¿Qué día supimos de Chris Froome?

Chris Froome

Aún recordamos la jornada de La Covatilla que puso a Chris Froome en el mapa

Permtidnos irnos siete años atrás, entonces estábamos en la antesala del primer monumento, Milán-San Remo.

Mientras Brad Wiggins corría en el anonimato alimentando su esperanzada de ganar el Giro y hacer una digna defensa del Tour, el otro gran puntal del Team Sky había despertado rápido esa temporada.

Con la general, más etapa del Tour de Omán, y una segunda plaza, y otra etapa de la Tirreno-Adriático, Christopher Froome sí que era un producto cien por cien Team Sky.

Los compañeros suyos que ganar y dotan de prestigio al equipo venían de otros lares donde ya dieron la nota por su rendimiento, en el caso de Froome empezó, creció y llegó a lo que es dentro del mismo equipo.

Lo que son las cosas, aquella Vuelta de 2011 le supuso una especie de ultimátum para el ciclista de origen keniano.

Llegó a esa carrera en un mar de dudas y la certeza de que podría ser su última carrera con los ingleses y salió de la misma como rutilante estrella y potencial ganador de cosas grandes.

Gran Fondo World Tour: un circuito de ciclismo que nos espera x medio mundo

Supimos de Froome, al menos el gran público, ese día de La Covatilla, donde su líder de equipo, siempre Wiggo, realizó el primer test de fuerza que evidenció madera de vueltómano en ese pistard. Froome apareció raudo al día siguiente en la crono de Salamanca y entonces se solapó a la vanguardia de la carrera.

Las estrecheces tácticas de su equipo le condenaron a la segunda plaza.

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Si en el equipo rival, Matxin tuvo la certeza de que Cobo era su hombre frente a nombres más consagrados, el Sky dudó y para cuando quiso apoyar a Froome, una vez superado el Angliru, era demasiado tarde.

Ocho años después le darían aquella Vuelta. 

La campaña 2012 fue para Froome muy diferente a la 2013.

Ausente durante el primer tercio, sólo asomó el morro en el Dauphiné, antesala del Tour.

Luego en éste corrió frenado por Wiggns.

En esta ocasión los galones pesaron y los momentos de incertidumbre que no les propinaron los Sky, llegaron desde dentro.

Aquel Chris Froome nos recordaba mucho a aquel talento desbocado y furibundo llamado Alex Zulle.

Sus requiebros y torcido gesto en el umbral del esfuerzo marcaban el carisma de un corredor que en los descensos ofrecía dudas.

De aquel Froome al actual han pasado muchas cosas, siete grandes, siete años, visto ahora es un regalo de corredor.

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Florencia y el ciclismo, Un desastre mundial ciclista

Florencia y el ciclismo, es la ciudad de los prodigios

Florencia y el ciclismo, cualquier acera que vires, cualquier callejuela que emboques, todo tiene algo que contare, algo que enseñarte. Hoy, esta tarde de domingo, nuestros ojos miraban hacia la maravilla toscana, pensábamos en quién sería nuestro Brunelleschi, nuestro Ghiberti, nuestro Donatello,… queríamos ver a los prohombres del ciclismo darnos una carrera del tamaño de Tony Martin el pasado miércoles y la vimos. Vaya si la vimos.

Hoy el ciclismo ha sido de mayúsculas. Y la resaca densa, casi futbolera. Miremos, desde lo lejos, que esto ha ocurrido tras siete horas, bajo la lluvia, los latigazos de cada cursa y el sopor de cada grito. Y si lo miramos así entendemos que pensar con claridad en esos momentos es complejo, casi imposible. Sin embargo no hablamos de lecturas perfectas de carrera, esas que calzamos desde el sofá, pero sí de ver lo que pasa un poquito mejor que quien tienes al lado.

