Cuando Cañardo dominó la #Itzulia

En una jornada para enmarcar la Itzulia cayó del lado de Cañardo

Viajamos a la España de 1930, cuando Mariano Cañardo, “El primer campeón”, incluyó una Itzulia en su abundante palmarés.

Aquello no fue sencillo, aquella Itzulia Cañardo se la apropió tras una épica jornada que tuvimos ocasión de explorar cuando escribimos su increíble historia.

A saber, dominaba una leyenda como Antonin Magne, y con todo el pescado vendido y un rosario de desgracias en el camino, Cañardo lo puso todo para que aquella Itzulia fuera suya casi bajo la campana. Aquí os dejo el relato de aquel día.

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Porque quedaba un día, el último, el del todo o nada. El cuarto trayecto de aquella Vuelta al País Vasco moría en la margen derecha de la ría bilbaína, al final de todo, en Gexto, y más concretamente en su barrio de Las Arenas. Una jornada quebrada, incesantemente dura, de curva y contracurva al galope por toda la costa vasca, transitando por Zarautz, Deba, Eibar, Gernika y Plentzia. Pero el día, eminentemente costero, tuvo un punto y aparte en un alto, una subida mítica que reclamaba respeto. Antes de llegar al Alto de Sollube, el Styl de Mariano empezó a marear al equipo de Magne con movimientos en Autzagane, a las puertas de Amorebieta. Magne salió todas las veces que se requirió pero cada vez con más dificultad. Marino no cejaba en su empeño, seguía tensando, espoleado por una muchedumbre enronquecida por unos gritos que se le grabaron en el alma. Finalmente Magne cedió. Había sido demasiado. Mariano coronó primero Sollube con un minuto escaso sobre un líder que encontró apoyos por el camino. Magne limitaba los daños y parecía que iba a hacer imposible la hazaña de Mariano. Sin embargo éste redobló esfuerzos.

La caza de Magne parecía estar dando frutos, y el francés llegó a tener a doscientos metros al español. Una fina línea les separaba, una invisible cuerda trenzaba sus destinos. La suerte parecía echada, la hazaña de Mariano parecía más que improbable. Pero entonces, de forma increíble la distancia no solo no disminuyó, sino que se estancó y empezó a crecer de nuevo. La cuerda invisible se rompió. Mariano no rodaba, volaba entre vítores, espoleado por un público que le abría un estrecho corredor hacia la gloria. Tanto grito, tanta carne, tanto hueso, Mariano corría como en un pabellón, un largo pasillo con el cielo por bóveda. Resonaban los jaleos en su oído, casi se podía sentir el eco del momento. Mariano cruzó la meta sita en el velódromo de Ibaiondo con unos cuatro minutos sobre Magne. Cuatro minutos, a los que cabía sumarles tres de bonificación que se llevaba el primero como premio al arrojo y a la apuesta por la victoria. Mariano había ganado la Vuelta al País Vasco con menos de un minuto de ventaja, y lo había hecho en el que siempre recordaría como su mejor día encima de la bicicleta.

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1930 estaba siendo un año indescriptible para Mariano. Con 24 años había alcanzado la cumbre de su evolución física. Su método consistía en cuidarse fuera de competición y en planteamientos tácticos cada vez más acertados dentro de ella. Antes de su victoria más especial, esta de Las Arenas que le reportó la general del País Vasco, había ganado su tercera Volta a Catalunya, en lo que significó su doctorado en la ronda más antigua del calendario español. Hasta la fecha, en casi veinte años nadie había ganado tres veces la carrera; Mariano lo hizo entonces, si bien su proyección iba a ir mucho más allá.

La montaña rusa de Contador mira hacia arriba

El lider, Alberto Contador

Líder destacado del World Tour y ganador de dos grandes carreras como Tirreno y País Vasco, triunfos aliñados con sendas plazas de plata en Algarve y Volta, y todo sumado a éxitos parciales dibujan un panorama presente halagüeño para un corredor que necesitaba buenas noticias como el comer.

