El ADN Euskaltel admite matices si en ello va la supervivencia

No sé quién dijo que esta crisis se había ideado para manipular nacionalismos y demás identidades. He oído dos versiones al respecto. Una que comentaba que una España fragmentada en el debate regional es más débil frente al FMI, UE y toda parentela. Daniel Stulin, ese sastre de conspiraciones, creo que lo dijo cuando locutaba sobre el Club Bilderberg. También hay tesis en sentido contrario. Que la crisis inducida en las regiones las hace menos autónomas. Lo vemos a diario. Creo que ésta es una versión más aceptada.

Revisando el proyecto

Miremos lo que pasa en Euskaltel con el nuevo patronaje que Igor González de Galdeano mide “prêt a porter” para el cuatro vasco de 18 años. En una entrevista al Diario Vasco rompe tabúes. No vascos en Euskaltel son bievenidos. Hasta diez se manejan. Pocos recuerdo que no hayan sido euskeras de nacimiento. Íñigo Cuesta y Angel Castresana, dos burgaleses, y Samuel Sánchez, ovetense. Tres ciclistas que fueron emblemas pero cinelados por los alarifes de la casa. A imagen y semejana. “No es de donde se nace, sí de donde pace”. Iparralde también ha aportado su granito: Sicard, Cazaux,… Lo demás “made in Pays Basque”.

Igor vuelve un tiempo después como mandamás de las suertes y designios del equipo naranja. Una vez efectuadas las operaciones de cirugía sobre la fundación y demás, ahora el equipo World Tour es una empresa en toda regla, sin sentimientos patrios ni hostias. Contemplan los números y estos  hablan de estar en el top 15. Igor afirma “si para ello hacen falta no vascos iremos a por ellos”. Giro en toda regla a ese plantel de artesanía que era el equipo orange.

Los tiempos arrinconan todo aquello que no se haga con cierta perspectiva de sostenibilidad sobre tamaño y tiempo. Las tornas han cambiado, quien soñaba con un sempiterno equipo euskera que sepa que seguirá, pero que su ADN se matiza, que no se diluye, pues en definitiva, venderán país, Heuskal Herria, País Vasco. Y eso es lo que cuenta.

La canción de la Vuelta, esa trasnochada y desdibujada tradición

“Volar cometas por el cielo, como el sol, como el mar”. Así reza un estribillo de uno de los hits del grupo que pone la sintonía de la Vuelta a España 2012, La Oreja Van Gogh. Vincent Van Gogh fue un holandés universal cuyo talento se pone en cuestión cada vez que este  grupo de sentido comercial, vacuidad de contenido y fácil encaje lírico se sitúa en las ondas o pisa un escenario.

Que el ritmo no pare, no pare, no

Pero al margen de estilismos, cuyos límites ya marcamos desde el primer trazo, lo que viene a coalición es uno de los highlights de la grande hispana. La canción de la Vuelta es una de las marcas inherentes a la realización de la carrera que creo se mantiene por inercia. Más de treinta años lleva este ritmillo acompañando las entonces sempiternas reseñas nocturnas con todo lujo de detalles, despiezadas en análisis varios y enriquecidas con retrospectivas.

Quien no recuerda el estribillo “Me estoy volviendo loco, poco a poco, poco a poco” de Azul y Negro o el “Más y más” de La Unión. Dios, qué tiempos. Las vueltas de Pino, Millar, Kelly, Perico. Años ochenta, Madrid en movida. El ritmillo de la Vuelta golpeaba con fuerza. Arrasaba. Proyectaba la carrera, sus héroes, más allá del circulo estrecho y grueso de amantes de la bicicleta. Entonces a la canción de la Vuelta se le suponía un efecto divulgador que ahora, con todos los respetos, no detectamos.

