El segundo Giro de Nibali fue «darwinismo» puro y duro

Giro Italia Nibali JoanSeguidor

El final del Giro 2016 es la obra cumbre de Nibali

Hay una carrera en los tiempos recientes que explica lo que es resilencia, no morir nunca, no bajar los brazos, no renunciar: sí es el Giro 2016, el segundo Giro de Vincenzo Nibali.

En los revivals de la corsa rosa que Eurosport nos sirve estos días, hemos revivido la recta final de aquella edición, la recta final más descacharrante que hemos tenido la suerte de vivir y recordar de estos tiempos que muchos tildamos de aburridos.

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Pero el plomo de los tiempos presentes, tiene contrapesos, y a veces llegan como quien no lo espera ni lo prevé.

El saldo, a 48 horas de llegar a Turín, porque aquella edición moría en el ombligo piamontés, era de Nibali más allá de los cuatro minutos de un líder frío, duro, sólido, sin fisuras llamado Steven Kruijswijk.

Cuatro minutos largos y Esteban Chaves, en su mejor versión, por medio.

Esa era la foto que separaba a Nibali de su segundo Giro, nada que ver con el primero que ganó por KO de los rivales, rotos por el siciliano y las temperaturas extremas.

Como diría Charles Darwin «no es mejor aquel que es más fuerte y sí quien se adapta al medio» y Nibali en la adversidad es un ciclista sublime

La cosa empezó en el Agnelo, con el llorado Scarponi por delante, y el propio siciliano descolgado una vez se adivinaba la cima, allá arriba.

Chaves tiraba del líder y Alejandro Valverde, hasta que Nibali surge de atrás y empieza a acelerar el ritmo.

No era violento, era machacón, constante, convencido del objetivo.

Quizá entonces no lo supiera, quizá trabajara para desplazar del podio a Valverde, pero Nibali estaba cimentando su segundo Giro.

Kruijswijk no cejaba no pestañeaba, era una roca, encajaba los golpes con una natural superioridad aparente que sólo él, en su seno, podría sentir resquebrajarse.

Esos cambios fueron el caldo de cultivo, luego vino el descenso, largo, larguísmo, con neveras de metros de nieve a los lados: toda la fortaleza del líder neerlandés se heló con el paisaje.

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Y así acabó estampado en aquella pared, para desencadenar el desastre.

Entonces empezó el baile, Scarponi espera a Nibali, Rubén Plaza a Chaves, los huecos se abren, el líder se hunde, Valverde comprueba que la exactitud suiza de Astana y Orica no se da en su equipo…

Aquel Giro de Movistar fue memorable. 

Nibali deja a Chaves y gana en Risoul

El colombiano es maglia rosa pero en insuficiente, al día siguiente entre Francia e Italia, en Nibali le remonta para ganar su segundo Giro.

Una etapa memorable, un fin de carrera increíble, el motivo que hace de Nibali el ciclista más admirado de su generación, porque sin ser más fuerte, en el mano a mano que Contador, Froome, Nairo y otros se ha granjeado un palmarés de culto que firma él, sólo él.

Este año optará, esperemos que sí al tercer Giro, entretanto poneros aquellos días como asidero al que agarrarse en este presente tan lamentable que nos ha tocado padecer.

Vincenzo Nibali, siete razones para quererlo

Vincenzo Nibali Giro Italia JoanSeguidor

En Vincenzo Nibali concluyen todos los ciclismos, el de antes y el actual

En el World Tour que arranca hay muchos focos que corren en la espalda de esos ciclistas con tez de niño que no han querido respetar esos tiempos que marcaban los manuales de antaño, nosotros sin embargo queremos poner la mira en un ciclista que podemos describir como una leyenda, una suerte de vestigio de ese ciclismo pretérito, que hurga en el el presente para seguir vigente, hablamos de Vincenzo Nibali.

Hablar del italiano en este mal anillado cuaderno no ha sido sencillo, pues la objetividad nunca ha sido la costura de lo escrito, sin embargo, redoblando la apuesta, vamos a por siete motivos por los que creemos que Vincenzo Nibali es un ciclista que, desde la óptica del aficionado, sólo puedes querer.

 

El motivo uno tiene que ver con ese bagaje, el legado que deja a sus espaldas, un palmarés prendado de variedad y calidad en partes iguales.

