#Top2019 Richard Carapaz fue como esa lluvia fina

El Giro de Richard Carapaz fue una de las victorias más claras de los tiempos recientes

 

Cuando Richard Carapaz cruzó solo, a toda velocidad, la meta de Coumayeur, con los glaciares del Montblanc, Monte Bianco por ese lado, asomando amenazantes, una fina pero pertinaz lluvia regaba el jardín del Giro.

Una lluvia de esas de calabobos, que moja pero no empapa, o al menos eso parece.

Una lluvia de esas como el ecuatoriano, que llegó cuando todos miraban a otro lado, y otros se miraban entre ellos.

 

Decir que Richard Carapaz fue una sorpresa al ganar el Giro de Italia creo que se ajusta a la realidad. 

Visto ahora, su estado de forma excepcional, la manera de correr, de dominar la escena, podríamos convenir que esa carrera no podía tener otro resultado, pero una cosa es verlo así, ahora, y otra pensar a priori que podía darse ese resultado.

A Richard Carapaz nadie le regaló nada esas tres semanas por Italia.

Compitió de tú a tú con gente del tamaño de Vincenzo Nibali, quien lo apretó, sí, pero no rompió la cuerda, o Primoz Roglic, quien de inicio parecía iba a llevárselo todo.

Pero el ciclismo, cualquiera de las grandes, tiene eso, que lo que hoy sonríe, mañana se nubla, y viceversa, y por medio uno no acierta a saber qué ha sucedido.

El arranque de Roglic recordó mucho a uno ya lejano en el tiempo, el de Alex Zulle, hace ya 22 años.

Aquella vez el suizo acabó hasta fuera del podio, el esloveno pudo agarrarse a él hasta el final.

 

Venía advirtiendo Richard Carapaz desde hace tiempo que el Giro era una prioridad.

El año pasado en un estrecho mano a mano con Miguel Ángel López, un corredor joven como él pero sobre el papel más hecho, por la maglia bianca, que tuvo la guinda de la etapa, y éste nadando cuando las cosas no marchaban de cara, remando en el caos en esa etapa que le gana, asómbrense, a Caleb Ewan, y el asalto final en los Alpes.

Ahí, en el umbral del Valle de Aosta, Carapaz demostró una cosa, que incluso sin el celebérrimo marcaje Roglic-Nibali habría machacado, no creo que a placer, pero machacado.

Richard Carapaz esas tres semanas de Italia iba sin cadena.

Incluso el día de antes, entre las neveras del Lago Serrú, la remontada que le hizo a su compañero Mikel Landa abrió  la puerta a lo que habría de suceder.

 

En la intrahistoria de Landa, Carapaz será otro personaje, otra piedra en el zapato, podríamos pensar, en un corredor que ambiciona lo más alto, pero uno más, como Aru, como Nairo y otros que en un momento dado se cruzaron en el camino de Landa hacia la capitanía absoluta.

Pero es que ni con esas, Carapaz no dio síntomas de debilidad en ningún momento, firmando un Giro perfecto, con dos etapas, triunfo y una sensación de equipo inédita en Movistar.

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El mismo equipo que dejó descabezado en la víspera de la Vuelta, el que hubiera sido su partido de vuelta con Roglic.

Carapaz concursó en un bolo, se hizo daño y se desataron todas las tormentas, con el nombre de su agente flotando en el ambiente.

El ciclismo parece destinado a copiar el fútbol sólo en lo malo.

Ahora Richard Carapaz tendrá que prolongar su éxito en el Team Ineos, pensar que lo han fichado sólo para renovar la corona del Giro parece complicado.

 

Si Carapaz va a Italia en plan líder, el uno reposará en la parte baja de su espalda, seguramente tenga que acudir al Tour para ayudar a uno de los no pocos jefes que tiene el Ineos.

Su reto es doble, demostrar que ese Giro no fue un espejismo y de paso que tiene sitio en un equipo atiborrado de estrellas.

Obviamente, no será sencillo.

SQR – GORE

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