Giro: El doble filo del público

Giro de Italia - publico Zoncolan JoanSeguidor

El público, tan necesario, muchas veces es un peligro

Se esperaba reventón del público en el Zoncolan, la cima del Giro, y lo hubo.

¿Cuánta gente subió?

Pues esto es como las manifestaciones, al gusto del consumidor.

Leí 100.000, el mayor estadio deportivo del mundo… a mí me parece una barbaridad esa cifra, pero doctores tiene la Iglesia.

El ciclismo sin gente no tiene alma, ni pedigrí, casi ni interés.

Hemos visto grandes carreras carentes de gente, Juegos Olímpicos de Pekín y Río, muchas etapas de Vueltas de hace años: subidas de estaciones de esquí andorranas hechas en la clandestinidad.

Una pena.

En el Zoncolan el público tiene un inmerecido interés

Pero entre aquello y lo del Zoncolan hay muchos grises.

Recuerdo que en Flandes se regalaron fotos de respeto por el ciclista, una muchedumbre saludando el paso de los ciclistas y nadie poniendo un pie delante de otro.

Respeto total por el ciclista, su seguridad, su integridad.

Eso ocurre cada año, como en Roubaix, pero las grandes vueltas no parecen estar en la misma sintonía.

El Zoncolan es un ejemplo clarísimo de lo que decimos, pero también muchas de las subidas del Tour y no hablar de la Vuelta a California, con una colección de personajes en toda su extensión corriendo arriba y abajo en paralelo con los ciclistas.

Ahora bien, a veces hasta en Flandes nos llevamos sorpresas…

Se dice que hace tiempo que el ciclismo no para de poner vallas y distancia entre los corredores y los aficionados y creo que esto va a más. Irá a más.

Es increíble comprobar que no pasan más cosas, que no hayan más tarados como aquel que le propinó un puñetazo a Eddy Merckx o el que arrojó orina a Chris Froome.

El ciclismo tiene el don de conectar como ningún otro deporte el aficionado con el deportista.

El ciclista sube a puertos que anteriormente han hecho seguidores que se sienten bien haciendo la subida por adelantado y esperarles en la cuneta.

Es algo que sólo pasa en el ciclismo.

Y corremos el riesgo de estropearlo, y lo que es peor, aumentando los costes de seguridad y movilización de voluntariado hasta marcar registros de récord, como se dijo en la previa al Zoncolan.

Y aún y así hay uno que va de dinosaurio corriendo junto a los ciclistas, ganándose el tortazo de Chris Froome.

Ves la televisión y padeces por corredores al límite de todo en manos de cuatro exaltados.

Lo siento pero eso no son aficionados al ciclismo, son como los tontos del fútbol que montan una juerga alrededor de una carrera, como podrían hacerla en el jardín de casa.

A este paso igual un día diremos que el ciclismo fue el más bello hasta que alguien lo mató.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

INFO

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A nadie le amarga Igor Antón

En el momento previo al descuento, cuando la temporada languidecía y la ola de los fichajes parecía haber pasado, cayó el traspaso más sonado del ejercicio y quizá no tanto por el tamaño del protagonista, Igor Antón, pues han habido otros movimientos interesantes, sino por el simbolismo que su llegada al Movistar reviste.

Siempre naranja, Antón pasa a ser azul. Cambia de compañía, la suya de toda la vida, Euskaltel, dejó de tener cobertura. Buen escalador, prometedor desde sus inicios, desde aquella victoria de Calar Alto con la bendición de su padre deportivo, Samuel Sanchez, Igor Antón ha sido lo más parecido a un futbolista del Athletic en lides ciclistas. Desposeído de la lógica competitividad de las grandes escuadras, por el cartel netamente vasco de su equipo, Antón ha crecido cómodo en las huestes de Madariaga e Igor González. Siempre ahí, alcanforado, tranquilo, en el abrigo de una escuadra sostenida por dinero público hasta que se desarraigó.

Los últimos meses han sido complicados para Antón. Deportivamente no sabemos qué queda de ese ciclista que maravilló en el Zoncolan o logró su “bilbainada” hace tan sólo dos años –por cierto poco se habló del papel de Marzio Bruseghin en aquella victoria de Antón en Bilbao-. Antón ha sido ese corredor que en el umbral de su Gloria con mayúsculas acabó besando el suelo como le ocurriera en el Angliru hace cinco años o en la Peña Cabarga hace tres.

Si el carácter funcionarial ha definido su periplo en Euskaltel, el de Galdakao llega ahora a otro equipo no menos funcionarial. Esto es ”chez Unzué”, es el mejor sitio donde podía ir a caer, visto ese carácter no siempre fuerte y robusto que otros sacan al menor desafío. La diferencia radica en el estatus. Antón pasa de ser cabeza de ratón a cola de elefante. Aquí se tendrá que ganar los galones y ni siquiera así puede tener la certeza de que las circunstancias le sonrían porque las servidumbres hacia Nairo Quintana, con quien se dice que podría correr el Giro, y sobre todo hacia Alejandro Valverde podan cualquier atisbo de crecer.

Como conclusión final subyace el auténtico estado del ciclismo español. Con la honrosa excepción del Caja Rural, quien parece que anunciará a Luisle Sánchez en enero, Movistar es el principio y el fin y eso significa muy posiblemente una reducción, otra más, a la calidad salarial del pelotón español. Hace dos años ficharon casi de saldo al ganador vigente de la Vuelta a España, ahora hacen lo propio con Antón. Unzué lo hace bien, la suerte le sonríe y las cosas le vienen rodadas, pero ahora mismo ver la plantilla del Movistar indica cuán pobre es la situación. El esperado rebote de la misma se hace de rogar pero quizá cuando llegue poco haya que reflotar.

Foto tomada de www.esciclismo.com