Recuerdo a la insólita cantante de Nena Daconte, hace un par de años, hablar de la importancia de ser “canción de la Vuelta” su ininteligible “En qué estrella estará” que acompañó a Vinokourov. No creo que vendiera mucho más por estar acompañado la serpiente por toda España. Sinceramente, desde el éxito de Melendi en esa edición que salió de León, hace ocho años, las sintonías no me han acabado de enganchar. Antes la espectacular Patricia Manterola nos obsequió con un ondeante, y justificado “Que el ritmo no pare”. Yo le diría a ella que no pare, no. También hubo bandas sonoras con el tiempo premonitorias. Qué no dirían Jesús Manzano y Eufemiano del “Corazón congelado” de Pastora Soler. Hevia le dio toque galaico a las ediciones que tuvieron cierto color asturiano e incluso Tino Casal, Serafín Zubiri y Gloria Estefan le dieron recorrido a esta íntima pieza, tan arraigada como Naranjito a nuestro primer y único Mundial de fútbol. La próxima vez que vayan a su tienda de discos de confianza, digan quiero el de la canción de la Vuelta, a ver qué les dicen.

Las mil decepciones de Igor Antón

Os voy a contar una interioridad. El primer post que escribí sobre Igor Anton, hace unos meses, me sirvió para darme cuenta de que el blog crecía e influía más allá de lo que un servidor creía. Lo que dije fue esto, ya ves tú.

Vaya la que está liando

Durante la jornada de descanso de la Vuelta, Igor Antón comentó que ser quinto viendo los cuatro primeros de la general sería un excelente resultado. Yo soy director del Euskaltel y rompo a llorar. Un ciclista, cuyo caché no sé pero entiendo que no será pequeño, que ha generado tantas expectativas, que prácticamente ha centrado su año en la carrera que le ocupa –mientras esos cuatro que cita ya vienen con deberes hechos-, no puede demostrar tal nivel de autocomplacencia.

En Eusklatel las figuras desde que Anton ganará en Calar Alto hace cinco años han salido a razón de una o dos al año. Han exportado talento a equipos rivales y foráneos y no descuidado el planteamiento de inicio: todo a la base. Con ello han conformado un grupo humano a su alrededor fiel hasta la saciedad. En el Tour cada año lo vemos, y allí ciclistas de cuño naranja emergen para enloquecer a los suyos. La carrera que hizo Gorza Izaguirre y también Egoi Martínez sostuvo ese argumento este año. Si miramos atrás veremos otros nombres. Allí, en el Tour, Igor no quiere ni aparecer.

En este maraña de artesanía, enredada en la globalidad de un deporte que crece con acento anglosajón, Anton no es consciente de la suerte que tiene y de que en otro equipo le habría puesto las pilas, como creo que habrán hecho con Luis León Sánchez en Rabobank.

El año pasado usó el Giro para explicar su rendimiento en la Vuelta. Este no lo ha corrido, pero afirma no tener el punto de 2010, esa carrera en la que siempre figurará como ganador moral. El año pasado desconectó y se dedicó a su labores hasta que hizo su “bilbainada”, ganado una etapa en la que el sentido táctico de Marzio Bruseghin dejó mucho que desear. Quizá el italiano embriagado por el tremendo pasillo se dejó llevar y se vio naranja.

En esta Vuelta Igor no ha perdido aún las opciones de hacer algo grande. Los que tiene por delante seguro no han mostrado la debilidad que él sí ha aireado, sin embargo no están exentos de ello. Con todo decir que ser quinto es una buena opción, sería para hacérselo mirar.

Tres españoles y un inglés, en una habitación

Aquella Vuelta a España de 2012 que se presentaba en el baluarte pamplonés hace ocho meses despertó algunas críticas en lo exagerado de su trazado, lo desproporcionado de sus dimensiones y lo inequitativo para algunos especialistas en liza. El primer tercio de carrera ha demostrado que ese sentimiento inicial no era erróneo. La ausencia de velocistas ha dejado en manos del mismo las tres llegadas masivas que se han producido, mientras que las pequeñas subidas y demás trampas del recorrido nos han descubierto que el recorrido ayuda pero la clave la manejan los corredores y si estos no quieren no hay trazado que valga.

