Ciclistas: Mis tres estrategas de cabecera

Laurent Jalabert 1995 JoanSeguidor

La línea Lemond-Jalabert-Nibali dibuja el triángulo de los mejores ciclistas estrategas que hemos visto

Entre los ciclistas hay muchas virtudes compartidas, pero también otras, como el juego de estrategas que no todos tienen por la mano.

En la historia del ciclismo que nos ha tocado ver, han habido corredores que se han distinguido por una fuerza y dominio, en su momento, que no han necesitado de la pátina de estrategia que otros sí precisan.

Corredores que han corrido a lo bruto y les ha salido bien, a veces, tipo Alberto Contador o Jan Ullrich, incluso si nos apuráis, diría que Chris Froome no siempre ha sido un buen «tramador», sus primeros triunfos fueron merced a un golpe certero de inicio que le permitía entrar en guerras de las que salía escalado.

Otros mostraron evolución, como Fabian Cancellara, que pasó de ganar Flandes y Roubaix siempre solo, a lo bruto, a gestionar escapadas con varios y batirse al sprint.

En clásicas, Tom Boonen, por eso, nos ha parecido el maestro en la anticipación, uno de los mejores ciclistas estrategas que acabó dando con el palmarés que le contempla, una auténtica leyenda.

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Hoy, Primoz Roglic juega ese rol de estrategia bien medida que maquilla en gran parte la igualdad con la que se mide ante sus rivales, sabe que si los lleva en el redil hasta cerca de meta, los tiene en su mano y con ello, los segundos de bonificación que construyen la ventaja.

A día de hoy, con casi 35 años de ciclismo degustado en directo, hay un ciclista que combina fuerza y pizarra casi a partes iguales: Miguel Indurain.

Huelga poner ejemplos.

En una línea imaginaria de ciclistas que hayan sido o sigan siendo buenos estrategas me gustaría echar mano de tres nombres más una bola extra, la de Moreno Argentin, un Maquiavelo sobre la bicicleta, cuya astucia llegó a poner en jaque al propio Indurain en el Giro de Italia.

Las andanzas de Argentin las contamos en su día juntándole con otros cuatro buenos ejemplares de sacar petróleo de donde no lo hay: Simon Gerrans, Pascal Richard, Wladimir Belli y Rui Costa.

Sin embargo, cuando uno crece y se enamora del ciclismo viendo la modernidad eterna de Greg Lemond, sabe que eso es especial.

Que el Tour de 1989 siga en los anales, y todos hablen de él tarde o temprano es por su exclusiva culpa: una carrera que fue una obra de arte entre los tres mejores de aquella generación, con la única ausencia de otro gran zorro llamado Stephen Roche, y que acabó en manos del americano cuando Laurent Fignon pintaba a ganador y Perico llegaba como el más fuerte.

La gestión de la carrera de Lemond aquel año es un manual sin fecha de caducidad de cómo saca provecho de cada acción y cada gesto del rival, solo, sin equipo, con la única certeza de que su clase intrínseca saldría cuando lo necesitara.

Greg Lemond JoanSeguidor

Como en el Mundial que le ganaría a Sen Kelly un par de meses después.

Lemond fue de los mejores y curtido con los mejores, que llegó de América con una mano delante y otra detrás, haciéndose un nombre y sacando la cabeza ante el propio Bernard Hinault.

Cayó con grandeza en el Tour de 1991, ante el dominio que iniciaba Indurain, pero su perfume de campeón sigue disfrutándose aún hoy.

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Laurent Jalabert fichó por la ONCE con la etiqueta de prometedor sprinter que, nada más aterrizar, sumó etapa y maillot verde en el Tour, un logro de gestión y estrategia que él mismo destaca cuando tienes la suerte de hablar con él de aquello que fue.

Ganó en los Lagos siendo un velocista, en medio de un mar de etapas en su palmarés, y firmó un año, 1995, que sublima las estadísticas.

Una campaña llena de intensidad, con carreras en las que salió escaldado, como la Lieja, pero otras que quedan para el recuerdo por sus movimientos certeros ante rivales enormes, tipo San Remo ante Fondriest.

Jalabert alargo su trayectoria lo suficiente como para seguir sumando y sumando grandes carreras en la conjunción de un ciclista irrepetible que aún hoy continua siendo objeto de estudio para muchos que consideran una buena pizarra como la primera piedra del éxito.