Sin ánimo de ser ventajistas, hace pocas fechas firmábamos este post en este mismo blog.

Nos habíamos eco de la portada e interior de la revista Velo Magazine para afirmar que Alberto Contador no estaba acabado.

En el mismo se construían argumentos como las recurrentes adversidades que han sacudido su vida para explicar que 2013 fue un año de transición para este ciclista que en forma es un competidor como pocos hay en su generación. En este cambio de tendencia se barruntan varios puntos.

Todos coinciden en señalar la adquisición de la sapiencia del ex ciclista y ex técnico del Team Sky, Steven De Jongh como clave.

Los métodos de este mentor, que no pasó la prueba del algodón en el equipo inglés, hablan, sobre el papel, porque as particularidades obviamente se nos esconden, de una dieta más idónea, la tranquilidad de las alturas del Teide, donde no sé a qué esperan para organizar un trail con todas las grandes figuras que allí confían su suerte, y entrenos más metódicos.

Es increíble como ciclistas de diez años de profesionalismo demuestren aún que tienen mucho o casi todo por aprender sobre su oficio.

De cualquiera de las maneras a Contador estos cambios le han sentado muy bien. Cambios que han venido apuntalados por un sabor de revancha que desde luego siempre mueve a todo buen competidor y la tregua con el magnate ruso que posee su equipo.

Leyendo entre líneas el arranque de año firmado por Contador encontramos lecturas interesantes

como la crono final de la Vuelta al País Vasco, donde atosigado quizá por la amenaza de Alejandro Valverde, fue el de antaño y sólo superado por un especialista como Tony Martin.

También pasa a los anales su victoria en la etapa reina de la Tirreno, el mejor triunfo que yo le recuerde pues se centró en correr, sin cucamonas ni malos gestos, teniendo sólo la meta y el triunfo como objetivos.

A su vez propinó un buen golpe a uno de sus rivales de nueva generación, Nairo Quintana, una de esas derrotas que sabiendo de la ambición que mueve a estos corredores, seguro que le ha dolido.

Alberto Contador, dominante?

El dominio de Contador presenta también matices. Por ejemplo su principal rival, Chris Froome, no ha estado este año en la disposición de hacerle sombra como hace sólo unos meses.

De hecho el Team Sky ha brillado por su ausencia estos meses de vueltas por etapas y su única oposición ha llegado de la novia de Froome, aparentemente picada por los triunfos de Contador, y la gilipollez de Dany Pate, tuiteando que se comió un chuletón en Irún.

Contador sabe que tiene una fecha en rojo, son los días del Dauphiné, allí donde se cruzará con Froome antes del Tour. Veremos qué pasa.

La Volta demostró que Contador no sabe correrle a Purito

no al menos en la medida de ponerle en apuros. Que el catalán ha crecido en condición y que el madrileño ya no desborda como antes es obvio, pero que Contador no es consciente de que con el líder de Katusha no hay que esperar al final para jugarse los cuartos es un hecho.

Cierto es que la Volta quizá no presentara el mejor recorrido, pero en las etapas pirenaicas hubo opción de hacer daño de lejos, y no lo hizo. Sería por el frío, por el día, por lo que fuera, pero no le probó.

Y por último la estrategia, siempre la estrategia.

Con la Vuelta al País Vasco bien atada no fue de recibo verle tomar riesgos en Arrate.

Él solito se ventiló la única ayuda que le quedaba, la de Roman Kreuziger, cuando sólo tenía que aguantar en trago hasta el santuario pues portando el amarillo, no necesitaba arribar el morro a la cabeza lo más mínimo y tuvo suerte que Valverde, tan elocuente él, no se dio cuenta, porque en la cima eibarresa a Contador se le pudieron haber torcido mucho las cosas y quizá este balance tan espléndido presentara alguna tara.

 

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La Itzulia nació con unos hermanos maleducados

El nacimiento de la Itzulia fue gracias a un periódico que sería el revulsivo del ciclismo español

Siempre me ha gustado más su nombre en euskera para mencionar a la Vuelta al País Vasco: la Itzulia.

