Tour: ¿Cuánto bueno nos hemos perdido de Michal Kwiatkowski?

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Lo que podría haber hecho Michal Kwiatkowski en el Tour sin deberse a terceros

La jornada final el Tour en los Alpes tuvo un antes y un después en el momento que Pello Bilbao se descolgó del ritmo que imprimía particularmente Michal Kwiatkowski con Richard Carapaz a su estela.

Era el tercer día consecutivo en fuga del ecuatoriano, y su compañero fue despojando de integrantes la escapada hasta quedarse los dos solos, cosa que creo no estaría en el plan inicial, posiblemente estudiado para que ganara Carapaz, con la ayuda del polaco.

Así las cosas, con los dos en escapada, con el Grenadiers Ineos demostrando que es capaz de reinventarse tras la baja de Bernal, y generar una imagen de la potencia de los dos corredores entrando juntos, la duda residía en quién ganaría.

Momento Mapei en Roubaix 96: Se decidió que Michal Kwiatkowski se estrenara en el Tour, por lo mucho y bueno que ha dado al equipo, tal y como Juan Antonio Flecha reconoció en La 1 y otros que estuvieron ahí dentro algún día imaginaban…

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Lo cierto es que ver la exhibición de los dos Ineos ayer nos remite a lo que otras muchas veces hemos pensado y que es otro de los grandes males de este ciclismo con el que estos días estamos algo peleados.

Que corredores como Michal Kwiatkowski se sacrifiquen para terceros, que hay culminado ediciones del Tour como las que hemos visto, con un estado de forma insultante en favor de Froome y Geraint, especialmente, es algo que nos duele.

Es obvio que esto es ley de oferta y mercado, e Ineos hoy, Sky hace año y medio, le ha pagado a Kwiato los servicios para sus capos más la renuncia expresa a todo tipo de ambición personal en carreras marcadas.

Tiene mucho calendario para elegir, nos han dicho, y es cierto, pero el Tour es el Escenario con mayúsculas del que Michal Kwiatkowski se ha tenido que bajar.

Para que nos hagamos una idea su no concurso en el Tour nos ha privado del equivalente a Kämna, Carapaz, Hirschi y Kragh Andersen en la puja por las etapas de estos años.

No es poca cosa, más cuando lo mejor de estos Tours es la lucha a muerte por cada etapa.

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Michal Kwiatkowski figura entre los ciclistas mejor pagados del pelotón, de ser cierta la lista que corrió hace unos meses, y nos los podemos creer.

Es lícito renunciar a crecer deportivamente, si de inicio de cubren la parte dineraria, pero para el aficionado es una tragedia, es quitar peones del tablero y este polaco es un corredorazo.

Lo vimos ayer, pero lo hemos apreciado en los años de plomo de Froome, él ha sido uno de los baluartes de ese dominio casi total, por que al final andaba casi tanto como los rivales de su líder.

Quemó ese periodo con honor, pero en el fondo es posible que ahí dejara también sus mejores años, como otros tantos han hecho y seguro que harán.

Que ya no haya vuelta atrás no significa que podamos lamentarlo.

Imagen: FB de Le Tour de France 

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Tour: Landa y Bahrain hicieron lo que tenían que hacer

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Liderando el Bahrain, la carretera ha puesto a Landa donde merecía

Acaba el primer Tour de Mikel Landa liderando un equipo, el Bahrain, y como dice el tópico la carretera ha repartido fortuna.

Se podía pensar que ésta era la prueba para ver dónde era capaz de llegar Landa, ahora sí, sin discusión al comando de un equipo, y la carrera le ha dado para ser quinto, por el momento, aunque dado como anda en las cronos, no me extrañaría que el sábado le adelantara Enric Mas.

Sea quinto, sea sexto, no será su mejor resultado, Landa acabó cuarto hace tres años, a un suspiro del podio, tras currar para Froome toda la prueba.

Aquel Landa, como el del Giro del 2015, estaba, sobre el papel, a otro nivel, parecía un ciclista hecho para hacer posible lo imposible, tal era su nivel que creo que nunca más se le ha visto a esa altura, o es que quizá los rivales también le han ido poniendo en su sitio.

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Por que en ciclismo, sucede una cosa, y es que uno no corre solo, una obviedad que es conveniente recordar a los aficionados que en ocasiones creen que su caballo tiene que estar por defecto siempre delante.

En esta edición han habido dos ciclistas intocables, los eslovenos, y luego una segundo escalón en el que Landa se ha movido, especialmente con López y Porte, toda vez la etapa final de los Alpes ha sacado de la quiniela a Yates y Urán.