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De Jalabert y Lemond bebe Vincenzo Nibali…

El siciliano es el mejor de los estrategas entre los ciclistas contemporáneos, un corredor que, como a veces hemos dicho, ha ganado cuatro grandes vueltas en tiempos de Froome y Contador.

Y eso demuestra el tamaño de un competidor nato que ha sabido reunir un palmarés único firmando todo tipo de pasajes, por que Nibali nunca nos ha parecido el prodigio físico que sí han sido sus principales rivales.

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Jornadas como aquella de Tirreno en la que hizo saltar a Froome bajo el diluvio, los ataques certeros de Lombardía y San Remo, el Giro 2016, un monumento al acoso sin descanso al rival o la etapa del pavé del Tour que acaba ganando, una etapa en la que Astana fue un reloj alrededor suyo, sacando del mapa a Froome y dejando a Contador al límite.

Y es que el ciclismo, más allá del duelo directo, del mano a mano, es una suerte de matices y movimientos que bien ejecutados nos regala campeones que siempre quedan para los anales.

Aquí os he traído mis favoritos de siempre.

Giro: ¿Qué arma le queda a Nibali?

Nibali Giro

Jugarse el Giro a declaraciones con Nibali suele salir caro

Vincenzo Nibali vuelve a estar donde acostumbra, en la quiniela para ganar un Giro de Italia que ahora mismo no vemos en mano de nadie.

Una semana después de su inicio, con los dos británicos favoritos fuera de concurso, Geraint y Yates, y la zozobra de saber qué pasará con el coronavirus y la nieve de las grandes cimas programadas para la semana final, el Giro se debate en una igualdad incierta, sin que nadie sobresalga pero con la sensación de aquí podemos ver mucho mejor ciclismo que nos dio el Tour.

En un listado en el que podríamos incluir a Majka, Pozzovivo, Fulgsang, Kelderman y Almeida, Nibali lleva ventaja, ninguno de los mentados sabe lo que es ganar el Giro, ni siquiera una grande, él lleva cuatro.

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Y ese límite que podría parecer algo así como el vivir de rentas no es un salto sencillo de realizar, la difusa línea entre ganar una grande o no es más compleja de sortear con suerte de lo que parece y quien ha llegado hasta el final para recoger la maglia o maillot de ganador en París, Milán o Madrid parte, de inicio, con ventaja.

Es un hecho que el Vincenzo Nibali del Giro 2020 no es el de hace unos años.

Creo que la mejor versión del siciliano, en tiempos recientes, se quedó en aquella subida a Alpe d´Huez, donde un imbécil le tiró al suelo entre el humo de las bengalas.

Desde entonces el italiano es un ciclista que infunde respeto, aunque sin la pegada de antaño.

Pero no conviene perderle de vista, es especialista en muchas cosas, no sólo en sacar un 110% de sus capacidades en un entorno en el que se ha tenido que pelear con grandes nombres y a veces resultando ganador.

Nibali se conoce bien y conoce mejor la carrera, y lo que implica

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Recuerdo el año pasado, en la jornada que ganó Zakarin en los Alpes, cuando Nibali empezó a hacer caer sobre las espaldas de Roglic todo el peso de ser el favorito a ganar el Giro de Italia.

Le paso toda la presión de salir a por Carapaz y Landa y el esloveno no pudo reaccionar.

Nibali no ganó el Giro, pero propició que Roglic tampoco. 

Estos días vemos que se ha iniciado un pique declarativo entre Jakob Fulgsang y Vincenzo Nibali que nos recuerda mucho al que mantuvo el siciliano con Roglic el año pasado.

El danés le ha dicho que no va a poder mear tranquilo en ningún tramo de carrera, todo por que Trek tiró cuando Fulgsang tuvo una avería o pinchazo, no recuerdo.

Ayer mismo en la etapa que ganó Peter Sagan, el danés reverdeció su fama de pupas.

Ambos corredores han sido compañeros en Astana, de hecho el nórdico fue clave en aquella famosa etapa del adoquín en favor a Nibali, y por eso debería saber Jakob que con Nibali las guerras dialécticas no suelen cundir, al contrario, el siciliano es especialista en volverlas en tu contra.

Y es que Nibali está perfecto en este Giro, no tendrá el golpe de años atrás, pero el entorno le acompaña, el palabrerío también, lo mismo que un recorrido lleno de dificultad, que premia el fondo y la resistencia, una marea en la que Nibali se maneja muy bien.

