#Moment2020: Van der Poel y Van Aert en el otoño flamenco

Van aert Van der Poel

La rivalidad de Van der Poel y Van Aert lo lleva todo al extremo más extremo

Recordado esa tarde de Flandes, con Van der Poel y Van Aert, tomamos la medida que la historia del ciclismo, del deporte, se resume muchas veces en rivalidades y antagonismos que definen actitudes ante la vida.

Dualidades que escriben paginas doradas y canalizan pasiones, eso es algo que no siempre se da, no al menos en la abundancia que nos gustaría, que coincidan tanto y tantas veces como nos gustaría, llevando todo al extremo, al borde del error, del desfallecimiento y el sufrimiento.

Por que ¿cuántas veces coincidieron Boonen y Cancellera a tope? unas cuantas, pero muchas menos de las deseadas.

Y otros tantos… por eso valoramos cada sorbo de un Van der Poel vs Van Aert, como lo que es, un premio al ciclismo y lo suyos.

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Una historia de rivalidad que se trenza en los años y saltó del ciclocross a la carretera para desembocar en su hábitat natural, Flandes, De Ronde, el Tour de Flandes, despoblado de público, anidado de miradas y cámaras… un relato tremendo.

La tarde que Flandes se paró no era una de abril, era de octubre, consecuencia del veinte-veinte y la fragilidad que la humanidad ha experimentado en primera persona, una debilidad que no va con estos, no cuando montan una bicicleta y no piensan en el cielo como límite.

En el Van der Poel vs Van Aert existe un premio moral que parece que trasciende al peso de una carrera que, no olvidemos, cambia la vida de quien la gana.

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Con la participación estelar de Julian Alaphilippe, el detonante de todo, empezó el show de dos corredores que sencillamente no entienden esto como un juego de pizarra, lo llevan al extremo de todo.

Y como cuando coinciden en cualquier ciclocross desde que eran juveniles, llenando de color cada carrera en la que tomaban parte, empezaron a ponerse a prueba, el uno al otro, desafiando en cada recta, cada giro, en el Kwaremont, desaliñado y viejo, el Paterberg, recto y empinado, hasta llegar a la misma meta de Oudenaarde de la mano, como otras tantas veces.

Mathieu Van der Poel ganó, por muy poco, Wout Van Aert demostró que en la segunda plaza existe la grandeza de quien, armado con certeza de haberlo dado todo, ofrece al público lo mejor cada vez que se pone un dorsal.

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Sinceramente, esa tarde, y todas las tardes, Van Aert habría sido nuestra apuesta, por muchos motivos, en especial por que es la viva imagen del ciclista que todo lo quiere y que a nada renuncia, pero Van der Poel es el niño maravilla, un tocado por las hadas, que lleva el gen Poulidor en el ADN y recuerda que esa saga nunca morirá en nuestros recuerdos.

Desconozco totalmente cuál es la relación de Van der Poel y Van Aert, se han visto hasta en la sopa, llevan diez años dándose cera en mil sitios, haciendo fortuna juntos y por separado, pero una cosa tengo clara, esa tarde de Flandes en alfombras de hojas muertas es un regalo que lleva la rúbrica de ambos.

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Wout Van Aert no conoce la zona de confort

Wout Van Aert JoanSeguidor

Las vueltas por etapas es el nuevo objetivo de Van Aert

En un top ten de la campaña que acabamos de despedir Wout Van Aert estaría sí o sí con una omnipresencia comparable a la de su compañero Primoz Roglic.

Y digo compañero, pues Roglic será el más laureado del equipo, pero Van Aert se ha ganado comer de la misma mesa con los mismos honores, todos ganados en la ruta y la admiración de quienes apreciamos lo bueno de este deporte.

Pero el veinte veinte, a nivel ciclístico, es historia para Van Aert, que trabaja en sus duelos estelares con Van der Poel en unos cuantos ciclocrosses de una extraña campaña, mientras prepara la carretera con apertura de miras.