Sea como fuere eso importó poco en la estrategia del alavés, que trazó una línea ascendente según avanzara la prueba, intentando salvar sus malísimos arranques, progresar en los Pirineos y asaltar en los Alpes.

Casi lo logra, a puertas de la primera cordillera, el Bahrain y Landa tuvieron su jornada negra, aunque no negrísima, por que ceder un minuto largo en esas circunstancias lo firma cualquiera.

El problema de Landa es que, a diferencia del Giro del año pasado, los de adelante no flaquearon como Roglic sí que hizo entonces.

Pasó las diferentes llegadas en alto y Pirineos agazapado, fruto entendemos del ritmo horrible que evitaba cualquier desliz o alegría.

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Y llegaron los Alpes, la jornada del Col de la Loze y Landa junto a Bahrein realizaron la apuesta más importante de un rival del Jumbo, al margen de los ataques de Pogacar en los Pirineos.

La cosa salió bien hasta que la carrera entró en la zona roja, Landa reventó justo cuando el último Bahrain se retiró de la cabeza del grupo.

¿Cuántas veces explota el líder del equipo que trabaja durante la etapa?

Muchas, muchísimas, en una carrera de fondo como éstas, en un tramo tan largo y variopinto como el de Madeleine y Loze, las sensaciones que recorren el cuerpo del corredor van de la miseria a la euforia y viceversa.

Mikel Landa pinchó, pero él y su Bahrein hicieron lo que tenían que hacer: apostar a ganar

Salió cruz, poco se puede hacer.

En la última etapa alpina volvió a la carga, pero si no hay más, poco se puede hacer, en el grupo un acelerón de Roglic le tumbó la ventaja, no cabía darle mas vueltas.

Pello Bilbao y Damiano Caruso le hicieron el servicio hasta donde les dio las piernas, pero Richie Porte se rehizo.

¿Se podían haber quedado antes? posiblemente, pero no sé hasta qué punto hubiera cambiado la película.

No nos engañemos, el nivel de Mikel Landa es éste para este tipo de carrera, no hay más, ni creo que le quede más por decir.

¿Es criticable que haya querido ser líder? nunca jamás, él quiso ver de lo que era capaz y lo ha conseguido.

Otra cosa será el año que viene y los planes de su equipo, pero que nadie se lleve a engaño, Mikel Landa es un excelente ciclista que ha llegado donde sus condiciones y circunstancias le han puesto.

Ahora cabrá ver si vuelve a tenerlo todo como en este Tour, al fin y al cabo, a algunos les sonríe la fortuna cuando menos lo esperan.

Imagen: FB de Team Bahrain 

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Tour: Miguel Ángel López siempre aparece

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Miguel Ángel López rompe siempre a su favor cuando miramos a otros

De Miguel Ángel López poco podemos añadir que no hayamos dicho ya, quizá que por fetichismo, no acabábamos de verle en el Tour, por pensar que Giro y Vuelta se le adaptaban mejor.

En medio de un ciclismo donde encontrar alguien que te emocione es la excepción, el que un día llamaran «supermñan» por defender su bicicleta ante unos cacos, forma parte de esa pequeña estirpe de «resistentes galos» ante el rodillo de lo homogéneo y lo políticamente correcto.

No son muchos, como decimos, en este Tour hemos tenido algunos, la clase diaria de enardecer las masas de Julian Alaphilipe, Richard Carapaz, muriendo en la orilla cuando nadie daba un duro por él, o el suizo Marc Hirschi, un tipo que no entiende el ciclismo sin riesgo.

Ah, y Tadej Pogacar, el ciclista cuya sola aparición en la pantalla despierta una sonrisa animosa en el espectador.

Miguel Ángel López pertenece a ese círculo

Se le podrán achacar michas cosas, que la emprende contra un espectador que le molesta en el Giro, que se calienta contra el Movistar en la Vuelta, que suelta la lengua… pero si corre como habla y habla como corre.

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Y en esa alquimia de calidad, pasión y rabia tenemos a un corredor que muchas veces acude a las carreras en segunda o tercera línea, pero acaba en la clase noble cortejando a la «reina de la fiesta».

Recuerdo una de las llegadas en alto de la pasada Volta, Egan Bernal atacando desde abajo, Nairo, secando, dos colombianos llevándose las luces y Miguel Ángel López ganando en la cima.

En este Tour, hubo algún tramo de carrera que tuvo cuatro colombianos en vanguardia, en el top seis o top siete.