Y por si fuera poco el clima, añadiendo incertidumbre en un Giro versión de otoño en el que, salvo explosión inédita, seguramente veremos a Nibali en la puja hasta el final.

Imagen: FB Giro d´ Italia

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El segundo Giro de Nibali fue «darwinismo» puro y duro

Giro Italia Nibali JoanSeguidor

El final del Giro 2016 es la obra cumbre de Nibali

Hay una carrera en los tiempos recientes que explica lo que es resilencia, no morir nunca, no bajar los brazos, no renunciar: sí es el Giro 2016, el segundo Giro de Vincenzo Nibali.

En los revivals de la corsa rosa que Eurosport nos sirve estos días, hemos revivido la recta final de aquella edición, la recta final más descacharrante que hemos tenido la suerte de vivir y recordar de estos tiempos que muchos tildamos de aburridos.

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Pero el plomo de los tiempos presentes, tiene contrapesos, y a veces llegan como quien no lo espera ni lo prevé.

El saldo, a 48 horas de llegar a Turín, porque aquella edición moría en el ombligo piamontés, era de Nibali más allá de los cuatro minutos de un líder frío, duro, sólido, sin fisuras llamado Steven Kruijswijk.

Cuatro minutos largos y Esteban Chaves, en su mejor versión, por medio.

Esa era la foto que separaba a Nibali de su segundo Giro, nada que ver con el primero que ganó por KO de los rivales, rotos por el siciliano y las temperaturas extremas.

Como diría Charles Darwin «no es mejor aquel que es más fuerte y sí quien se adapta al medio» y Nibali en la adversidad es un ciclista sublime

La cosa empezó en el Agnelo, con el llorado Scarponi por delante, y el propio siciliano descolgado una vez se adivinaba la cima, allá arriba.

Chaves tiraba del líder y Alejandro Valverde, hasta que Nibali surge de atrás y empieza a acelerar el ritmo.

No era violento, era machacón, constante, convencido del objetivo.

Quizá entonces no lo supiera, quizá trabajara para desplazar del podio a Valverde, pero Nibali estaba cimentando su segundo Giro.

Kruijswijk no cejaba no pestañeaba, era una roca, encajaba los golpes con una natural superioridad aparente que sólo él, en su seno, podría sentir resquebrajarse.

Esos cambios fueron el caldo de cultivo, luego vino el descenso, largo, larguísmo, con neveras de metros de nieve a los lados: toda la fortaleza del líder neerlandés se heló con el paisaje.

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Y así acabó estampado en aquella pared, para desencadenar el desastre.

Entonces empezó el baile, Scarponi espera a Nibali, Rubén Plaza a Chaves, los huecos se abren, el líder se hunde, Valverde comprueba que la exactitud suiza de Astana y Orica no se da en su equipo…

Aquel Giro de Movistar fue memorable. 

Nibali deja a Chaves y gana en Risoul

El colombiano es maglia rosa pero en insuficiente, al día siguiente entre Francia e Italia, en Nibali le remonta para ganar su segundo Giro.

Una etapa memorable, un fin de carrera increíble, el motivo que hace de Nibali el ciclista más admirado de su generación, porque sin ser más fuerte, en el mano a mano que Contador, Froome, Nairo y otros se ha granjeado un palmarés de culto que firma él, sólo él.

Este año optará, esperemos que sí al tercer Giro, entretanto poneros aquellos días como asidero al que agarrarse en este presente tan lamentable que nos ha tocado padecer.

Vincenzo Nibali, siete razones para quererlo

Vincenzo Nibali Giro Italia JoanSeguidor

En Vincenzo Nibali concluyen todos los ciclismos, el de antes y el actual

En el World Tour que arranca hay muchos focos que corren en la espalda de esos ciclistas con tez de niño que no han querido respetar esos tiempos que marcaban los manuales de antaño, nosotros sin embargo queremos poner la mira en un ciclista que podemos describir como una leyenda, una suerte de vestigio de ese ciclismo pretérito, que hurga en el el presente para seguir vigente, hablamos de Vincenzo Nibali.

Hablar del italiano en este mal anillado cuaderno no ha sido sencillo, pues la objetividad nunca ha sido la costura de lo escrito, sin embargo, redoblando la apuesta, vamos a por siete motivos por los que creemos que Vincenzo Nibali es un ciclista que, desde la óptica del aficionado, sólo puedes querer.

 

El motivo uno tiene que ver con ese bagaje, el legado que deja a sus espaldas, un palmarés prendado de variedad y calidad en partes iguales.

