Miguel Ángel López: ganar no es nada fácil

Para Miguel Ángel López cada carrera es una montaña rusa

Aunque la frase resulte una obviedad, aunque lo tengamos asumido y sea el pan nuestro, eso de ganar no es sencillo, nada sencillo, son mil tíos y uno que gana, está todo dicho y Miguel Ángel López lo sabe.

Para el colombiano la vida es un perfil de dientes de sierra, nunca arriba lo suficiente, poco tiempo abajo.

Miguel Ángel López es un ciclista que camina en la cresta de todo, de las miradas, de las apuestas, de los pronósticos… pero la victoria que todos le atribuíamos a no tardar, se resiste.

Y lo hace porque el pequeño escalador de Astana sigue sin firmar la grande limpia, recta, que creo se merece.

 

Otras veces podríamos decir que la mala fortuna le pesó en exceso.

Este último Giro de Italia, con las caídas.

Si miramos más atrás: caídas, cortes, abanicos, percances, desgracias mecánicas…

Todo eso que está al orden del día en cualquier corredor que disputa una grande, en Miguel Ángel López tomó más dimensión.

Le lastró más.

¿Dónde estuvo el mal paso de Miguel Ángel López en la Vuelta 2019?

Nosotros pensamos que en Andorra, en ese sterrato que acogió el diluvio y acabó con él, y Roglic, en el suelo.

Ese Miguel Ángel López que aparecía sangrando de un brazo tras el apagón televisivo no era el mismo que el de minutos antes del jarreo.

No lo quitaron, nos dieron el cambiazo en algún lugar de Engolasters entre cortinas de agua del primero de septiembre, que seguro a esas alturas resulta heladora.

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Es Miguel Ángel López que sale sangrando no era el mismo que llevaba medio minuto largo a los favoritos porque había atacado de lejos.

Entiéndase por lejos a veinte de meta en este nuestro ciclismo.

Tras esa caída, Miguel Ángel López fue un quiero y no puedo, un volcán con tope.

Todos esperábamos que fuera a más, que sus ataques hicieran daño, que Roglic lo viera venir, pero el golpe de pedal no llegó.

El Miguel Ángel López que sale de Andorra es un corredor puteado por las circunstancias, el que resulta de la crono de Pau es un competidor inocuo para el liderato de Roglic,

 

 

Mil ataques, duros algunos, otros menos, pólvora mojada podríamos decir, Miguel Ángel López no sacó nada en claro del tramo final de la carrera.

Lo suyo fue un quiero y no puedo que desembocó en ataques mal medidos, golpes que no hacían daño, una estrategia de equipo servil a los intereses del líder y ganador final y la explosión contra los Movistar en Toledo en un ejercicio de transparencia que creo delata el sentir de muchos integrantes del pelotón.

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Pero con palabras no se ganan las carreras, en todo caso sirven para disfrazar la frustración interior de alguien que se ve ahí pero que algo siempre le frena.

Cuando Pogacar le dio la vuelta a la general y se aupó hasta el maillot blanco, López admitió tener demasiados ya, en un somero ejercicio de admitir que sí, explotó joven, creció rápido pero los frutos tardan en llegar, quizá demasiado.

Y lo hacen cuando en la Vuelta todo le pintaba bien.

En su pequeña intrahistoria podrá explicar lo bien que sienta llevar el maillot rojo, dominar la carrera y hacer daño atacando.

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Porque nos quedamos con el Miguel Ángel López de la primera semana, el ciclista que causaba pavor con cada movimiento en el vientre del pelotón, pues tenía chispa, golpe de pedal…

Nunca sabremos si esa caída en Andorra le dejó seco, le cortó las alas, lo que sí sabemos, ahora mismo, ya, es que Miguel Ángel López es ese tipo de corredores a los que siempre les pasa algo, de lo más insospechado, a lo obvio, pero algo, no sé qué, que al final le deja fuera de concurso.

Y tenemos muchas historias de talentos natos que no rompieron ese techo de cristal que es la mala suerte, talentos que dejaron, y dejan -un saludo a Mikel Landa- buen sabor de boca, pero siempre con ganas de más.