Nuestro amigo Alejandro Valverde

En el cuaderno de Joan Seguidor nunca hemos escondido afinidad por Alejandro Valverde. Le echaremos de menos cuando cuelgue la bicicleta. En Florencia ha firmado un registro complicado, cinco medallas en un Mundial, algo que dicen nadie había logrado. Chapeau, pero lo siento el oro era la única opción.

Siento mucho decir que quienes argumentan que con esas pulsaciones, cansancio y nervios es imposible pensar con claridad no tienen razón. Entiendo de la dificultad del momento, pero tras siete horas no queremos sabiduría a chorros, y  sí algo de sentido común e instinto.

No se trata tanto de ser clarividente como sí el más listo de la clase. Alejandro Valverde iba castigado pero Rui Costa no lo iba menos. El primero erró clamorosamente, y no es la primera vez, el segundo venía tiempo advirtiendo de que era un hombre de gran peligro.

Un mundial, donde vigilar a los italianos

Con Purito metido en lides de dinamitador en el momento clave de la competición, España tenía dos de cuatro hombres entre los mejores. No había más que dejar hacer a Purito y vigilar a Costa y Nibali.

Si a ello le añadimos que Nibali llevaba un castigo insondable, aliñado por caídas y un “tras coche” que violó cualquier norma, la rueda marcada era una, la de un portugués, la de Rui Costa. Sólo había que fijarse en él.

Cuando Costa abre hueco imperceptiblemente, casi sin quererlo, es obvio que Nibali no va a entrar. A esas alturas es una cuestión de lectura sencilla y clara, pero también un síntoma de respiraciones, de quejidos, de postura sobre la bicicleta: Nibali estaba muerto, soldarse a la rueda de Rui Costa era imperioso.

Claro, cuando salvada la curva cerrada de derechas Costa ha tomado diez metros es imposible cerrar el hueco. Y cuando ves que Rui Costa va cual tiburón a por tu compañero escapado, te temes lo peor.

Hoy piolé que teníamos oro y plata en la mano, lo vi tan claro que no me cabía otra opción, más cuando en Fiesole Costa estuvo a punto de quedarse. Plata y bronce es un resultado honroso, en otros tiempos hubiera sido la hostia, pero en Florencia este resultado es decepcionante.

Ya hablaremos de lo que nos espera al ciclismo cuando esta generación se jubile

Si apartamos un poco la mirada de la emoción y entramos en la carrera, he de decir que el muy cuestionado seleccionador Javier Mínguez no lo ha hecho mal, es más podría decir que me ha gustado su planteamiento, pues la invisibilidad de los nuestros se ha traducido en dos de cuatro en el momento clave. Otros años rezamos por ver un español en cada corte y en cada fuga.

En Florencia y el ciclismo había gran cantidad de españoles en el momento calve  e incluso Alberto Contador cerró la brecha que provocó Italia desde lejos.

Otra cosa es saber a qué han ido algunos, mientras selecciones de pista van con corredores pagándoselo de su bolsillo, vemos que a Toscana algunos van a rodar a la crono para hacer no sé qué en la ruta. En fin, “c´ est la vie” y no la he inventado yo.

Foto tomada de la RFEC

Vincenzo Nibali y su gran baza

Nibali en la previa de la Vuelta

La experiencia es un tesoro que te da la vida cuando tu cuerpo no siempre rinde como en los mejores días. Es esa curva inversa: el físico se resiente con la edad, la mente se alimenta de vivencias.

Pero las cosas son como son, y Vincenzo Nibali lo sabe. Él forma parte de esa generación de grandes nombres que se apagan por el plomo de los años, Alberto Contador es un ejemplo.

Sin embargo, como dice la coletilla, quién tuvo retuvo, y en Vincezo hay mucho de eso. A saber, Nibali nunca fue ciclista de grandes exhibiciones, no le recordamos golpes de teatro como Froome o Contador, no tiene el punch, ni la consistencia de los dos citados, pero tiene alma, algo que le hace ser poseedor de cuatro grandes vueltas, cosa que no es baladí, más cuando vemos la lista de quienes lograron, un día, ganar las tres grandes.