Vincenzo Nibali aúna cuatro grandes vueltas (dos Giros, una Vuelta más otro Tour) con tres monumentos.

En esos monumentos ha mostrado los registros de su ciclismo, pasional, improvisación, genial en los instantes clave.

San Remo rompiendo desde el Poggio, Lombardía haciendo gala de habilidad y certeza táctica.

En este último renglón basamos el segundo punto, la estrategia, la pizarra de Nibali es de manual, de vieja y nueva escuela, transversal, un premio para cualquier maestro en esto.

 

Sacar la oportunidad de la crisis, la ventaja de la hostilidad y siempre, siempre, siempre sacar la cabeza.

Por que, ahí va el tercer motivo, Vincenzo Nibali ha granjeado un palmarés de excepción conviviendo con monstruos de hoy y de siempre como Alberto Contador, Chris Froome o Nairo Quintana, corredores que sobre el papel, mano a mano, le habrían derrotado, pero que en las vueltas que da la vida, Nibali les ha podido mojar la oreja, juntos a por separado.

Recordad aquella etapa de Tirreno, bajo el diluvio, con Froome mandando en la general, mano firme, Nibali le levanta la general en un día dantesco.

Dias así, que no se olvidan.

Cuarto motivo, es competitivo hasta el extremo.

En el Giro último Primoz Roglic parecía inaccesible, Nibali le descubrió la sima, abrió el hueco y plantó la semilla de su derrumbe.

Richard Carapaz acabó de rosa, pero a Nibali le queda el sabor de precipitar el desenlace.

Así muchas veces, es un ciclista que más allá de lo que marquen los potenciómetros, de los números corren con el alma, con las sensaciones de siempre y cariño de los orígenes.

Quinto motivo, ese amor por el ciclismo de siempre, la reconciliación con el deporte de toda la vida, con ese que dicen, perdió la magia.

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Ssexto pretexto, es italiano, eso es un plus, oírle hablar, ver lo que arrastra, sentir su hinchada… es, volvemos a lo mismo, ciclismo de toda la vida, de siempre.

Pero además siciliano, es decir socarrón e irónico, sabe quién se la ha hecho y pasa factura, Horner, por ejemplo, en aquella llegada a Hautacam, donde de amarillo del todo no perdonó una victoria, otra más, en ese Tour que ganó por que sencillamente fue el mejor, si otros no pudieron rivalizar, no fue cosa suya, fue una cuestión intrínseca al ciclismo con las caídas.

Y siete, acabamos, con esa elegancia, esa técnica, esos descensos que son un premio a la vista y el buen gusto, una forma de tratar la máquina que es seda, es sencillamente la sublimación de un oficio, el ciclista, que Vincenzo Nibali, camino de los cuarenta no se cansa de ejercer.

Los top cinco de la década ciclista

Mundial Innsbruck - Peter Sagan JoanSeguidor

Nibali, Froome, Gilbert, Sagan y Valverde son nuestros cinco nombres de la década ciclista

 

Aunque la teoría diga que la década empieza en un año que finaliza en cero, para nosotros este 2019 cierra una década ciclista que en nombres queremos retratar entre cinco artistas que nos han hecho soñar y disfrutar a partes iguales.

Una década ciclista que nos ha dejado, seguro, otros muchos protagonistas, pero que en el difícil ejercicio de elegir, hemos querido condensar en cinco corredores, los cinco más destacados de la década ciclista.

Y en esas que empezamos por el nombre cuya leyenda se rubrica en la carrera, nos guste o no, más trascendente de todas, el Tour.

Chris Froome ahora camina solo, con cuatro ediciones.

Por detrás sólo tiene a dos, Lemond y Thys, por delante le superan apellidos que saben a leyenda: Anquetil, Merckx, Hiinault e Indurain.

Sólo la mención de estos nombres, en pleno siglo XXI, ubica la gesta de Chris Froome, un campeón que ha corrido dos carreras, la propiamente dicha, con una palmarés elocuente (cuatro Tours, dos Vueltas y un Giro), y otra de sospechas, rumores y resultado adverso del que salió airoso más que nada porque la maquinaria legal de su Sky actuó con todo lo que tuvo a su alcance.