Imagen: FB de Astana Pro Team

Primoz Roglic y el doble rasero de la «prensa oficial»

Primoz Roglic Vuelta JoanSeguidor

Un campeón se debe al púbico no en quedar bien con la prensa y Roglic lo ha demostrado

Este finde Roglic ha sido TT por eso que está tan arraigado aquí, entre nuestra querida prensa, que hace referencia a la personalidad y calidad humana de un deportista.

Eso tan arraigado reside sobre la base que si un campeón es buena persona es más campeón.

Y así intentamos saber de la intimidad de Rafa Nadal, y nos emocionamos porque se arremangue y ayude a su gente a limpiar los efectos de una riada, pero si antes que todo es persona, ser humano, amigo de sus amigos y simpático con quien le parece.

En el entremés de la final del mundial de baloncesto, lo mismo.

Que si es un grupo extraordinario, que si el vestuario es una piña, que estos chavales son maravillosos y mejores personas…

Matraca, otra vez lo mismo.

En fontanero que nos viene a casa, en el ejercicio de su profesión, podrá caernos mejor o peor que si resuelve la fuga, le recordaremos por el resultado y no la conversación que nos dio mientras.

 

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Viendo todo esto a cuento por el tweet que levantó la polvareda sobre Primoz Roglic y una rueda de prensa.

Puedo estar de acuerdo en muchas cosas con Nico Van Looy, a quien le han dado injustamente, obviando sus raíces plenamente ciclistas, pero en este caso no estoy de acuerdo.

Primoz Roglic no tiene obligación alguna de alargar sus ruedas de prensa, ni mostrarse más locuaz, ni solícito.

Llega a la sala agotado, y como dijimos, estresado de una carrera cuya última semana se hizo larguísima y la empatía que reclamamos muchas veces, la tenemos que hacer propia.

Si quieres un Primoz Roglic íntimo, sincero, cercano e incluso más auténtico que tu medio te costee un viaje a Eslovenia, o donde viva, como hacen cientos de medios de comunicación foráneos en el mundo.

En España somos muy de meter el micro, y está bien, pero cuando llegan a meta jadeantes, pues no sé… y luego en la sala de prensa, la fatiga se prolonga, casi se cronifica.

 

Con Nico Van Looy se han alienado otros protagonistas de la «prensa oficial», la que critica Roglic, a Ineos, al Tour como nunca lo haría con Movistar, la Vuelta o Valverde.

Aquí Sergi López Egea habla del niño que se enamoró del ciclismo cuando Miguel Indurain le atendió con amabilidad.

Creo que es mezclar realidades, forzarlas, sin necesidad de entrar en ciertas historias.

Miguel Indurain fue uno, único, y a Primoz Roglic se le conoce desidia con prensa que muchas veces pregunta obviedades, pero con el público quienes le han tratado hablan de su amabilidad, cercanía.

¿A quién vende el ciclismo, su ciclismo, Primoz Roglic?

¿A la «prensa oficial» con el plumero cada vez más a la vista o a la gente?

Volvemos a lo de la polémica entre los aficionados y los coches de la organización en algunos puertos.

 

Pero no sólo eso, Primoz Roglic ha sido más señor que algunos de sus rivales… 

Cuando la semana pasada Movistar tiró al calor de la caída del pelotón, Carlos de Andrés y Perico cuestionaron -oh novedad- la actitud de los celestes.

Luego, cuando sucedió lo de los jueces desviaron el foco a ellos: a su manipulación del resultado, la injusticia de la decisión, el precedente sembrado…

¿Dos raseros?

Es obvio que sí.

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Cuando Alberto Contador no ha atendido aficionados, es que está concentrado, cuando a Perico se le conocieron desplantes míticos en el Tour del 90, es que está gafado, cuando Movistar muestra sus carencias, bravo por el esfuerzo…

Es así, tan cierto como la vida misma, y es curioso porque esta polvareda en torno a las ruedas de prensa de Roglic tendría más sentido si viniera de prensa (tipo Ciclo21 y Nico Van Looy) que reparte equitativamente, a un lado y otro, cuando la situación o requiere.