Si en el último Giro, nos disgustó la actitud cicatera de Nairo, por no dar el tono que se le supone a un superclase como el colombiano, creemos que Nibali dio lo que tenía, llegó al tope y se quedó sin cambio. No hubo otra. Mientras Dumolin se veía capaz, Nairo, contenido, Vincenzo no tenía mucho más y lo que no pudo hacer subiendo, lo probó bajando.

Incluso si os acordáis del Giro del año pasado tendréis la medida de lo que un corredor con una mentalidad privilegiada es capaz de hacer. Descolgado de los mejores a una semana, no cejó para forzar el error fatal de Stven Kruijswijk, a todas luces más sólido, y arrebatarle la carrera.

Y ahí tiene Vincenzo su baza, ahí tiene su qué… en el alma, en una forma de correr que es maquiavélica, con el objetivo marcado y los tiempos claros. Todo eso en una carrera tan incierta como la Vuelta, experta en finales apretados, es oro para el siciliano que no va a los sitios por ir. Hace un tiempo que vio el Tour fuera de su radar, y en un ejercicio de coherencia lo sacó del guión.

Si nos permitís un ejercicio muy italiano, no podríamos las cinco estrellas de favorito a Nibali, pero podéis estar seguros que si tiene cuatro las podrá estirar hasta las cinco sin percatarnos. Él es rosa, pero primero fue rojo. No lo olvidéis.

Imagen tomada de FB de Team Bahrain Merida

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Probamos nuestro Bkool y no lo hemos dejado

Para ganar el Tour hay que querer ganarlo

Hoy Borja Cuadrado, periodista de la Cadena Ser, ha tenido que oír eso de Eusebio Unzue: «Hay ciclistas que están corriendo para ser segundos o terceros. Nosotros estamos siendo más osados”. No cabe mayor comentario más allá de que o nos quiere tomar el pelo o nos tacha de tontos, porque a la vista está que su realidad no es la del resto.

Lo cierto es que para ganar una carrera grande como la que estamos viendo estos días, el Tour de Francia, nada menos, primero de todo creo que hay que querer ganarla o al menos ser consecuente con lo que dices. Nibali se presentó en el Giro admitiendo que a su edad otra cosa que no fuera la victoria no le satisfaría. Al final ganó una carrera que pudo perfectamente haber perdido, pero nunca bajó los brazos.

Al siempre cuestionado Chris Froome, nunca se le han conocido otras palabras que no sean las de ganar. Mirad que pantallazo me pasó nuestro amigo Jordi Bernabeu.

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En efecto, las cosas no son porqué sí. Detrás del Team Sky, cuyo dominio espanta a tantos, hay un trabajo demencial, absolutamente planificado sin margen de error. Vienen al Tour con líder y ocho ciclistas buenísimos a su servicio, con un objetivo, nada que ver con aquel equipo que hace cuatro años insertó Mark Cavendish en la recua de Wiggins. Un líder, un objetivo, ocho gregarios. Nada de general por equipos, a no ser que venga por añadidura.

El Sky 2016 está más entregado si cabe a su líder. Ni siquiera ha habido brillo para un corredor para un ciclista mayúsculo como Geraint Thomas. Froome tiene ocho ciclistas a su servicio, calidad a raudales, y cada día uno diferente tirando del carro. Si los pares están Stannard, Rowe y Landa, al los siguientes Poels y Kiryienka, a los otros Nieve y Geraint. Al final los mueven tanto que parecen veinte y siempre llegan varios a alturas en las que el resto de equipos van pelados.

Froome ha demostrado muchas cosas en este Tour, más de las que parecen en apariencia: gestion de la fuerzas, garrapiñar segundos y tiempo donde sea, un rendimiento más sostenido y un equipo más duro que nunca. Pone la guinda de la crono, ya muy al final de la carrera, que es cuando más flaqueaba.