López entre Bernal, Nairo y Urán, parecía la baza menos sólida, respondiendo en tercer tiempo a los ataques, remando para no perder el tren de la carrera, cerca de los mejores en los Pirineos, entre ellos en el Grand Colombier, pero nunca dando el paso adelante.

En el Col de la Loze, se acabó la historia.

 

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A una altura donde sólo aguantan los muy buenos, tras el ímprobo trabajo sin culminar de Bahrain, tras los primeros cachetes entre los eslovenos, Miguel Ángel López hizo suyo el escenario ante la cuadratura del círculo que Roglic emprendió lanzando a Kuss por delante.

Y no es sencillo, ese golpe es tremendo, violento y seco, primero para dejar a Roglic, luego para soltar a Kuss, como aquella vez que dejó seco a Contador en Calar Alto.

Miguel Ángel López emergió, otra vez, cuando todos mirábamos a otros, cuando pensábamos que si Landa, que si Roglic, que si Pogacar, nada, esa garra que el colombiano saca a pasear en ocasiones, la plasmó en carretera.

Un triunfo colosal en una cima que dicen marcará una época, cabrá ver si será así, entretanto su nombre figura en el Col de la Loze, surgido de este ciclismo de bostezo que todo lo bueno lo deja para el final.

El podio es un premio tremendo para el celeste, pero nos resistimos a creer que sea suficiente, con ese equipo (Luisle, Lutsenko, Gorka, Fraile…) y el perfil de la ultima de los Alpes me cuesta creer que se quede ahí.

Imagen: FB Tour de France

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Mikel Landa en el Tour: esto es lo que hay

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Tras ver este Tour: ¿De qué sirve machacar a Mikel Landa?

Desde tiempos proverbiales, Mikel Landa esperaba un día como hoy en el Tour.

Lo lleva esperando desde que le tocó sacrificarse por Fabio Aru cuando volaba en el Giro, lo mismo por Froome, ídem cuando se le adelantó Carapaz, cuando porfiaba por un liderato con Nairo.

Hoy camino de la cima cima que rasca la panza del cielo, el Col de la Loze, Mikel Landa dispuso de todo aquello que pedía para conquistar el Tour, o el podio en su defecto.

Lo hizo todo, tuvo todo lo que pidió, en la base de la Madeleine puso uno a uno a sus compañeros a tirar y poner el ritmo del grupo, sin esperar que Jumbo marcase su tempo.

Y no fue un ritmo sencillo, dejó el grupo pelado de favoritos y gregarios de Roglic, cuando la caravana dejaba Meribel camino de la cima.

Caruso tiró y tiró, pareció que Mikel le iba a tomar el relevo, pero cuando el valioso gregario italiano dejó la vanguardia del grupo, Landa se escurrió grupo abajo y se quedó.

Sin más.

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Luego progresó, y no llegó tan lejos con lo que parecía que iba a caerle en el momento de descolgarse.

¿Qué decir de Landa en este Tour?

Poco o nada, lo que habéis visto, es lo que hay, no hay más, no queda más.

Mikel Landa se ha quedado en la panza del grupo durante dos semanas y media, sin apenas les diera el aire, callado, meditabundo, sin arriesgar ni gastar nada que no fuera necesario, sólo se le vio en el Marie Blanque, por que aguando en el top cuatro y ahí era imposible esconderse, hay que pasar al relevo.

A ese instante añadidle el calentón que le tocó pegarse para limitar los daños del corte que sufrió el día que perdió minuto veinte.

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Era la prueba del algodón que esperábamos para Landa, tan quieto, tan callado en ese grupo lanzado por un Jumbo que no ha permitido alegrías ni desmanes.

Ha llegado mejor situado que nunca a la montaña y con un equipo volcado en él.

Y la prueba ha dado lo que ha dado, Mikel Landa no ha tenido más.

¿Criticable?

Pues ¿qué queréis que os diga? Esta vez ha venido de perfil bajo, no ha alimentado los ánimos ni lanzado las campanas al vuelo, ha sido prudente y la carrera le ha situado en su sitio, eso es un top ten, otro, en el Tour de Francia.

Sin duda ese no era su objetivo.

Si lo del Col de la Loze ha sido un mal momento lo veremos, el problema es que era el momento, su momento, por que suspiraba hace tiempo y no ha dado la talla, sencillamente no la dado.

Emplearse contra él ahora, más allá del rollo que nos traemos con el «Landismo», no tiene sentido.

Hay seis ciclistas mejores que Mikel Landa ahora mismo en el Tour, podéis poner el grito en el cielo, el Landa del Tour 2020 mucho me temo que está tocando techo.