Que tomen nota en Abarca y su camarilla, cuando menos forzado es todo, más irreverente, más cercano, mejor, y el ejemplo lo tienen en la casa que pone los dineros con una plataforma de televisión de pago que se ha hecho hueco entre la gente a base de espontaneidad y de lo políticamente incorrecto.

Primoz Roglic vino a ganar la Vuelta y eso hizo

La Vuelta Primoz Roglic JoanSeguidor

El triunfo de Primoz Roglic en la Vuelta es el premio para el mejor ciclista de la carrera

Sabor de boca mejor, peor, mejorable o no, lo que queráis, Primoz Roglic es el ganador de la Vuelta y así figurará por siempre en los almanaques.

¿Claves?

Sencillamente que ha sido el mejor, que incluso cuando hemos querido ver debilidad, ésta era ficticia, una realidad que queríamos ver y que no por eso significaba que estuviera al límite.

 

Lo cierto es que la Vuelta que gana Primoz Roglic ha sido una carrera de altibajos, que no son atribuibles a él, aunque a él se le vinculan los momentos más importantes de la competición.

Ha estado en todos: en la caída de la contrarreloj inicial, en el corte que persiguió a Nairo en Calpe, en las llegadas en alto de la primera semana, presente siempre, en la caída y recuperación de Andorra -donde se vio que su estado de forma era insultante-, en la crono de Pau donde firmó un registro memorable y a partir de ahí: ir haciendo, dejando a unos y a otros que le sacaran las castañas del fuego, en una lectura perfecta de carrera y las necesidades de cada cual.

Porque si la la Vuelta ha tenido altibajos, el Jumbo de Roglic también ha caminado en el filo.

Creemos que éste es preludio del superequipo que se está armando para el año que viene y un perfecto ensayo que marca el nuevo tiempo.

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El Jumbo Visma que ha acompañado a Primoz Roglic en la Vuelta que gana es el mejor que podía acompañarle, pero no sólo eso, era el único posible, con el talegazo de la primera etapa, y la dura baja de un podio en el Tour,  un ciclista valiosísimo como Kruikswijk, y la merma propia del control de la carrera.

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El Jumbo Visma de Roglic en esta Vuelta era la versión mejorada del Giro para que su jefe no estuviera a merced de los elementos… en la mayoría de ocasiones.

Eso sucedió en Italia.

Evidentemente que Primoz Roglic ha estado solo y aislado en esta Vuelta, el día de Guadalajara fue evidente, pero en su haber, en las experiencias del Giro que dominó hasta que emergió Carapaz, figura una lectura lúcida y transparente de la carrera.

Primoz Roglic ha tenido el auxilio de los dos mejores equipos de la carrera cuando ha sido menester, porque sabe perfectamente que este ciclismo en el que ha aterrizado un puesto es oro, los puntos UCI son oro y llegados a un punto, eso vale más que la propia vida.

 

 

Por eso entre Astana y Movistar han puesto la comodidad que necesitaba el líder y a donde estos no han llegado han estado los Bora para salvaguardar en enésimo top ten de Rafal Majka, el corredor que ha hecho del puesto un arte.

Y así, mientras unos y otros se envenenaban, Miguel Angel López peleado con los Movistar, Roglic ha ido haciendo, silencioso, ejecutivo, certero, ganador.

Tan silencioso que ha ofendido por su aparente pasotismo.

Quizá se esperaban un tío dando palmas, un esloveno, del frío, de los saltos de invierno, que por no hacer no hace ni mueca de dolor cuando lo da todo.

Yo no sé si la Vuelta es la grande más difícil de ganar, pero que es la que más quema, desde luego que sí.

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El Roglic que casi no pestañeaba en la Plataforma de Gredos era un ciclista agotado, cansado de tanta trampa, repecho, desnivel infernal, abanicos, cortes, caídas y equipos que tiran y pelotones que se reagrupan.

Esto, aunque no se le recuerde, le pasó a Chris Froome hace un par de años cuando en Los Machucos dijo estar hasta el gorro de tanta dureza, a veces injustificada.

