Tadej Pogacar y la chavalería que no espera

Tadej Pogacar JoanSeguidor

El Algarve siempre irá vinculado al potencial de Tadej Pogacar

Recuerdo que no hace tanto, los manuales del neoprofesional explicaban que el periodo de adaptación era un requisito insalvable.

Un ciclo de sufrir, pasar miseria, trabajar para terceros y aprender, querer aprender ante todo.

Pero estos dos últimos años, el ciclismo atisba una generación que nació en el entorno del año 98 que no espera.

Quieren resultados ya.

Coincide que esta regla se cumple con los dos últimos ganadores del Tour del Porvenir: Egan Bernal y Tadej Pogacar.

Lo de Bernal el año pasado fue de traca, una campaña, la primera en el World Tour, íntegra en que deslumbró hasta en el mismo Tour.

Tadej Pogacar se ha empeñado en seguir la senda de Egan Bernal

Su triunfo en la Volta al Algarve es un manual de estilo, una forma de presentarse en sociedad que despierta ansiedad, dudas y expectación en partes iguales.

Su victoria, aunque impredecible, es completa, redonda, sabiendo sortear todos los estadios del ciclismo.

Ganó en un final en alto tras medir la distancia y controlar rivales como Wout Poels o Enric Mas.

Luego en la crono remó por delante de todos los rivales directos. Ejercicio de potencia tras el sobreesfuerzo del día anterior, gestionando la presión del maillot amarillo.

Y la jornada final, en Malhao, con un órdago de Kragh Andersen, un corredorazo, que lo puso al límite sin sacarle de la foto.

Al final Tadej Pogacar salió indemne del caos que se sucede ante todo líder que flaquea, pero es que tiene veinte años y ese ciclista de aspecto desaliñado, con cabello asomando por las rendijas del casco tiene una eternidad para mejorar.

Tadej Pogacar ya dio muestras de todo esto en la Vuelta a Eslovenia, el año pasado, también en Down Under…

Es prematuro hacer vaticinios, pero si algo hemos de decir es que tiene una pinta excepcional.

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Pogacar es la punta del iceberg, Bernal marcó la senda, el año pasado, pero ojo atención que la chavalería viene con todo.

No saben de ciclos, al menos no de inicio, lo suyo es una carrera de fondo, de años, muchos años de privaciones, sacrificios y malos ratos para mantenerse a flote.

Pero que les quiten lo bailado, porque como Pogacar, como Bernal vienen Evenepoel, el «baby más baby», Philipsen, le comparan con Boonen, otro que fue precoz, Jakobsen, Démare ya ha probado cómo se las gasta, y un tridende colombiano: Dani Martínez, Sergio Higuita e Iván Sosa.

Agárrense que viene curvas.

Estos no entienden de convencionalismos.

Imagen: UAE Team Emirates

Contador & Froome ponen el contador a cero

Omán y el Algarve están separados por varios miles de kilómetros pero estos días están unidos en la red por un deporte. En ambos enclaves han puesto en marcha sus respectivas campañas los que por consenso son los máximos favoritos al próximo Tour de Francia. En la península arábiga ya rueda Chris Froome, en la ibérica, Alberto Contador.

En ambos casos la hoja de ruta hacia Francia y el mes de julio es similar, y curiosamente marca coincidencias en el camino. En el caso del inglés, que rodó solo y tranquilo por las campiñas sudafricanas, la ruta arranca desde Omán, carrera en la que ganó el año pasado disputándole llegadas a Purito, Evans y el propio Contador, como si del Tour se tratase. Froome luego apuntará hacia su único lunar del año pasado, la Tirreno, en la que Nibali le descubrió las carencias y completará con el tridente hors categorie formado por Volta a Catalunya, Tour de Romandía y Dauphiné Libéré.

Froome omite las clásicas. El año pasado si no me equivoco estuvo en la Lieja, en lo que fueuan probatura más de que a este corredor, excepcional a mi criterio, las carreras sin concierto le desconciertan. Hace bien. El Team Sky tiene, sobre el papel, siempre sobre el papel, un buen equipo para estas carreras y su concurso lo único que puede acarrearle es un disgusto. Froome tiene un doble reto: renovar la corona en el Tour –estará sorprendido por la ausencia del único ciclista que le mantuvo a raya hace un año– y disipar dudas sobre su rendimiento. Para lo primero creo que es el máximo aspirante, por no decir que el único, para lo segundo ya puede aprender a recitar en chino mandarín que con ese collar circulará hasta el final de sus días.

Porque si alguien puede serle útil al inglés de origen africano en el sorteo de sospechas e insinuaciones, ése es Alberto Contador. Tras dos años raros, muy raros, Contador ya se ha colgado un dorsal. No sé si por fetichismo, lo hace en el Algarve, carrera que siempre le ha sido proclive tanto en el resultado como en buenos augurios. Tras el ajetreo de estar con los chavales de sus equipos de base, Contador sabe que el 2014 es el “Año” con mayúsculas, en todos los sentidos además.

En 2012 estuvo casi dos tercios de temporada sancionado y volvió a la Vuelta para ganarla más por ganas que por pegada. En 2013 una sola victoria, lejana, solitaria, en San Luis adorna un palmarés menor a su categoría. Los comentarios obviamente se han disparado. “Caminaba más antes. Antes de que le cascaran una sanción” he tenido que oír. En su mano está corroborar que eso no es cierto.

Para llegar al Tour, Contador tiene claras las primeras carreras del año, sobre todo teniendo en cuenta que la Vuelta y el Mundial de Ponferrada le esperan –no sé si existe un decreto por el que se le dé por seguro en una cita que no le va para nada-. El madrileño se lo juega a la Tirreno, Volta y País Vasco. No es un calendario desconocido para él. Como Froome omite las clásicas, y como el inglés prevé un par de carreras donde coincidirán. Desconozco si han estimado las consecuencias de cruzarse con Froome en dos carreras tan idóneas para Contador como Tirreno y Volta. Atención porque lo que se vea en ambas puede ser preludio del Tour. El año pasado ocurrió así. No veo motivo para que éste suceda lo contrario.

Foto tomada de www.mexico.cnn.com