#Top2020 Marc Hirschi es el descubrimiento del año

Tuvalum

Marc Hirschi nos reconcilia con el ciclismo reconocible y valiente

Decir que Marc Hirschi es el descubrimiento del año, decirlo en este ciclismo de prodigios e imberbes que nos ponen mirando al cielo, es mucho decir.

Pero es la realidad, un fino retrato que demuestra el campo abonado al talento y la calidad en que se ha convertido este deporte, mil veces vilipendiado y ahora viviendo una segunda juventud de mano de chavalillos que nos hacen soñar.

Todo confluye para que Marc Hirschi sea el espejo o uno de los emblemas de este ciclismo ya no 2.0 que ha llegado para quedarse y seguir avanzando.

Leímos cosas que nos gustaron de Marc Hirschi el día que llegó con Alaphilippe y Adan Yates a Niza…

De Berna, vive cerca de Fabian Cancellara, el corredor que le inspiró de pequeñito, siendo su padre un gran fan del mejor ciclista suizo de este siglo.

Con Cancellara comparte pasión, consejos y una perspectiva de trabajo que se fundamente en algo imprescindible para llevar algo tan duro como el ser ciclista adelante, tener sed y ganas de aprender el oficio, de cero, sabiendo que nunca es suficiente.

Marc Hirschi sabe lo que es trabajar fuera del ciclismo, se ha labrado un futuro por si el sueño de la bici se convierte un día en pesadilla y ha pasado por casi todas las modalidades del ciclismo, es decir conoce BTT, ciclocross y pista, antes de centrarse en la carretera.

Su perfil de competidor renacentista, completo, circular, interesado en el ciclismo y en lo que no es ciclismo, es el perfil que Sunweb ha sabido trabajar desde tiempos inmemoriales.

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Esto lo leímos entonces, pinceladas de un corredor que entiende el ciclismo como algo redondo, como su pedalada y forma de expresarse, eso fue entonces, sin saber que estábamos ante un ciclista mayúsculo.

Y así se calzó una exhibición casi diaria, una muesca cada 24 horas que encendía la pasión de la concurrencia con una fe inquebrantable sobre un suizo que cada vez que cazaba la escapada sabíamos que la etapa iba a merecer la etapa.

Pogacar se ganó nuestra antipatía el día que lo ganó en Laurens, jornada de temprano otoño por los Pirineos que quedan al otro lado de los valles navarros, con niebla, humedad y verde trepando por la imagen, una jornada firmada de inicio a fin por un suizo ancho, alto y poderoso que rodaba como los ángeles, bajaba temerario y subía armonioso.

Ese día no pudo ganar, pero sí unos cuantos después con la misma estrategia dando brillo a la carrera y a sí mismo, metiéndose en nuestro salón con la elegancia del esfuerzo bien hecho y el poder en cada recoveco.

Una victoria de esas que no entendía de nacionalidades, y sí de ciclismo, de buen ciclismo y querencia por el oficio y la bicicleta.

Acabado el Tour, vinieron los mundiales y las Árdenas.

Estuvo en todas las pomadas, fue el ganador efectivo de la Flecha Valona y el moral en Lieja: iba tan fuerte que desquició al propio Alaphilippe.

El discípulo de Cancellara vela armas en Berna, donde la ciudad vieja queda encajada en un meandro tan frío estos días como bello para imaginar que lo que viene tiene que ser más y mejor, una fábula de un corredor que se llama Marc pero nos recuerda a «Juan sin miedo».

Por muchos más como él.

Imagen: FB Le Tour de France

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2 Comentarios

  1. Muy buen articulo de análisis, estoy contigo que es la gran revelación, aunque ya apuntaba maneras, así como Pogacar, Mader…. el Tour del porvenir siempre muestra el futuro. Siempre me gustan tus análisis.


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