Claro que el inglés tiene esa sonrisa que…

No es que Primoz Roglic estuviera hastiado de la Vuelta, como dijo Nico Van Looy, es que Roglic estaba hasta los cojones de la Vuelta y quizá del oficio de ciclista, porque para él esto parece un oficio al que se debe por unas facultades físicas tremendas, pues lleva desde febrero ganando todo lo que disputa, a excepción del Giro.

Si en la vida cabe un poco de empatía, ponerse en el lugar del otro, Roglic quizá merezca esa gracia, pues ha sido una de las pocas figuras internacionales que se ha presentado en Torrevieja con idea de disputar y lo ha hecho, vaya si lo ha hecho.

Imagen: FB Team Jumo-Visma Cycling.

La autocrítica causa alergia en Movistar Team

Movistar Team - Vuelta JoanSeguidor

El Movistar Team firma en la Vuelta otra grande carente de la necesaria autocrítica para mejorar

Hace unos días alguien nos escribió en twitter al calor de la Vuelta del Movistar Team, de las tácticas del Movistar Team, que qué diferencia entre Patrick Lefevere y Eusebio Unzue.

Ambos llevan una vida en ciclismo, conociendo lo mejor y lo pero de este deporte en los últimos cuarenta años, manejando buena parte del mejor talento que ha emergido en este deporte en este periodo.

Pero la diferencia es obvia.

Desprovisto del corsé de Tom Boonen, Patrick Lefevere es una máquina de renovar e innovar, de buscar soluciones, de sacar partido de cualquier situación.

Si no él, cualquiera de su equipo, de su entorno.

Cada año asistimos a una salida de talento ingente del Deceuninck, antes Quick Step, pero los resultados no se resienten, a contrario, siguen ganando, sacando ciclistas de cero, poniendo campeones en órbita…

De hecho los que salen de aquí no ganan ni la mitad.

 

Es una interpretación acertada del libre mercado, de la movilidad de este ciclismo, donde la gente entra, sale, rota y cambia de maillot.

Y no sólo eso, es una interpretación certera de la estrategia, del hacer más con menos o lo mismo, de poner el pie en el podio como costumbre.

La Vuelta de los azules lo dice todo, la eternidad de Philippe Gilbert, otro que se va, la exhibición de Remi Cavagna, el crecimiento de James Knox, la primera etapa de Fabio Jakobsen.

Es un equipo coral.

Y ahí tenemos el Movistar Team, ahí tenemos ese equipo que no deja indiferencia por donde pasa, que dispara las redes, los comentarios, y la perplejidad.

Un equipo que sigue jugando las mismas fichas -Valverde y Nairo, con la excepción puntual de Landa- sin que cambie la hoja de apuesta.

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Cuando Richard Carapaz ganó el Giro, así, de esa manera, cuando se supo abrir el foco, dar oportunidades a quien lo reclamaba, aplicar una meritocracia simple y llanamente y no la alquimia del nombre y apellido.

Y lo hemos visto en la Vuelta.

Seguro que venderán la general por equipos de las tres grandes -como si eso en sí fuera el objetivo que mueve la inversión-, el podio de plata de Alejandro Valverde, la digna Vuelta que ha realizado Nairo Quintana, podrán vender eso, cuando lo que muestran, cuando raspas un poco, es un ciclismo trasnochado, ajeno a lo que hace grandes otros, anclado en objetivos rancios y procesos férreos.

 

Y es la realidad, es la imagen de un Movistar Team que levanta la liebre cada vez que saca de la chistera una estrategia de esas que proclaman como la idónea.

Sí, es cierto, han tenido días lucidos, como Guadalajara, pero son los contados.

La acción camino de Toledo, legar pero poco moral, fue la gota que colmó el vaso.

Las bicicletas se visten por las ruedas

Nosotros lamentamos que el ciclismo no tenga norma clara para estos escenarios, aunque a veces, cuando suceden cosas así, convendría echar mano de la moralina que se le supone a los frailes, estirar las piernas y enfriar los ánimos.

Porque Arrieta podrá decir que han estudiado el lugar, que si hay un socavón en medio del grupo, mejor parar y no sacarte los colores ante la concurrencia.

Ese día fue uno, otros quedarán en el recuerdo.

