El segundo puesto de Carapaz no es suficiente

Carapaz Vuelta

El sabor dulce que se lleva Richard Carapaz de la Vuelta pudo ser mucho mejor

Cuando Richard Carapaz ondeaba la bandera de Ecuador en La Castellana durante el epílogo de la Vuelta, algunos comentarios emergían en las redes sobre la cacareada ambición del ecuatoriano.

Estaba en definitiva celebrando un subcampeonato en la Vuelta a España que venía a conquistar, y que en términos absolutos debería haber sido suya sin bonificaciones de por medio.

Nosotros estamos a favor de las mismas, de su uso y profusión por las tres semanas de carrera, incluso en la fórmula de ponerlas en puertos intermedios, pues activan al corredor y sus equipos.

Normalmente las carreras no se ganaban por ellas, pues las diferencias eran grandes, pero en este ciclismo ajustado, cuatro triunfos de etapa como los que se llevó Roglic te dan un plus que ayuda, ya lo creo que ayuda.

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Pensamos que Richard Carapaz tiene motivos para sentirse feliz de esta Vuelta a España. 

Ser segundo no es desdeñable, además este podio reafirma que lo que vimos en el Giro del año pasado tuvo un factor sorpresa en su momento, pero que ello se prolonga en el tiempo.

Carapaz no vino de tapado a esta Vuelta, desde el primer día estaba señalado y corrió de forma consecuente.

Para el ecuatoriano las cosas han cambiado mucho en un año, cuando fichó por Ineos veíamos complicado su encaje en una estructura tan cargada de estrellas, un paisaje complicado que se ha ido aclarando con los meses.

Ahora mismo Carapaz es top 3 en Ineos Grenadier, hace un año no lo veíamos así sólo con Froome, Bernal y Geraint en nómina.

Esa plaza se la ganó con un Tour excelso, siempre escapado, y la ha ratificado en la Vuelta, donde ha sido el único ciclista en vestir el rojo al margen del ganador.

Hasta el mismo momento de La Covatilla y el final de infarto, la Vuelta de Carapaz había ido muy de la mano de Roglic, pero el esloveno siempre un punto por encima, lo suficiente para tenerlo más allá del medio minuto.

Mención especial la crono de Ézaro, donde se vació tanto y tan bien en el llano, que la subida se le llegó a atragantar algo.

Y recuerdo en Formigal, en medio de la tormenta, sacando su genio y los ataques siempre a punto, pillando a Roglic entretenido con la chaqueta y poniéndole en presión.

Su pulso en Moncalvillo está en los anales.

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¿Pudo haber hecho más Carapaz para ganar la Vuelta?

Dada la igualdad entre los dos mejores de la carrera, siempre puede quedar la duda de si se pudo hacer más.

Leí mucha gente lamentando que Carapaz atacara tan cerca de la cima de la Covatilla, pero es que igual no tenía para hacerlo de más lejos e igual de haberlo hecho, Roglic hasta le acababa cogiendo.

Pasando del tema de si Movistar fue decisivo, yo creo que el esloveno tuvo la situación relativamente controlada, Carapaz atacó donde le dieron las fuerzas y la mente, sin embargo en lo sucesivo deberá asegurarse de los equipos que Ineos le pone en las grandes carreras, por que es un hecho que el ecuatoriano corrió la Vuelta con un apoyo muy alejado al que tuvo, por ejemplo, su rival.

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Que el Grenadier con el presupuesto que maneja disponga de un bloque así para disputar la Vuelta no es de recibo, ya sabemos que entre bajas y otros compromisos había lo que había, pero la campaña ha sido igual para todos y Jumbo además de dominar el Tour, supo gestionar una armada para la grande española, teniendo a Kruijswijk de líder en Italia hasta el abandono del equipo.

Así las cosas, y a pesar de la admiración que nos despertó Chris Froome, cabría preguntarse por la conversión de su trabajo en favor de Richard Carapaz, quien sólo tuvo ayuda real en Andrey Amador y la presencia imponente de Dylan Van Baarle como apoyos más obvios.

El sabor dulce que se lleva Richard Carapaz de la Vuelta no debe esconder cuestiones que en el futuro pueden serle clave, tanto en saber si pudo haber probado a Roglic más lejos de la cima de la Covatilla como en exigir en su equipo que le rodeen como merece.

