Si tuviera un vicio, éste sería el ciclismo

El ciclismo es una liberación, un vicio del que uno no se cansa, lo digo convencido y tras muchos años en esto. Con él me envuelvo de una libertad increíble, poder estar un día en una ciudad, al día siguiente viajar a la otra punta de España o a otro país. Eso es, poder viajar y conocer gente es algo que no se paga con dinero.

Mis inicios fueron muy bonitos, siempre acompañado de mi hermano. Para mi cada entrenamiento era como una carrera, disfrutaba al máximo. Pasé por el equipo de Huesca, antes de, en juveniles, correr con la Fundación Contador hasta sub23 de segundo año, cuando pasé a la Fundación Euskadi.

De cadetes logré ganar bastantes carreras, pero no había presión. Iba a cada carrera como si fuera un Tour de Francia, sólo me gustaba ganar, pero poco a poco vas tolerando las derrotas. De ellas aprendo mucho y tiro del gran Miguel Indurain: «He perdido mas carreras de las que he ganado». La categoría juvenil se me dio bastante bien también: logré ganar la Copa España de primer año y el Campeonato de España de crono más el ranking nacional de segundo año.

Tengo muy buenos recuerdos de tantas carreras. Por ejemplo de la copa de España de juveniles, el campeonato de España de contrarreloj, la etapa de Vistabella de la Vuelta a Castellón de sub23…

Y con estos mimbres me planté hace unos días en la Vuelta a Asturias, con la intención de dar lo mejor de mí e intentar estar lo mas arriba posible, aunque sin ningún objetivo marcado.

Mi gran día fue el Acebo. Empecé el puerto bastante atrás… porque no soy más que un chaval de 21 años de la selección Española y ya no sólo es que los demás no te tengan respeto, es que te hacen cosas que con un Movistar ni se plantearían. Sin embargo no desespero. Poco a poco fui remontando puestos y en seguida vi que había poca gente en el grupo y yo me encontraba bastante bien.

A falta de tres kilómetros de meta, el grupo se rompió por completo y quedamos unos diez corredores delante. Poco después atacó Nairo, vique tan sólo Alarcón era capaz de ir a por el. Yo traté de salir a la rueda, pero me fue imposible. Desde ese momento, y hasta la meta, tengo la sensación de haber estado en un sprint continuo.

Hacía muchísimo frío, nos nevaba con mucha fuerza. Pero al mismo tiempo yo me sentía en una nube. Con corredores como Nairo y Sevilla al lado mío.

La verdad es que es una pasada verse ahí. Qué os puedo contar, nadie se lo esperaba, yo tampoco. Desde luego que da mucha moral, pero lo que tengo claro es el sacrificio que he tenido que hacer para hacer una carrera así de buena y se que tengo que seguir así si quiero llegar a algún sitio.

De esos días, me llamó la atención desde un primer momento que Sevilla, más que Nairo, era uno más en el pelotón. Tenía que luchar la posición igual que todo el mundo, aunque contaba con la ayuda de un buen equipo para trabajar en su ayuda. En cuanto a Nairo, era el mas respetado del pelotón, todo el mundo le dejaba pasar, él iba como en un entrenamiento. Paraba a hacer sus necesidades en situaciones en las que yo iba sufriendo y después lo veías regresar a la cabeza del pelotón como si nada hubiera pasado. 

Mirando el resultado, me da confianza de cara a próximas carreras. Pero no cambia demasiado la verdad, mi objetivo sigue siendo dar el máximo en cada competición: «No hay carrera pequeña si uno no quiere«. Corro en Urraki, después vuelta a Bidasoa y la semana siguiente Ronde l´Isard.

Sé que este año algunos buenos jóvenes han dejado la bici, qué puedo decir. Siempre hay momentos muy duros, en el deporte y en la vida en general. Yo no sé qué sería de mi sin mis padres y mi hermano, son un apoyo imprescindible en mi vida. Por mi carácter un poco cerrado, me cuesta expresar los sentimientos, así que aunque ya lo sepan, desde aquí voy a aprovechar a mandarles un beso, decirles que les quiero y que gracias por todo. Y además me gustaría agradecer a Jorge Azanza la confianza ciega que ha puesto en mi, cuando muchos otros no lo han hecho.