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Por que la pregunta que surgió en el Tour, cuando Van Aert se convirtió en el gregario más hiriente de Jumbo, dejando el grupo en los huesos, quitando toda gana de atacar al maillot amarillo, mucha gente empezó a preguntarse por su posible rendimiento en vueltas por etapas.

Y aquí está la respuesta…

El Wout Van Aert de 2021 será un corredor que se armará para las grandes clásicas, como no podía ser de otra manera, defiende, por ejemplo dorsal uno en Strade y San Remo, pero que también buscará suerte en las vueltas por etapas, una suerte que difícilmente le será esquiva, con el poder que ha demostrado en la escalada, la habilidad que tendrá para cazar bonificaciones y lo bien que rueda contra el reloj.

Esa polivalencia no es un clavo ardiendo, es un mullido colchón para un corredor que no conoce la zona de confort.

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Wout Van Aert va dando saltos, escalones que salva con la misma tenacidad que le ha dado un palmarés ya impresionante sin tener, de inicio, el don del que goza su archirival de siempre, quien parece hacerlo todo mucho más sencillo.

Para Van Aert, nuestro Miguel Angel, el ciclismo es su campo de batalla, territorio de actividad, sin distinguir límites ni poner puertas.

Las cosas son así, la zona de confort no existe, ni se le espera, amasa sapiencia en todos los terrenos y lo que fue un ciclocrossman de leyenda, se convirtió en un rutero excelente, con una puesta en escena que impresionó, subiendo con Trentin y Van der Poel al podio de aquel europeo en Glasgow o el de la Strade, un año después.

Dos días de perros ambos, de esos en los que cruzas irreconocible la meta, como en la Strade que ganó en su versión de agosto, una Strade seca y cálida, en la que el polvo lo generaba la ruta y la humedad, la sudoración de su cuerpo.

Aquel día también cruzó la meta irreconocible, pero feliz por hacer caer un muro, otro.

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Como el que derribó cuando batió a Alaphilippe en la meta de San Remo, en la misma en la que un año y pico antes el afilado francés dominó a placer todos los tiempos en un grupo lleno de estrellas, entre otros Van Aert.

Así las cosas el camino del triple campeón del mundo de ciclocross apunta a otros terrenos, las vueltas por etapas, en principio de una semana, sabiendo que tiene madera para dar ese paso y ¿quién sabe? pensar en grande, es decir en las grandes.

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Van der Poel y Van Aert hacen que el ciclismo merezca la pena

Van aert Van der Poel

Flandes nos dio el epílogo soñado: un sprint entre Van der Poel y Van Aert

Cuando Julian Alaphilippe aceleró por primera vez en la cresta del Koppenberg, a más de cuarenta de meta, con Mathieu Van der Poel, primero, y Wout Van Aer, acto seguido, cerca de su rueda, el Tour de Flandes empezó a ser epopeya y poesía.

Lo primero con Alaphilippe callando aquellas voces que le acusan de «posturitas», corriendo a pecho descubierto en un terreno que no conoce, que le era indómito, con los dos mejores, sobre el papel, con él.

Su caída  contra la moto fue un mazazo en una tarde fría y otoñal, como acostumbraban a ser las primaveras en Flandes.

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Un mazazo que al final nos dejó el duelo que todos esperábamos…

Un duelo que a un kilómetro de meta se inició con los zig zagas, Van der Poel por delante, vigilando que Van Aert no le saltara antes de su distancia, con el pelotón a la vista, poniendo presión a una situación ya de por sí legendaria.

Pasaron el cartel de 500 metros, el de 400, el de 300… nadie se movía.

Van der Poel no quiso cometer el error de la Flecha Brabançona, se puso delante, dejó a Van Aert en las vallas y pam… primer monumento para Mathieu, 34 años después que Adrie, su padre, en un terreno donde el abuelo Poupouno se prodigó en exceso.