Las cosas no son por casualidad…

Foto del FB del Team Sky

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Barras de techo, portaequipajes, portabicicletas, cofres de techo, portaesquís, correas y mucho más.

Si Nairo lo quiere, debe ir a por ello

Dos tercios de Tour, 16 etapas, tres de ellas para ciclistas españoles, que no probaban bocado desde 2012 y la emotiva victoria de Valverde en los Pirineos. Muchos segundos puestos para el yerno ideal, que va de verde y no se pierde una fiesta, Peter Sagan. Un Tour que no tuvo a Kittel pero sí a un velocista alemán en lo más alto, el fornido Greipel. Un Tour en el que las caídas, muy usuales, parecen dolernos más que nunca. Recuerdo aún cuando el mandamás del BMC echó la culpa de los accidentes a los continentales. Pues bien, aquí nos lo hay y los tortazos están a la orden del día.

Y mirando arriba, Chris Froome, el hombre de amarillo, rodeado por los chicos de negro. Un ciclista, mil teorías sobre sus ataques (doping, motorcillos,…), la imaginación vuela alto, pero mientras las acusaciones bajan a la tierra, vemos que el británico lo tiene en la mano. No obstante no pierdan de vista esto: su ataque en la Pierre de Saint Martin fue como los de Indurain, como los de Armstrong -que aunque los visteis no los recordáis-, como los de Contador,… en forma y fondo. Primer día de montaña a saco y sentenciar la mitad de la carrera. Allá cada uno sobre como lo haya logrado.

Agarrarse a lo de Mende, donde Nairo tuvo a huevo a Froome en un par de veces, es poco. Pan para hoy y hambre para mañana. Eusebio Unzue lo ve así, pero sólo le cabe pensar en grande, apuntar alto, tirar a matar, y eso es hablar de otro ciclismo, que por ejemplo no se prodiga en Movistar. Valverde entre los mejores es una pieza clave, que bien lubricada puede sacar a los Sky de sus madrigueras.

Si Contador estuviera fino, esto lo resolvería por la calle del medio, sacando la artillería, de frente y a por todas. Eso el madrileño lo tiene claro: morir matando, se llama. Veremos si se reinventa, como dice. Su doblete ha bajado a lo terrenal, ya habrá tiempo de comentarlo, pero con la especialización que corre es una empresa cuasi imposible.

Pero Movistar es otra cosa, es ciclismo de calculadora, especulador y Nairo es un ciclista que no da un suspiro de más, que no regala emoción más allá de su franca sonrisa. Esto es un todo o nada, en tres minutos tiene aquello por lo que siempre suspiró, por lo que sueña un continente entero. Si quiere el premio deberá ir a por él, y eso con el ciclismo convencional, el de hoy en día no se logrará, no con este Froome, no con este Sky.

Y luego está el resto, una incógnita. Nibali querrá dejar su rúbrica, él no juega a ser octavo como Mollema y Gesink –como se ha de ver el otrora admirado ciclismo holandés-. Y Van Garderen parece haber tocado techo, al menos en este Tour. Sinceramente nos queda Nairo, un poquito de Contador y la locura que se le ocurra a Nibali, lo otro sería como atacar un tanque con tirachinas.

Imagen tomada del FB del Tour de Francia

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Y si te vas de viaje, no cargues con la bicicleta, mira Nacex y su servicio para bultos especiales…

El Giro cae en lo absurdo

El ciclismo es lo que es por una suma de muchas cosas aunque una por encima de todas: sus propios errores. Ayer por ejemplo admitimos el desigual trato que recibieron los dos nuevos números uno del deporte español Rafael Nadal y Purito Rodríguez y entre las causas de tal proceder emerge en parte por el cliché negativo que el propio ciclismo se ha granjeado, sumado a la estrechez de miras de un sistema mediático muy obnubilado en los nombres y no en la esencia del deporte, eso sobre lo que muchos sientan cátedra sin haber derramado una gota de sudor.