Por que los trenes para ganar una grande no pasan todos los días por la puerta de casa.

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El ocho de la Vuelta a España 2020

Queremos daros ocho nombres que explican la Vuelta 2020

El reto de llegar a Madrid se alcanzó con Pascal Ackermann ganando por nada a Sam Bennett para poner guinda a una Vuelta 2020 que nos deja un interesante sabor de boca repartido en los ocho competidores que componen nuestro equipo titular.

Empezamos por Tim Wellens, un ciclista que sigue con los guarismos de siempre pero más viejo, más pellejo, con más poso y por tanto mejor pegada.

Y así se ha anotado dos etapas, un registro nada desdeñable en un corredor que si una cosa tenía es que le costaba horrores rematar, a veces por exhibir tanto poder que intimidaba a los demás.

Su resolución en Sabiñánigo y Orense, haciendo suya sendas llegadas tras una fuga de nivel Tour, habla de la versión mejorada de Wellens, versión Vuelta 2020, un corredor que a los halagos suma victorias.

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Marc Soler es uno de los nombres de la carrera

El ciclista de Vilanova i La Geltrú ha sido omnipresente, el verso suelto en un equipo caracterizado por correr al ralentí y fuego lento.

Tuvo la suerte de descargarse de presión muy pronto, ya en Lekunberri, con una victoria que surgió del momento ése en el que descolgado, tras hacer la selección en Aralar, decidió no esperar a nadie en el descenso y adelantar a los mejores.

Sacudido por la electricidad del triunfo, Soler hizo de la Vuelta 2020 su escaparate, cazando la fuga buena varias veces, batiéndose con gente de mucho nivel y dando batalla hasta el final.

Nos preguntaban ayer en Rac1 (escuchar en tramo 20-21 horas) si le veíamos para generales, sinceramente no, pero claro este año es raro, no cuenta del todo, llegó corto al Tour, debió estar en el Giro y fue comodín en la Vuelta.

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Le asiste el beneficio de la duda.

David Gaudu evitó que Soler ganase en la Farrapona. 

Ese día el francés dio el salto adelante que hacía tiempo le presumíamos a todo un ganador del Porvenir.

Sin Thibaut Pinot, Gaudu voló solo en la Vuelta 2020 y se llevó dos etapas de calidad y calibre, viendo la gente que ha concurrido las escapadas en esta carrera: tanto en Farrapona como en Covatilla el francés tiró de confianza en sus posibilidades.

En un ciclismo donde cada vez triunfan más jóvenes está bien que los corredores que quedan en medio de los de siempre y los nuevos, tipo Gaudu, tipo Soler, tengan su cuota.

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Ahora dos de la general.

Hugh Carthy rodeó para llegar a buen puerto

La suya ha sido la carrera de la Vuelta 2020, por que Carapaz y Roglic podían estar en los pronósticos, pero el balance de Hugh Carthy es excelente, pues demostró no ser humo de la enésima fanfarronada de Jonathan Vaughters y aguantó hasta el final.

Su momento de gloria pareció ser el Angliru, sobreviviendo a una subida infernal, sin público y muy metidos ya en noviembre, sin embargo su explosión se produjo donde debe producirse, fuera de la zona de confort, en la crono de Ézaro donde se marcó un tiempazo que se aseguró el podio pero sobre todo dio una lección de rodar acoplado y eficiente, cuando creíamos que no iba a pasar el test.

El otro de la lista en este orden es Daniel Martin, el ciclista cuyo cuarto puesto fue el motivo de todas las batallas en la Covatilla.

A sus treinta largos, nueve años después de ganar en la cima salmantina, que Daniel Martin se casque esta Vuelta es admirable, como él en general, por su forma de competir y mantenerse delante tanto tiempo después-

Photo by David Ramos/Getty Images

«Cuando estoy delante soy consciente que no puedo ganar sprints, por eso me gusta improvisar, hacer algo diferente» explica Rémi Cavagna, coronado como el ciclista más combativo de la Vuelta 2020, y no lo tuvo sencillo con otros como Wellens, Martin, Soler o Gaudu en liza.