Cuando se juntan tiembla todo

El primer ciclo de la Vuelta, el oriental, ha estado bonito. De verdad lo digo. El reparto de dificultades alternándose con jornadas en apariencia menos duras, pero matadoras en esencia, ha sido acertado. Otra cosa es lo que venga a partir de ahora. En mi opinión es erróneo el continuo reflejo que se hace de la carrera respecto al Tour. Allí se corrió de una forma, con unos ciclistas muy determinados que impusieron su forma de hacer para acabar llamando a la gloria. Nadie en este país dijo que los Tours de Miguel Indurain fueron aburridos y no creo que en muchos pasajes se diferenciaran al que ganó Bradley Wiggins hace cinco semanas.

Este primer tramo de carrera ha dejado a priori el pescado entre cuatro ciclistas, tres del país anfitrión más un inglés, últimamente el perejil de todas las salsas. Cuatro corredores que han corrido a hostia viva, sin escatimar, como si no hubiera una segunda y tercera semana, algo que en el caso de los cuatro ofrece dudas, pues el rendimiento de todos ellos en esas alturas se adivina complicado prever.

Vayamos por orden. Purito Rodríguez encabeza la general con una diferencia de hormiguita cimentada en el convencimiento de sus propias limitaciones. Un minuto, más o menos, sobre sus más directos rivales es un buen arrimo, pero la crono y las grandes etapas de montaña son dos asignaturas que, a pesar del Giro, debe solventar con claridad. Respiro no le van a dar.

El segundo de esta ristra es el inglés. Chris Froome es un ciclista que nos empezó a sonar con fuerza hace un año a estas alturas. Viene de un castigo llamado Tour, pero antes del mismo compitió poquísimo. La tercera semana no creo que debiera serle esquiva, pero su rendimiento tipo “Guadiana” siempre ofrece dudas. No cabe duda de que si está bien me parece un tipo peligrosísimo, tanto como para acabar dando en las narices las aspiraciones patrias.

Tercero es Alberto Contador, un manojo de nervios y precipitación. Oírle que atacó en Montjuïc por que no conocía el recorrido, él que ganó la Escalada y con auxiliares por delante, no es la mejor manera de generar confianza. Excelente ciclista, siempre lo he dicho, pero con muchos “pájaros”, de todo tipo, en la cabeza. Como los dos primeros con muchas incógnitas por resolver.

Y finalmente Alejandro Valverde quien demuestra en esta carrera la madurez que le falta a sus mentores. Salvado el escollo camino de Valdezcaray, me parece en una forma sensacional como nunca quiere admitir. Está obsesionado con la tercera semana, pero ése parece también el problema, por un motivo u otro de sus rivales, por lo cual pensar en el día a día le seguirá reportando alegrías. Ya lleva dos, ambas además muy similares.

Con este cuatro no podríamos hablar de la “Rendición de Breda” de Velázquez pues aunque las diferencias parezcan establecidas por detrás alguno –holandés para más señas- puede dar la opción de ampliar a alguno más el elenco. Con lo que queda, aventurar una carrera exclusiva entre estos cuatro es pillarse los dedos.

 

Foto tomada de www.biciciclismo.com & Zikliamatore

Hacer negocio es un sano ejercicio, también en ciclismo

Argumentaba Javier Ares el sábado en la post etapa la no presencia del Tour de Francia en la parrilla de Onda Cero el mes de julio. Nos dolerá o no, pero tenía razón. Uno de los pocos buenos narradores de ciclismo que tiene España lo dejó clarito: “Si el Tour no ofrece el atractivo suficiente para suplantar la programación original de la emisora, no merecía la pena el esfuerzo”. Y vino a añadir “sin españoles el esfuerzo era baldío”.

Como aficionado al ciclismo no deja de doler que la “Voz” se prive de la mejor carrera del año, pero el mercantilismo que mueve a toda empresa privada obliga a optimizar, más cuando las cuentas de explotación desvelan.