Vincenzo Nibali aúna cuatro grandes vueltas (dos Giros, una Vuelta más otro Tour) con tres monumentos.

En esos monumentos ha mostrado los registros de su ciclismo, pasional, improvisación, genial en los instantes clave.

San Remo rompiendo desde el Poggio, Lombardía haciendo gala de habilidad y certeza táctica.

En este último renglón basamos el segundo punto, la estrategia, la pizarra de Nibali es de manual, de vieja y nueva escuela, transversal, un premio para cualquier maestro en esto.

 

Sacar la oportunidad de la crisis, la ventaja de la hostilidad y siempre, siempre, siempre sacar la cabeza.

Por que, ahí va el tercer motivo, Vincenzo Nibali ha granjeado un palmarés de excepción conviviendo con monstruos de hoy y de siempre como Alberto Contador, Chris Froome o Nairo Quintana, corredores que sobre el papel, mano a mano, le habrían derrotado, pero que en las vueltas que da la vida, Nibali les ha podido mojar la oreja, juntos a por separado.

Recordad aquella etapa de Tirreno, bajo el diluvio, con Froome mandando en la general, mano firme, Nibali le levanta la general en un día dantesco.

Dias así, que no se olvidan.

Cuarto motivo, es competitivo hasta el extremo.

En el Giro último Primoz Roglic parecía inaccesible, Nibali le descubrió la sima, abrió el hueco y plantó la semilla de su derrumbe.

Richard Carapaz acabó de rosa, pero a Nibali le queda el sabor de precipitar el desenlace.

Así muchas veces, es un ciclista que más allá de lo que marquen los potenciómetros, de los números corren con el alma, con las sensaciones de siempre y cariño de los orígenes.

Quinto motivo, ese amor por el ciclismo de siempre, la reconciliación con el deporte de toda la vida, con ese que dicen, perdió la magia.

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Ssexto pretexto, es italiano, eso es un plus, oírle hablar, ver lo que arrastra, sentir su hinchada… es, volvemos a lo mismo, ciclismo de toda la vida, de siempre.

Pero además siciliano, es decir socarrón e irónico, sabe quién se la ha hecho y pasa factura, Horner, por ejemplo, en aquella llegada a Hautacam, donde de amarillo del todo no perdonó una victoria, otra más, en ese Tour que ganó por que sencillamente fue el mejor, si otros no pudieron rivalizar, no fue cosa suya, fue una cuestión intrínseca al ciclismo con las caídas.

Y siete, acabamos, con esa elegancia, esa técnica, esos descensos que son un premio a la vista y el buen gusto, una forma de tratar la máquina que es seda, es sencillamente la sublimación de un oficio, el ciclista, que Vincenzo Nibali, camino de los cuarenta no se cansa de ejercer.

Los top cinco de la década ciclista

Mundial Innsbruck - Peter Sagan JoanSeguidor

Nibali, Froome, Gilbert, Sagan y Valverde son nuestros cinco nombres de la década ciclista

 

Aunque la teoría diga que la década empieza en un año que finaliza en cero, para nosotros este 2019 cierra una década ciclista que en nombres queremos retratar entre cinco artistas que nos han hecho soñar y disfrutar a partes iguales.

Una década ciclista que nos ha dejado, seguro, otros muchos protagonistas, pero que en el difícil ejercicio de elegir, hemos querido condensar en cinco corredores, los cinco más destacados de la década ciclista.

Y en esas que empezamos por el nombre cuya leyenda se rubrica en la carrera, nos guste o no, más trascendente de todas, el Tour.

Chris Froome ahora camina solo, con cuatro ediciones.

Por detrás sólo tiene a dos, Lemond y Thys, por delante le superan apellidos que saben a leyenda: Anquetil, Merckx, Hiinault e Indurain.

Sólo la mención de estos nombres, en pleno siglo XXI, ubica la gesta de Chris Froome, un campeón que ha corrido dos carreras, la propiamente dicha, con una palmarés elocuente (cuatro Tours, dos Vueltas y un Giro), y otra de sospechas, rumores y resultado adverso del que salió airoso más que nada porque la maquinaria legal de su Sky actuó con todo lo que tuvo a su alcance.