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El Tour en el Col de la Loze: ¿más de lo mismo?

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Meter el Col de la Loze entre las leyendas del Tour parece atrevido a priori

Leo que el Col de la Loze, la ansiada cima del Tour, es el séptimo puerto más alto de Francia, a cuya cima llega un camino que parte desde Meribel, abierto para ciclistas.

El Tour ya puede decir que incorpora su Camperona o Bola del Mundo y no sólo eso, le quiere conferir estatus de leyenda, pero si hablan hasta del Galibier…

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En fin, no sé si un servidor se está haciendo mayor, o es que directamente este ciclismo ya no lo reconocemos.

Sin encadenados clásicos de Croix de Fer, Galibier y Alpe d´ Huez, el Tour lo fía a un final infernal, con rampas que todos los equipos conocen que son lo idóneo para disuadir a los favoritos de moverse antes del tramo final.

Si a ello le añadimos el trenecito amarillo convenimos lo que dijo Valverde: «Atacar en este Tour es un suicidio»

Hemos querido recuperar la aportación de Cuadernos del Ventoux sobre la que será primera llegada del Tour al Col de la Loze:

Es el día. Desde su presentación, dos jornadas parecían destinadas a hipotecar el desarrollo de este Tour de Francia: la CRI del penúltimo día en Le Planche des Belles Filles y la etapa de hoy. El pelotón afronta el único encadenado alpino digno de tal nombre: Madeleine primero (15,8 km al 8,1%) y La Loze después (18,6 km al 7,7%).

La Loze es un puerto inédito (se llega por Méribel) y durísimo. Sus últimos cinco kilómetros oscilan entre el 9,8% y el 11,4% de media, a más de 2.000 metros de altitud. Nadie podrá ocultar nada. Quien renquee perderá tiempo, se mostrará vulnerable.

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¿Qué esperar? A tenor de lo sucedido ayer, poco. En la primera jornada alpina más de cuarenta corredores, entre ellos rodadores o gregarios como Küng o Polanc, superaron el último puerto. Por delante, Kämna resolvió una fuga disputadísima.

Como ya sucediera en la Lusette, los escapados coronaron con más tiempo respecto al grupo del que contaban a pie de puerto. Fue una de las etapas de montaña más pasivas e intrascendentes que recuerdo, en una lucha por la general mediocre.

Hace unos días comentamos que el Tour así, como se hace hoy en día y con estos bloques, es infumable, aquello nos valió comentarios igual de infumables: «Sólo por ser el Tour es bueno» venían algunos a decir.

Pues bien, disfrutad del plato, que viene cargado y con guarnición y no olvidéis que las mejores etapas son aquellas que respetan el guión clásico del ciclismo, tipo Marie Blanque o los etapones de uno en uno del Giro.

Lo otro es como leí el otro día: «El ciclismo actual es a la vida lo que instagram a las redes».

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Clasificaciones secundarias del Tour: la desigual lucha por el verde y la montaña

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La situación de las clasificaciones secundarias en el Tour dibuja la realidad de la carrera

En el Tour más raro, y decepcionante para muchos, de los tiempos recientes la lucha por las clasificaciones secundarias están teniendo su miga.

Si parece que a Movistar, el inexcusable objetivo de la clasificación por equipos parece un hecho consumado, y el blanco de Pogacar parece obvio, en la montaña y el verde, las cosas están más en el aire.

El primero, el emblemático «polka jersey» tiene las horas contadas sobre la espalda de Benoit Cosnefroy, quien en la vida pudo imaginar subir tantos días seguidos para recoger el maillot de la montaña.

Y es que en cierto modo, la falta de combatividad que se achaca a los ciclistas en este Tour tiene reflejo en una clasificación cuyo liderato lleva días agonizando en manos de un francés que es de todo menos escalador.

Corredores como Daniel Martínez, Hans Peters, Lennard Kämna o Marc Hirschi han priorizado la etapa de rigor que el maillot a topos.

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Seguramente Pierre Rolland intente atar una pieza que creo ya vistió tiempo atrás y luego viene los mejores de la general, que sólo con llegar delante en las etapas importantes podrían optar a progresar.

Sin embargo, es lamentable que una pieza histórica, que han vestido Van Impe, Virenque, Lucho Herrera… y compañía malviva con un ciclista que, con todos los respetos, no lo hubiera imaginado vestir en la vida.

Cosa diferente está siendo el verde, un color que Peter Sagan ansía para su vitrina y para el que está disponiendo una estrategia de equipo digna de defensa del amarillo o de ganador de etapa al sprint.