Tour de Francia - Mont Ventoux Froome JoanSeguidor

En la trayectoria de Chris Froome esa palabra tiene mucho que decir; Sky, en la década ciclista del Team Sky, Chris Froome, el ciclista posiblemente más anárquico, de inicio, menos elegante y más retorcido sobre la máquina ha sido el ariete del equipo más fino e incisivo de la historia del ciclismo «made in Sky».

El trompazo que se dio en el Dauphiné amenaza con apagar una historia que es de éxito y que a nuestro juicio marca parte sustancial de la década.

 

Le sigue a Chris Froome, el ciclista que aspira al 110% de lo que compite: Alejandro Valverde.

Cuando en los anales de este deporte se hable del murciano que sigue vigente en el umbral de los cuarenta se dirá que empezó la década con una suspensión de la que volvió y no sólo ganó, sin no que lo hizo con más brío y emoción y eso no suele ocurrir.

La Vuelta Valverde joanSeguidor

Alejandro Valverde no ha ganado una grande estos diez, años, lo hizo en el epílogo de la anterior, de la que fue también protagonista clave, pero ha ganado y emocionado a partes iguales, presente los diez-once meses de competición, marcando registros de leyenda en las Árdenas, pisando los podios de las tres grandes, siendo campeón del mundo.

Su plaza en la historia del ciclismo está fuera de toda duda.

Un día muchos podremos decir, yo he visto a Alejandro Valverde.

 

En la París-Niza de 2010, en una de esas jornadas que hielan sólo verlas por la televisión, surgió otro de los cinco nombres de la década ciclista.

Peter Sagan tuvo el éxito temprano pero ello no le restó un ápice de apetito, no quiso perderse nada por el camino y su omnipresencia en podios y carreras ha sido otra de las constantes.

Peter Sagan Paris-Roubaix JoanSeguidor

De ganador imberbe, de amasador de palmarés y registros literalmente vertiginosos a triple campeón del mundo, del tirón y seguido, con dos monumentos, sólo dos para todo lo que ha currado, que marcan con trazo grueso la leyenda de un eslovaco que hizo del triunfo un arte al abasto de muy pocos.

 

Pero no todo es cantidad y sí calidad, y en esa transición de grandes nombres un italiano de Sicilia toma el mando.

Hablar de Vincenzo Nibali es mentar un corredor sublime, un ciclista «self made» de abajo arriba, con los mimbres del mejor ciclismo del mundo, el italiano.

Vincenzo Nibali Milán-San Remo JoanSeguidor

Gusto por tenerlo todo, pero especialmente todo lo bueno.

Numéricamente su palmarés no es el más nutrido, repetimos, pero esas cuatro grandes que lucen en su bagaje, dos Giros más sendas Vueltas y Tour, hablan por sí solas, sobre todo cuando ha coincidido en tiempo con auténticos monstruos de la materia, de Contador a Froome.

Pero no contento con ello, Nibali lo aderezó con tres monumentos, haciéndose más único si cabe, como hemos dicho más de una vez, de culto.

En una década ciclista en la que Italia ha perdido peso en estrellas y equipos, él ha sido el contrapunto, el sostén de un ciclismo enorme.

Sólo le faltó una cosa, una medalla, si Río y aquella curva no se hubieran cruzado, posiblemente hablaríamos de un corredor irrepetible.

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Flandes Philippe Gilbert JoanSeguidor

La lista se cierra con regusto gourmet.

Leemos que Philippe Gilbert ya trabaja en San Remo, sobre la misma ruta, porque quiere el quinto monumento, algo que sólo lograron tres antes que él en más de cien años de ciclismo.

Todos belgas, todos como Philippe, el coleccionista, el corredor que esta década ha sido campeón del mundo, ha ganado cuatro monumentos diferentes, etapas en las tres grandes y firmado una temporada, qué temporada, posiblemente la última gran campaña firmada por alguien equiparable a las campañas de Jalabert o Kelly, aquella de 2011, que fue tan buena, que nunca más se aproximó.

Aunque desaparecido en muchas ocasiones, el bueno de Philippe merece entrar en este listado tan caprichoso como subjetivo, un listado que seguro habrá cometido alguna injusticia, pero que retrata en cinco nombres una parte gruesa de lo que ha sido la década ciclista que nos deja.

Tour: Vincenzo Nibali arregla el epílogo más frío y triste

Vincenzo nibali Tour JoanSeguidor

Con Vincenzo Nibali acaba el que creemos que será el primer Tour de la era Bernal

El Tour de Francia es esa carrera que tiene escapados como Vincenzo Nibali, ganador de cuatro grandes vueltas y tres monumentos, corredor prendado de una clase que no conoce caducidad y olfato de leyenda.