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Rémi Cavagna cuenta seis escapadas en su Vuelta 2020, una menos que las que contó Guillaume Martin, pero su sola presencia ya iluminaba la ruta, con su clase y entrega y lección de rodar por donde pasa.

En la llegada a Ciudad Rodrigo llegó a soñar con el triunfo, pero el pelotón no estaba para perdonar una llegada en grupo.

El suyo es el espíritu del Deceuninck, el equipo con más victorias en el casillero de esta temporada tan singular.

© BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

Un equipo, el belga, que no necesitó más que una victoria de Sam Bennett, pues Pascal Ackermann le adelantó por la derecha.

Primero en el sprint en el que el irlandés fue desposeído del triunfo y finalmente en Madrid, donde el alemán se impuso de forma limpia, saliendo el primero y manteniendo la primera plaza por un aliento hasta la victoria.

Y cerramos la lista con el gregario más valioso del ganador, al menos sobre el papel de inesperado actor, como fue el danés Jonas Vingegaard, el lazarillo de Roglic durante gran parte de la subida al Angliru, el ciclista cuya permanencia ahí tanto rato fuera el más evidente síntoma de que el maillot rojo no iba sobrado.

En un equipo con Kuss, Gesink, Bennett, incluso de partida con Dumoulin, el nórdico se postuló para el futuro, aunque de momento para el presente ha ejercido la maniobra de cierre en este top 8 tan particular que hemos hecho de la Vuelta 2020.

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La admirable Vuelta de Guillaume Martin

Guillaume Martin ha cazado una fuga de la Vuelta cada dos o tres días

Oí el jueves pasado que le preguntaban a Guillaume Martin en una salida de la Vuelta qué pitufo sería él.

Obviamente salió la figura del «pitufo filósofo», no podía ser de otra manera.

Lo cierto es que viendo la Vuelta de Guillaume Martin, siempre en escapada, sentenciando la montaña lejos del final, nos vienen a la mente la buena química que los ciclistas franceses han tenido con la carrera en los tiempos recientes.

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La imagen de Martin disputando los altos de la Vuelta refresca la figura de otro Cofidis que hizo fortuna en España, lejos de presión del pentágono y el Tour.

David Montcoutier no fue el francés con mejor palmarés, pero su figura enamoraba, era seda sobre la bicicleta, firmeza y resolución en la máquina, perfectamente acoplado, limpio y elegante.

Ganó alguna etapa y el reinado de montaña abriendo un capítulo reciente en la Vuelta en la que los franceses han sido protagonistas.

De esta manera está la curiosa historia de Alexander Geniez, ganador de dos etapas aquí, de Lilian Calmejane, Kenny Elisonde en el mismo Angliru o el mismísimo Thibaut Pinot, que tiene el singular hito de haber ganado en Alpe d´ Huez y Lagos de Covadonga.

Incluso el propio Rémi Cavagna, ansioso en Ciudad Rodrigo por repetir lo de Toledo, dándonos un manual para rodar y rodar.

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Con estos antecedentes, Guillaume Martin se presentó en la Vuelta con el sabor mixto de un Tour que empezó bien pero que no acabó de la mejor forma.

En Francia experimentó lo que implica ser francés y estar en primera línea del Tour, durante varios días soñó, junto al propio Romain Bardet, en cosas grandes, pero la marcheta del Jumbo se cobró muchas víctimas, entre otros él.

Llegó a la Vuelta y lo ha bordado.

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Ha sentenciado un gran premio de la montaña que llegó a tener a gente como Tim Wellens o Richard Carapaz delante, y lo ha sentenciado a días del final, en base a una presencia infinita en la carrera.

El otro día camino de Puebla de Sanabria escribió que había protagonizado su sexta escapada de la Vuelta, hecho que, si pensamos que la carrera se compone de 18 etapas, si le quitamos la crono y Madrid, podemos decir que ha pillado la fuga buena cada dos o tres días.

Por cierto, añadidle la escapada hacia La Covatilla.

Esto en el ciclismo actual tiene un mérito terrible, hoy que  vemos muchas salidas y apreciamos en directo a la castaña que se va hasta que el corte bueno toma distancia.

