Una vuelta junior no es como una profesional

Cuando una vuelta junior parece el mundial de pros, mala cosa

La Vuelta a Besaya 2020 ya está en la historia y la retina de todos, por el desenlace final y las miles de interpretaciones que se han dado.

Pero que el bosque no nos impida ver el cielo, es decir, que no nos perdamos en una anécdota que es posible que los dos protagonistas recuerden hasta con cariño y una sonrisa en unos años, porque quizá entonces sean estrellas mundiales o simplemente hayan pasado página del ciclismo, pues un día se cansaron de practicarlo en la agonía.

Lo cierto es que la que posiblemente sea una de las pocas carreras que este veinte-veinte tenga a este nivel en esta categoría plantea algunas dudas sobre su concepción y desarrollo.

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Hablando con calma de la carrera en sí, de su planteamiento, una fórmula tipo challenge, cada día una etapa, cada día una historia, no podría ser mala cosa.

Por medio dejas a chavales que han venido de media España fuera del pelotón, cuando se descuelgan a veces a la mínima, pues la Guardia Civil a veces no puede cerrar muchos minutos la carretera.

¿Qué sucede?

Que el primer día cualquier chaval tiene un problema, pincha o se cae, o simplemente pasa un mal momento, se descuelga y para casa… con dos o tres días de carrera por realizar.

Los equipos, que si una cosa no van es sobrados, tienen un chaval ahí en el hotel, con cara larga y una desilusión que posiblemente acabe con un ciclista menos en una categoría que necesita madera para crecer.

En todo caso, tratándose de una categoría de formación no está de más alguna vuelta por tiempos donde los críos aprendan a gestionar una general por tiempos y lo que ello implica.

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Los organizadores quieren clasificaciones por tiempos porque al final visten más, y te equiparan, si cabe, con el ciclismo profesional, el espejo de todo este pelotón, una realidad que es golosa pero que quizá convendría adaptar.

¿Podría un organizador renunciar a los tiempos por una challenge de carreras sueltas?

Pues convendría planteárselo, porque, volvemos sobre lo mismo, estamos en una categoría de aprendizaje, por eso no entendemos a veces escenas como la del final de este Beasaya, donde parece que se estén jugando el Tour de Francia.

A diferencia de lo de Egoi y Gerrans, estos críos no son pros, ni están en el máximo circuito, incluso diríamos que ellos van a tener más trenes que coger, tienen partido de vuelta, se verán en próximas carreras, en sub23…

y no creemos que una general o etapa de la Vuelta al Besaya sea tan decisivo, cuando lo que importa es mostrar una progresión y que los que tienen que seguirte, estén pendientes de ti.

Esa es la clave, en un deporte donde el palmarés en categorías inferiores no siempre es son sinónimo de éxito.

Y además ¿de qué estamos hablando?

De una vuelta junior, en la que si no eres Juan Ayuso, el coco de la categoría, debes demostrar que vales y lo que vales, más allá del titular o la prensa, pues no creo que salga mucho más allá de los diarios locales.

Al final, jugar a pros en una carrera así es perjudicar a los chavales, hacerles creer lo que no es y en definitiva hacerles crecer con unos valores que no creemos que sean los del ciclismo a esta edad, ganar está bien, pero es más importante coger ciertos hábitos, conocer el oficio y aprender a competir en bicicleta.

Todo lo demás es accesorio.

Imagen: Noemí González

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