 

Marc Soler sublevado en Andorra, parado con justicia para ayudar a Nairo, aunque fuera para doscientos metros, Marc Soler hastiado en Toledo, síntoma de ese grupo de gente que se ha dejado la vida por sus líderes y que no toca pelo.

Marc Soler perdió la Vuelta y su derecho a rechistar en Calpe, pero… en el camino ve a Tadej Pogacar y ve que se le pasa el arroz, que los años pasan y eso que un día quizá le prometieron no llega, se dilata, se retrasa, mientras en el camino queda lo mejor de ti, aquello que quizá un día precises cuando seas capitán de equipo.

Los gregarios de Movistar son admirables, es una línea de trabajo y voluntad que lava la cara de una gestión que no es lo mejor.

Y no lo decimos nosotros, es chanza de medios y críticos internacionales, que alucinan con lo de Nairo y el Tourmalet, lo de Toledo y la caída y tantas situaciones en el tiempo que dejan entrever lo que decimos al inicio, que no es otra cosa que el ciclismo evoluciona pero la línea de decisión de este equipo no.

No al menos la línea de decisión que lleva instalada hace tiempo, que hizo méritos arrimándose al mejor árbol y que queda retratada cada dos por tres.

Su aportación más acorde con los tiempos fue ese vídeo de Landa masajeando a Nairo y Valverde sonriendo con resultados muy alejados a los esperados.

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Movistar Team cierra su novena temporada en ciclismo. ha ganado tres grandes, los artífices de ellas se van este año con el pie cambiado, con morros largos, por medio innumerables triunfos por equipos, como si fuera la base de la estrategia y atrás muchos nombres que  dejaron el carro porque sabían que aquí las cartas estaban marcadas.

Quizá esa prensa que se afana en sacarle punta a Primoz Roglic y su forma de hablar, esa prensa «oficial» podría anotar eso con la misma precisión que juzgan al ganador de la Vuelta que Movistar Team ha contribuido a encumbrar… quizá ahí estaría el primer paso de esa autocrítica que causa alergia entre los celestes.

Tadej Pogacar es de esa generación que no tiene miedo

Vuelta Pogacar

La Vuelta de Pogacar entra en la historia de la carrera y el ciclismo

El ciclismo que viene, el de esos niños que nacen aprendidos, es un ciclismo, ahora mismo que pinta muy bien: La Vuelta de Pogacar.

Es un ciclismo que no tiene miedo, que no mira para atrás, que toma riesgos y gana.

La preciosa jornada de la sierra de Gredos, una variedad de paisaje terrible, un terreno pestoso, duro, que lima y lija, que no da respiro y te deja exhausto.

Una jornada para poner orden en el vértigo de un final de Vuelta a España que ha estado a la altura, un buen sabor de boca.

 

Avila, Gredos, su sierra era un libro sin vuelta de hoja, lo que quedara escrito hoy, no tendría ya enmienda.

La etapa de Avila venía cargada por el lío camino de Toledo, que si caída, que si tiro, que si no tiro, que si tenía pensado tirar.

Hay momentos, puntos de inflexión que marcan, y en este pelotón donde todos se conocen y se ven durante semanas y meses, nada se olvida todo se apunta.

En el caldo enrarecido de Astana y Movistar, Tadej Pocagar supo sacar petróleo con una jornada histórica.

Sobre esta generación, nos habló ayer mismo Nacho… 

Sencillamente de esas que marcan para siempre: un chavalillo echando del podio a Nairo, sacando los colores del Movistar y poniendo contra las cuerdas a Alejandro Valverde.

Ojo porque tras Roglic van a haber dos tipos separados por diecinueve años. 

Matxin sabe cómo funciona esto, cómo se las gastan entre los equipos de esta mal llamada familia ciclista y supo ver la rendija de oportunidad.

Valoró que Tadej Pogacar, quien hace trece mese estaba ganando el Porvernir, tenía suficiente para la machada y le pasó la mano por delante a todos sacando el tarro de las esencias a cuarenta de meta.

Genial.