El Tour de Flandes soñado, el mano a mano soñado por las rutas que hicieron la fe, maldita sea la moto que se cargó las opciones de Alaphilippe, en una carera que creo nos merecíamos: en un año asqueroso, lleno de incertidumbre y zozobra, con los dos cocos que nos emocionan desde los años del barro, en invierno, mano a mano, a pelo… creo que podemos decir, por primera vez desde que Flandes nos propuso este recorrido hace ocho años.

Ha dado la talla en un contexto de igualdad supina, ente dos que entran en las grandes rivalidades de la historia.

Van der Poel, Leonado, el hombre genio, al que queríamos ver ganar a pelo, sin exhibiciones ni abrumar, tirando de manual y gestionando la situación.

Van Aert, Miguel Angel, dotado de genio cincelado con trabajo.

Ganó Mathieu por un alfiler de ventaja, gracias chavales por hacer grande el deporte que amáis y nos hacer sentir.

El ciclismo, los aficionados, estamos en deuda con vosotros.

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-escrito el 11 de octubre- 

El pique Van Aert vs Van der Poel aterriza del todo en la carretera

Wout Van Aert y Mathieu Van der Poel no han coincidido mucho en la carretera pero lo poco que lo han hecho ya da que hablar…

Las declaraciones son a continuación de una Gante-Wevelgem de otoño corrida a cuchillo, unas declaraciones que suenan a personal, desde luego, pero sobre todo carentes de sentido, en este ciclismo la humildad también se premia.

La carrera fue espectacular, integrada en una tarde de domingo de locura en el que la gestión para ver las carreras era imposible.

Pero vista la Gante-Wevelgem, podemos darnos con un canto que parte de la gloriosa campaña de primavera se haya repuesto en octubre y de paso, como previa a lo que quede de ciclocross, ver un mano a mano Van der Poel-Van Aert, que tuvo sus momentos, pero no fueron los únicos por que en una prueba a pelo como ésta, son muchos los actores que actúan.

Por eso creemos que Van Aert se equivoca en pensar que Van der Poel corrió para joderle, en todo caso le marcó, como podría haber marcado a otro, generalmente el más fuerte: sólo que el del Jumbo era el favorito sobre el papel.

Y eso lo vimos, el belga llevó el peso de los cortes, de las cazas y mostró más que nadie a una semana del Tour de Flandes, Van der Poel estuvo a verlas venir, un poco como la decena larga que entró en ese corte del final, antes de Ypres, tras una persecución de grupos de esas que sólo se dan en Flandes: cuando parece que van a enlazar, los de adelante no cejan.

La historia de Wevelgem la hemos visto muchas veces, podemos pensar que es algo entre ellos, pueden decirlo los protagonistas, en todo caso Van Aert ya sabe qué tiene que hacer en Flandes, no esperar a que nadie se le vaya por que se sienta vigilado, golpear primero y echar mano de ese poder que enfiló el pelotón del Tour.

Todo lo demás es despistar, sinceramente, por que Van der Poel hizo lo que tenía que hacer, contener las pérdidas ante un rival que está en una forma monstruosa desde el primero de agosto.

Y sí vacilan, los hay que saben aprovechar las oportunidades, y Mads Pedersen es de todo menos desconocido.

-escrito el 12 de agosto-

Van der Poel y Van Aert JoanSeguidor

Si Van der Poel fuera Da Vinci, Van Aert sería Miguel Angel

En la historia del ciclismo, la reciente, hay una dualidad que nos ha caído en mano que es una bendición: Wout Van Aert – Mathieu Van der Poel.

Hablamos de «archirivales», al punto que cuando Van Aert gana la Strade o San Remo, todos ponemos el dedo en la pantalla y miramos dónde ha llegado Van der Poel…

 

Es una rivalidad que no siempre se da en la carretera, pero que flota en el ambiente y sigue parámetros ya conocidos.

Antagonías de genios siempre han existido, recordarla y evocarla no significa no querer el ciclismo, o ser más o menos futbolero, como nos gusta decir con desprecio respecto al deporte rey, implica buscar el aliciente y la salsa que viene desde el inicio de los inicios del ciclismo.