Seguimos…

Por Fernando Barceló

Imagen tomada de www.purociclismo.com

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Sanremo Speedsuit de Castelli cuenta con diseño único de una sola pieza con la comodidad de maillot y culotte

Permitidmos ponernos nostálgicos

Nos cuenta Oscar Cudeiro, autor del libro sobre “El Tarangu”, que la Vuelta a Asturias de 1975 tuvo excelente participación con José Manuel Fuente, el mentado “Tarangu”, Luis Ocaña, González Linares y Miguel María Lasa como ciclistas más destacados. Había expectación por apreciar la recuperación del «Tarangu» de cara al Tour de Francia, sobre todo después de su mala actuación en la Vuelta a España.

Había dado muestras de mejoría en la subida ciclista a Enol, donde había ganado el sector en línea de la subida, pero debía ratificarse ante rivales de mayor entidad. La tercera etapa con final en Brañillin, la sexta con final en el Naranco y la séptima con sus dos sectores, el primero con el Fito y el segundo en modalidad contrarreloj debían ser los jueces de la carrera.

En Brañillín se vio una fantástica etapa, con ataques en la subida al Pajares que rompieron el pelotón. El “Tarangu” de sus mejores días reventó la carrera en sucesivos ataques. En el penúltimo kilómetro descolgó a Ocaña y en el último, a 200 metros de la cima de Pajares, se deshizo de su único acompañante, Lasa, quien le daría caza en la bajada que une el final de Pajares con el inicio del Brañillín y acabaría por llevarse la etapa con un segundo sobre el ídolo astur y 1:05 sobre Gandarias , tercero. Ocaña llegó quinto a 1:21 de Lasa. La general quedaba de igual manera.

Lasa dejaba casi sentenciada la vuelta en la etapa del Naranco. Ese día el que falló en la última ascensión fue el “Tarangu” que se dejó 1:28 en la meta, quedando muy lejos de los otros favoritos. Ocaña fue segundo a siete segundos de Lasa y en el mismo tiempo que Jesús Manzaneque. En la general Lasa era primero con Fuente segundo a 1:29 y Ocaña 3º a 1:30 Ocaña pasó al ataque camino de la meta de Cangas de Onís. Primero Balagué puso un ritmo muy duro en el Fito y sorpresa, se queda Fuente.

El «Tarangu» sufrió uno de sus típicos hundimientos y se dejó en meta más de siete minutos, perdía todas sus opciones de victoria y de podio. Ocaña atacó a Lasa, pero este respondió muy bien a todas las embestidas. En Cangas de Onis ganó Lasa con Ocaña en el mismo tiempo y Manzaneque, sensacional, a 21 segundos. El segundo sector de esta etapa fue una crono entre Covadonga y Arriondas en la que se impuso González Linares. Lasa, sexto, aventajó a Ocaña en 25 segundos. Ocaña perdió su segundo puesto en la general debido a su retraso sobre Linares de 1:44, seguramente acusó el esfuerzo de los ataques de la mañana.

En la general final primero Lasa, segundo Linares a 1:06 y tercero Ocaña a 1:55 Una gran vuelta.

Este breve relato de Oscar es de aquella Vuelta de hace 42 años por Asturias, una carrera que en el presente ha dado a conocer su perfil para el puente del primero de mayo y que espera tener una buena participación. Nos llamó mucho el cartel que Oscar colgó en el grupo de “Asturias en el ciclismo” porque daba la medida de lo que el ciclismo podía mover y generar, incluso en el calendario de pequeñas vueltas.

La sola caricatura de dos rivales enconados como Fuente y Ocaña, el Ocaña del Super Ser, que no era el del Bic, ya anunciaba el espectáculo que al final se vio, demostrando eso que muchas veces nos invade en este mal anillado cuaderno, la nostalgia y eso de los tiempos pasados. El cartel es una pasada. Qué diferente cuando una carrera como Asturias era una guerra sin cuartel de los grandes nombres y ahora parece que se haga por el empeño de unos cuantos que sencillamente dejan años de salud en su empresa.

¿Qué cabría hacer para que el ciclismo vuelva a ser lo que llegó a ser?