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Tadej Pogacar, habrá tiempo para valorarlo, ha nadado con el agua en contra, en todo tipo de situaciones y ha sacado lo mejor para asaltar un podio cuya presencia en el mismo parecía utópica.

«Mafia eslovena» dicen, no es cierto, han sido los mejores de la Vuelta 2019, van  hacer la pinza a Valverde en el podio.

A Primoz Roglic le han solventado la Vuelta entre unos y otros, cuando el equipo le falló, cuando igual las piernas no le daban más de sí.

Si Roglic iba al limite, no lo sabremos, gracias Astana unos días, y a Movistar otros.

Yo de él, les dedicaría el triunfo en la Vuelta a ambos.

 

Y así, en medio de tanta hostilidad, de tanta disculpa, la de Miguel Ángel López a Alejandro Valverde, los de Emirates fueron los más listos.

«Tadej, tira que estos se destrozan«

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La Vuelta a España de 2019 va a tener un teenager de 19 años en el podio con tres etapas y el maillot blanco en el zurrón.

Es increíble, tanto, como justo y ajustado a lo que hemos visto.

Un tipo de 20 años manejándose así, como Bernal en el Tour, Evenepoel en Donostia.

Esta gente no conoce la vergüenza y eso que vino de una primera, y desastrosa crono por equipos donde nada salió a derechas.

¿Qué habría sido de la Vuelta sin el traspiés de Torrevieja?

Pogacar y la Vuelta: ¿Por qué triunfan los ciclistas más jóvenes?

Vuelta Pogacar

Pocas veces tantos ciclistas jóvenes han dominado las grandes carreras de esta manera

El año que encara su recta final no será un año más, viendo a Tadeg Pogacar en la Vuelta a España tenemos la punta del iceberg de los ciclistas jóvenes que crecen muy rápido en el ciclismo mundial.

Y es que lo de Pogacar conecta con el Tour de Bernal, San Sebastián de Evenepoel, las exhibiciones de Van der Poel…

Una historia que habla de la revolución de los ciclistas jóvenes y el dominio que parece venirles de nacimiento.

No sólo en los grandes foros, tenemos la Volta a Valencia sub 23 que da la medida de lo que decimos, que no es de pros, que viene por detrás, como una bola de nieve que amenaza con quedarse.

Está claro que están aquí, pero en lo sucesivo habrá que ver si superan los malos momentos y los giros da la vida, pero por el momento: ahí van.

Toda esta realidad nos la presenta Nacho Silver, nuestro ciclista de Youtube, una apuesta modesta de inicio que pretende crecer con vuestra complicidad.

¿Nuestras armas para ello?

La misma que han movido este mal anillado cuaderno, la honestidad en lo que comentamos, esta vez de mano de un ciclista de corazón como Nacho Silvero que de esto sabe un rato y nos lo va a demostrar.

La prueba, la tenéis aquí mismo…

Imagen: UAE Emirates

 

La etapa de la Vuelta en Guadalajara: cinco motivos para amarla

La Vuelta etapa guadalajara

En la etapa de la Vuelta por Guadalajara, el ciclismo nos ofreció todo lo mejor que es capaz

Cuando recorrimos con el índice el perfil de las etapas de la Vuelta a España, el trayecto entre Aranda y Guadalajara nos pareció el más prescindible, una transición de doscientos kilómetros, eso sí.

Ocurre además que en este lado de los Pirineos, a veces todo lo que no acabe en alto, que no tenga no se cuántos miles de metros de desnivel y esas osas, como que no cuenta.

Y la realidad nos demuestra que muchas veces estamos equivocaos.

Mientras muchos echaban fuego por la boca en etapas como la de La Cubilla, vimos en la clásica de Bruselas un sprint sublime que acabó con cinco o seis tíos llegando casi a la vez a meta: la photo finish más grande de la historia.

 

Y así las cosas, volviendo sobre la Vuelta y sobre Guadalajara, la carrera nos recordó aquellas jornadas de primavera, camino Soria, como decía la letra, o de Albacete, lugares de páramo, descubiertos, donde se hizo mucho más daño que en las montañas más empinadas.

Porque el recorrido al final lo hacen los corredores y por ende el espectáculo.