¿Quién sería Van Aert y quién Van der Poel?

Si nos dais a elegir lo tendríamos claro.

Wout Van Aert, lo decíamos el otro día, sería Greg Van Avermaet, trabajo, trabajo y más trabajo, incluso si nos vamos amas allá seria el Poupou de la gente -el más aplaudido el año pasado en la Grand Place de Bruselas, en el estreno del Tour-, sería Gino Bartali «ora et labora», un ciclista que viene de la raíz del pueblo, que bate todas las dificultades y obstáculos, que se cae, se descuelga, pero no se deja llevar, Roubaix del año pasado, que se estrella, se hace polvo, recoge los pedazos y vuelve, la caída del Tour del año pasado.

Mathieu Van der Poel es otra cosa, una estrella, rutilante, que desprende clase y categoría, a veces un poco amanerado en sus celebraciones, pero tremendo cuando le dan las fuerzas y la categoría.

Sería Peter Sagan, brillo y focos, en todo caso Jacques Anquetil, clase y distinción, y si me apuráis Fausto Coppi, siempre perfecto en la foto, un físico que se alarga, como un gato enervado y saca el látigo para desgracia de los rivales.

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Van Aert vs Van der Poel ¿qué ciclismo preferimos?

Partiendo de la base que son imprescindibles de su tiempo, si nos apuráis, nos estrujáis, seguimos con ese concepto clásico de esfuerzo, sacrificio y agonía del ciclismo, un concepto que encajamos mejor con Wout Van Aert, un ciclista que es rocoso, con un motor tremendo, un rodillo físico equipado con una cabeza privilegiada.

No es la primera vez que se levanta cuando se cae, no es la primera vez que da la medida de su solidez, su calidad de diamante no es sólo por su brillo, también por la medida de su dureza.

Entendedme, Van der Poel es Da Vinci -genio de pelo liso, ropa fina y aspecto cuidado-, pero Van Aert es Miguel Angel -genio de cincel prodigioso, siempre manchado, siempre preocupado por mejorar-, y si tuviéramos que quedarnos con un genio, el segundo nos ganó hace tiempo.

Imagen: Jumbo Visma

 

Mundial: ¿Por qué Roglic tendría que ayudar a Van Aert?

Van Aert Roglic
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No creemos que Roglic debiera ayudar a Van Aert en Imola

Pasan los mundiales, cambian los nombres, los escenarios, pero hay polémicas que sobreviven la tiempo y se hacen tangibles cada ciertos años, esta vez entre Primoz Roglic y Wout Van Aert.

Sabido, y visto, es que el belga hizo un servicio impecable en favor del esloveno durante el Tour.

En el tren del Jumbo Visma, Van Aert era el martillo en la resistencia de los rivales de Roglic, cuando el belga surgido del ciclocross se ponía al frente empezaba un goteo incesante por detrás…

Hasta aquí todo bien, Van Aert hizo lo que se le encomendó, igual que otras veces ha tenido carta blanca para liderar el bloque, Roglic se beneficio de ello, como líder marcado por los neerlandeses.

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Sin embargo, la situación final del mundial de Imola, cuando Alaphilippe había despegado en el último tramo de la subida, y Roglic con Van Aert quedó en el grupo perseguidor, más de uno pensó que era el momento que el esloveno le devolviera el favor a su compañero de equipo, que no de selección, tras lo apreciado en el Tour.

Ayudar o beneficiar a uno en concreto no creo que sea complicado de hacer, incluso hasta con cierto disimulo y decoro, proclamar a los cuatro vientos que se debería haber ayudado, como se ha insinuado en Bélgica, me parece vergonzoso.

Esto se corre por selecciones, y quizá eso haga tan especial el mundial, juntando parejas de baile inesperadas que a veces acaban como acaban.

Casi siempre en los mundiales, a excepción del equipo que gana, todas las selecciones finalizan con el resquemor de no saber si todos han dado lo que debían para el objetivo del equipo.

