El ciclismo no puede dar que hablar por la basura que deja

Un deporte que se dice ecologista debe dejar el medio como lo encontró

Esta misma mañana, hablando con una persona vinculada a la industria ciclista, me comentaba lo limpia y bien que se vio la subida al Angliru el domingo, una ascensión sin gente, donde pudimos apreciar la carrera sin nada ni nadie  por medio.

La asturiana siempre ha sido una de las cimas más atestadas de la Vuelta a España, pendientes imposibles, con una afición inquebrantable al ciclismo, por toda la España verde, apostaba miles de personas por sus pendientes, si a ello le añadimos que Angliru siempre ha sido una llegada de fin de semana, tenemos la alquimia perfecta.

Esa pasión desmedida, tenía sus costes en forma de toneladas de basura al día siguiente.

Que a uno le gustes las bicis, no quita que pueda ser un cerdo y tiré el papel de aluminio de su bocata a la cuneta con la esperanza que la naturaleza lo reabsorba.

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Aún recuerdo la historia que nos contó Odei Gil desde un Arrate atestado de porquería hace un par de años.

Esto es sobre el público, pero ¿qué decimos de los ciclistas?.

Bien es sabido que la Vuelta a España habilita unos kilómetros para que los ciclistas suelten lastre y luego la carrera ponga una brigada a limpiar lo que dejan por la carretera.

En la etapa que iba a Orense, incluso vimos a ciclistas tirar cosas en la zona de avituallamiento, a poco más de sesenta para meta, y los auxiliares de los equipos recogiendo los desechos.

Esta práctica se afanan a explicarla en la tele, cuando vemos, en ocasiones de forma exagerada, una ristra de porquería surgiendo por los lados del pelotón.

Kilian Jornet abunda sobre el tema por esta foto que puso en twitter nuestro amigo Iker Gallastegi, diciendo que no se puede aplaudir algo que debería ser evidente y de obligado cumplimiento.

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Tiene razón a medidas Kilian…

Si bien es cierto que la carrera se encarga de limpiar, también lo es que, entre que pasan los ciclistas y vienen a limpiar la calzada, algunas cosas pueden extraviarse en medio de la naturaleza, por ejemplo por que sople el viento.

Por otro lado, no son pocas las veces que vemos a ciclistas soltar bidones en zonas pobladas, con gente en las cunetas, e incluso niños reclamando su souvenir, como ese que recibió uno de manos del propio George Bennett.

Otra cosa es el ciclista que sale a hacer su ruta y piensa que el medio va a hacer desaparecer toda la porquería que tire en marcha, eso sucede y sólo hay que ver las cunetas de forma casual para cercionarse.

Eso cuando no se realiza una carrera pequeña por la montaña, con organizaciones modestas que no tienen la estructura de la Vuelta o el Tour para ir limpiando la ruta.

Por eso no compartimos lo que dice Hermida…

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Al final no podemos sacudirnos la culpa mirando a otros, ser limpio es implícito a los valores ecológicos y sostenibles que pregona el ciclismo.

De hecho el alpinista no sólo se ciñe al ciclismo y sí a toda actividad que deja el medio hecho una porquería.

Y como dice Jornet, la industria debe ser sensible a este problema.

Por que al final esto es un tema de todos…

Imagen: Iker Gallastegi

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La Vuelta de otoño ha sido un gran éxito

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Pocas veces una carrera despierta tantos halagos como esta Vuelta en otoño

Una cosa estaba clara, cuando el Tour se puso en marcha, cuando el Giro de Italia hizo lo propio, ya no había marcha atrás, lo mismo cuando la Vuelta de otoño salió de Irún hace menos de tres semanas.

Pocas veces el ciclismo ha sido un asunto de estado e imagen como en este 2020 que llevaremos tatuado en la memoria de por vida.

Si una de las tres grandes vueltas se hubiera interrumpido antes de tiempo, habría sido demoledor, no sólo para el ciclismo, también para la «marca país», de ahí que consideremos que esta Vuelta de otoño haya sido un éxito.