Su sonoridad, la belleza de su pronunciación, nos evoca a una carrera mítica y épica, dura y muy exigente, dulce y excitante y, sobre todo, histórica, entrando con modestia, despacio y en silencio, sin ni siquiera imaginarse la importancia que tendría con el paso del tiempo.

Para ver el nacimiento de esta nueva carrera nos hemos de trasladar en el tiempo hasta el año 1924.

Estamos en Bilbao, una ciudad que ya cuenta con 130 mil habitantes, ya que la población ha experimentado un gran crecimiento demográfico gracias a su desarrollo económico e industrial.

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También es época de movimientos sociales, obreros, republicanismo y de nacionalismo vasco, el que se respira en el ambiente de “chiquiteo” que reina en sus calles jalonadas de numerosas tascas.

Los bilbaínos disfrutan de ocho diarios de información general, pero el 31 de marzo de aquel mismo año nace el primero especializado en deportes que se publica ya no sólo en el País Vasco sino en toda España: sale a la luz el periódico Excelsior.

Su director, Jacinto Miquelarena enseguida se rodea de jóvenes y excelentes periodistas que le dan nuevos bríos a la información deportiva.

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Su tirada inicial fue de 20 mil ejemplares, pero siguiendo los pasos de l’Auto y La Gazzetta dello Sport, organizadores de Tour y Giro respectivamente, deciden crear una carrera ciclista por etapas para potenciar las ventas del periódico.

Con la organización de aquella primera Vuelta al País Vasco su tirada ya ascendió a 60 mil ejemplares.

Guadarrama, 18 de mayos, dos rutas… 

De esta manera, la Itzulia, da sus primeras pedaladas el 7 de agosto de 1924 con la presencia de 38 ciclistas en primera línea de combate.

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El recorrido consta de tres etapas para un total de 623 kilómetros y con una participación de lujo, gracias en gran parte a la feliz idea que tiene la organización de solicitar ayuda a Desgrange, el patrón del Tour, que hace gestiones para que los mejores corredores del panorama internacional se den cita en la línea de salida, entre ellos muchos ciclistas franceses que corren en la casa Automoto.

Pero no todos ellos lo hacen de buena gana.

Los hermanos Pélissier, de fuerte y exigente carácter, se presentan en Bilbao con disgusto por tener que venir forzados a correr una prueba en la que no les apetecía para nada participar.

De este modo, están a punto de liarla parda durante el acto de presentación.

 

Lo sucedido nos lo explica La Gaceta del Norte:

“uno de estos famosos corredores dijo que sentía verdadero desprecio por esta prueba, a la que venían obligados por la casa Automoto, pues de no ser así no hubieran venido a correr a España. Estas manifestaciones causaron en los presentes la impresión poco grata que es de suponer. Pero este gesto despreciativo fue coronado por Francis Pélissier al recibir el dorsal que le correspondía, llevándoselo a la nariz, como para sonarse en el mismo. Gracias a la prudencia extremada de los socios del Club Deportivo que escucharon aquellas palabras y presenciaron la fea acción de Pélissier, no se produjo ningún incidente”

Por suerte para ellos, el comportamiento tan poco elegante que muestran desmontados de sus bicicletas queda eclipsado por el excelente nivel que brindan en carrera, con toda una exhibición ya desde la primera etapa, cuando precisamente Francis Pélissier entra en la meta de Pamplona con un cuarto de hora de ventaja sobre el pelotón que llevaba enfilado su hermano Henri.

Al día siguiente, camino de San Sebastián, se invierten los papeles y Henri se lleva la victoria en la segunda etapa.

Los dos hermanos se estaban repartiendo todo el botín de la Itzulia.

Después de la jornada de descanso, se disputa la tercera etapa entre San Sebastián y Bilbao, aunque esta vez la victoria se les escapa a los hermanos en detrimento de otro francés: Simon Tequi.