Entendiendo las explicaciones de Ares y no puedo menos que comprender las razones por las cuales la Vuelta se va a los Países Bajos para salir en 2015. Es comprensible, entendible y recomendable empresarialmente hablando. No hay otra. Si cinco días por las Holandas te cubren más de la mitad de tu presupuesto, se les monta lo que haga falta. Hasta tablaos en cada esquina por donde transite la etapa.  Si tenemos supercopas italianas en el nido de pájaro de Pequín, por qué debemos entender a quienes ven mal tantos días en el norte de Europa.

Hace tres años la Vuelta ya partió de Assen. Fue un sonoro éxito. Gentíos innombrables secundaban el pelotón en salida, transcurso y llegada de la etapa. Una experiencia que Javier Guillén dijo querer repetir, pero que convenía dosificar. No sé yo si fue tan buena idea. Cuando la carrera volvió a España, vía Tarragona, la expectación en las cunetas se redujo a la mínima expresión y las muchedumbres neerlandesas y valonas se vieron contadamente en el territorio de la Vuelta.

El negocio es el sentido que mueve la serpiente multicolor. Eso quien lo dude no pisa de pies al suelo. Lo oneroso del tinglado necesita del equilibrio entre intereses organizativos y del aficionado. Esta necesidad la plasma Unipublic últimamente con más tino que nunca. Se abren a nuevos parajes, no niegan la necesidad de renovar los usados escenarios y por ejemplo esta temporada introducen cimas que causan furor.

Sin embargo el fan es exigente. Nunca ve suficiente y ello implica dejar insatisfechos por el camino. Que si esta subida debería acabar más arriba, que añadiría este alto antes de meta,… debates sanos pues de ellos tenemos una buena colección de escenarios inéditos. Aunque seguimos pensando que el calibre de novedades excede a lo recomendable, nos rendimos a que la Vuelta hasta la fecha está siendo espectacular, tanto que los escasos minutos de televisión que da la obligatoriedad de entrar en La 1 diariamente sintetizan el momento cumbre de jornadas que por otro lado nos consta se están corriendo a ritmo de auténtico vértigo. Luego dirán que si las medias suben es por el chute del personal, pero ¿no quería espectáculo?.

 

Foto tomada de www.biciciclismo.com

Una suma de detalles. Eso es Purito Rodríguez

Siento que en ocasiones se me noten los colores. Es inevitable. Por trayectoria profesional, convives hasta aspectos recónditos de algunos de los deportistas que aquí traemos a diario. Uno de ellos es Joaquim Rodríguez, de quien rara vez he hablado de forma no positiva sencillamente porque nunca me ha dado pie. Hoy incluso a citado a un tipo que aprecio especialmente, su fisio Jaume Hernández.

De Purito podría contar muchas cosas, pero hay una que me entusiasma y no es otra que es un buscavidas, un puta, un vivaracho, un lazarillo sobre ruedas en el siglo XXI. Sí. Hoy viendo el final de la etapa de Montjuïc me acordé mucho de la que finalizó en Mende el Tour de 2010. Recuerdan. Purito arrancó para arriba y Alberto Contador se fue con él. Ambos descabalgaron al entonces líder Andy Schleck.

La situación idónea para los dos. Alberto apuntaba al liderato, el catalán a su primera etapa en el Tour. Hubo incluso tiempo para entablar negociación. Joaquim se lo propuso a Alberto. “Tú la general, yo, la etapa”. Alberto cejó. No quiso saber nada. Purito pensó “pues ahora te vas a joder”. Alberto tuvo que arrastrar a Joaquim hasta meta donde ganó éste último. El madrileño logró el maillot amarillo, pero no la renta que en colaboración con otro ciclista hubiera obtenido.