Sin embargo el Giro de Italia solito se ha cavado un cerco de incomprensión que en el fondo no necesitaba. Este lunes la carrera que viste de rosa su mejor ciclista presentó el recorrido. Sale desde Irlanda del Norte y aterriza en la bota por el sur. El itinerario, desvelado anteriormente por un diario rival a la Gazzetta dello Sport, es diferente a lo de los años precedentes, quizá menos montaña, más dosificada en un in crescendo que lleva hasta Trieste, como Brescia, capital de segundo rango para acoger el final de la prueba.

Dice el organizador que el Giro suaviza su recorrido para hacer “más humano y creíble” el ganador que resulte de esas tres semanas. Lo curioso es que en el auditorio estaba Vincenzo Nibali quien sorprende no se sintiera aludido por tal afirmación, pero que habría de estar ofendido por considerar su victoria menos creíble al estar vinculada a un recorrido menos humano.

De cualquiera de las maneras un soplo de cordura entró en casa de los gestores de RCS cuando intuyeron que su carrera no estaba premiado el ciclista más completo en trazados que por ejemplo omitían las cronos como Dios manda, esas que se van por encima de los cuarenta kilómetros y ponen un ciclista más completo e íntegro en la lucha por la prueba. Esta vez, al margen de etapas dolomíticas y típicas trampas de fin de etapa, hay un crono, en medio del recorrido, superando la cuarentena en su kilometraje, como dictan los cánones y el sentido común, obedeciendo al mínimo concepto de la equidad.

Por otro lado el Giro frecuentará dos cimas en concreto que reclaman detenerse. La carrera asaltará en la última semana Montecampione y Oropa, dos lugares marcados en la geografía casi religiosa de Marco Pantani. Y es que el de Cesena será figura central y homenajeada en una carrera de la que le echaron y de la que sólo cabe leer su biografía, para saber que muy posiblemente su expulsión en 1999 era algo que se venía tramando hasta que Madonna di Campiglio saltó todo por los aires.

No se puede ser más incoherente. Italia es país de mitos, de credos, de santuarios, pero homenajear de esta manera al corredor que el Giro sacó a empujones hará quince años no es de recibo y menos si el interés crematístico les mueve, pues el Giro es santo y seña en este país y no necesita de estridencias ni lágrimas para movilizar al populacho. Se trata de una edición lacrimógena, sin más, y encima desprovista del hombre que revolucionó el “savoire faire” de la empresa sita en Milán, Michele Acquarone, ahora mismo sepultado en sospechas financieras dentro de la que ha sido su casa estos años. Menudo cuadro.

Las cositas del ciclismo anglosajón

La raíz latina del ciclismo rara vez ha rozado tan bajo ante su alter ego, los países anglófilos. A la acumulación de triunfos importantes en las huestes de estadounidenses, ingleses y australianos, principalmente, dominio que no sólo se plasma en carretera sino también en pista, se le suman noticias de diversa índole y pelaje que hablan del peso y trascendencia que está tomando esta mitad del ciclismo.

Por ejemplo tres perlas. La primera es de Lance Armstorng, corredor machacado hasta el abuso, sin haber reparado que el sistema que ahora le hunde fue el primero en elevarlo al altar y pedirle ingentes sacrificios en pos de un récord que se antojó inhumano. El americano ha cumplido con el encargo del COI y ha devuelto la medalla de bronce que se colgó tras la crono de Sidney. Al margen del ridículo que implica rearbitrar cosas que pasaron hace trece años, exactos además por que aquellos Juegos fueron en septiembre, malo esto de revisar y revisar ¿qué logras al final? Armstrong pierde su presea, pero no se la pueden dar al cuarto en esa ocasión, que no fue otro que Abraham Olano.

