Vuelta San Juan: ¿Era necesaria esa lluvia de papelitos en meta?

Vuelta san Juan llegada JoanSeguidor

Cada llegada de la Vuelta a San Juan fue un explosión de papelitos

 

Que la Vuelta a San Juan tiene un mérito importante es innegable.

Es una carrera en Argentina, donde el ciclismo no es deporte nacional, que abre cada año la campaña desde el Sudamérica, compartiendo «honores» con el Down Under, la carrera del World Tour en el otro punto del globo.

En una región en la que Colombia eclipsa por la cantidad de estrellas que es capaz de sacar en el juego, el ciclismo argentino se hizo un hueco en el corazón del aficionado que ya en enero e inicios de febrero quiere ver ciclismo.

 

Pero a todo ello se le añade que no vienen malos galgos a esta punta del mundo.

Es obvio que las caídas de los primeros días no ayudan a la prueba, pero la Vuelta a San Juan no se juega entre gente desconocida.

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Que la gane Remco Evenepoel, el vueltómano de veinte años del Deceuninck, es la vuelta de tuerca que pone en el mapa de la historia esta carrera.

Cuando miremos dentro de un tiempo, atrás, y recordemos esto, la «grande argentina» quedará retratada.

Pero ello no quita a que cierta angustia nos recorra cada vez que vemos una llegada.

La lluvia de papelitos que soltó la organización en cada llegada, pareció un peligro superfluo cuando la etapa se juega al sprint.

El efecto escénico es bonito, sin duda, pero no sé si el riesgo merece la pena por una foto.

Vuelta a San Juan  Gaviria JoanSeguidor
UAE Team

El ciclismo toda la vida se ha corrido sin confeti en meta -algunas salidas lo hacen-, y no creo que a la Vuelta a San Juan le valga la pena este doble filo para dar que hablar, porque lo logra sin necesidad de abalorio alguno.