 

La general queda copada en sus seis primeras posiciones por otros tantos corredores franceses, formando el podio Francis, Henri y Lacquehai.

El catalán Teodoro Monteys fue séptimo y el mejor español.

Los héroes locales, Txomin Gutiérrez y Barruetabaña, lograban unos meritorios 12º y 13º puesto, respectivamente.

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Los hermanos Pèlissier habían ganado aquella primera edición de la Itzulia, pero habían demostrado ser unos señores muy maleducados.

Ya venían precedidos de esta mala fama, de contestatarios natos, y sus exigencias eran la de ser tratados como deportistas de élite y no como ciclistas del montón.

Si bien, todo hay que decirlo, la clase que atesoraban, unido a sus arranques de sinceridad, sus innovaciones en la preparación física y entrenamiento, añadida a una innegable elegancia, dieron otro aire bien distinto a la imagen del ciclismo a principio de los años 20.

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Triunfos anónimos: La Vuelta al País Vasco fue el mejor premio de Iñigo Cuesta

Iñigo Cuesta JoanSeguidor
En ocasiones la vida te brinda trenes a los que no subir implica perderlos para siempre. En 1998 Iñigo Cuesta supo que su tren pasó por Euskadi una tarde de abril camino de la jacobea meta de Viana cuando acompañado de ese ciclista que recuerdo tan elegante llamado Pascal Hérvé cruzó la meta con el colchón de segundos suficiente para saber que aquella Itzula podía suya.
Insertado en medio de un equipo cuya única meta, simplemente, era ganar, la ONCE, Cuesta reforzaba un equipazo capitaneado por “ganalotodo” Laurent Jalabert y una segunda línea con elementos como Mikel Zarrabeitia, Marcelino García o David Etxebarria que ejercían de poderosos argumentos para que las opciones al resto de integrantes fueran más bien escasas.
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Pero hete aquí, que camino de Viana, en la tercera etapa, el genuino burgalés que creció en Euskadi entró en conexión con Hérve para “birlar” literalmente el maillot de líder a su compañero Jalabert merced al minuto y medio largo que se adelantó en la llegada de un pelotón que encabezó Stefano Zanini con un Jalabert, a quien tanto le gustó ganar, cruzó la pancarta sin saber qué cara poner. Con un componente por delante y el líder en casa, desde la ONCE se optó por desentenderse en cierta medida de la carrera y la persecución. Como se vio su pinza fue efectiva.
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Con la carrera bloqueada por los amarillos, con Jaja e Íñigo en el top 2, todo se jugó a la crono final de Hernani donde Jalabert exigió lo mejor de su compañero situándose a sólo tres segundos de él en la general final. Jaja sacó partido máximo a esos 25 kilómetros lanzando a su coequipier a 48 segundos y un poco más allá a sus rivales, el primero de ellos su ex Alex Zulle.

A pesar de su entregada carrera a favor de los demás, el de VIllarcayo fue un ciclista afortunado por que tuvo acceso a muy pocas, pero valiosas victorias, pues a esa general del País Vasco cabe añadirle sendas etapas en Volta y Dauphiné. No obstante, ninguna como otra le supo como esa Itzula.

Las raíces del ciclismo amenazan ruina

Menudos días de confesiones y ajetreos. Nuestros deportistas metidos a autores amenazan con poner todo patas arriba. Rasmussen se une a la fiebre editorial y causa estragos. Tarea ingente tiene la renovada cúpula de la UCI con esta parentela. Ya se lo harán, no obstante, y aunque tomemos distancia, lo que sus errores o aciertos deparen nos afecta, y mucho, la salud del ciclismo va en ello.

Estos días se habla de quién estará o no en el inminente World Tour, de la suerte que correrá el proyecto de Fernando Alonso, de las maniobras de Oleg Tinkov, el bufón de este circo llamado ciclismo, y sin embargo no vemos que nuestros mayores, las carreras de toda la vida, muchas de ellas, vamos, lo están pasando mal y peor que lo pasarán si el plan de la UCI se aplica con la precisión que su hoja de ruta marca.