Eso es tan antiguo como el propio mundial, ahora bien decirlo con ese efecto aspersor es reprochable.

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¿Qué le habría dicho Roglic a Pogacar si hubiera ayudado a Van Aert?

Quizá el joven ganador del Tour esté en una nube en lo que todo le va bien, pero Pogacar se inmoló a favor de su compañero para hacer trabajar a una selección, la belga, que no se caracteriza por ir todos a una, en esto hacen buenas las teorías de sus homólogos del ciclocross.

Van Aert dijo que no se podía reprochar nada a Roglic, lo dijo tras colgarse la segunda plata en tres días, eso es dos patadas en el estómago para alguien que es un ganador, pero aunque le hubiera quedado un gramo de fuerza, no había nada que el esloveno tuviera que hacer por el belga.

No al menos de cara a la palestra, por que una cosa en la teoría y otra lo que pasa en carrera, y la historia está llena de casos.

Aquella vez que Mauri no ayudó a Jalabert, ambos estaban en la ONCE, lo que Manolo Saiz consideró que debía hacerlo fue sonada, el catalán acabó quinto, fue en San Sebastián, el último mundial ganador por un francés.

Incluso se dieron circunstancias curiosas, como en el mundial de 2010, cuando Cadel Evans se va como si cualquier cosa, y Purito ratea relevos a Kolobnev sin saber que ambos acabarían en Katusha al año que viene.

Y no querremos ser mal pensados entre Valverde, Rui Costa y otra vez Purito, tres años después.

Es lamentable que la gente mirara a Roglic para tirar en favor de Van Aert cuando Alaphilippe volaba hacia el oro, pero otra cosa es que el mundillo, esta gran familia, a veces debería tener el decoro de imaginar qué pensarán los demás, más que nada por que si ayer Van Aert gana por la ayuda de Roglic, el fantasma le perseguiría toda la vida.

Imagen: FB de Imola 2020

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Wout Van Aert está perfecto como está

Wout Van Aert San Remo JoanSeguidor
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Wout Van Aert no necesita disputar una grande para ser más grande

En la etapa final de los Alpes, en la recta hacia meta, quedaban menos de cinco kilómetros, Wout Van Aert quemaba las últimas naves para volver al grupo de los mejores del Tour.

En cualquier ocho para el Tour 2020, Wout Van Aert sería fijo por motor, calidad y multiherramienta.

Como el genio renacentista, lo ha hecho todo. 

Ha ganado dos etapas al sprint, ha entrado en abanicos, ha aplacado los rivales del Jumbo con ascensiones que firmarían los mejores escaladores, ha subido agua, sufrió en sus carnes la derrota de Roglic tras marcar  los tiempos en la crono y ahora opta a ambos Mundiales, en la crono ya ha sido plata.

Lo ha hecho todo y todo bien. 

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Pero esto ha sido en el Tour, por que venía de un mes de agosto que saldó todos los sinsabores de otros años de un plumazo, ganando San Remo y domando la Strade Bianche.

Y no contento con el repertorio, se ha puesto el maillot de campeón belga en las contrarrelojes.

Así es Wout Van Aert un tío largo y poderoso surgido de las entrañas del barro, que podría competir los doce meses del año -a saber qué le programan para su campaña de ciclocross, ahora que es superestrella de la carretera- y hacerlo bien en todos los terrenos.

Por eso decimos que no nos lo toquen, que está perfecto así.

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Y lo decimos ante las voces que le ven disputando una grande, viendo cómo acabó su primera tercera semana de una grande, en este Tour con los Alpes, el terreno que sobre el papel peor le va, aunque con Van Aert, todo es sobre el papel.

Este año Le Tour de France llega a España 

Wout Van Aert es un ciclista perfecto así, no necesita correr y estrellarse contra una grande, para que la gente olvide lo bueno que es y lo mucho que camina.

