Thomas Voeckler no sólo era una cara bonita

En cada gesto de Thomas Voeckler se disimulaba una pasión vertical por la victoria

Thomas Voeckler, ciclista alsaciano que anda estos días de resaca cumpleañera, corredor que dejó el ciclismo hace un par de temporadas, tras 17, casi una mayoría de edad en la élite…

Muchos cuando hablan de Voeckler, cuando hablamos, recordamos sus caras, gestos, muecas… 

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Pero olvidamos que en sus diecisiete temporadas en las escuadras de Bernaudeau, hoy con el Total Energie, exhibe un palmarés en el que emergen etapas del Tour, donde quedó cuarto en 2011, junto a otras perlas como Tour de Luxemburgo, Grand Prix de Plouay, Gran Premio de Quebec, Flecha Brabaçona y otras tantas  carreras.

Thomas Voeckler aunó resultados y espectáculo como pocos, escena en carrera, efectista, querido por las cámaras y el público.

Pero al mismo tiempo, resultadista, sus actuaciones cargadas de artificio llevaban carga de fondo.  

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Y así se generó un tipo de ciclista que creció y creció hasta hacerse héroe de Francia, cuando Richard Virenque puso los dos pies fuera del ciclismo.

Un corredor que tuvo discípulos aventajados, Samuel Sánchez, por ejemplo, que de teatralidad iba sobrado, o el propio Julian Alaphilippe, que cuando no está a full machacando la carretera, evoca al mítico Thomas.

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¿Cuánta falta haría Thomas Voeckler en este ciclismo?

Pues mucha, sin duda, un corredor que ponía salsa, que era capaz de quemar energías estratégicas, Galibier-Tour de 2011, arrojando bidones como una criatura en rabieta, un corredor que parecía una rana escalando, salvando el maillot jaune por los pelos y celebrándolo como un triunfo, un ciclista que salió airoso de aquella famosa etapa de Hoogerland en la alambrada para enfundarse un amarillo que costó sangre quitárselo…

Eso es oro, para qué nos vamos a engañar.

Thomas Voeckler no daba puntada sin hilo, en su teatral gesto se escondía la grandeza de uno de los mejores ciclistas franceses de su generación y posiblemente, tras Fignon y Virenque, el que más cerca tuvo retener el Tour en Francia.

Por eso en cada gesto que veáis, tanto tiempo después, en Voeckler escondía una intención: ganar, ganar y luego ganar.

Porque perder lo llevaba muy mal, recordad aquella Paris-Tours en la que no se quedó a la ceremonia de podio, tan mosqueado por la derrota…

Imagen: Ciclo21

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