Un nivel que se marca en cada fuga de la Vuelta, llena de estrellas y nivel y entre todos Guillaume Martin, un personaje perenne en las escapadas de una carrera que, como comentaba en ese mismo tweet le supuso llegar con hipotermia.

Un ciclista que sólo puedes admirar, por haber llegado a este nivel en su profesión y desarrollado un ingente acerbo cultural que plasma con su carrera de filosofía y los libros que ha escrito, ya sabéis que los ciclistas con inquietudes más allá de la bicicleta son objeto de admiración.

En fin, que si muchas de las figuras foráneas que vienen a la Vuelta, y de las que casi no hemos sabido, vinieran con este ánimo, lo que veríamos sería sencillamente inenarrable.

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Vuelta: Roglic vino llorado de casa

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La segunda Vuelta de Roglic premia la profesionalidad de un ciclista excepcional

A grandes rasgos y para hacerlo sencillo, la segunda Vuelta de Primoz Roglic implica esto que leéis aquí abajo… 

Con dos victorias en la Vuelta a España, Roglic entra en la galería de los mejores de una de las tres grandes, su nombre figura entre suizos como Zulle y Rominger, leyendas patrias del calibre de Fuente, Contador, Perico y Berrendero y estrellas de siempre del tipo Hinault y Froome.

Ahí, ahora, en esa mesa come Roglic, con esa gente y esas leyendas.

Un marco que sirve para ubicar lo que ha hecho Primoz Roglic ganando esta Vuelta.

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Aunque más allá de las cifras, de la historia, nos quedamos con la carrera ejecutada por quien consideramos que es ahora mismo el mejor ciclista del mundo.

Llegó a Arrate con el convencimiento propio de ganar, aunque muchos no lo tuviéramos claro del todo.

Día a día fue consumiendo etapas y retos, cada vez que sondeábamos un mal momento volvían los fantasmas, más este año y con lo que le sucedió en el Tour.

En Formigal quisimos pensar que la chaquetilla era un motivo que escondía otras cosas, como que Carapaz le iba a ir limando hasta quitarle el rojo, en el Angliru, gestionó un mal momento del que salió vivo por saber mantener la misma calma que le salvó en La Covatilla.

En los tres sitios, Roglic pasó la prueba del algodón, éxitos parciales cuya suma dio con el rojo bajo el ayuntamiento madrileño, sacando petróleo de cada mal momento, construyendo un imperio de las cenizas morales que quedaron de aquella tarde en La Panche des Belles Filles.

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Todo eso remando y remando, sin perdonar en cada llegada que se cruzó en su camino, pues sabía que las bonificaciones, que están ahí y están para todos, podían tener la llave de un éxito que sin duda se ganó a puso.

Primoz Roglic nos ha dado una lección, una lección de vida, de encajar golpes que son demoledores, rehacerse y volver a lo alto, con el brillo justo que necesita cada momento, sin estridencias, siendo certero en cada cosa que hace y alargando un estado dulce que se ha prolongado durante el largo y ancho de esta temporada de urgencia que se ha montado en los albores del otoño.

En un ciclismo de críos y jóvenes que no entienden de plazos, Roglic resiste, y la Vuelta es su fortín.

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No entiende de ponerse un dorsal sin honrarlo y competir, a su manera, con su librillo, pero competir y sacar lo mejor en el momento que había que exhibirlo.

Un ciclista que es un regalo, al que hay que agradecer la sublimación que hace de su profesión y lo bien que habla de su grandeza cada vez que monta una bicicleta.

La guinda de 2020 la ha puesto él.

Imagen: FB de La Vuelta 

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La Vuelta se le hizo larga a Roglic y al resto

Con un kilómetro más La Covatilla podría haber sido La Planche des Belles Filles para Roglic

Vaya por delante lo siguiente: Primoz Roglic va a ganar su segunda Vuelta a España de forma merecida no, lo siguiente.

Ha gestionado una carrera dificilísima para cualquier persona que venga de estar en forma desde hace tres meses, que perdió el Tour en el último momento y que ha tenido una carrera preciosa, por medio, para cuajar la segunda grande de su trayectoria, preciosa pero plagada de peligros y grandes retos.

Eso es tan cierto como que Roglic, por mucho que las bonificaciones hayan sido decisivas, se ha ganado la gloria que va a recibir otra vez en Madrid.