Las penurias ciclistas que no volverán

El ciclismo de antes era diferente al que se vive hoy en día. Antes no existían ni mucho menos los medios técnicos y económicos que envuelven al ciclismo actual. Entonces, diríamos, que el ciclista era más bien una individualidad, un ser que incluso daba la sensación de que estaba apartado del mundillo que le tocaba vivir. Acostumbrado estaba el atleta del pedal a afrontar situaciones embarazosas o de difícil resolución, amparado por la soledad de unas carreteras en su mayoría en muy mal estado, polvorientas, embarradas, bacheadas, intransitables casi y con mil otros inconvenientes de más que asolaban de cerca a los sufridos ciclistas.

Los medios de transporte con que contaba el ciclista

Recordamos, por ejemplo, cuando los mismos corredores por su cuenta y riesgo se trasladaban de un lado a otro de nuestro país contando con escasos medios económicos para pagarse siquiera el viaje en cuestión. Por lo general, disponían de escaso dinero. Consumían justo lo indispensable. Lo más asequible era servirse de un simple tren cansino y anticuado que solía parar en todas las estaciones agregadas en su recorrido, en donde tenía lugar el inicio y la disputa de una competición ciclista determinada. A pesar de la evolución de los tiempos, parecía que se daba a entender a los profanos que con prisa no se iba a ninguna parte. Era la premisa que había que asimilar con cierto rigor.

Con 100 pesetas en el bolsillo

Nos viene a la memoria, hurgando un poco en las historias del pasado, un hecho que deseamos plasmar al sumergirnos en esta clase de temas. Nos hemos de situar en el año 1953, con motivo de celebrarse la Vuelta Ciclista a Asturias, por etapas. Un tal Bahamontes, desconocido todavía en aquel entonces, decidió inscribirse en aquella prueba que acaparaba cierta atención e interés deportivo. El citado corredor, con una ilusión escondida, tomó la iniciativa de trasladarse de un punto más o menos cercano a la ciudad de Toledo, precisamente en los confines familiares en donde él habitualmente residía. Disponiendo de un valioso ahorro económico, le fue factible el trasladarse al lugar puntual de la citada carrera, llevando consigo cien pesetas en el bolsillo contantes y sonantes. Era su único y precario recurso o salvavidas para llegar a donde él pretendía llegar. Se trasladó, eso fue la nota, montado en su misma bicicleta, un regalo familiar, acompañándole en este cometido un otro compañero de fatigas que había formalizado también su inscripción. Aquella competición por etapas encerraba una particular dureza por la agresividad que ofrecía su recorrido imbuido en pleno suelo asturiano salpicado de innumerables montañas que atenazaban a los más valientes del pedal. Todo suponía una arriesgada aventura que atraía a la gente joven, ávidos de una popularidad algo ficticia.
Aquel viaje supuso para Bahamontes y para su fiel compañero cubrir la distancia de aproximadamente 700 kilómetros, cosa que se realizaron y que les obligó a invertir tres jornadas de pedaleo. Fue un hecho real que ahora nos parece del todo inaudito y con cariz a todas luces casi inverosímil. El ciclismo no era un deporte muy considerado y se le denominaba en un decir vulgar como “El deporte de la alpargata”. Recordamos bien este aserto. Los ciclistas, soportando los rigores de la naturaleza y demás, se solían desplazar con el medio disponible y más asequible que hubiera. No era pues raro que algunos ciclistas optaran por valerse de las mismas bicicletas para ir de un sitio a otro. Era algo así como una norma muy común que no llamaba la atención al gran público.
Luego, acto seguido y una vez llegados al punto de partida de la prueba, debían competir de verdad sin saber si alcanzarían algún posible premio, y, en consecuencia, algunas pesetillas de más como compensación a los esfuerzos realizados en carrera, incluyendo un desplazamiento que contribuía como complemento para reforzar también su puesta a punto.
El mismo Bahamontes, con el que siempre hemos mantenido una sincera y abierta amistad, nos comentaba este suceso con evidente soltura y desenvuelta vehemencia. Nadie podía imaginar el alcance del sacrificio que suponía para algunos forjadores de kilómetros el llevar a cabo aquel tipo de aventuras a todas luces desfasadas, pero que la época con sus estrecheces bien exigía. Hoy aquel pasado tan abnegado ya no existe. Aquellos malos vientos ya no volverán. La abundancia económica, a pesar de que casi siempre se habla de crisis, se vale de otros horizontes más lisonjeros.