Sólo un dato, y viendo cómo están las cosas ahora mismo en Europa, el Tour no podría tener lugar estos días, con el país confinado, evitando por ejemplo la visita del Giro y Vuelta hace tan sólo dos semanas, e Italia no va por buen camino.

En medio de una pandemia atroz, con la segunda, tercera o la que sea ola poniéndonos al limite, una competición itinerante, un día aquí, el siguiente allí, donde el contacto con el público es el vértice del negocio, ha salido adelante.

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Ni un positivo por coronavirus en casi tres semanas de competición por el norte de España

Una muestra de lo que estamos viviendo: Carlos de Andrés diciendo, camino de La Covatilla: «Nos duele en el alma, pero que nadie en Madrid vaya a ver la carrera».

Así ha sido la carrera, un milagro de carrera que no quiero suponer los años de salud que costará a sus mentores, recuerdo esa imagen de Guillén anunciando el cambio de Tourmalet por Formigal y el cansancio que invadía su rostro.

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La Vuelta 2020 será para siempre la Vuelta de otoño, un recuerdo que será fugaz, pues volverá a agosto, cuando dentro de unos años queramos refrescarla en nuestra cabeza, pero que hoy, con la emoción recorriendo aún nuestro cuerpo, tenemos fresco.

Nunca una carrera ha despertado tantos halagos en lo visual, ese intangible ya se lo pueden guardar en Unipublic, una exclamación unánime: la carrera ha sido un premio para nuestros ojos.

Se conjugó todo en un clima de un otoño adentrado ya en noviembre junto a los parajes de Asturias, Cantabria, Euskadi, Navarra, La Rioja Galicia y Castilla y León, es decir la España verde que muda a ocre para la ocasión.

Luego la participación, bebiendo de las circunstancias de la temporada, al situarse la tercera, la Vuelta corría riesgo con la pandemia y su evolución, pero al mismo tiempo se separaba lo suficiente del Tour como para tener una participación mucho mejor que la del Giro.

Y a ello, se le unieron los corredores, que vaya carrera han ofrecido, sin escatimar en jornadas de luz plana y niebla trepando en las que alguna vez temimos se les hiciera de noche de repente.

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Un éxito que podría haber sido redondo y completo si el itinerario hubiera acompañado.

La carrera ha resultado bonita por que los ciclistas lo han hecho, pero otro recorrido es posible, y en la Vuelta más, siempre tan llena de montaña y llegadas en alto, cuyo abuso, está comprobado, no siempre resulta la mejor opción.

Igual que el Tour se ha dado cuenta y deshace el camino iniciado en la marginación de las cronos, la Vuelta habría de tomar nota.

Sabemos que el Angliru da buenas audiencias, que pone al ciclismo en La 1 y esas cosas, pero este deporte es más que cuestas imposibles y empacho de cumbres, es un deporte donde no siempre gana el más fuerte, porque la estrategia y la gestión de la pizarra juegan su papel.

Sea como fuere, la Vuelta 2020 cierra el libro, una historia de hojas caducas que por siempre guardaremos en el corazón, como un rayo de luz en la oscuridad que nos ha tocado vivir.

Imagen: FB de La Vuelta

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Vuelta: La mejor versión de Marc Soler es ésta

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Otra etapa más Marc Soler deja sello en la Vuelta sin necesidad que gane

La etapa de Orense es el perfecto ejemplo de lo que están siendo la amplia mayoría de jornadas de la Vuelta, una fuga de nivel, ritmo endiablado, alternativas en un trazado que en días como hoy es una delicia y final de infarto.

La carrera no la explica éste o aquel puerto, tampoco la dureza acumulada ni los metros de desnivel, es cierto que los recorridos nos condicionan y nos ponen en alerta, pero es más cierto la carrera la explican y la protagonizan los corredores.

Hete aquí el ejemplo, camino de Orense, en una etapa dos o tres estrellas, sobre cinco, la jornada que nos ha regalado una escapada formada por potros del nivel de Van Baarle, Stybar, Wellens o el propio Marc Soler que disputó a muerte un triunfo parcial.