Nosotros hemos reunido cinco puntos por los cuales la etapa de Guadalajara en la Vuelta pasa a los anales, no sé si como lo mejor del año, pero sí como de esas cosas que siempre tendrás preparada para recordar cuando surja una situación similar.

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El primer motivo: La etapa de la Vuelta en Guadalajara fue totalmente inesperada

Precisamente por eso, porque nadie se lo temía, aunque se advertía del viento en las horas previas a la salida.

Lo mejor es lo inesperado, lo que genera cero expectativas, ese es el problema del ciclismo moderno, hay alguien que en algún momento prevé que aquella carrera va a ser la hostia, se infla el suflé y cuando aterrizas a realidad es lejana a lo previsto.

Pasó en las etapas de Asturias, donde cada año sucede lo mismo, se vende que tocaremos el cielo y la carrera da para lo que da, y no por culta del recorrido, y sí porque las fuerzas son lo que son e interesa guardar lo ganador.

El segundo motivo: Nadie se guarda nada

Desde niños crecemos con la sensación, falsa, de que el ciclismo en llano es sencillo, consiste en rodar, ir haciendo, pero esta gente no va a eso.

Sus desarrollos rompen la resistencia, propagan el dolor desde cuádriceps a los gemelos, por doquier.

La etapa de la Vuelta en Guadalajara nos gusta porque transmite que nadie se deja nada, si guardas algo, si miras para otro lado, pierdes el tren, los ves partir y adiós.

 

 

 

El tercer motivo: Marca diferencias de antaño. 

Aunque no le fuera suficiente a Nairo Quintana para asaltar el liderato, creo que más de uno imaginamos que, cuando eso estaba a punto de caramelo, estuvo a punto de romperse y a tomar por saco todo.

Fue así, tal cual.

En un instante de duda, Astana no entra a tirar y Primoz Roglic se ve solo contra los primeros.

27 a 29 de septiembre, una cita ciclista en Cambrils 

La sola posibilidad de diferencias de antaño en el presente ya pone los pelos como escarpias.

El cuarto motivo habla de la belleza del rodar… 

La carrera es una sucesión de tipos a full, acoplados, perfectamente en rodamiento, una velódromo sobre un tartán de doscientos kilómetros.

Y ahí se juega todo, se cuece todo, en medio de tanta estética, de tantos cuerpos afilados sobre la máquina, corren historias, miedos y sentimientos.

Un collage tremendo.

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Y el último motivo: volvimos a tener carrera. 

Si la Vuelta salió de Asturias tocada, al menos en Guadalajara tuvimos la sensación de que esto no ha acabado y la renovada fe en el vuelvo se plasmó en la sierra de Madrid, donde a Roglic le cayeron buenos palos.

Así las cosas, el esloveno, que empezó el Giro tan sólido, sabe que esto no acaba hasta Madrid.

En Guadalajara fue ese viento y los Deceuninck en combinación con los Movistar, en la sierra de Gredos dicen que hará mal tiempo.

La situación hay que salvarla y en cada momento sopla el viento, cae agua…

Imagen: FB de Astana Pro Team

Se nos olvida que los aficionados están fuera de la zona de confort de la Vuelta

Vuelta España Joanseguidor

Las quejas de conductores y aficionados de la Vuelta deberían tener un principio de autocrítica que no se da

Se ha creado un cierto revuelo en redes con el comentario de Silvia Tirado, una mujer que cumple las labores de conductora de un coche con invitados VIP, en la Vuelta.

La han defendido algunos periodistas de ciclismo de toda la vida, pero han sido muchos aficionados y cicloturistas los que la han respondido.

Ella siempre ha respondido con educación.

Leyendo el hilo en su literalidad, no creo que se merezca tantas críticas.

Casi siempre habla de que está dentro de la burbuja de seguridad con su coche, esto quiere decir que desde el momento que pasa la moto que abre carrera, ningún cicloturista puede circular por la carretera.

También advierte de los peligros que se general al paso de la Vuelta, y eso está muy bien.

La cuestión es dilucidar quien provoca en mayor medida esas situaciones y la manera en que se producen.

Entonces, ¿por qué recibe tantas críticas?