Por Gerardo Fuster

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Jonathan Castroviejo, protagonista en la foto ganadora del concurso de Inverse en Instagram

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La foto de la japonesa Mika Oouchi (@maika_b_idea) de Jonathan Castroviejo en la contrareloj del Mundial de Ciclismo de Ponferrada 2014, es la ganadora del último concurso #inverseteams de Inverse en Instagram.

En nuestro último concurso de Instagram han participa más de 100 fotografías de los aficionados al ciclismo que estuvieron en el Campeonato Mundial de Ciclismo de Ponferrada 2014. El objetivo del concurso era premiar a los aficionados que hicieron fotografías de la selección española de ciclismo.

El premio de concurso era una réplica de la equipación completa de la selección española de ciclismo confeccionada por Inverse, formada por un maillot y un culotte, y que precisamente la selección estrenó en Ponferrada.

La lección de la Vuelta a Asturias

La Vuelta a Asturias se ha salvado. Lo hace a mes y medio de su celebración. Es como si el trecho entre la consolidación y celebración de la carrera se estrechara irremisiblemente a cada año. Se celebra en la red que el calendario español no ha perdido ninguna carrera en 2013. Nominalmente no, siguen las mismas, pero cuantitativamente sí. Siguen cayendo los días de competición en España. Mientras en medio mundo entienden que el ciclismo es el carro de la modernidad en su proyección, aquí seguimos arrinconando este deporte.

No se engañen, celebramos que Asturias continúe adelante con su carrera. Es más, nos encantaría tener la certeza que éste es el punto de inflexión en la terrible siega que ha sufrido nuestro calendario desde años que van más allá de la cacareada crisis, pues en Catalunya por ejemplo la pérdida de la Setmana Catalana y la Escalada a Montjuïc fue en los tiempos que “España iba bien”. Incluso metamos en ese saco Aragón, Galicia, Valencia, Luis Puig, … y no nos vayamos a los noventa: Valles Mineros, Vuelta a los Puertos, Hucha de Oro, Memorial Galera, Trofeo Luis Ocaña,…

En Euskadi la carrera que vestía de azul de Bergara a su líder, la Bicicleta Vasca, se integró en su hermana grande, País Vasco, dándole su principal tesoro, la subida a Arrate, que pasó de ser una clásica con entidad a una etapa clásica sin más. Algo similar que la Asturias y la ascensión al Naranco. Sí la montaña más universal del prerrománico también tuvo carrera en exclusiva, como Urkiola, como Montjuïc, como Arrate,…

Con todo convenimos que la pérdida de carreras en España viene de lejos. Fue una tendencia en los años de bonanza, que se acentuó en el túnel de la recesión. Obviamente pues, lo que conviene quizá, más allá de escuernarse en la búsqueda de mecenas, es revisar el modelo. Saber porqué, a pesar de toda la mierda que le escombra, el ciclismo crece en paraísos lejanos, y no tanto, miremos las nuevas iniciativas italianas o el crecimiento del E3, y en España languidece a ritmo de infarto, pues no sabemos a ciencia cierta de la celebración de la carrera hasta poco antes de la fecha que tenía fijada. La quema de competiciones en España es comparable al exorcismo alemán que también se llevó por delante gran parte de su tejido al calor de los escándalos de dopaje.

El caso de la Vuelta a Asturias se ha resuelto por una marcha cicloturista. Bien pensado, bien visto. Fueron proactivos en las redes y al final dicha clásica para globeros ha impactado lo suficiente para garantizar la carrera. Hace tiempo lo comentamos –déjennos ser pedantes-. En el cicloturismo hay una masa pujante y creciente que puede ser la semilla de la recuperación del ciclismo de competición en España. Al margen del vivero de posibles chavales, hijos de cicloturistas en activo, reúne a un gran número de practicantes, y casi correligionarios de la bicicleta y este deporte. El cicloturismo es el grano de mostaza que mantiene vivo el hervor ciclista en nuestro país. Dado que las estructuras tradicionales no funcionan escudriñemos esa alternativa. Qué se pierde.