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En la trayectoria de Chris Froome esa palabra tiene mucho que decir; Sky, en la década ciclista del Team Sky, Chris Froome, el ciclista posiblemente más anárquico, de inicio, menos elegante y más retorcido sobre la máquina ha sido el ariete del equipo más fino e incisivo de la historia del ciclismo «made in Sky».

El trompazo que se dio en el Dauphiné amenaza con apagar una historia que es de éxito y que a nuestro juicio marca parte sustancial de la década.

 

Le sigue a Chris Froome, el ciclista que aspira al 110% de lo que compite: Alejandro Valverde.

Cuando en los anales de este deporte se hable del murciano que sigue vigente en el umbral de los cuarenta se dirá que empezó la década con una suspensión de la que volvió y no sólo ganó, sin no que lo hizo con más brío y emoción y eso no suele ocurrir.

La Vuelta Valverde joanSeguidor

Alejandro Valverde no ha ganado una grande estos diez, años, lo hizo en el epílogo de la anterior, de la que fue también protagonista clave, pero ha ganado y emocionado a partes iguales, presente los diez-once meses de competición, marcando registros de leyenda en las Árdenas, pisando los podios de las tres grandes, siendo campeón del mundo.

Su plaza en la historia del ciclismo está fuera de toda duda.

Un día muchos podremos decir, yo he visto a Alejandro Valverde.

 

En la París-Niza de 2010, en una de esas jornadas que hielan sólo verlas por la televisión, surgió otro de los cinco nombres de la década ciclista.

Peter Sagan tuvo el éxito temprano pero ello no le restó un ápice de apetito, no quiso perderse nada por el camino y su omnipresencia en podios y carreras ha sido otra de las constantes.

Peter Sagan Paris-Roubaix JoanSeguidor

De ganador imberbe, de amasador de palmarés y registros literalmente vertiginosos a triple campeón del mundo, del tirón y seguido, con dos monumentos, sólo dos para todo lo que ha currado, que marcan con trazo grueso la leyenda de un eslovaco que hizo del triunfo un arte al abasto de muy pocos.

 

Pero no todo es cantidad y sí calidad, y en esa transición de grandes nombres un italiano de Sicilia toma el mando.

Hablar de Vincenzo Nibali es mentar un corredor sublime, un ciclista «self made» de abajo arriba, con los mimbres del mejor ciclismo del mundo, el italiano.

Vincenzo Nibali Milán-San Remo JoanSeguidor

Gusto por tenerlo todo, pero especialmente todo lo bueno.

Numéricamente su palmarés no es el más nutrido, repetimos, pero esas cuatro grandes que lucen en su bagaje, dos Giros más sendas Vueltas y Tour, hablan por sí solas, sobre todo cuando ha coincidido en tiempo con auténticos monstruos de la materia, de Contador a Froome.

Pero no contento con ello, Nibali lo aderezó con tres monumentos, haciéndose más único si cabe, como hemos dicho más de una vez, de culto.

En una década ciclista en la que Italia ha perdido peso en estrellas y equipos, él ha sido el contrapunto, el sostén de un ciclismo enorme.

Sólo le faltó una cosa, una medalla, si Río y aquella curva no se hubieran cruzado, posiblemente hablaríamos de un corredor irrepetible.

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Flandes Philippe Gilbert JoanSeguidor

La lista se cierra con regusto gourmet.

Leemos que Philippe Gilbert ya trabaja en San Remo, sobre la misma ruta, porque quiere el quinto monumento, algo que sólo lograron tres antes que él en más de cien años de ciclismo.

Todos belgas, todos como Philippe, el coleccionista, el corredor que esta década ha sido campeón del mundo, ha ganado cuatro monumentos diferentes, etapas en las tres grandes y firmado una temporada, qué temporada, posiblemente la última gran campaña firmada por alguien equiparable a las campañas de Jalabert o Kelly, aquella de 2011, que fue tan buena, que nunca más se aproximó.

Aunque desaparecido en muchas ocasiones, el bueno de Philippe merece entrar en este listado tan caprichoso como subjetivo, un listado que seguro habrá cometido alguna injusticia, pero que retrata en cinco nombres una parte gruesa de lo que ha sido la década ciclista que nos deja.

