Vuelta a Colombia: Lo que unieron las primeras ediciones

Vuelta a Colombia JoanSeguidor

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La primera Vuelta a Colombia era una aventura mayúscula

Esta imagen es de la primera Vuelta a Colombia.

No es una instantánea cualquiera.

Parece una guerra, o una catástrofe, o un desastre natural, y es que a su manera fue todas esas cosas juntas.

Pero también fue literatura, épica para que los narradores inventaran historias, para que bautizaran a los héroes cómicos de aquella generación de mensajeros y peones de fábrica que encontraron la gloria sobre la bicicleta.

Esta postal corresponde a alguna Vuelta a Colombia de los años cincuenta y refleja bien el espíritu originario de aquella carrera.

La Vuelta a Colombia de los cincuenta…

Vuelta a Colombia JoanSeguidor

Era una lucha entre regiones: antioqueños contra cundinamarqueses, caldenses contra antioqueños, boyacenses contra todos.

Pero también era una lucha contra el paisaje, contra los territorios de un país que se resistían y se siguen resistiendo a ser colonizados, a ser penetrados por vehículos o carreteras.

La gran duda antes de la primera edición no era quién ganaría la carrera, sino si ésta podía llevarse a cabo de principio a fin.

A mediados de los cincuenta Colombia era todavía un país intransitable en buena parte de su geografía, un país de regiones aisladas entre sí, incomunicadas, sometidas al atraso.

La mitad de los recorridos de entonces transcurrían por caminos como el de la fotografía: borrascas de lodo y pantano, desfiladeros vaciados de roca, planicies incógnitas y selváticas.

La imagen recoge bien el sentido originario de la Vuelta a Colombia, esa competencia que cautivó a varias generaciones.

Caro Ferrer, la pequeña gran colombiana

Condensa la aventura y el respeto por un país agreste que, no obstante, los ciclistas lograron domesticar.

Y algo que es más importante: lograron unir aquellos territorios dispersos e incomunicados entre sí en torno a una identidad común.

Esos territorios de guerras, de catástrofes, de desastres naturales.

¿Qué pasa con la seguridad de la Vuelta a Colombia?

Vuelta-Colombia_Atropello JoanSeguidor

El atropello de la Vuelta a Colombia no hace justicia a la carrera que dicen ser la mejor del continente 

Ya sé, ya sé que la chabacanería es una seña de identidad del alma colombiana.

Ya sé que somos improvisadores, repentistas por naturaleza, ramplones incluso.

Ya sé que este ha sido un país fallido durante décadas donde nada funciona como debería, donde la puntualidad es una tontería de ingleses que toman té a las cinco, donde la seguridad se confunde con tener una pistola bajo la almohada, donde la burocracia exige cartas y permisos y trámites y memorandos para encender una luz correr cinco centímetros el escritorio, pero…

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¿era mucho pedir que una vía estuviera cerrada y despejada para que por allí cruzara la penúltima etapa de la Vuelta a Colombia?

¿Quién olvidó enviar la carta o tramitar el permiso o escribir el memorando?

¿La seguridad?

¿Esta es la carrera más importante del país, la que alguna vez quiso ser la Vuelta más prestigiosa de América, la que ha formó generaciones enteras de campeones que luego deslumbraron en todo el mundo?

Hace un par de años la Vuelta a Colombia nos regaló dos postales contradictorias que revelan el sentido profundo del ciclismo en el país.

La carrera llegó a los Montes de María, una región montañosa y pobre del Caribe que fue particularmente azotada por la peor violencia guerrillera y paramilitar en los años noventa.

Las carreteras rebosaban de campesinos humildes que recibieron la caravana con un entusiasmo digno de los tiempos de Ramón Hoyos, el pentacampeón de la década del cincuenta.

Muchos corredores dijeron que nunca habían vivido una jornada tan hermosa sobre la bicicleta.

Y al mismo tiempo, en una de las trepadas el pelotón subía en fila mientras al lado pasaban motocicletas en sentido contrario entre un despelote que nadie sabe cómo no causó un muerto.

https://twitter.com/SupermanlopezN/status/1030933176884047877

En twitter los aficionados se burlaban diciendo que los corredores del Team Rwanda, invitados aquella ocasión, debían estar estupefactos con “la Vuelta más importante de Suramérica”.

Ahora, una motocicleta atropelló de frente a cuatro ciclistas en una etapa que terminaba en el oriente antioqueño, entre ellos estaba el hermano de Supermán López, cuya bicicleta quedó hecha trizas como la cáscara de un huevo.

Todos sufrieron heridas y contusiones de gravedad, y para rematar, corrió el rumor mil veces comentado por todos pero jamás denunciado por ninguno, de que atrás de la caravana iba un carro con una nevera repleta de sustancias dopantes.

¿Y la Federación de Ciclismo?

Bien, gracias.

Si yo fuera ruandés me estaría preguntando cómo carajos salir vivo de una Vuelta a Colombia.

Imagen de @FXavierVidela

INFO

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