Veamos que en Montjuïc la situación se planteó similar. Subiendo el castillo allí por donde la Escalada lo hacía desde los años sesenta, Purito se llevó a Gilbert a rueda. Como dijo en la posterior entrevista a Juan Carlos García “no hizo falta ponerse de acuerdo. Los dos sabíamos qué quería el otro”. No es necesario ni saber idiomas. Esto es tan internacional como el “fucky fucky”.

Y es ahí donde Purito nos gusta. Es un compendio. Un ciclista redondo en el sentido de las infinitas posibilidades que por su mente oscilan a cada pedalada. Recuerdo aquel ataque en el Mundial de 2009 cuando hizo bronce. Saltó por el lado inusitado de la isleta, buscando el descalabro deportivo del resto. Cuando le pregunté por ello me respondió con otra inquisición:  “¿Se nota que soy demasiado puta?”. Pues sí que se le nota, pero lo es tanto que nunca sabes por dónde saldrá.

Y es que hoy BCN se ha reconciliado con el ciclismo. Sobre todo la Vuelta a España, por que llenar en el Tour es muy sencillo. La ciudad se ha volcado con un recorrido excelente que me ha recordado a mi querida Escalada a Montjuïc, esa carrera cuyo mejores ciclistas son Eddy Merckx y Marino Lejarreta. En fin, los tiempos buenos, aunque lejanos, a veces vuelven.

 

Foto tomada del facebook Velo Velopassion

Volta a Portugal, esa gran perjudicada por las majaderías del calendario

Este agosto de 2012 se significará como el mes que ha tenido dos vueltas por etapas rodando simultáneamente en la Península Ibérica. La Volta a Portugal que finaliza este domingo en Lisboa ha compartido fechas en gran parte de su desarrollo con los primeros ocho días de la Vuelta a España, una circunstancia que un servidor considera inédita. Mientras aquí vibramos con los duelos en cuesta de los Valverde, Purito y cia, en Portugal David Blanco hace historia sumando su quinto triunfo en la grande lusa, algo sin precedentes.

Y es que la portuguesa es una carrera que al ciclismo español se le ha dado muy bien en los últimos años. Una cosa siempre me quedará por eso en el mar de las dudas. ¿Por qué Liberty si salió tan hastiado del ciclismo, el deporte que le abrió las puertas al conocimiento generalizado, sigue patrocinando en Portugal y no en España?.

Pulsando las sensaciones portuguesas, nuestra amiga Helena Dias nos explica in situ cómo se ha vivido la Volta en convivencia con la Vuelta.

Cuando se supo que este año la Volta a Portugal iba a coincidir con la Vuelta a España, varios fueron los comentarios de desagrado… A la pérdida de la visibilidad en la que la mayor carrera portuguesa ha trabajado los últimos años, se añade la celebración de una de las tres grandes vueltas en medio de la prueba lusa. La explicación dada por la organización de la prueba, Lagos Sport, para retrasar la ‘Grandíssima’ a la segunda quincena de agosto fue la coincidencia con los Juegos Olímpicos de Londres. Además de quererse evitar la coincidencia de fechas en la transmisión televisiva, también se debió al hecho de que los ciclistas nacionales pudieren tener la oportunidad de participar en los Juegos.

En cuanto a la segunda razón, pronto se desvaneció, pues ninguno de los corredores olímpicos seleccionados corren en los equipos nacionales (excepto en el caso de David Rosa, pero en BTT). En relación a la primera razón, el evitar coincidir con los Juegos Olímpicos, supuso sobreponerla con la Vuelta a España a partir de la tercera etapa. Teniendo en cuenta el regreso a la competición del mejor ciclista de la actualidad, Alberto Contador, y el hecho de que algunos de los equipos internacionales que participan en la carrera portuguesa guardaren sus ‘grandes figuras’ para la carrera española, parece que el cambio de calendario no ha sido bien estudiado y mucho menos del agrado de la mayoría.

