#Top2016 El duelo que da vida al ciclocross

Los ignotos caminos del ciclocross mundial hunden raíces en terrenos muy conocidos, pequeños y limitados geográficamente. El meollo se cuece en tierras bañadas por el Mar del Norte y kilómetros tierra adentro. Todo lo que pase más allá de los confines de Flandes o las gélidas colinas del Limburgo parece no contar, no vale para los mentores de un negocio que, a pesar de las apariencias, no es una bicoca, es pequeño, como decimos en lo geográfico, es estacional en el tiempo, los meses de invierno y vive con la perenne amenaza de que sus estrellas den el salto a la carretera.

Así se ha de entender el pequeño reino de hierba y barro en el que luchan dos principitos cuyo talento excede la modalidad. Matthieu Van Der Poel, de racimo ciclista ciclista, y Wout Van Aert, juegan a la guerra en las sobremesas del fin de semana, mientras en los dias de diario, afinan sus piernas en algún lugar de la costa española.

Una guerra sin cuartel, sin tregua pero con parangon, en este ciclismo que gusta de las dualidades y las contradicciones propias de la vida y el deporte. Van Aert, más apegado a la modalidad fuerte en terrenos pesados, seguido y admirado por una corte que aún, como admite en esta entrevista, debe crecer y seguir las trazas de los grandes mitos de la modalidad, Sven Nys, principalmente, una arrolladora figura en cuya ausencia plañen organizadores y programadores televisivos porque la parroquia no se moviliza como antaño.

Al otro lado el poder que viene de fuera de la férrea Bélgica. El liviano Van der Poel, el campeón neerlandés con tez de niño y mirada de adolescente que se priva de los placeres de la edad para ejercer de campeón. Se bate como pez en el agua en terrenos más llanos, donde saca su chepa y rompe la resistencia de su némesis belga, como Stybar destrozó a Nys en un mundial donde había que meter tuerca.

Son los príncipes en reinos de asentados en la fe y la creencia de que el día menos pesando se irán y volverán de forma efímera, a probar y tantear su suerte, a saborear los éxitos que un dia les encumbraron, como Stybar, como Boom,…

Mientras ofrecen lo mejor de sí cada fin de semana, se ponen tan a prueba, están tan igualados que sonrojan a cualqueira, hasta los proveedores de material que se asuntan cuando ven a la chavalería reventar sus prototipos porque el rival les exige el 110%. Es el peaje que hay que pagar, pero bendito peaje, porque el ciclocross, la modalidad que sabe a sangre, sin figuras que emergan con tal estruendo, estaría muerto.

Ante ellos, cualquier rival parece pequeño. A veces, tocan zafarrancho pronto, en ese caso la carrera se convierte en una ruleta en la que uno de los dos muere por adelantado. Entonces empieza la lucha por el podio, Pauwels, Van der Haar, Meusen,… prueban a estar junto a ellos y decir que los vieron rodar de cerca. Si la suerte no quiere quitar a uno de ellos de la vanguardia, entonces hay dos carreras: las tomas del campeón del mundo y holandés mano a mano y la del resto rodando por mantener el aliento.

Las ultimas semanas le han dado a Van der Poel el mando, pero atención, no convierte descartar al moreno belga, hablamos de un supeclase, de un tipo que se rehace desde las cenizas. El año pasado Van Aert ganó mucho en ausencia de Van der Poel, dio un paso atrás con el neerlandés pero le ganó por la mano el mundial, no nos engañemos, la carrera que da y quita razones y justifica la campaña. Para entonces, queda un mes largo, por medio, viene el núcleo duro de la campaña. El «boxing day» del ciclismo en Navidad…

Imagen tomada de www.rtvdrenthe.nl

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