Tour: Vincenzo Nibali arregla el epílogo más frío y triste

Vincenzo nibali Tour JoanSeguidor

Con Vincenzo Nibali acaba el que creemos que será el primer Tour de la era Bernal

El Tour de Francia es esa carrera que tiene escapados como Vincenzo Nibali, ganador de cuatro grandes vueltas y tres monumentos, corredor prendado de una clase que no conoce caducidad y olfato de leyenda.

El Tour de Francia de 2019 ha tenido un epílogo triste y frío, como el tiempo que ha asaltado una carrera tomada por la canícula, hasta que una granizada helada entre el Iseran y Tignes nos dejó helados.

Desde entonces una sucesión de acontecimientos e incertidumbre se ha instalado en el ambiente que nos ha quitado parte de los mejores momentos de cada año.

Pero, y aunque la mano del hombre parezca larga, y la de la carrera más poderosa del mundo más, el Tour no pudo vencer la meteorología.

Por todo eso, Vincenzo Nibali fue lo mejor del epílogo del Tour, y Egan Bernal el ganador que sin duda más mereció este premio.

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Podremos estar mil veranos discutiendo sobre la decisión de acortar la etapa hasta distancias de cadetes, como aquella de Sestriere del 96, cuando Riis destapó el tarro, podremos estudiar y escribir sobre infinitas rutas y alternativas.

Una decisión que entiendo fue la mejor de las posibles porque Le Tour de France SA es el principal interesado que todo salga lo mejor posible.

Cualquier decisión va en esa dirección, cualquier conjetura, cualquier ruta que propongamos carece del fundamento de quien está sobre el terreno.

Ahora sí, y eso es cierto, sorprende que en el Tour no haya plan B, C ó D.

O es que si fallan todos a la vez, algo no funciona. 

 

Pero dejemos al Tour con sus decisiones en tiempo real, con terrenos en continuo movimiento y centremos el tiro en una etapa que supo a poco, a muy poco.

Defender, como hizo Carlos de Andrés, que el espectáculo de Val Thorens fue magnífico es abogar por lo indefendible, fue un sprint en subida, una suerte de scratch de velódromo en el que los rodillos echaron humo antes de poner continuidad sobre la ruta.

Que Vincenzo Nibali gane y perviva en esta jungla es el ejemplo de este corredor imperecedero que nunca ha aunado dos grandes buenas el mismo año y que consciente de ello se lo ha jugado todo a una carta, el triunfo parcial, que llegó sobre la bocina.

Nos alegramos de este desquite de Vincenzo en el Tour, tras lo del año pasado en Alpe d´ Huez.

Quizá en ese realismo, en esa concreción de objetivos tuvo que basarse Movistar, en vez de salir con tres líderes, cada uno de su madre y su padre.

 

Porque la propaganda oficial podrá decir que Movistar fue el que más atacó, el que más probó, porque la realidad es un pingüe resultado en el que se llevan el segundo y tercer puesto en Val  Thorens con Valverde superando a Landa en el trance final,

Una imagen que vale más que mil palabras de un equipo que, tras el espejismo del Giro, volvió a las andadas.

Con mucho menos ruido, y optimizando Team Ineos hace primero y segundo en el Tour.

Oro y plata, toma, el ganador vigente se queda segundo, el tío más admirable del ciclismo en mucho tiempo, Geraint Thomas, y la promesa es ya realidad: Egan Bernal.

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Ellos corrieron sabiendo en todo momento a qué iban y cómo lo tenían, mientras se vociferaba que no eran los de antaño.

Lo único emocionante del criterium de Val Thorens fue el derrumbe controlado de Alaphilippe, demasiado ha hecho el francés.

Pero que le quiten lo bailado, este Tour es mucho más suyo que el inquilino de la tercera plaza, Steven Kruijswijk.

Entre la estadística y el corazón, nos quedamos con lo segundo.

Imagen: FB Le Tour de France

Giro 2013: Nibali, el Tiburón que emergió del frío y del hielo

El Giro de 2013 fue una carrera helada que dominó el «tiburón» Nibali

Ni miró para atrás.

Enrabietado, Nibali impuso su ley en la ascensión final a las míticas Tres Cimas de Lavaredo para acabar con el Giro de 2013.

