Lo que nos tiene en vilo de Egan Bernal

El ciclismo de Egan Bernal no entiende de colores y sí de buen gusto

En el ciclismo que yo creo no hay banderas, continentes ni países.

Hay talento, eso que es transversal, que no entiende de sitios, zonas ni apellidos.

Es el tesoro del ser humano, lo que le distingue y le hace excelente.

Un ciclismo que transmite y emociona, bien sea por la clase sobre la máquina, por los éxitos, por la capacidad de transmitir los valores únicos de este deporte: sacrificio, esfuerzo, calidad, estrategia…

Sensaciones que nos son familiares, las de Mathieu Van der Poel en Amstel, por ejemplo.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Por eso cuando querubines con ojos de pedir perdón por estar, como Egan Bernal, da el paso de gigante que le sitúa a sesenta kilómetros de ganar el Tour, no podemos menos que emocionarnos.

Val Thorens, esa eterna subida, de las más altas del lugar, que viera ganar un día a Cacaíto frente a Ugrumov es el último escollo de un campeón que no está en ciernes.

Porque todo lo que esperábamos de Egan Bernal, cuando hace dos años por estas fechas ganaba un Tour del Porvenir carísimo, con solvencia y efectividad, ya está aquí.

Es presente, el momento, ya.

No espera, no vacila, saca el látigo, golpea y vuela.

 

Y así vemos que en ese ciclismo que no entiende de banderas, que busca experimentar el sumo placer de ver a alguien joven, blanco, fino, trabajado y experto hacer bien su trabajo.

Egan Bernal lleva año y medio escaso en el el Team Sky, ahora Ineos, antes pisó algunas carreras pro con el Androni -no quiero saber si Savio cobra royalties-.

Está a las puertas de ganar el Tour de Francia.

El primer Tour para Colombia, muéranse amigos, un camino que tuvo curvas desde el inicio, como los altos que vuelan por encima de los dos mil metros.

Mirad Fabio y Lucho, ahí está el alumno aventajado.

Aquellos escarabajos de los que Egan Bernal supo por prensa, dimes y diretes.

No os vio y aunque la sangre de aquellos corre por sus venas, ha demostrado que la especie sólo puede ir a mejor.

 

El corredor que ganó en Niza volando en el llano, rompiendo pelotones con Rowe, hoy en casa viéndolo.

El corredor que sumó Suiza volando en el empedrado sutil de San Gotardo.

Los orígenes bilingües de DT Swiss 

El corredor que apuntaba al Giro de Italia pero que se dejó el dorsal en una curva mal trazada y una clavícula rota.

Egan Bernal tiene en vilo a un país, a un deporte, porque lo suyo va camino de ser histórico.

Bebe de Nairo, Urán, Chaves, los Henao y esa generación de cuyas entrañas ha irrumpido por detrás y sin avisar para ganar rápido, muy rápido.

SQR – GORE

 

El ciclismo de Egan Bernal es nítido, como el maillot que paseó por el Iseran, medio sentenciando el Tour, sin saberlo, no tiene arrugas y no presenta taras.

Es sencillo y directo, ambicioso y a veces tan rápido que abruma.

Sus lágrimas se mezclaron entre las Pinot en el alto de la ruta, demostrando cuán grande es la distancia entre los extremos en el ciclismo.

Pinot, quien en Prat d´ Albis le puso al límite, no estuvo para verlo.

Ni Geraint Thomas lo discute, todo al amarillo, todo a Egan, ese prodigio que pone a Colombia en el espacio, el cielo que siempre quisieron tocar, lo tienen a escasas horas.

Es el Tour de Francia.

 

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