El Tour de Francia de 2019 ha tenido un epílogo triste y frío, como el tiempo que ha asaltado una carrera tomada por la canícula, hasta que una granizada helada entre el Iseran y Tignes nos dejó helados.

Desde entonces una sucesión de acontecimientos e incertidumbre se ha instalado en el ambiente que nos ha quitado parte de los mejores momentos de cada año.

Pero, y aunque la mano del hombre parezca larga, y la de la carrera más poderosa del mundo más, el Tour no pudo vencer la meteorología.

Por todo eso, Vincenzo Nibali fue lo mejor del epílogo del Tour, y Egan Bernal el ganador que sin duda más mereció este premio.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Podremos estar mil veranos discutiendo sobre la decisión de acortar la etapa hasta distancias de cadetes, como aquella de Sestriere del 96, cuando Riis destapó el tarro, podremos estudiar y escribir sobre infinitas rutas y alternativas.

Una decisión que entiendo fue la mejor de las posibles porque Le Tour de France SA es el principal interesado que todo salga lo mejor posible.

Cualquier decisión va en esa dirección, cualquier conjetura, cualquier ruta que propongamos carece del fundamento de quien está sobre el terreno.

Ahora sí, y eso es cierto, sorprende que en el Tour no haya plan B, C ó D.

O es que si fallan todos a la vez, algo no funciona. 

 

Pero dejemos al Tour con sus decisiones en tiempo real, con terrenos en continuo movimiento y centremos el tiro en una etapa que supo a poco, a muy poco.

Defender, como hizo Carlos de Andrés, que el espectáculo de Val Thorens fue magnífico es abogar por lo indefendible, fue un sprint en subida, una suerte de scratch de velódromo en el que los rodillos echaron humo antes de poner continuidad sobre la ruta.

Que Vincenzo Nibali gane y perviva en esta jungla es el ejemplo de este corredor imperecedero que nunca ha aunado dos grandes buenas el mismo año y que consciente de ello se lo ha jugado todo a una carta, el triunfo parcial, que llegó sobre la bocina.

Nos alegramos de este desquite de Vincenzo en el Tour, tras lo del año pasado en Alpe d´ Huez.

Quizá en ese realismo, en esa concreción de objetivos tuvo que basarse Movistar, en vez de salir con tres líderes, cada uno de su madre y su padre.

 

Porque la propaganda oficial podrá decir que Movistar fue el que más atacó, el que más probó, porque la realidad es un pingüe resultado en el que se llevan el segundo y tercer puesto en Val  Thorens con Valverde superando a Landa en el trance final,

Una imagen que vale más que mil palabras de un equipo que, tras el espejismo del Giro, volvió a las andadas.

Con mucho menos ruido, y optimizando Team Ineos hace primero y segundo en el Tour.

Oro y plata, toma, el ganador vigente se queda segundo, el tío más admirable del ciclismo en mucho tiempo, Geraint Thomas, y la promesa es ya realidad: Egan Bernal.

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Ellos corrieron sabiendo en todo momento a qué iban y cómo lo tenían, mientras se vociferaba que no eran los de antaño.

Lo único emocionante del criterium de Val Thorens fue el derrumbe controlado de Alaphilippe, demasiado ha hecho el francés.

Pero que le quiten lo bailado, este Tour es mucho más suyo que el inquilino de la tercera plaza, Steven Kruijswijk.

Entre la estadística y el corazón, nos quedamos con lo segundo.

Imagen: FB Le Tour de France

Giro 2013: Nibali, el Tiburón que emergió del frío y del hielo

El Giro de 2013 fue una carrera helada que dominó el «tiburón» Nibali

Ni miró para atrás.

Enrabietado, Nibali impuso su ley en la ascensión final a las míticas Tres Cimas de Lavaredo para acabar con el Giro de 2013.

Igual que lo hizo Merckx hace nada menos que 45 años.

El mismo escenario.

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La misma meteorología.

La nevada era cada vez más intensa.

El frío también.

Vincenzo intentaba entrar en calor soplándose en las manos.

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Frío intenso.

Estábamos asistiendo a uno de los Giros más duros, climatológicamente hablando, de los últimos 25 años: lluvias y fuertes nevadas.