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Tim Wellens ganó su segunda etapa, un alegrón, por que como Stybar, es un ciclista que enamora, por la forma que corre, compite y toma riesgos, sin mirar para atrás, siendo generoso en las escapadas y supremo cuando el final el conviene, incluso ese de Orense, con giro inesperado al final, y no, no nos referimos al desenlace.

En todo caso, queríamos volver sobre Marc Soler y la Vuelta que está haciendo.

Suponemos que en lo sucesivo el catalán volverá a aspirar a una general, en Movistar creo que no contemplan otra opción, por muy descabellada que sea, sin embargo el registro de Marc Soler sencillamente nos está encantando.

Con las servidumbres justas para la general y el auxilio de un líder, Enric Mas creo que poco nuevo podrá ofrecernos, Soler está cuajando la Vuelta que podíamos imaginarnos en un tipo de su motor.

Es cilindrada pura, un ciclista que deja un surco de vatios por donde pasa que además entremezcla ese carácter discreto con una indisimulable ambición que en esta Vuelta ha surgido como el volcán que revienta.

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Cuando ganó en Lekunberri se quitó un peso de encima que estos días apreciamos le condicionaba en exceso.

Ahora sale a por todas sin mirar atrás, como en su mejor día, aquel que le sirvió para sentenciar la París-Niza que reluce en su vitrina, un lugar que seguro querría tener mucho más poblado a estas alturas, pero que las cosas han ido como han ido.

2020 era el año clave para Marc Soler, sin Landa, sin Nairo ni siquiera Carapaz, tenía el camino libre para ocupar plazas nobles

En febrero ganó en Mallorca y en octubre en la Vuelta, sendas victorias son las únicas de su equipo este año.

Marc Soler tuvo el Giro en el primer punto de mira, pero el plan se viró y acabó en el Tour, donde cogió una forma que luce brillante en la Vuelta.

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En la Farrapona le derrotó David Gaudu y en Orene, Tim Wellens, entre otros, en una fuga de mucho nivel.

Los rivales con los que se la juega Marc Soler son estos y ponen el listón de sus actuaciones

Tanto en la montaña asturiana como por las laderas que dan al Sil, Marc Soler ha sido generoso en las escapadas que ha tomado parte, es obvio que le queda para gestionar las fugas con la maestría de otros, pero no menos cierto que es relativamente nuevo en estas lides y que necesitará crecer.

Eso si se dedica a estos menesteres, si se olvida de generales, cosa que quizá habría de ir pensando por lo que vemos, al menos desde fuera, pues Marc Soler es un ciclista que en escapada y al ataque es la bomba.

Por que hay mil maneras de sacarle una sonrisa al aficionado, y él la ha encontrado haciendo esto.

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Vuelta: Roglic contra todos los fantasmas juntos

La crono de Ézaro no sentencia la Vuelta como a Roglic le habría gustado

La Vuelta a España y su maillot rojo de ida y vuelta caen en manos de Primoz Roglic a cinco días de aterrizar en un Madrid que en fin de semana se confina.

Una carrera, tres aspirantes a estas alturas y tantos pronósticos como queráis trazar.

Para cualquier buen aficionado al ciclismo, cualquiera de los tres de adelante vale.

Richard Carapaz es un ciclista que sólo puedes querer, ambicioso y valiente, que corre con lo que tiene, busca rendijas en los rivales y acaba sacando la cabeza… casi siempre.

Ha perdido el rojo en la crono, pero sale mucho mejor de lo que podía esperarse, pues está con menos de un minuto y cuatro etapas para hacer la vida imposible a Roglic.

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Hugh Carthy nunca ha llegado tan arriba tan adelantado en una grande

Su alambrado cuerpo, con la consistencia que mostró en el Angliru, con una crono excelente, nos hace pensar que éste no ha venido para quedarse aquí.

Está muy bien gestionado y crece por momentos, su contrarreloj es una muestra de ello, sin ser un especialista, al menos sobre el papel, o por lo que teníamos entendido, ha sido una delicia verle rodar, acoplado, siendo uno con la máquina.

Como Carapaz tiene por delate cuatro días para sacar lo mejor del recorrido, sabiendo además que está en un equipo que logra las mejores actuaciones cuando actúa de modo coral, todos para uno.