Igual que lo hizo Merckx hace nada menos que 45 años.

El mismo escenario.

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La misma meteorología.

La nevada era cada vez más intensa.

El frío también.

Vincenzo intentaba entrar en calor soplándose en las manos.

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Frío intenso.

Estábamos asistiendo a uno de los Giros más duros, climatológicamente hablando, de los últimos 25 años: lluvias y fuertes nevadas.

Nibali no iba a aceptar ni una crítica a su incontestable victoria en la Corsa Rosa, para nada, a pesar de ser una edición recortada por temporales de todo tipo (el mítico Galibier, una jornada entera suspendida, sin ascender los épicos Gavia y Stelvio), el siciliano tenía la victoria en los bolsillos del maillot, pero el Tiburón para saciar su sed necesitaba más, tenía que acallar voces.

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Y lo hizo de un solo golpe y con autoridad, como si no hubiera sido suficiente su demostración de fuerza ganando la cronoescalada a Polsa.

En las rampas del Lavaredo desató su ira y fue devorando con hambre voraz a escarabajos y canguros.

 

Todos, resignados, sólo podían seguir a distancia la estela de su aleta rosa ascendiendo y perdiéndose entre el blanco manto de la montaña.

Cada vez nevaba más intensamente.

Una nueva etapa épica y otra vez de nuevo en el Giro.

 

Finales de mayo.

Sólo el rosa.

El rosa en su maillot.

Y nada más.

Sólo lo obligatorio.

No quiso salir vestido todo de rosa, como suelen hacer los campeones más coquetos, ni con el casco, ni con las gafas, todo de color de rosa que con tanto mimo le había preparado su equipo.

No quiso.

Se lo tenía que ganar en las Tres Cimas.

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Y así fue.

Nadie pudo seguirle y machacó el Giro a lo grande, su segunda gran vuelta, tras la ronda española del 2010.

Por fin el Tiburón del Estrecho (de Messina) era profeta en su tierra, delante de los suyos, su familia, que tanto le habían apoyado desde que era un niño cuando con 8 años le compraron su primera bici, y sus amigos, esos que tanto ha tenido que dejar de lado para prepararse a conciencia para ganar este Giro, muchos días fuera de casa, stages en altura y muchas carreras.

Nada más bajarse del podio sus palabras iban dirigidas a su familia: “Ho lavorato tanto per arrivare fin qui, ora è tempo di godersi il trionfo con la familia”.

Y añadía: “Non ci credo, ho realizzato il sogno di una vita”.

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En efecto, había cumplido el sueño de toda una vida.

El siciliano que partió con 17 años a la Toscana para hacerse ciclista, rebosaba felicidad y esbozaba una gran sonrisa con su gran trofeo: “la sua belleza equivale al peso, è davvero spettacolare”.

Y ahora sí, todo vestido de rosa.

Foto: Giro de Italia

 

El bidón de Fran Ventoso a Vincenzo Nibali

Un gesto de lo más habitual entre ciclistas, pasarse un bidón, se ha convertido en viral 

Y sí, da lo mismo que sean compañeros de equipo o no, porque entre rivales o adversarios -pero nunca enemigos- es algo muy común que, al menos en el mundo del ciclismo, no se debería vender como algo emocionante o extraordinario.

Porque no lo es.

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Este detalle, que es de lo más normal entre deportistas, lo han publicado los medios de comunicación para convertirlo en algo parecido al momento más bello del Giro o incluso a ser candidata a la foto ciclista del año. 

Como si esta historia no hubiera sido jamás vista o contada.

En ocasiones, también estamos acostumbrados a ver coches de equipo que dan agua a otros corredores que no son los suyos.

Cierto, ¿no?

Esto se suele ver a menudo sobre todo en las escapadas.

¿Estamos de acuerdo? 

Esos sí, quede clara, aunque sea un gesto frecuente en una carrera ciclista, la deportividad mostrada por Ventoso con un exquisito “fair play”.

Una actitud para aplaudir, porque sigue dando ejemplo y demostrando con fuerza que el ciclismo es un deporte de caballeros.

Un gesto hermoso.

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Lo que ocurre es que cuando lo captan las cámaras, y no pasa desapercibido, se realza aún más esta icónica imagen.