Como piensa el World Tour

Porque en España por ejemplo la llamada racionalización del calendario ciclista internacional pasa por degradar la carrera por etapas más antigua del World Tour, a excepción hecha de Giro y Tour. Sí me refiero a la Volta a Catalunya y sí me refiero a que carreras vacías de contenido y expresión histórica a como el Tour de Pequín le van a pasar por encima a no más tardar. En el documento que la UCI quiere implantar la Volta a Catalunya pasará a un segundo escalón a partir de 2017 y compartirá categoría con las vueltas a Omán, Dubai y Qatar.

Vuelta al país Vasco, se marcha

Pero la degradación de la Volta no es la única que se impone. La Vuelta al País Vasco también se cae del primer nivel, y con ella Romandía, Eneco Tour y Polonia.

Perfecto, vamos, una jugada maestra, pues en ese ciclo se ponen también Het Nieuwblad –la Het Volk de siempre- Harelbeke, Plouay y París-Tours. Es decir no sólo se penaliza la historia sino probados casos de éxito moderno como Plouay, Harelbeke y Polonia, carreras que demuestran que otro ciclismo es posible.

En el otro lado de la balanza se potencia la adinerada vuelta pequinesa y las carreras de Canadá, donde ni siquiera se ha hecho ademán de recuperar el Gran Premio de las Américas que un día ganara Fede Echave y qué tan pintoresco hacía el otoño más allá del Atlántico.

Incluso se mantiene hasta Hamburgo, como guiño para que un día los alemanes vuelvan a invertir en ciclismo.

Racionalizar el calendario era algo que se imponía, pero el coste es alto. En unos momentos donde la supervivencia fuera del más alto nivel es un milagro, apostar pruebas centenarias a la intemperie es una torpeza de dimensiones colosales. Este experimento se ha realizado en el fútbol europeo eliminando la Recopa y creando de la nada la Europa League, veinticinco peldaños por debajo de la Champions League.

¿Cuál ha sido el resultado? Pues una competición fantasma a nivel continental cuyo único partido importante es la final y el resto morralla de cruces y emparejamientos que muy pocos sabrían explicar. En el fondo, lo de siempre, abrir una brecha más profunda entre los ricos y los pobres.

Y como síntoma del poco aprecio que el ciclismo le tiene a su historia el caso del Museo del Ciclismo de Ghisallo. El recinto está cerca de su cierre.

Sí es el Vaticano ciclista, la Meca del fiel de la bicicleta, el lugar que guarda casi todas las maglias rosas de la historia y la bicicleta original con la que Fausto Coppi batió el récord de la hora en el Vigorelli milanés. Prueba más tangible de que perdemos el norte no podemos encontrar.

Foto tomada de www.ccsantboi.com

Julian Alaphilippe, ante su muro

Julian Alaphilippe Itzulia JoanSeguidor

Tanto Julian Alaphilippe como Primoz Roglic quieren explotar en una vuelta por etapas

Julian Alaphilippe es el ciclista que debe emerger en el Quick Step.

En la cadena del éxito azul, cuando los adoquines toquen a su fin, en ese momento siempre de bajón, cuando se da el cierre en el velódromo de Roubaix, Julian Alaphilippe es el siguiente eslabón.

Pero mientras el francés se afina para las Ardenas, el lugar donde sólo Alejandro Valverde ha evitado su éxito, va haciendo camino en la Itzulia, en la Vuelta al País Vasco.

Dos etapas de dos para Julian Alaphlippe

Este Alaphilippe es un ciclista indescifrable, capaz de todo, de lo mejor, de derrumbarse al día siguiente y resurgir al tercero.

Mirad la París-Niza del año pasado, pasó de ganar una cronoescalada a Contador, a derrumbarse en la montaña, un poco como en esta edición que acabó en manos de Marc Soler, más reposado y sobrio que el francés, y a la postre más efectivo.

En Euskadi Julian Alaphilippe ha encadenado dos días buenos, muy de su perfil, muy de su condición.

