en la casa de muchos de los críos que salen diariamente a intentar ganarse la vida sobre una bicicleta. Los que somos padres nos estremecemos cuando oímos relatos así. La carretera, el vivero de ciclistas, se ha convertido en territorio hostil. Quedan otras opciones, surgen circuitos cerrados, pero no son más que apaños para intentar retrasar lo inevitable, que no es otra cosa, que un día cojan su máquina y se lancen al asfalto a hacer kilómetros.

Semanalmente, casi como en la violencia de género, oímos sobre la muerte de un ciclista. El caso de Víctor Cabedo emerge por su condición de ciclista profesional, pero también por los muchos buenos amigos que dejó por el camino. Sin embargo, la cantidad de ciclistas anónimos que alimentan la mortandad es alarmante.

Cruzaban en twitter impresiones dos corredores profesionales, como Víctor. David Blanco y Luis Angel Maté hablaban de la hostilidad que reina en la carretera hacia el ciclista. Les mandaban de vuelta a buscar un trabajo, me comentan, como si quien se lo dice no supiera que ellos estaban trabajando en ese preciso instante.

Si la ignorancia de una tierra se midiera por el desprecio a la bicicleta, España podría encabezar el ranking. Sin una política clara, sin premisas factibles, cada ente, administración lanza su diatriba a favor de este medio limpio, barato, saludable, sostenible… sin embargo las carreteras están como están, y las ciudades son amasijos de carrocerías amenazando la interioridad de quien tiene agallas de ir al trabajo en bicicleta.

Señores, por favor, que la bicicleta invadió nuestras calles hace 120 años, y hoy está más vigente que nunca. Rogamos el respeto, siempre recíproco, que la máquina y sobretodo sus practicantes se han ganado.

 

Foto tomada del muro de Facebook de Cristian Thomas

 

Las rarezas del Mundial contrarreloj pueden con Alberto Contador

Encogidos por la muerte de Víctor Cabedo, valorábamos LIVE las repercusiones del mundial contrarreloj en el momento en que Toni Martin cruzaba la meta y se desplomaba en su umbral. En ese momento pudimos realizar una primera reflexión sobre esta prueba que es un mundial pero que carece del calor y carisma de la ruta y fondo.

El Mundial contrarreloj encierra muchas singularidades. Una de ellas es la aparición casi en exclusiva de corredores en esta especie de competición. Recuerdo la primera edición oficial, que no oficiosa, cuando apareció Andrea Chiurato. Al año hizo lo propio Uwe Peschel en Colombia. Luego se asentaron nombres como Bert Grabsch, Michael Rich, Laszlo Bodrogi y Svein Tuft, todos excelsos croners anónimos durante muchos meses pero inspirados en el mundial de la modalidad. Incluso en ese listado estaría en tricampeón Michael Rogers.

Este año la selección española quería volverse de Valkeburg con una medalla en la crono tras las cosechadas por Olano y Mauri hace catorce años. La baza de Alberto Contador invitaba a ser optimista. Ello añadido a las ausencias. Pero por lo que sea el madrileño lleva sin gestionar su mejor momento desde hace muchos meses, me atrevería a decir desde el Giro 2011 del cual fue desposeído. Donde no le llegaron las aptitudes físicas le arribaron las mentales en la Vuelta que no exhibió su pegada habitual. El mundial no ha hecho más que corroborarlo.

Toni Martin se declaró sorprendido en la entrevista posterior a su segundo mundial por la caída de Contador. El madrileño no estuvo nunca en carrera. Una imagen del helicóptero demostró que iba de todo menos acoplado. Aunque nuestro tono crítico con el de Pinto nos ha delatado, esta vez hemos de aplaudir su empeño, pues pocos ciclistas hacen tanto por ser tan completos como él, atesorando grandes cronos en su carrera más allá de esta mala tarde que por cierto no sé si le debería hacer replantear su rol en el seno de la selección española ante el colapso de estrellas.

La crono en sí fue un muestrario de lo justa que llega la gente a este tramo de temporada. Corredores con buenas temporadas como Van Garderen o Kessiakoff anduvieron ajenos a un podio que acoge a una sensación llamada Taylor Phinney, un grande en ciernes sin duda. Si perdiendo una crono mundialista por cinco segundos se muestra así qué no hará si un día logra algo grande.

 

Para Víctor, dónde esté, un recuerdo enorme.