Education First es un equipo con la sorpresa y la anticipación en el ADN, pero sobre todo ambicioso.

Dudo mucho que se queden quietos, incluso antes de La Covatilla.

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Y luego un ciclista que es admirable, sencillamente tremendo, Primoz Roglic, que brilla incluso cuando no gana apabullando, incluso cuando no lo hace arrasando, como muchos preveíamos para esta crono.

Roglic tiene un palmarés terrible forjado a base de intimidación materializada en la ruta, pero a veces las cosas vienen apretadas y surgen los problemas.

Él ya tiene experiencia en perder cosas que parecían aseguradas, pero no por eso rehúye el contacto ni el capricho del destino.

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La crono le ha dado el maillot rojo de nuevo, él dice que mejor llevarle 35 segundos al rival, que ir por detrás, es cierto pero sabe que esa diferencia no es definitiva ni tranquilizadora.

Lo sufrió en sus propias carnes en la crono final del Tour, cuando iban pasando los días y Pogacar se le mantuvo a una distancia engañosamente segura.

El otro día en el Angliru dijimos que Roglic lo tenía tan seguro como incierto, hoy nos reafirmamos.

La semana final de la Vuelta no tiene grandes cimas, pero tiene trampas, un terreno pestoso tipo Guadalajara o Toledo el año pasado, o Gredos, un terreno áspero y complicado de controlar, donde frío y lluvia amenazan.

El año pasado Roglic ganó con más holgura, pero los sustos se los llevó en el cuerpo

En cómo maneje la situación le va la segunda grande de su carrera.

Y no queremos descartar al resto, por que mil cosas podrían pasar, Dan Martin no tanto, por que es más diésel, pero ¿y Movistar? ¿y Enric Mas?, lo suyo consiste en solventar una temporada muy mejorable en cuatro o cinco días.

No creo que ganen, pero se pueden llevar alguien por delante.

Hay Vuelta, vaya si la hay,

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Vuelta: Movistar hace su carrera y por el momento bien

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A Movistar no le queda otra que endurecer la Vuelta a España

En la aproximación a Moncalvillo, pero también en jornadas anteriores, el Movistar Team ha sido parte del paisaje que luce precioso en esta Vuelta.

Azules celestes sobre fondos ocres, entre montañas que reciben sus primeras nieves y un ritmo endiablado para dibujar los prolegómenos de los grandes momentos de una carrera en la que muchos aficionados muestran impaciencia con Enric Mas.

Si bien es cierto que Mas llega cada día con algo de retraso respecto a Roglic-Carapaz, ya está casi en los dos minutos de desventaja, también lo es que el mallorquín se ha ganado la confianza ante lo que pueda hacer cuando la carrera entre en zona roja, aquella en la que todos acaban cediendo por puro y duro cansancio y acumulación de esfuerzos.

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Es cierto que las actuaciones de Movistar en la Vuelta podrían parecer, en primera vista, la de teloneros de Jumbo e Ineos, que entroncan con otras edicione,s en las que los celestes han puesto mucho para recoger más bien poco.

Pero en la lógica de las grandes vueltas la vista no hay que ceñirla a un día en concreto, hay que mirar en perspectiva: lo que hagas hoy puede afectar en unas etapas, pues la clave de la acumulación de esfuerzos cada corredor la maneja a su antojo y según sus posibilidades.

Llevar la Vuelta a ritmo vivo como hace Movistar es una estrategia que no se ciñe ni a Moncalvillo ni a Formigal, en todo caso busca la incomodidad del personal para que en la tercera semana más de uno acabe pidiendo la hora, cuando no reventando.

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Recordemos que si Primoz Roglic y Richard Carapaz parecen las mejores individualidades de la carrera, Movistar es el mejor equipo de la Vuelta, y no, no nos referimos al ancestral amor de los telefónicos por la clasificación por bloques, nos referimos a que tienen ocho tíos capaces de llevar esto a ritmo endiablado para desnudar las carencias de algunos.

Enric Mas no va como Roglic ni Carapaz, hoy, la semana que viene veremos, sin embargo el mallorquín tiene un equipo que no tienen los otros dos y eso es lo que debe hacer valer.