Lo hemos visto mil veces, algunos lo comparan con Jalabert, y puede haber cierta similitud, pero a diferencia del francés hoy el Tour eclipsa pero no tanto como hace 25 años, el buen aficionado que sigue el ciclismo todo el año, por que hay opciones de hacerlo y estos corredores ganan enteros en este ciclismo de doce meses.

Aunque nos asiste una pena, verle entregado para otros nos priva de más y mejores exhibiciones… un poco como Kwiato, pero es el peaje de ser tan bueno en un equipo de estrellas, que vales para un roto y descosido.

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Tour: ¿Qué no sabe hacer Wout Van Aert?

Wout Van Aert JoanSeguidor
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Van Aert añade una etapa del Tour en un ciclo que ha cambiado su suerte para siempre

Etapa, la segunda un año después de la primera, de Wout Van Aert en el Tour.

Con Wout Van Aert vamos con el viento de cola, a favor, con impulso, lo venimos diciendo hace tiempo, no hay cosa que no sepa hacer.

Por eso si a Van der Poel lo equiparamos con Da Vinci, Van Aert sería Miguel Angel…

Recordamos este trozo:

Wout Van Aert, lo decíamos el otro día, sería Greg Van Avermaet, trabajo, trabajo y más trabajo, incluso si nos vamos amas allá seria el Poupou de la gente -el más aplaudido el año pasado en la Grand Place de Bruselas, en el estreno del Tour-, sería Gino Bartali «ora et labora», un ciclista que viene de la raíz del pueblo, que bate todas las dificultades y obstáculos, que se cae, se descuelga, pero no se deja llevar, Roubaix del año pasado, que se estrella, se hace polvo, recoge los pedazos y vuelve, la caída del Tour del año pasado.

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Es así, un campeón renacentista, que nunca descuidó su progreso en nada que tuviera que ver con la bicicleta, que no e ha hecho ascos a su ciclocross de siempre, a ser capo en sprints, a ser látigo en cronos y a erigirse en gregario de «super lujo».

Al punto que cuando él se retira hacia un lado, los Grenadiers, un tal Kwiatkowski, al aparato, no saben qué hacer.

Éste es Wout Van Aert, la navaja suiza del Jumbo Visma, un corredor que no hay nada que no sepa hacer, que si mañana se lo planteara podría estar compitiendo con garantías los 365 días del año.

¿Cuántos ciclistas hay así?

Pocos, muy pocos, podéis estar seguros, el trabajo de confinamiento que ha hecho la bala del Jumbo Visma ha sido provechoso.

Lo que a algunos les ha sentado muy mal, a Van Aert, no tanto, añade una etapa del Tour, al sprint, toma ya, a la Strade, San Remo y la jornada primera del Dauphiné.

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Un mes escaso de competición y todos los registros de victoria, ah, se nos olvidaba, el Campeonato de Bélgica de contrarreloj por delante de Victor Campenaerts.

Cualquiera que aprecie el buen ciclismo, debe apreciar a Wout Van Aert, que llegó al Tour como uno de los nombres a seguir, y en dos jornadas lo ha justificado.

Y no entró en la pelea de Niza, por que Dumoulin invitaba a ser cautos en el Jumbo…

Si se le ha visto hasta subiendo bidones al gran grupo…

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San Remo se merece un ganador como Van Aert

Wout Van Aert San Remo JoanSeguidor

La San Remo que gana Van Aert volvió a ser eléctrica y memorable

Lo peor de una llegada como la de esta Milán-San Remo de agosto es que uno de los dos tenía que perder, el tema estaba entre Alaphilippe y Van Aert, y la balanza cayó del segundo.

Wout Van Aert es el corredor de moda, sobrio, incisivo, trabajador, laborioso…

Dos años después del salto que emprendió en aquella Strade de barro y frío, empieza a recoger lo sembrado, viene a reclamar lo suyo.

Un camino de curvas y sinsabores, de días negros, Roubaix el año pasado, y otros en los que se ganó la admiración generalizada, enganchando cronos y sprints como quien trenza un jersey para el nieto.

