#Top2020 Primoz Roglic es el ciclista del año

Tuvalum

El balance general del año no admite otro nombre que el de Roglic

Conviene separar grano de la paja, rascar un poco, no quedarse en el paisaje de La Planche des Belles Filles y sacar conclusiones de toda la campaña, las mismas que marcan, a nuestro juicio, Primoz Roglic como el mejor ciclista de la temporada.

Con la inercia del año anterior, estaba claro que Roglic no iba a ser un comparsa, lo que no teníamos claro es que iba a extender con tanta efectividad el dominio apuntalado hace un año.

Desde el primero de agosto, en el lejano Tour de l´ Ain, hasta el día de la despedida en Madrid, Roglic ha estado a todas

Y no fue sencillo, por que la historia del esloveno que vino de los saltos de esquí ha tenido momentos que le llevaron al punto más bajo que un profesional puede imaginar.

La Planche des Belles Filles es la imagen del año, roto, con el casco descolocado en el arco de meta, abatido en el asfalto, consolado por compañeros, con la fiesta de Pogacar ahí al lado…

Todo duro, muy duro, una estampa que entronca con una foto de Roglic, semanas antes en Dauphiné, también roto, esta vez por una caída, que le recordó la fragilidad de todo, fragilidad de la que él no está exento, como cuando en el Giro que parecía tener en la mano todo empezó a torcerse.

Pero Roglic es un tío muy duro, rocoso, sólido… cuando más bajo está, se sienta, mira al firme, recoge los pedacitos que quedan por el suelo, se rehace y vuelve a ponerse de pie.

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El golpe del Dauphiné llegó tras un dominio insultante, suyo y de los suyos, el del Tour, casi que lo mismo, de ambos saldría airoso.

Y lo vimos, en vivo y en directo.

Como nos decía el otro día Borja Cuadrado, en la charla que repasamos lo bueno y mejor del veinte veinte, todos esperábamos que Roglic fuera a menos, que había empezado a full, que iba a pagar a factura, que… pero ha estado perfecto, de inicio a fin.

¿Perfecto del todo?

Obviamente no, y le va a pesar, por que mucho nos tememos que si un día va a tener el Tour tan cerca, ese día ha podido pasar, pues a los que vienen, como Pogacar, se une la gestión interna de Jumbo Visma y la posibilidad de tener un equipo tan a su favor como en este Tour: en ese grupo hay otros egos que también quieren lo suyo.

Se lamenta Roglic de haber llevado a Pogacar en carroza hasta la crono final, un peligro que quizá no vimos, ni apreciaron en el cuadro amarillo, que se fue de las manos, en el peor día profesional del esloveno.

Pero ahí residió su grandeza, desde el segundo cero de su debacle, empezó su reconstrucción, la mirada en otros objetivos y metas.

Roglic ha estado en todos los pasajes trascendentes de la campaña, en agosto, en el Tour, entró en el corte bueno del mundial y ganó una de las mejores Lieja del nuevo siglo, una victoria que le define: hasta el final, nunca hay que rendirse.

Cuando comenzó a dominar la Vuelta, desde el mismo Arrate, la cosa pasó de castaño oscuro, tuvo dos momentos de debilidad, el del Formigal lo pudo salvar, el de La Covatilla, se lo enmendaron en Movistar.

Y así cuenta las campañas Roglic, por éxitos y registros anotadores que le ponen en la senda de los más grandes cuando lleva tan poco tiempo en esto, cuando ni siquiera ha quemado las etapas que Pogacar sí que ha consumido.

¿Qué le queda a Roglic?

Está claro que cualquier pensamiento pasa por el Tour, pero si una cosa ha demostrado es que su profesionalidad no se monopoliza ni se centra en tres semanas, todo lo que sea competir le motiva y todo lo que sea verle competir nos motiva… a todos.

Imagen: FB de La Vuelta

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