Quedamos divididos entre varias perspectivas ante la situación. Los portugueses aficionados del ciclismo se dividen como pueden por las dos carreras. Para los portugueses fans de la Volta a Portugal, que sólo siguen el ciclismo cuando ‘Grandíssima’ rueda, este cambio de fechas no afecta en modo alguno en el seguimiento de la prueba. Y después aún hay aquel grupo de lusos que, no siendo aficionados de este deporte, siguen un poco de la Volta y de las tres grandes Vueltas. En este caso, la Volta a Portugal está perdiendo claramente, ya que en la Vuelta a España se sumó este año a un pelotón de lujo la expectativa de ver cómo Alberto Contador lidia con su regreso y, como si eso fuera poco, con varios portugueses en liza. Tenemos que volver a 1997 para ver tantos lusos en la Vuelta. Este año, la entrada del Caja Rural de nuevo en la Vuelta, hizo que sus tres corredores lusos no viniesen a Portugal.

La guinda del pastel es, sin duda, el inicio del campeonato de fútbol, que desvió el interés de casi todos los periódicos de relevancia nacional para el deporte de la pelota. La Volta a Portugal, además de la Volta ao Algarve, es la única carrera ciclista para la que todavía había una cierta visibilidad y este año se reduce a tres periódicos de relevancia nacional (dos de la misma empresa), siendo los regionales, y no todos, los que siguen haciendo todo lo posible para traer al público las noticias de las dos ruedas. En el caso de la televisión, solamente el canal estatal RTP, además de transmitir las etapas en directo, informa de los hechos del día mezclando con algunos reportajes interesantes.

A pesar de todo cabe indicar que una señal de esperanza es el retorno del público a las carreteras, pues este año la afluencia ha sido sido notable.

 

Foto tomada de www.esciclismo.com

Alejandro Valverde, el “jode etapas”

Me entusiasma la forma en que está corriendo Alejandro Valverde esta Vuelta. De verdad. Aquí muchas veces hemos explicado cuestiones que no nos convencen del fenomenal ciclista murciano. Entre otras, esa obsesión por el Tour. Miren que Vuelta está haciendo. Dos triunfos de etapa, a título individual, más otro en la crono por equipos en siete días de competición.

Llegó hecho un manojo de dudas, sigue de hecho en las mismas. No quiso anotarse el papel de líder de su equipo de inicio y ahora le cae con todo su peso. Sin embargo participó con la cabalgada victoriosa de su equipo en Pamplona y a los dos días ya llevó por delante un triunfo en Arrate logrado de forma inverosímil a Purito. Se acogió a las reglas contrarias a la lógica y sin ser primero en la última curva sí lo fue al cruce de la meta del santuario Eibarrés. En la Collada de la Gallina el damnificado fue Alberto Contador.

Cuando los narradores del ente público celebraban el triunfo de Contador como si España ganara el mundial, “vamos a ganar…” se le escapó a Carlos de Andrés, llegó Purito y con éste Valverde para “zas”. Minutos después el locutor no se lo explicaba. No entendió que esto no es matemático, que hay rivales, desniveles, curvas, contracurvas,… los corredores, por mucho que los admiremos, no corren solos. Están rodeados de lobos.

Pero más allá del éxito, adulador y sencillo de describir, Alejandro Valverde me pareció un grande el día de Valdescaray. Al margen de las injustificadas quejas de su director, Eusebio Unzue, quien sabe que donde las dan las toman, Valverde explotó en meta, por el denodado esfuerzo, y dejó correr el tema. Él se vació en un empeño donde seguro muchos habrían claudicado. Por ejemplo persiguiendo como un león para reducir el daño y dando la cara como sólo a un maillot rojo se le supone.

Con una semana cumplida, la carrera es un Chris Froome vs los tres mejores españoles de su generación. El inglés se bate en un terreno desconocido para él, pues es la primera vez que lidera un equipo, que corre dos grandes en un año y con sólo una crono en el horizonte. Sea como fuere gran acierto esta Collada de la Gallina, en un paraje Andorra, que detesto ciclísticamente hablando. Otra cosa fue al retransmisión y la carencia de medios mostrada. En fin, como siempre lo mejor, los corredores.