Es un bonito gesto en este sufrido deporte, que es lo normal cuando en otras competiciones se trata de algo extraordinario.

Así es.

Sin embargo, a pesar del entusiasmo, el alborozo y el frenesí que ha despertado entre los aficionados esta anécdota, Fran Ventoso tampoco se ha librado de las críticas.

Eurosport recriminándole la acción porque antes estuvo en Movistar.

Según Alberto Contador, tendría que haber esperado a sus ex compañeros de equipo para compartir el bidón con ellos y no con Nibali “con el que nunca ha compartido equipo”.

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Desde El Cuaderno de JoanSeguidor hablamos con el CCC sobre el gesto.

Poco que comentar…

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Pero mejor, vayamos a la secuencia.

En esta escena todo ayuda. 

Ayuda el escenario: en plena ascensión al mítico Mortirolo, en la etapa reina del Giro. 

Aporta que sea en el instante de un ataque decisivo por parte de un gran Nibali, que en ese momento iba sin agua.

Y sin duda, el hecho de que esa circunstancia nos hiciera retroceder en el tiempo y nos recordara la inolvidable estampa de otro gran gesto de juego limpio que forma parte de la historia del ciclismo.

 

 

Tour de Francia de 1952, cuando los eternos rivales Fausto Coppi y Gino Bartali se pasan un bidón de agua entre ellos.

Es la famosa foto del paso del botellín (“passaggio della borraccia”) que se convirtió en una de las imágenes más legendarias del ciclismo.

 

Una foto inolvidable para el ciclismo italiano, que se convirtió en símbolo del deporte.

El intercambio de botellas de agua entre Coppi y Bartali es uno de los iconos deportivos del siglo XX.

Una foto que hizo correr ríos de tinta en Italia y de la que cuentan que, los más viejos tifosi, aún discuten apasionadamente sobre quién da el bidón a quién.

La foto es ascendiendo el Galibier.

 

¿Es Coppi el que le da el botellín a Bartali o es al revés?

El intercambio es inmortalizado por Carlo Martini, fotógrado de Omega Fotocronache, y publicado en Ilustrated Sport con estos comentarios del periodista Guido Giardini:

Dónde están las diatribas de Milán, dónde están las controversias antes (y después) de Recanati? He aquí a Coppi y Bartali, los dos grandes atletas del equipo italiano, intercambiando botellas de agua. Estamos en la carretera que conduce al Galibier. Pronto Coppi lanzará su ataque».

Sesenta y siete años más tarde, y aún son muchos los que se preguntan por el “intercambio de borraccias”.

Los portabicicletas de Cruz pueden ser de techo o bola de remolque

Ni Fausto, ni Gino -siempre entre risas y verdades a medias-, ni Martini, nunca quisieron aclarar este hermoso misterio.

Dicen que una vez se le escapó a Tarcisio Vergani, en ese momento el masajista de Bartali, que el bidón era de Gino, pero en la foto se puede comprobar que «el piadoso»aún tiene sus dos botellas en sus “jaulas” del cuadro y el manillar.

Incluso la RAI intentó revelar la verdad -a través de un supuesto vídeo- en el que se vería a Bartali pasarle el bidón a Coppi, y como éste bebe, lo tira y lo arroja a la carretera.

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¿Se había resuelto el caso?

No, porque en la foto Coppi tiene las dos “jaulas” vacías y en la película llevaba una botella en la del cuadro.

¡Menudo lío!

Unas declaraciones de Vito Liverani, fotógrafo deportivo y luego propietario de Omega Fotocronache y, por tanto, también de los derechos de la inmortal foto, no ayudaron para nada en deshacer el entuerto al afirmar que:

hay poco misterio en por qué se creó esa imagen: Martini estuvo de acuerdo con los dos corredores y con el director de la carrera en efectuarla; le dio una botella a un amigo suyo y le dijo que se la diera cuando pasaran. En aquellos días, los fotógrafos estábamos muy interesados en tener imágenes que fueran diferentes de todas las demás. Es una foto creativa, hermosa, una imagen que desearía haber tomado. Hoy tal foto sería imposible».

Por tanto, parece que estemos hablando de una foto con truco -lo que hoy llamaríamos un fake-, una escena que ya había sucedido mucho antes, en el Tour del 49 pero ascendiendo el Aubisque, cuando Coppi le facilita una botella de agua a Bartali.