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Ahora bien, no sé qué pasará por la mente de sus rivales y en especial de los Movistar.

Los azules decían en boca de uno de sus corredores «de proa» que había que «matar o morir» en la Sierra de Salamanca.

Aunque Carapaz se quedara a las puertas, aunque Carthy se haya quedado con ganas de más, los únicos que acabaron despeñados en prestigio y pizarra fueron ellos, con un Enric Mas que no daba más de sí, metiendo gente por delante ¿para? aún ahora no lo sabemos, pues el arreón del siempre volcánico Soler murió antes incluso de iniciarse La Covatilla.

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Otra cosa son los integrantes del podio que subirán junto a Roglic.

Richard Carapaz, quien ha estado solo no, solísimo, se lanzó a por la Vuelta tarde, muy tarde, como si la carrera tuviera dos o tres etapas más por delante, poniendo en el alambre a Roglic tan cerca de meta que temer por la general era muy complicado, por mucho que la sombra de La Planche des Belles Filles merodeara la cumbre de La Covatilla.

Carapaz atacó tarde, se vio, más cuando Roglic había tenido fisuras en el Angliru, fisuras que emergieron en la cumbre salmantina,.

¿Había que haberle probado antes?

Visto ahora todos somos «manoletes», pero la realidad que se dejaba entrever hacer pensar que se tendría que haber intentado, no sé, algo más.

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Hugh Carthy fue el detonante, la suya es una carrera que nos recuerda a la de Horner, King y Froome y esos anglosajones que hicieron fortuna en España.

Nada podrá ser igual tras esta Vuelta para él, y todo igual para Movistar, que no dejan indiferencia a su paso.

Y es que la ensalada se aliña  con el surrealista papel de Movistar que «ni murió ni mató»  como si a Carapaz le tuvieran guardada alguna, cosa que pensamos pero no queremos ni imaginar.

Con la cuarta plaza como argumento, Enric Mas puso a Marc Soler a tirar en el momento que Carapaz amenazaba a Roglic.

Pensar en desplazar a Dan Martin era tan irreal como cualquier intento de comprender los azules y sus estrategias, pero hoy toca hablar de Roglic y la guinda que ha puesto a una Vuelta que, cabe reconocerlo, ha sido preciosa.

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La Covatilla, la cima «blanca» de la Vuelta

La Covatilla - Santi Blanco JoanSeguidor

En La Covatilla se juega la suerte final de la Vuelta y la temporada 2020 

Recordando La Covatilla no podemos evitar que nos venga a la memoria la imagen del salmantino Santi Blanco, porteño de Puerto de Béjar (a 8 kilómetros de Béjar), escalando con dificultad las terribles rampas de esta gran cima bejarana.

Os invitamos este segundo domingo de noviembre, a desplazaros hasta la Sierra de Béjar en Salamanca, para que probéis de primera mano, y en vuestras piernas, la dureza que no se esconde en este alto de La Covatilla camino de su estación de esquí.

Una ascensión terrorífica con varios kilómetros enteros por encima del 10% y rampas máximas de hasta el 17% de desnivel.

Un muro que se dio a conocer al mundo del ciclismo un 26 de septiembre de 2002, con la disputa de la 17ª etapa de la Vuelta.

Otra jornada para el recuerdo.

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En ella se ponía al descubierto otro puerto inédito de categoría especial con una carta de presentación tremenda con sus duros desniveles pero que se mostraba ante la afición como un puerto puro, con una calzada nueva con un firme en un estado perfecto para que se deslizaran cuesta arriba las finas ruedas de los ciclistas.

No en vano, la estación de esquí se había inaugurado un año antes, no sin polémicas medioambientales con los ecologistas que se oponían, abriendo un espectáculo grandioso con unas vistas impresionantes desde la estación de sierras y pueblos como la de Gredos o la propia ciudad de Béjar.