Y ya no sólo, remando y remando con Erviti, Rojas y Verona, también con el tándem Soler-Valverde, que en el mano a mano con los mejores no pueden, pero que en el largo radio tienen posibilidades de minar el camino de los rivales, más ahora que todavía están a distancias de poder inquietar a la concurrencia.

Por eso a Movistar no le queda otra en la Vuelta, necesita y debe exprimir el limón hasta dónde dé y confiar en la proverbial capacidad de Enric Mas de sacar sus cartas en la tercera semana.

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Vuelta: Roglic no concede el rojo

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Roglic no suelta el rojo de la Vuelta ni en el aranque

Ya ha arrancando la Vuelta de octubre y Roglic sigue de rojo.

Cualquiera que estuviera en la piel de Roglic hace unas semanas, aquella tarde de septiembre, en la Planche des Belles Filles, hubiera cogido su bicicleta y la tiraría ladera abajo, sin querer saber de ella en mucho tiempo.

Pero no lo hizo, no se descolgó de ella, siguió a lo suyo, prosiguió en el Mundial, ganó esa Lieja de final surrealista y confirmó su presencia en la Vuelta, en lo que consideramos en su día un ejemplo de profesionalidad que necesariamente había que reconocer.

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El arranque de la Vuelta ha sido en martes, a finales de octubre, con hojas muertas y asfalto húmedo, cuando no mojado, entre Irún y Arrate.

Una etapa de montaña para abrir una carrera que cuando se programó no se sabía que iba a ser en estas fechas, por que de lo contrario, el norte debería haber sido el epicentro del trazado, pero es lo que hay, es lo comprometido y este atracón de montaña y emboscadas hay que cumplirlo, incluso con la meteorología de la «España verde» en otoño.

En fin que en Arrate hubo imágenes familiares, Jumbos en el grupo de cabeza, entre los perseguidores, también por detrás.

Sep Kuss hizo la selección, ahí aguantaron los que creemos serán protagonistas de la carrera, nos dan buena impresión Richard Carapaz y Enric Mas, junto a los que puedan unirse por detrás.

También aguantaba Primoz Roglic quien se relamía en cada kilómetro que se culminaba sin novedad.

Sin Pogacar para porfiarle la llegada, era el gran favorito y cumplió: once meses después de vestirse de rojo en Madrid, no suelta la prenda.

Veremos qué sucede de aquí a Madrid, con el firme deseo de que esto que empieza ahora, logre llegar a buen puerto, otra cosa es que a Roglic le cunda hasta el final.

No es la primera vez que golpea primero y la cosa se le atraganta, como decían los gitanos «preferimos buenos finales a mejores inicios».

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-escrito el 19 de octubre-

Roglic viene a la Vuelta a hacer su trabajo, no a ganar un concurso de simpatía

En el día de antes de una Vuelta que empieza en martes, arribando a Arrate, un 20 de octubre, cuando repasas el listado de inscritos, muy bueno por cierto, y ves que con el dorsal uno Primoz Roglic va a defender su título del año pasado, sólo puedes decir chapeau.

El esloveno es sin duda protagonista de una de las historias más chocantes de esta minicampaña y yo creo que de la historia reciente del ciclismo.

Su derrota con Tadej Pogacar, varias semanas después, seguramente le siga costando horas de sueño, sabiendo en sus propias carnes cuál grande es la diferencia entre ser primero y segundo en algo como el Tour.

Roglic recompuso las piezas de aquel destrozo físico y emocional y se ha rehecho para ser el corredor que ganó Lieja y regresa  a la Vuelta.

Esto es Primoz Roglic, a quien el mazazo del Tour le pilló trabajando, con la conciencia tranquila, soy de los que piensa que si no hizo más, es por que no tenía, pero en forma ya en el Mundial, llegó en el grupo de los mejores tras Alaphilippe y ganando la Lieja.

Y es ahí, en el centro de la capital valona, donde el esloveno nos demostró que en el ciclismo es tan importante celebrar los buenos momentos, como encajar los malos.