Esto dicen que lo llegaron a ver, pero que nadie había retratado porque entonces, claro está, no había mil cámaras o vídeos como ahora.

Así fue como, parece ser, la foto del siglo fue un montaje en el cual Gino y Fausto se pusieron de acuerdo para repetir aquel teatrillo.

Y en realidad tampoco era un bidón lo que se pasaban, sino que se trataba de una botella de agua, seguramente de la marca Perrier.

En aquel momento, parecía claro que fue Bartali quién se la pasó a Coppi, pero ante las insistentes preguntas de los periodistas, Liverani quiso mantener vivo el secreto sentenciando:

Claro que sé quién pasó la botella, pero no tengo ninguna intención de decirlo”.

Foto: video.corriere.it

 

 

Los fantasmas que sacuden el Giro

Richard Carapaz Giro JoanSeguidor

Todos los grandes del Giro tienen sus fantasmas

La historia de Primoz Roglic en la jornada de Como, en especial la de su bicicleta, es rocambolesca y hasta cierto punto el ejemplo de lo que significa correr una grande: alinear los astros para que todo salga en el momento que debe salir y eso multiplicado por 21 días.

Al leer las vueltas que dio su máquina, la de su compañero Antwan Tolhoek, la caída en el descenso de Civiglio… llegar a meta vivo pareció un milagro quizá fruto de la belleza del lugar.

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El Giro de Italia se ha convertido en una lucha sin cuartel entre los mejores, pero también de los mejores con sus propios fantasmas.

En el Jumbo Visma el fantasma que revolotea es el de la caída de Stven Kruijswijk en el Agnello, hace tres años, cuando tenía la general final del Giro a tocar.

Un mal paso, un hostigamiento total y furibundo de Vinceno Nibali les quitó un Giro en el último momento.

Quizá de ahí la obsesión de Primoz Roglic por no dejar ir al siciliano, por que sabe que en cualquier momento se la lía.

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El fantasma de Nibali merodea en cada decisión del equipo amarillo

Pero en su staff, hay un técnico Addy Engels, el que sale en el vídeo todo estresado porque no están con Roglic cuando le precisan, que tiene una historia de gran vuelta perdida con la meta final en el horizonte.

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Para Engels la ausencia de equipo cuando Primoz Roglic los necesita, le debe recordar a la Vuelta del 2015, con Tom Dumoulin, cuando vio aquel grupo tirado por el Astana de Fabio Aru irse en ese ese llano sin posibilidad de reducir el hueco y salvar el maillot rojo.

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Aquella vez, en la Sierra de Madrid, Addy Engels debió jurar que nunca le pasaría algo igual y con Roglic en este Giro, los fantasmas vuelven.

Como merodea en Movistar el recuerdo de la crono que sentenció el Giro de hace un par de años a favor de Tom Dumoulin frente a Nairo Quintana.

Llegaban los dos apurados al tramo final de Milán y Dumoulin fue práctico en la especialidad que mejor domina.

 

Eusebio Unzué puede ser lo escurridizo que quiera sobre las opciones de Richard Carapaz pero sabe bien que quietos no se pueden quedar.

Esa contrarreloj de Verona inquieta, no es para menos, el Giro está cerca del ciclista ecuatoriano, pero Primoz Roglic no ha venido a hacer prisioneros en la modalidad que domina.

¿Qué tiempo necesita Carapaz para ganar el Giro?

 

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El tiempo corre al revés, en contra, cada metro que pase sin pasar nada, va al haber de Roglic, y el esloveno que salva situaciones imposibles tiene en la crono el comodín final.

En una contrarreloj así decir qué tiempo es suficiente es complicado, con esos organismos al límite, pero el minuto largo tendría que ser obligado para ir con resuello.

Ahora son unos cuarenta segundos.

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Y luego Nibali, quien ha ganado cuatro grandes, pero que también ha dejado de ganar unas cuantas.

Como aquella Vuelta de 2013, a la que llegaba con el Giro en el bolsillo.

Chris Horner se cruzó en su camino y no hubo manera de apartarle.