A los pies de La Covatilla, Lale Cubino

Desde esta localidad que vio nacer otro gran ciclista como nuestro protagonista –Lale Cubino– y que hace que nos preguntemos qué tendrá esta tierra para dar tan enormes escaladores como el propio Cubino, Santi Blanco y, cómo no, Roberto Heras, porque aquella jornada de septiembre en la Vuelta a España ganó el porteño, agónicamente pero ganó, pero sobre todo venció Béjar, situada a 950 metros de altitud (quizás de este dato podamos extraer una buena explicación de por qué es cuna de grandes corredores), porque en aquella etapa además quedó en segunda posición Roberto Heras, en la edición que perdió el maillot oro en la última contrarreloj a manos de Aitor González, que ganó en el inédito final del Estadio Santiago Bernabeu.

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Aquel día los salmantinos hicieron bueno el dicho y fueron profetas en su tierra con la descomunal cabalgada de un motivado Santi Blanco, dejando el pelotón a más de 6 minutos a 10 kilómetros para meta, tiempo que tuvo que administrar con mucho sacrificio, pasándolo bastante mal ante el empuje de Roberto Heras que aceleró brutalmente dejando de rueda a Aitor González que aguantó todo lo que pudo, bastante más de lo imaginado, y que fue su gran rival para ganar aquel año.

Y es que sólo 40 segundos, de la renta que llevaba, le separaron de su vecino bejarano, en una ascensión que todos sufrimos viendo como Santi iba perdiendo los minutos de ventaja como un collar de perlas roto, retorciéndose en una primera rampa superior al 10%, pedaleando con mucha dificultad el resto de la ascensión mientras Roberto daba un recital por detrás.

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Hasta que no entró en el último kilómetro, con un minuto de adelanto, no supo que iba a ganar aquella etapa a casi dos mil metros de altitud, superando la rampa final al 14% y tocando el cielo alzando sus brazos al viento, igual que lo haréis vosotros cuando superéis el tremendo muro bejarano.

Béjar al poder.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de El Norte de Castilla 

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Enric Mas ¿cómo puede cuestionar una etapa de 230 kilómetros?

Que Enric Mas se queje de una etapa larguísima es algo que no podemos entender

Sobre Enric Mas en la Vuelta, el otro día, antes de la crono escribimos…

Enric Mas tiene muchas virtudes sobre la bicicleta, pero la expresividad no es su fuerte

A esa forma de correr de fuego lento y vísteme despacio, se le añaden declaraciones siempre tan comedidas que pensamos que este chico nunca ha roto un plato.

Pero está claro que si quieres dar algo más, hay que romper la zona de confort, cosa que Enric Mas ha hecho en la visita de la Vuelta al Angliru.

Su ataque desencadenó todo lo demás, que Roglic flojeara, que Carapaz se medio rehiciera y que Carthy sacara de donde no había en ese huesudo cuerpecito.

Enric Mas no pudo ganar en la cima más importante de la Vuelta y acabó pidiendo perdón a sus compañeros y seguidores, algo que, sinceramente nos parte el corazón.

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Enric Mas ahora mismo parece el mejor ciclista español para grandes vueltas, codo a codo con Mikel Landa. 

Habrá tiempo para pensar en uno u otro como el mejor en este apartado, pero lo cierto es que si la historia favorece al vasco, el futuro parece del balear.

Sea como fuere, detrás de Enric Mas no hay nadie, ninguno a la vista que podamos verle ahí delante en grandes vueltas, sí un ciclista como Pello Bilbao que en un momento determinado puede estar al frente de un Giro de Italia, en el que han fallado otros, pero poco más.

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Que el mejor ciclista presente y futuro de grandes vueltas en España diga que no le encuentra sentido a una etapa de 230 kilómetros no me lo puedo explicar…

Precisamente él, que saca provecho al fondo que demuestra, que va a más según pasan los días, no entiendo que lo pueda decir.

Cabe apostillar que esta Vuelta es una excepción por que es la primera vez que corre dos grandes el mismo año y sin mucho tiempo entre ellas.

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Recuerdo que en la primera semana del Tour ya se quejó del ritmo que los Jumbo marcaban en el pelotón, considerándolo él, y el propio Valverde, innecesario.

Puedo entender que lo consideren innecesario, desde su óptica, pero cada equipo tiene su librillo y es que además al propio Enric Mas, que la carrera vaya dura, le beneficia, como vimos en el rush final del Tour de Francia.