Roglic venía de un agosto interesante, ganando carreras, cincelando la forma para Francia y pasando el surto del Dauphiné.

Cualquier otro, con una campaña con la suya habría echado el cierre, de hecho han sido unos cuantos que con menos lo han hecho, un saludo a Landa, pero no, la Vuelta vuelve a contar con Roglic.

Roglic en la Vuelta ¿Sus opciones?

Es una apuesta abierta, sobre el papel, no vemos a nadie mejor que él, si la forma le acompaña, otra cosa es lo que vaya sucediendo durante la carrera y de lo férrea que sea la intención de trabajar para Tom Dumoulin en un trazado que no le va nada al neerlandés.

En esta Vuelta de rompe y rasga, donde la acumulación de llegadas en alto es la norma, en la que la crono se reduce a un entremés al muro de Ézaro, Roglic puede ser mejor opción que su compañero.

Una segunda victoria en España no le resarciría de lo que pasó en la Planche des Belles Filles, pero su sola alineación debería alimentar un aplauso unánime entre la afición, más allá de si es más o menos solícito con la prensa o los aficionados, estos por cierto hablan bien del esloveno.

Roglic viene a la Vuelta a hacer su trabajo, no a ganar un concurso de simpatía y con todo lo que lleva en esta cargadísima campaña, es muy de agradecer que venga a defender el primer dorsal.

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El eternamente enfadado aficionado ciclista

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El aficionado ciclista medio es posiblemente el más crítico de cuantos existen

El día que hablamos con Javier Guillén sobre el presente de la Vuelta e hicimos ciertas aseveraciones, teníamos claro que no iba a llover a gusto de todos…

Así las cosas, el recorrido, el tema del recorrido, tan manido y ridículamente polémico, no porque no sea importante y sí porque hay gente que pierde los papeles hablando de él, decidimos no tocarlo más allá del tópico que el organizador cree que su carrera tiene su personalidad marcada, más que ninguna otra grande.

Nosotros estamos de acuerdo a medias, creemos que tiene personalidad, además matizada con el tiempo, porque el «cuestacabrismo» aunque presente no es lo que era, con un estilo reconocible de etapas si bien para nosotros el Giro es la grande por excelencia, sobre todo por la deriva del Tour de Francia.

Pero esto que decimos, lo decimos nosotros porque es lo que pensamos nosotros, como aficionados y gente que vive casi por y para todo esto, otra cosa es lo que gusta fuera de nuestro reducido universo, de cuyas dimensiones a veces no somos conscientes.

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La Vuelta ha instalado un perfil de etapas que, al parecer, da buenos números, le da buenos números: audiencia, interés, patrocinios.

Eso lo dicen ellos.

Y no es una Vuelta para satisfacer al público ciclista es para llegar al mayor número de personas por España o por el mundo.

Es como cuando una vez un amigo se quejaba de que le daba igual el monasterio por donde pasara la carrera sin reparar que hay mucha gente en Italia o Alemania que puede ver la carrera por el paisaje y saber más de España y sus próximas vacaciones.

Es hablando con gente como Guillén o como Carlos de Andrés, a quienes hemos criticado no pocas veces, y seguramente sigamos haciendo, cuando nos percatamos de esa realidad, que gustará o no pero es la que es.

Sí es cierto, las mejores etapas de la Vuelta en tiempos recientes son a saber:

Fuente Dé en 2012

Sierra madrileña en 2015

Formigal en 2016

Guadalajara en 2019

Es decir jornadas sin cuestarrones, de perfil clásico, de manual, de toda la vida, pero ello no quita que un Mas de la Costa o un Ézaro, que son muros de hormigón te llenen de gente el otro lado de la pantalla y al organizador le salga rentable.

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Curiosamente parece que el ciclismo en diferido está funcionando bien esta primavera.

El otro día hicimos esta reflexión sobre la reposición de Flandes y la victoria de Bartoli. 

Al respecto recogemos este extracto de la newsletter que envía Cuadernos del Ventoux… 

Un pequeño éxito. No hay ciclismo en vivo pero sí en diferido. Teledeporte emite diariamente una etapa o clásica histórica. Le está yendo bien. Como analiza @CiclismoEnTV, las redifusiones aglutinan a una media de 90.000 espectadores. La Vuelta o el Tour tienen las mejores audiencias; el efecto «español» no es tan agudo como podríamos imaginar.