Vincenzo Nibali aleja esos fantasmas del rival que se le pega a rueda y le aguanta todas las embestidas.

¿Será Carapaz el Horner de Nibali?

Como veis, fantasmas, pensamientos y recuerdos poco agradables que cuando menos lo esperas vienen, si llamar a la puerta y atenazan.

Ellos también jugarán su papel estos días.

 

 

 

 

A Vincenzo Nibali no le va a valer la segunda plaza del Giro

Vincenzo Nibali Giro Italia JoanSeguidor

Si está Nibali, el Giro no acabará hasta la última raya de meta

En este ciclismo hay dos tipos de corredores, los que siguen pies juntillas las instrucciones que brotan del pinganillo, y los que en algún momento toman decisiones por su cuenta, exhiben riesgo y a veces ganan.

De estos hay más de los que nos imaginamos, casi todos los capos fueron cola de ratón, o elefante, alguna vez, y casi todos los capos, llegado el momento, dieron el paso adelante para postularse.

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En este Giro hay uno de los corredores con más prestigio en el pelotón actual.

Es Vincenzo Nibali y éste no espera

 

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No lo tiene sencillo, porque Richard Carapaz está fortísimo y Primoz Roglic sigue contando a pesar de la jornada que tuvo que pasar por el lago de Como.

Vincenzo Nibali ya lo ha tenido complicado otras veces, pero lo suyo no es renunciar.

Si miramos atrás nos daremos de bruces con la historia de un siciliano que es querido en toda Italia como el hijo que todas las madres quisieran tener.

Si miramos hacia atrás, veremos que las cuatro grandes que ganó Vincenzo Nibali tuvieron su miga, y ésta no fue suficiente para amilanar el afilado ciclista de Messina.

 

Aquella Vuelta de 2010 fue la carrera de la supervivencia tras la caída de Igor Anton en la antesala de Peña Cabarga y el hundimiento de Purito en la crono de Peñafiel, uno de los peores recuerdos del catalán sobre la bicicleta que le valió hasta las chanzas del eternamente talentoso Dimitry Konishev.

Nibali caminó en el filo en la Bola del Mundo, tras Ezquiel Mosquera, pero lo aguantó y ganó.

El Giro de tres años después, con todos mirando a Brad Wiggins, ganador vigente del Tour, a Cadel Evans, el anterior al británico… Nibail, callado, hizo e hizo y acabó ganando bajo la nevada de Lavaredo.

 

Tour de 2014, el sol no se ponía entre Froome y Contador.

Ambos acabarían fuera de carrera y Nibali emprendería un paseo de amarillo hasta París, pero antes de irse, los dos favoritos probaron el mordisco del «squalo» en la llegada Sheffield, donde nadie tuvo agallas a seguirle bajo la lluvia.

Y el Giro de 2016, una carrera que Stven Kruijswijk tenía ganada a 48 horas del final hasta que en el Agnello y su descenso Nibali dio cuenta de su rival, porque planteó la carrera como un terreno minado, de guerra, un hostigamiento que provoca errores y con ellos perder grandes carreras.

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Este es Vincenzo Nibali, el mismo que sacó a Froome de una Tirreno que tenía ganada en el diluvio universal, el mismo que se adelantó a los velocistas en San Remo, el mismo que ha ganado dos Lombardías, lo más al norte de la bota, allí donde le quieren como si hubiera nacido entre esos montes.

En el laberinto de Como, Vincenzo Nibali reeditó su «performance» de Lombardía y puso la carrera al límite.

Nacex te lleva la bicicleta donde quieras

Exigió lo mejor de Carapaz y descolgó a Roglic y Landa.

No le vale la segunda plaza, sólo cuenta la victoria.

Y eso lo llevará adelante hasta el final.

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Por eso, esperamos al mejor italiano en la tercera semana, ahí donde todos flaquean y la carrera se hace pesada.

La semana en la que el fondista de nacimiento toma las riendas y hace pequeñas exhibiciones como las de Civiglio, el único sitio donde el siciliano ha hecho daño en este Giro, el lugar donde pasó de las palabras con Roglic y Yates, a los hechos consumados.

Si esta semana final del Giro merece mucho la pena, es por que, entre otras cosas, Nibali está en la pomada y no va a parar.

Imagen: FB Giro d´ Italia