A veces pensamos que los ciclistas por el mero hecho de serlo no es que no puedan quejarse, que pueden, es que no pueden decir cosas así, van contra el core de su profesión que, mal que les pese, se basa en la agonía y sufrimiento y quién sepa gestionarlas mejor.

Los 230 kilómetros hacia Puebla de Sanabria no depararon los movimientos que algunos imaginamos en nuestros sueños más lúbricos, pero pueden pesar como una losa en unas fuerzas que son las que son en la traca final de la Vuelta.

Como cuando Enric Mas mandó tirar y tirar al Movistar camino del Angliru para tentar la suerte…

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La Vuelta 2020 es el antes y después de Chris Froome

En Ézaro, Chris Froome acaba de sumar los últimos adeptos de la Vuelta

Para quienes seguimos en esto hace tiempo, recordamos cuando Chris Froome explotó en el ciclismo, fue en una Vuelta, la de 2011, en días salmantinos, entre La Covatilla y la crono de Salamanca, en un grand slam que le llevó hasta la segunda plaza, tras Juanjo Cobo. segunda plaza que sería primera, casi ocho años después.

Sea como fuere empezó entonces un periodo de dominio que se alargó hasta el Giro de 2018, dando con un palmarés de lujo donde brillan cuatro Tours, entre los cuales algunos se distinguieron por el bloqueo casi obsesivo de la carrera, dejando en el recuerdo ediciones para el tedio, en especial los de 2016 y 2017.

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Chris Froome y el Team Sky se granjearon, a mi juicio, inmerecidas antipatías, pues ellos al final hacían su trabajo, y no era sencillo, eran capaces de dominar con puño de hierro la mejor carrera del planeta y firmar en la historia registros que nunca se dieron, que un equipo ganara tantos Tours en tan poco tiempo, ni creo que se den en años.

Eso lo llevan con ellos, igual que la pesada losa de la continua sospecha, tanto del dopaje como del motorcillo en aquella subida del Ventoux.

Todo ruido, todo confuso, sobre lo primero salió de un no negativo de la Vuelta a España, sí merced a una colla de picapleitos bien pagados, y de lo segundo, surgieron mil vídeos, pero nada fue más allá.

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En fin que Froome ha dominado el ciclismo más reciente pero no lo ha tenido nada sencillo.

Las cosas hoy son muy diferentes a hace tan sólo dos años.

Hoy Chris Froome es un ciclista que deshace el camino de su lesión y convalecencia, sabedor que su montaña más dura no ha hecho más que empezar.

Y es ahí, en ese Froome descolgado y lejos de los mejores donde muchos han comenzado a apreciarle, sobre todo por la sencillez, bien pagada, ya lo sabemos, de tirar para Carapaz cuando le dan las piernas, que cada vez le dan un poquito más, y hacer de doméstico si el equipo en el que lo ha logrado todo lo necesita.

Al fin y al cabo, como ha dicho, devuelve lo que un día le han dado, y trabaja para otros y poder tener la autoridad moral de un día pedir el trabajo de terceros.

Incluso como dice, no puede hacer caso a la gente que dice sentir pena por verle así, pues en su fuero interno cree que puede volver a ser competitivo.

Moral no le falta, pero es que los grandes campeones se distinguen por eso y por mucho más.

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Y en el caso de Froome por el vídeo que nos ofreció subiendo a Ézaro, dando conversación a Diego Ayús, periodista que por lo que vemos está trabajando en la Vuelta.

La pieza habla por sí sola…

… pero también la historieta que cuenta Diego aquí.

Vio a Froome llegar desprovisto de motos y con posibilidad de grabarlo en plena ascensión, a un ritmo que se puede seguir perfectamente caminando en paralelo a él, sin acercarse mucho por el tema de la Covid.

Hablan y departen, «menudo repecho» comenta Froome, que conoce Ézaro de aquella Vuelta que Purito dominaba con puño de hierro hasta la etapa de Fuente Dé, y suelta un «impresionante».

Pero lo mejor es cuando le da las «gracias» por admitirle Diego que es un ídolo para él, la guinda para una Vuelta que sin duda es el antes y después para un tío al que sólo le puedes desear lo mejor el año que viene, cuando el Israel le abra las puertas de su último desafío: ser capaz de al menos disputar el que podría ser su quinto Tour de Francia.

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