Nibali no iba a aceptar ni una crítica a su incontestable victoria en la Corsa Rosa, para nada, a pesar de ser una edición recortada por temporales de todo tipo (el mítico Galibier, una jornada entera suspendida, sin ascender los épicos Gavia y Stelvio), el siciliano tenía la victoria en los bolsillos del maillot, pero el Tiburón para saciar su sed necesitaba más, tenía que acallar voces.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Y lo hizo de un solo golpe y con autoridad, como si no hubiera sido suficiente su demostración de fuerza ganando la cronoescalada a Polsa.

En las rampas del Lavaredo desató su ira y fue devorando con hambre voraz a escarabajos y canguros.

 

Todos, resignados, sólo podían seguir a distancia la estela de su aleta rosa ascendiendo y perdiéndose entre el blanco manto de la montaña.

Cada vez nevaba más intensamente.

Una nueva etapa épica y otra vez de nuevo en el Giro.

 

Finales de mayo.

Sólo el rosa.

El rosa en su maillot.

Y nada más.

Sólo lo obligatorio.

No quiso salir vestido todo de rosa, como suelen hacer los campeones más coquetos, ni con el casco, ni con las gafas, todo de color de rosa que con tanto mimo le había preparado su equipo.

No quiso.

Se lo tenía que ganar en las Tres Cimas.

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Y así fue.

Nadie pudo seguirle y machacó el Giro a lo grande, su segunda gran vuelta, tras la ronda española del 2010.

Por fin el Tiburón del Estrecho (de Messina) era profeta en su tierra, delante de los suyos, su familia, que tanto le habían apoyado desde que era un niño cuando con 8 años le compraron su primera bici, y sus amigos, esos que tanto ha tenido que dejar de lado para prepararse a conciencia para ganar este Giro, muchos días fuera de casa, stages en altura y muchas carreras.

Nada más bajarse del podio sus palabras iban dirigidas a su familia: “Ho lavorato tanto per arrivare fin qui, ora è tempo di godersi il trionfo con la familia”.

Y añadía: “Non ci credo, ho realizzato il sogno di una vita”.

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En efecto, había cumplido el sueño de toda una vida.

El siciliano que partió con 17 años a la Toscana para hacerse ciclista, rebosaba felicidad y esbozaba una gran sonrisa con su gran trofeo: “la sua belleza equivale al peso, è davvero spettacolare”.

Y ahora sí, todo vestido de rosa.

Foto: Giro de Italia

 

El bidón de Fran Ventoso a Vincenzo Nibali

Un gesto de lo más habitual entre ciclistas, pasarse un bidón, se ha convertido en viral 

Y sí, da lo mismo que sean compañeros de equipo o no, porque entre rivales o adversarios -pero nunca enemigos- es algo muy común que, al menos en el mundo del ciclismo, no se debería vender como algo emocionante o extraordinario.

Porque no lo es.

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Este detalle, que es de lo más normal entre deportistas, lo han publicado los medios de comunicación para convertirlo en algo parecido al momento más bello del Giro o incluso a ser candidata a la foto ciclista del año. 

Como si esta historia no hubiera sido jamás vista o contada.

En ocasiones, también estamos acostumbrados a ver coches de equipo que dan agua a otros corredores que no son los suyos.

Cierto, ¿no?

Esto se suele ver a menudo sobre todo en las escapadas.

¿Estamos de acuerdo? 

Esos sí, quede clara, aunque sea un gesto frecuente en una carrera ciclista, la deportividad mostrada por Ventoso con un exquisito “fair play”.

Una actitud para aplaudir, porque sigue dando ejemplo y demostrando con fuerza que el ciclismo es un deporte de caballeros.

Un gesto hermoso.

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Lo que ocurre es que cuando lo captan las cámaras, y no pasa desapercibido, se realza aún más esta icónica imagen.

Es un bonito gesto en este sufrido deporte, que es lo normal cuando en otras competiciones se trata de algo extraordinario.

Así es.

Sin embargo, a pesar del entusiasmo, el alborozo y el frenesí que ha despertado entre los aficionados esta anécdota, Fran Ventoso tampoco se ha librado de las críticas.

Eurosport recriminándole la acción porque antes estuvo en Movistar.

Según Alberto Contador, tendría que haber esperado a sus ex compañeros de equipo para compartir el bidón con ellos y no con Nibali “con el que nunca ha compartido equipo”.

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Desde El Cuaderno de JoanSeguidor hablamos con el CCC sobre el gesto.

