#Top2016 El rosa es el color de Nibali

Tuvalum

Ganadores en activo de grandes vueltas no hay muchos: Nairo, Valverde, Contador, Froome, Aru,…, vencedores de las tres sólo dos, Alberto Contador y Vincenzo Nibali. Que hayan ganado siete, Contador, luego le seguiría Nibali, con cuatro. Froome y Nairo, tras ellos, con tres y dos, receptivamente. Como veis, las cuentas salen rápido, no hay muchos más para repartir.

Este breve preámbulo, creo que sitúa en su justa medida quién es y a qué opta Vincenzo Nibali, cuando en unos años valoremos al ciclista italiano que devolvió esplendor a un deporte que es casi religión en la bota y que hacía tiempo que no acababa de darle alegrías a sus fieles.

Porque además de los números, Nibali será recordado por lo mucho y grande que ofreció. Un ciclista de tímido trato, que marca distancias en lo personal, que se ve incluso frío en algunas expresiones y que sin embargo, en carrera cuando se centra, cuando se calienta, es un volcán, un auténtico laberinto de posibilidades que rara vez no encuentra la salida.

El Giro de Italia es el ejemplo de lo que decimos. A esa fiesta de rosa que recorrió Italia cual corriente eléctrica de norte a sur y vuelta para el norte, Nibali quiso ponerle la guinda con una de las remontadas más inesperadas de los tiempos recientes. Mirad la general que resultaba tras la jornada de Pinerolo, a los pies de los Alpes, la puerta del epílogo de la carrera, y la manejamos en Milán, fotografía el tamaño de la gesta.

Aunque bien visto, no sería la primera vez que Nibali sale victorioso de la confusión y la incertidumbre. Así ganó su Tour, siendo netamente superior e imprevisible, incluso con Froome y Contador en carrera, así ganó la Vuelta, cuando Antón, Mosquera e incluso Purito lo tuvieron a tocar, y así ganó su primer Giro, con todos mirando al Team Sky y su guinda, un tal Bradley Wiggins.

Entonces, en ese Giro, Nibali calló, asintió al favoritismo de quien venía de ganar el Tour y sembró el caos en cada curva hasta que minó su resistencia, lo envió para casa y tomó el mando. Exactamente como hizo con Froome en una Tirreno en una de las etapas más recordadas de los tiempos recientes, lloviendo a mares y Nibali sacando todos los defectos del tres veces campeón del Tour en una misma jornada.

Por eso, yo creo, que el gelido e impertérrito Steven Kruijswijk nunca cantó victoria en el Giro, incluso cuando más segura parecía su posición y más fuerte se le veia. Nibali no desistió, nunca dejó de creer, con el peso de un país mirándole, minó la resistencia del líder en una jornada antológica entre Italia y Francia. Se llevó el Giro por una cuestión de fe y eso, parece que no, pesa en el estado de ánimo del aficionado.

Como pesa, su Olimpiada, una carrera que centró sus deseos, toda vez que se borró del Tour, porque sabe que ahí lo tiene muy peliagudo. Nibali quiso la presea, y por un momento pensamos que podría colgársela, que sería el segundo italiano, con Elia Viviani, que ganaría el oro en Río, pero la fe a veces ciega y juega malas pasadas. Una trazada errónea nos lo mostró por los suelos cuando veía, cuando olía el salitre de Copacabana. Quizá debió ofrecerle pasta a Henao, como dijeron algunos.

Ahora, al frente de un proyecto nuevo, ajeno al Astana, con quien mantuvo tantos momentos dulces como tensos, Nibali quiere un tecer rosa en su vida, sabedor de que en el Tour si no es Froome, es Nairo, si no Contador, siempre tendrá a alguien por delante suyo. Quiere el Giro cien, no habría un ganador más idóneo…

Imagen tomada de FB del Giro

INFO

Encuentra bicicletas de carretera de carbono desde 440€ :

Entradas recomendadas

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio esta protegido por reCAPTCHA y laPolítica de privacidady losTérminos del servicio de Googlese aplican.