#Top2016 Alejandro Valverde no entiende de leyendas

Tuvalum

Con Alejandro Valverde, lo hemos dicho mil veces, no hay que usar la vara de medir normal que otro corredor quisiera para sí. Este murciano que parece sostenido por un pacto con el diablo ya está de vuelta. Todos aquellos que gustamos de hacer números y descubrir una leyenda en cada ciclista tocado por la fortuna, podemos pasar página. A Valverde no le habléis de ser una leyenda, porque él es más que eso, es irrepetible, el ciclista más singular de la historia de este deporte en España.

No creo que numéricamente de la campaña 2016 haya sido la mejor para Alejandro Valverde. Estuvo cerca de una singularidad realmente complicada, acabar en el top ten las tres grandes, pero su privilegiado físico también tiene límite y acabó por claudicar en la Vuelta.

Valverde sin embargo ha tenido la campaña que creo ha soñado desde siempre. Ha competido hasta la extenuación. No sé si le gusta parar por casa, pero su reto, no declarado hace doce meses de correr las tres grandes del tirón, cinco si sumamos Tour y Vuelta del año pasado, es de personaje que disfruta con este circo como pocos.

Sea como fuere, algunas perlas se lleva al buche, esos momentos que le abren el apetito a cualquier amante de este de deporte. Su dominio de finales como el de la Flecha Valona le pone en una esfera especial en su género. La obsesión de sus rivales en las Árdenas habla del áurea que le acompaña, su cariño por carreras como Andalucía explica su obsesión por estar siempre dispuesto y días como los Juegos demuestran que es humano.

Donde nos gustó especialmente Valverde este año fue en el Giro, no sé si fue porque esta edición resultó un espectáculo sublime, o porque teníamos de verle por fin en Italia, sin nada que temer, pero el Valverde de Italia fue ese ciclista camaleónico que aprende de lo nuevo según pedalea, con una facilidad para estar y ser que le hacen especial.

La etapa que ganó fue sencillamente uno de los momentos de la temporada, quizá oscurecido, porque en esa carrera cada día fue un monumento al ciclismo. Se metió en un corte de salida y en subida y voló hacia meta en un falso llano que miraba para abajo y cortaba el aire por su velocidad. Recordad a Dobrowski, se hizo el rácano para cerrar un hueco y se descolgó sin poder volver a entrar. Magistral.

¿Qué le queda por demostrar a Alejandro Valverde? nada. Puesto que es obvio que Nairo es la baza en grandes vueltas, porque el colombiano tiene es plus que al de Las lumbreras siempre le ha faltado, le queda esa obsesión de la afición, que es Flandes, ahora que vuelve por la capilla. ¿Irá? siempre dice que sí y luego falla. Si probara y aprendiera como lo hace en otros escenarios volvería a rondarle esa aureola de leyenda que queremos atribuirle y que tan poco le motiva.

Con su edad, su palmarés y todo lo que significa, dejemos que nos sorprenda, se ha ganado el derecho…

Imagen tomada del FB de Alejandro Valverde Belmonte

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Al mal tiempo, ponle Bkool

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