Poco que comentar…

NIbali Ventoso bidon JoanSeguidor

Pero mejor, vayamos a la secuencia.

En esta escena todo ayuda. 

Ayuda el escenario: en plena ascensión al mítico Mortirolo, en la etapa reina del Giro. 

Aporta que sea en el instante de un ataque decisivo por parte de un gran Nibali, que en ese momento iba sin agua.

Y sin duda, el hecho de que esa circunstancia nos hiciera retroceder en el tiempo y nos recordara la inolvidable estampa de otro gran gesto de juego limpio que forma parte de la historia del ciclismo.

 

 

Tour de Francia de 1952, cuando los eternos rivales Fausto Coppi y Gino Bartali se pasan un bidón de agua entre ellos.

Es la famosa foto del paso del botellín (“passaggio della borraccia”) que se convirtió en una de las imágenes más legendarias del ciclismo.

 

Una foto inolvidable para el ciclismo italiano, que se convirtió en símbolo del deporte.

El intercambio de botellas de agua entre Coppi y Bartali es uno de los iconos deportivos del siglo XX.

Una foto que hizo correr ríos de tinta en Italia y de la que cuentan que, los más viejos tifosi, aún discuten apasionadamente sobre quién da el bidón a quién.

La foto es ascendiendo el Galibier.

 

¿Es Coppi el que le da el botellín a Bartali o es al revés?

El intercambio es inmortalizado por Carlo Martini, fotógrado de Omega Fotocronache, y publicado en Ilustrated Sport con estos comentarios del periodista Guido Giardini:

Dónde están las diatribas de Milán, dónde están las controversias antes (y después) de Recanati? He aquí a Coppi y Bartali, los dos grandes atletas del equipo italiano, intercambiando botellas de agua. Estamos en la carretera que conduce al Galibier. Pronto Coppi lanzará su ataque».

Sesenta y siete años más tarde, y aún son muchos los que se preguntan por el “intercambio de borraccias”.

Los portabicicletas de Cruz pueden ser de techo o bola de remolque

Ni Fausto, ni Gino -siempre entre risas y verdades a medias-, ni Martini, nunca quisieron aclarar este hermoso misterio.

Dicen que una vez se le escapó a Tarcisio Vergani, en ese momento el masajista de Bartali, que el bidón era de Gino, pero en la foto se puede comprobar que «el piadoso»aún tiene sus dos botellas en sus “jaulas” del cuadro y el manillar.

Incluso la RAI intentó revelar la verdad -a través de un supuesto vídeo- en el que se vería a Bartali pasarle el bidón a Coppi, y como éste bebe, lo tira y lo arroja a la carretera.

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¿Se había resuelto el caso?

No, porque en la foto Coppi tiene las dos “jaulas” vacías y en la película llevaba una botella en la del cuadro.

¡Menudo lío!

Unas declaraciones de Vito Liverani, fotógrafo deportivo y luego propietario de Omega Fotocronache y, por tanto, también de los derechos de la inmortal foto, no ayudaron para nada en deshacer el entuerto al afirmar que:

hay poco misterio en por qué se creó esa imagen: Martini estuvo de acuerdo con los dos corredores y con el director de la carrera en efectuarla; le dio una botella a un amigo suyo y le dijo que se la diera cuando pasaran. En aquellos días, los fotógrafos estábamos muy interesados en tener imágenes que fueran diferentes de todas las demás. Es una foto creativa, hermosa, una imagen que desearía haber tomado. Hoy tal foto sería imposible».

Por tanto, parece que estemos hablando de una foto con truco -lo que hoy llamaríamos un fake-, una escena que ya había sucedido mucho antes, en el Tour del 49 pero ascendiendo el Aubisque, cuando Coppi le facilita una botella de agua a Bartali.

Esto dicen que lo llegaron a ver, pero que nadie había retratado porque entonces, claro está, no había mil cámaras o vídeos como ahora.

Así fue como, parece ser, la foto del siglo fue un montaje en el cual Gino y Fausto se pusieron de acuerdo para repetir aquel teatrillo.

Y en realidad tampoco era un bidón lo que se pasaban, sino que se trataba de una botella de agua, seguramente de la marca Perrier.

En aquel momento, parecía claro que fue Bartali quién se la pasó a Coppi, pero ante las insistentes preguntas de los periodistas, Liverani quiso mantener vivo el secreto sentenciando:

Claro que sé quién pasó la botella, pero no tengo ninguna intención de decirlo”.

Foto: video.corriere.it