Y en esa racha, la impagable imagen de ver un maillot amarillo atacar, en el sumum del prestigio personal y ambición ciclista.

Esta Itzulia suena diferente, se distancia del guión original, que parecía inamovible, el de una carrera que caminaba bloqueada por la crono final.

Lodosa, y la carrera de Roglic

Pero esta vez la crono está justo en medio, y es perfecta.

Un perfil llano, como no se encontraría en Guipúzcoa o Vizcaya, en el umbral de La Rioja, en la huerta navarra, para ponerle emoción a la carrera, obligar al sobreesfuerzo a Primoz Roglic, nuestro favorito, al que sólo las bonificaciones de ser dos veces segundo le separan de Alaphilippe.

De cómo salga el francés en la crono, correrá su suerte en la carrera, pero la solidez de Primoz Roglic impresiona, apabulla, tanto como verle subir con esa seguridad.

El esloveno es un ciclista que hace dos años conocían los muy puristas, viene de deportes de inverno y fue pisar aquel Giro que salió de Holanda, poner en apuros a Dumoulin en el prólogo y ganar la crono de Chianti para situarse en la segunda línea del ciclismo mundial.

Un poco como Alaphilippe, pero lo que Roglic y el propio francés se juegan en esta Itzulia es rubricar una vuelta entera, de inicio a fin, encadenando jornadas, una tras otra, delante, más allá de momentos puntuales.

Primoz Roglig es sin duda uno de los ciclistas que mejores sensaciones transmite sobre la bicicleta.

No sé si alguien se sumará a la quiniela de esloveno y francés, pero sin duda no será sencillo. Tras ellos hay mucha incertidumbre y pocas fuerzas de probar algo diferente.

Será un buen momento para ver si el Movistar de Landa, y Nairo, sabe dar la vuelta a la carrera por mucho que ésta no les sonría con facilidad.

Imagen: © Quick-Step Floors Cycling Team – © David Ramos / Getty Images

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En Hoteles RH todo Levante a los pies del ciclista 

Itzulia: Nairo y Landa, primera parte

Mikel Landa JoanSeguidor

Empieza la carrera invisible entre Nairo y Landa

Morbo total en Zarautz, entre uvas de blanco txakolí, porque la Itzulia, la Vuelta al País Vasco, reúne por primera vez Nairo y Landa en el mismo corral.

Morbo porque desde que se cuajó la entrada de Landa en Movistar sabíamos que el momentum llegaría en la primera que coincidiera y así hasta el Tour, el camino a donde van dos trenes que por el momento no tienen intención de pararse.

Nairo y Landa, el camino tiene paisajes comunes y la temporada, por muy larga que sea, por muchas ocasiones que proporcione, tiene una carrera que ambos quieren.

Nairo y Landa ¿quién primero?

Pero hasta entonces, hay campaña, y sobre todo opciones de ganarse el favor de los técnicos.

Y en esa batalla, que ambos mantienen hasta cierto punto silenciada, País Vasco es el primer episodio.

En Colombia, desde luego, lo tienen claro y también ejercen lobbie.

El otro día nos hicieron llegar este enlace con los puestos firmados entre Nairo y Landa, desde que el ciclismo es ciclismo y ellos, cada vez que han coincidido.

Sinceramente, aunque el recorrido es completo, y la fotografía muy fidedigna, la estadística, por muy favorable que le sea a Nairo, me parece intrascendente más allá de la carga moral que para Nairo pueda valerle.

Porque la carretera, esa que quita y da razones, más en estos casos, puede decir cosas diferentes a la estadística y al final, será lo que valga.

En ese sentido creo que para Unzué, tener dos gallos con pretensiones tan altas, es hasta bueno, porque a la rivalidad ajena al equipo, se suma la interna, sin duda además.

Dos ciclistas, Nairo y Landa, nivel top, retroalimentándose.

Eso es gasolina para cualquier equipo.