En el hilo escribe una retahíla inconexa de situaciones que transmiten una sensación de absoluto caos en los puertos de la Vuelta.

Pitar, frenar, esquivar, gente andando, sentados, frenazos y, claro, ciclistas bajando.

No todos los ciclistas, algunos ciclistas, sin dejarse llevar por la retórica de los «conductores-hater», donde meten a todos los cicloturistas en el mismo saco.

Y eso, ¡ay!, duele mucho, y más viniendo de quien viene y en qué contexto.

Y esa retahíla inconexa da a entender que los culpables de todo el caos son los aficionados espectadores que, ilusionados con la carrera vuelven a su infancia y se comportan como chiquillos indisciplinados y desobedientes.

Y que ellos, los conductores de los coches que no son imprescindibles para la carrera como los del jurado, motos enlace, directores de carrera, televisión, agentes de seguridad o directores de equipo,… ellos que son los prescindibles, son los adultos poderosos que se escandalizan con la indisciplina de los niños.

Si hacemos el esfuerzo de creer lo que cuenta, de lo que ve en todos los puertos de montaña, también deberíamos hacer el esfuerzo de creer a todos los que le responden contando experiencias de adultos conductores que ponían en peligro a espectadores infantiles, pero responsables.

Si hacemos caso a las dos partes, la culpa debería de ser, al menos compartida.

Se echa en falta un poco de autocrítica frente a la contundente crítica a los demás.

Y, “ay” eso duele.

 

La última vez que estuve viendo una etapa de la Vuelta fue en Oiz, a un par de kilómetros de meta.

Pregunté a una agente de seguridad, si podía bajar un poco con la bici, y me contestó afirmativamente, pero: “en cuanto pase la moto que abre la burbuja, no te podrás mover del sitio”.

Me hubiera sido imposible, los agentes se veían unos a otros, por lo que no dejarían a nadie moverse.

Y las motos que van dentro de la cápsula también son muy tajantes, no permiten a ningún cicloturista montarse en la bici, y hay muchas motos.

Un diez para la organización.

Si eso no ocurre en otros puertos, quiere decir que la organización no se merece un diez.

Y no decir eso, generalizando con los cicloturistas, ¡ay!, eso duele.

Trabajé dos años, en el 96 y 97, con la organización del Tour como asistente a la dirección administrativa.

En el 98 lo dejé para irme de jefe de prensa del equipo Festina, pero esa es otra historia…

Excepto cuatro o cinco etapas de montaña que las hacía con invitados VIP, el resto de las etapas iba de la salida a la llegada, fuera de la burbuja, con la directora administrativa del Tour, Agnes Pierret.

Yo tenía que respetar las normas de tráfico, al mismo tiempo que subir muy despacio y con mucha precaución los puertos, con aficionados en las cunetas.

Fueron muchas las ocasiones, a lo largo de las etapas, en las que anotábamos las matrículas de coches y motos que se saltaban las normas.

Muchos de ellos fueron amonestados, otros multados y, algunos, expulsados de la carrera.

En una crítica a aficionados y espectadores, que no se haga una sola mención a la existencia de un posible control por la organización de los vehículos que no respetan, eso, ¡ay!, eso duele.

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Son muchos ¡ays! dolorosos que causa con las omisiones y con las entretelas del hilo.

En cualquier caso, no creo en absoluto que lo hiciera con mala intención.

En esto, creo que tiene que estar tranquila, pero no tanto en que quienes la han defendido en redes, son periodistas de prensa escrita que están en la salida y luego en meta para ver la etapa en tv y recibir a los corredores y escribir la crónica.

No es necesario que estén en la cápsula ni cerca de ella, por lo que tienen que respetar las normas y tienen tiempo de subir despacio los puertos. O es corporativismo, o es que están “encapsulados” toda la carrera.

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Para terminar, este cruce de opiniones es muy positivo para que nos concienciemos de los peligros que tiene una carrera ciclista para los espectadores.

Si se produce un accidente ya no hay marcha atrás, da igual quien sea el culpable.

Como muy bien dice Silvia, esto va muy en serio, ¡precaución!

Por Peio Ruiz Cabestany