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Y no lo ha tenido sencillo, el ausente Julian Alaphilippe, el que no muchos esperábamos, que creíamos en una forma creciente, pero no suficiente para 300 kilómetros, se lo ha puesto complicadísimo, rompiendo en el Poggio como, por ejemplo, no lo logró el año pasado, cuando se formó un grupo de a su lado.

Hasta Van Aert le tuvo que dar metros, le soltó la cuerda y tomó resuello para sacar la clase que trae de serie en ese descenso que cada año nos corta el aliento.

Dos corredores, Van Aert y Alaphilippe en la cima, en la curva de la cabina, nos quedaba saber si ambos iban a dar todo lo necesario hasta el final, con los lobos persiguiendo por detrás.

Pensamos que Alaphilippe iba a ratear, pero no, fue señor, tiró y remó hasta la misma línea de meta, prefirió jugárselo con un tío que nunca escatima hasta el mismo momento.

Que alguien hubiera llegado por detrás era más que posible, pero habría sido un bajón.

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Porque siempre valoramos una San Remo en función de si triunfa un «puncheur» o un velocista, y estos años estamos de dulce.

Que Van Aert suceda a Alaphilippe, a Nibali y a Kwiatkowski es la prueba fehaciente que esta carrera merece la pena, aunque a veces parezca un enecefalograma plano que explota al final.

Una edición, ésta de este veinte veinte, que ha sido una tumba para velocistas, chafados de calor y rotos por un recorrido que incorporó la dureza y ritmo justos para que, en el umbral de los 300 kilómetros, acabaran rotos.

Ha merecido la pena, el cambio de trazado, el retraso en la fecha, San Remo es un tesoro, sólo mirar quiénes suspiran por ella.

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Strade Bianche: Wout Van Aert siempre está

Wout Van Aert Tour JoanSeguidor

La Strade Bianche le da a Van Aert el triunfo que tanto merecía

Cuando hace dos años, en una tormenta de marzo, Wout Van Aert emergió de entre las estrellas de la Strade Bianche para llegar, incluso, a pisar el podio, estaba claro que no estaba de paso.

Wout Van Aert lleva tres podios en Strade Bianche, dos terceros puestos y ahora una victoria que hace justicia, justicia divina, a todo lo que da a cambio de nada.

Van Aert nunca da una golpe de pedal para especular, sólo busca la victoria, sólo quiere ganar

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Como la mayoría, nos diréis, pero es que este ciclista que es calidad supina rara vez falla a la cita.

Llega con los mejores a San Remo, lo hace en Flandes, rema a la contra en Roubaix, disputa cronos, gana etapas al sprint en el Tour, donde se destroza una rodilla, una caída de la que parece recuperado.

Por eso nos alegramos cuando la Strade Bianche le premia con un triunfo que significa su entrada en la excelencia, en un momento que especial para él, la primera gran clásica que cae de su lado, y para el ciclismo, que significa el regreso a una nueva normalidad por la que cabe navegar con la mejor de las suertes.

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La vuelta al gran circuito ha premiado a Van Aert y ha retomado la campaña donde la dejamos, con Max Sachmann delante, demostrando que ahora mismo es la multiherramienta del pelotón y el ciclista franquicia del Bora, cuando la luz de Peter Sagan no le da para brillar.

La Strade Bianche en agosto se esperaba dura, y lo fue. 

Al calor, que en Toscana abrasa especialmente, se le unió ese polvo de tierra dura y pedregosa que dejó irreconocibles rostros, maillots y coches.

Un escenario que, siendo el primero de la renovada campaña, pasó a cuchillo a no pocas estrellas, desde Julian Alaphilippe, corto de forma ante lo que se le avecina, a Jakob Fuglsang que se atrevió a atacar tan de lejos que tenía pólvora mojada cuando la necesitaba a punto.

Esto no ha hecho más que empezar, Van Aert se ha desecho de la pesadilla del Tour, de los calambres aquí mismo hace dos años y ya ha sumado, si el ciclismo es justo, no será la última vez.

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