La rivalidad entre Nairo y Landa hará funcionar a ambos

En País Vasco, seis días de carrera, hay opción a dirimir diferencias y sumar puntos para esa carrera invisible entre Nairo y Landa.

Y que no se descuiden, porque en Movistar hay un capo, el ciclista que cumple años al revés, que gana más fácil, en apariencia, a las puertas de los cuarenta  que navegando por los treinta.

Alejandro Valverde viendo el percal entre Nairo y Landa se ha dado de baja para el Tour, de baja en ambiciones, queremos decir, y les ayudará en lo que convenga.

Pero no os engañéis, si Alejandro Valverde, en esa labor que dice quiere hacer por sus compañeros, huele sangre.

El año pasado, en el Tour, Valverde salió a por todas en la crono, no sé si eso fue decisivo en su caída, pero pudiera tener que ver.

Además si miramos por ejemplo esa misma carrera ¿qué podría haber hecho Valverde con ese plantel?

Imagen tomada de Movistar Team

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¿Qué le queda por ganar a Alejandro Valverde?

A ver, conociendo, o quizá mejor, intuyendo a Alejandro Valverde, ganar la Vuelta al País Vasco era un objetivo porque se había resistido hasta la fecha, no creo que lo fuera por completar un palmarés de por sí exquisito, que este año ya roza lo humanamente imposible. Si algo no le obsesiona es la estadística, si la bicicleta le sigue llenando.

Con la Itzulia se quita una espinita, una incómoda piedra en el zapato en la vida de ganador que le ha tocado vivir. Un camino lleno de éxitos, triunfos que resumirlo en un párrafo, por eso, también es posible: dos Dauphiné, otras tantas Voltas, País Vasco, cuatro “Flechas Valonas”, tres Liejas, dos “San Sebastianes”, la Vuelta, etapas y podio en las tres grandes, mejor ciclista del mundo cuatro veces, la primera de ellas hace once años,…

¿Qué más se le puede pedir? yo creo que absolutamente nada, porque lo citado anteriormente se completa con un rosario de éxitos, puntuales, singulares y épicos. Cada uno con lo suyo, cada uno diferente. Valverde es el ciclista más increíble que hemos tenido la suerte de conocer, es un antes y un después en el camino, por su carisma, su eterna ambición, su carácter amigable

Y sin embargo, lo estadísticos, los que hurgamos entre líneas, vemos que a este ciclista que lleva 16 años ahí, le quedan hitos, gestas por marcar, que no sé si un día se propondrá o tendrá a bien abordarlos. Porque Valverde es el ciclista con más medallas en mundiales, pero nunca ha decantado uno a su favor. Ese arco iris sería el auténtico colofón, lo primero que nos viene a la mente, si pedirle algo pudiéramos. Un anhelo que nos recuerda mucho al de King Kelly, el corredor con el que debemos referenciar al murciano.

Y si quisiéramos verle con el arco iris, nos gustaría saber a dónde hubiera llegado si Flandes le hubiera convencido para algo más que decir «voy», y al final dejarnos con las ganas. O verle disputar una San Remo como corre Murcia, a cuchillo, aunque con la salvedad que por la Riviera italiana se encuentra con lo bueno y mejor del mundo, estirpe a la que pertenece sin duda. Y puestos a pedir, aquella carrera de Lombardía en la que un ciclista al que le tiene tomada la medida, Daniel Martin, le tomó a él la medida.

Pero no os hagáis muchas ilusiones, esto son pensamientos en voz alta, él es feliz así, siendo como es y corriendo como corre. Todos tendremos un “Valverde ideal”, que él será y hará lo que le venga en gana, y hace bien, pues con esa filosofía se ha perpetuado y alargado en el tiempo.

La Itzulia ya está en ese clamoroso palmarés de ciento y pico victorias, es la última, pero seguro que un punto y seguido. Siguiente parada la Amstel, esa piedra en el zapato que se extraña en un palmarés especialmente rico en las Árdenas. Madre mía si se ve con Gilbert…

Imagen tomada FB Grupo Alejandro Valverde

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