   El ciclismo es con diferencia el deporte más visto cada día, por encima incluso del fútbol. Hay hambre de carreras. Indurain y Lejarreta dispararon la audiencia hasta el 1% del          share, un dato reseñable en pleno parón competitivo.

  El Tour Flandes de Bartoli atrajo al menor número de espectadores (49.000). Pero incluso aquel día, coincidente con un Madrid-Barça, el ciclismo fue el deporte más popular. Y     la tendencia es positiva. Cada vez hay más gente frente a la pantalla.

Es decir, lo de Bartoli fue tremendo, épico, pero en el balance la gente va a lo seguro, Indurain y Lejarreta… en fin que una cosa es lo que nos guste y otra lo que vende ahí fuera.

Por cierto, para quienes pensamos que como el ciclismo de los ochenta no hubo nada igual, que sepáis que he leído a millennials decir que Val Louron, Tour 1991, les pareció un tostón.

El dilema colombiano del Team Sky

Ayer mismo ahondábamos sobre los problemas que dieron con el final del Euskaltel, señalando uno de los principales resultó el perverso y triste sistema que la UCI ha instalado para dirigir la suerte del ciclismo al máximo nivel. Cyrillle Guimard lo resume en su obra como una suerte de mercadeo cárnico con una mezcla de puntos y dinero por medio que todo lo hace fluir.

En esta antesala de la Vuelta a España tenemos un triste ejemplo de cómo los equipos, por muy grandes e importantes que sean, deben maniobrar ante las dificultades que el sistema impone de forma sibilina e imperceptible, a priori, pero machacona e hiriente al final.

Tenemos el Team Sky que para la ocasión trae un nueve de lujo, como no podía ser de otra manera, pues manejan una plantilla de escándalo y al tiempo la Vuelta es la grande que les abrió el camino al bienio victorioso en el Tour cuando hace dos años Froome y Wiggins se personaron en el podio de Madrid.

El equipo negro presenta una bicefalia colombiana en las Rías Baixas. Rigoberto Uran y Sergio Henao componen la punta de lanza un  bloque que cuadran Edvald Boasson Hagen, Dario Cataldo, vasil Kiryienka, Christian Knees, Salvatore Puccio, Luke Rowe y Xabier Zandio. Se trata de un nueve que no tiene otro objetivo que ganar.

En su comunicado previo al arranque de la carrera, Sky comenta que la baza de Henao goza de mayor peso que la de Uran. Se justifican en lo descargado de la temporada de uno y otro, cuando la de ambos es casi calcada y no creo que disputar la segunda plaza en el Giro haya mermado a Uran frente a Henao por que al final ambos concluyeron una carrera que resultó durísima.

La sensación que subyace es la misma que padeció el año pasado Jakob Fuglsang en el Radio Shack, una vez su equipo supo que el danés se iba a Astana. Viendo el Tour que realizó el que fuera delfín de los Schleck se toma la medida de cómo los equipos son capaces de pegarse un tiro en el pie antes que darles puntos a los rivales. Dicho de otra manera, en Team Sky parece que prefieren atar en corto las prestaciones de un ciclista fiel y leal como Uran, antes que darle rienda en un recorrido que se le adapta a las mil maravillas. Uran ha cumplido sobradamente sus servidumbres hasta la fecha, y quién sabe si su suerte hubiera sido diferente de no haber esperado a Wiggins en el Giro.

Pero quizá haya algo que los Excel de Dave Brailsford no contemplen y es que los líderes, a no ser que sean muy obvios, los marcan la carretera. Es ese signo a fuego que marca tu caballo ganador y que la suerte de la carrera determina más allá de los designios de los técnicos. Hace dos años mantuvieron que Wiggins era líder absoluto hasta que llego Cobo ¡y pam! Sobre el papel Uran parece más sólido que Henao, pero repito, sobre el papel, la carretera le dará o no la razón al técnico que mayor talento maneja en el pelotón.