Uno de los más críticos con Lance Armstrong y aquellos que hace de la trampa una cuña en su éxito ha sido Bradley Wiggins. En el capítulo de Sean Yates basado en el Tour de 2012 cuenta que el inglés quiso dejar la carrera por un “inesperado” ataque de Froome. Entendemos que para Brad el ciclismo es eso, recalar en un equipazo y que tu peor enemigo sea tu segundo de a bordo con el fin de no importunar. Si el dopaje es una flagrante vulneración de la competición limpia y directa ¿qué es esto?

Y dado que por este lado del Atlántico están que todo se lo llevan, la Vuelta a España que está realizando Chris Horner desafía cualquier principio de la edad, el desgaste físico y norma que tenga que ver al respecto. De “increíble” ha calificado el rendimiento Nibali de Horner, algo que lleva implícita una segunda lectura mucho más allá del halago. Ahora mismo, en el punto que estamos y cómo evoluciona el ciclismo, que Horner gane la Vuelta no sé si será o no un bien para este deporte, lo que sí es obvio es que la mejor carta de presentación no es. 

Lo absurdo del picotazo de Vincenzo Nibali

Un día tendría que pasar una desgracia mayúscula. Un día que pudo haber sido el de la crono de esta Vuelta. El picotazo de una abeja hizo correr a Vincenzo Nibali con la cara hinchada y una merma de visión obvia ante uno de los test más importantes de la carrera que busca ganar por segunda vez. Un día pasará una desgracia, aunque  esperemos que no lleguemos a ese extremo, pero quizá deba pasar para reparar en lo absurdo del suceso. .

En la posterior rueda de prensa, haciendo balance del día el titular del maillot rojo decía lo siguiente:

«He pedido permiso a la UCI y no me han dejado tomar la medicación. A lo mejor se podrían tener en consideración este tipo de situaciones porque fastidia mucho y se podría dar algún permiso en estos casos tan evidentes. Me parece muy injusto»

Así es. En el extracto sacado de www.biciciclismo.com Nibali confiesa su impotencia ante una situación que es dantesca. No poder aplicar una pomada, en estos casos si no me equivoco con cortisona, le supuso al ciclista un plus de estrés sumado al que la disputa de una gran carrera ya genera de por sí. Eso sin contar con el plus de inseguridad. Sinceramente, la decisión es paranoica, genera susto y desconfianza en los métodos y expone al corredor, ese bien preciado que UCI, equipos y organizadores dicen que hay que cuidar y por cuya salud velar.

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Recuerdo a Purito Rodríguez hace tres años subiendo al podio de la Peña Cabarga con unas llamativas gafas de sol por un incidente similar. Ese día el catalán no pudo mirar a los ojos al gurú Miguel Angel Revilla. Pocos días antes, en la Vuelta a Polonia, a Chechu Rubiera una abeja le hizo un destrozo similar.

Sin embargo el caso más llamativo ocurrió con el ahora controvertido director del Garmin, Jonathan Vaughters, quien acabó con el rostro de “Quasimodo” por un picotazo de abeja. Fue en el Tour de 2001 y dado que era imposible aplicarle una pomada sin que la máquina pitara optó por el abandono.

Mientras otros deportes defienden hasta la infiltración como método para forzar la máquina y que el rendimiento no decaiga –miren esta entrevista de Olga Viza sobre la ausencia de Messi en la semifinal de la Champions frente a Bayern de Múnich- en ciclismo se discute sobre la aplicación de una pomada que baje una hinchazón que perjudica la integridad del competidor.

Ciertamente es deplorable y lo peor es que el colectivo lo consienta. Lo de Nibali puede ocurrirle a cualquiera –como vemos antecedentes hay- y discutir la norma no es poner al colectivo bajo sospecha sino velar por los derechos de quienes sostienen el circo, porque no lo olviden, sin ciclistas no habría ciclismo.

Foto tomada de la cuenta de Twitter de @LucaGialanella