Su lucha con Sam Bennett se vio lastrada por la descalificación del otro día, seguimos pensado que lo de Sagan a Van Aert fue una «cerdada» por muchas veces que se vea en otros sprints.

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Sin embargo, Sagan no escatima y quiere que el irlandés se vaya con la sensación que la prenda no se la han regalado.

En Bora hay ciclistas que están volando solos, tipo Kämna o Schachmann, pero Peter Sagan sigue pensando mucho y lo que cuesta este corredor merece todo el apoyo.

Si en la primera semana de Tour, lamentamos ver a Sagan tan lejos de los mejores, ahora es un ciclista que disputa entre ellos y quién sabe hasta en París, igual da la campanada.

Si sigue en esta progresión, su Giro puede ser un show, mientras ha dejado sello en el Tour, llevando al filo los arranques de etapa y sumando desgaste y nervios a los mejores de la general.

© BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

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El Tour en Villard de Lans: ¿Alguien emulará a Laurent Fignon?

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En Villard de Lans Fignon salió a morder el Tour tras hundirse en el Ventoux

Etapa de recuerdos nítidos, Villard de Lans, un lugar que no es el más duro de los Alpes, ni el más conocido, pero que para los amantes del Tour es recordar ciertos tiempos y nombres.

La escapada de Fabio y Lucho, la de Roche y Perico, el amarillo de Perico, la crono de Breukink…

Villard de Lans fue un sitio clásico en los Tours a caballo de los ochenta y noventa, creo que desde entonces no se ha vuelto a prodigar, con esa silueta tan típica, una subida larga, un falso llano matador y el pico final.

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Traemos un extracto del libro de Laurent Fignon, «Éramos jóvenes e inconscientes«, narrando parte del Tour 1987, y en especial las etapas del Ventoux, la que gana Bernard en una cronoescalada que le debió dejar seco para lo que quedaba de carrera, y el final de Villard de Lans, donde el enfurecido rubio armó trisca de la buena, cabreado y frustrado por su hundimiento en el monte pelado.

A aquella fiesta se unieron otros, Perico, Mottet, Roche ante la debacle de Jeff Bernard….

En aquel Tour me sentía asfixiado. Hasta que llegó la muy famosa cronoescalada al Mont Ventoux. Cima mítica. Escenario de todas las representaciones ciclistas. Teatro majestuoso. Frontera simbólica norte-sur. Santuario en memoria de Tom Simpson. Es allí donde Jean-François Bernard llevó a cabo su conocida hazaña, cayendo entre lágrimas en brazos de su gurú, Bernard Tapie, nada más cruzar la meta. El patrón: padre y dueño, contando sus dividendos y centrando en su persona las cámaras del prestigio. El corredor: falso hijo y verdadero esclavo, firmando allí, en el altar de sus sacrificios, el apogeo de una carrera que llevaba en sus genes su propia decadencia antes de hora…

En aquella subida invadida por una multitud histérica yo había decidido poner toda la carne en el asador, absolutamente toda. Estaba concentrado, motivado, tenía sed de victoria. Desgraciadamente no pasó absolutamente nada. Mi golpe de pedal era el de un cicloturista. El vacío, la nada. Todo se aflojó de golpe. Demasiada emoción, demasiados problemas. ¿Qué más puedo añadir, aparte de exhibirme al desnudo? Resultado: 64 de la etapa, a casi 10 minutos de Bernard. Estaba consternado por mi rendimiento.

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Mi hijo había nacido el día antes.

Estuve a punto de irme para casa.

Durante la subida, algunos espectadores que conocían la noticia me gritaban: “¡Venga, papá!”. Aquello era violento. No avanzaba, iba sufriendo, era el Ventoux.

Al entrar en el minibús de meta me hundí. “No lo conseguiré”. Lejos de las miradas, lloré durante mucho rato.

Aquella tarde me crucé con un periodista en el hotel y me preguntó: “¿Bernard es su sucesor?”. Le contesté: “Eso quiere decir que usted ya me ha enterrado, ¿no?”. Él: “Igual sí”. Yo: “Entonces tengo un motivo más para demostrarle que se equivoca”.

Estaba en un estado de rabia absoluta. Tenía la clara impresión de que aquello era el fin, que ya no estaba en mi sitio. Más adelante me di cuenta de que, decididamente, tenía necesidad de tocar fondo antes de levantar cabeza. Profundizar en la angustia antes de remontar.

Tras el Ventoux y sus episodios hirientes de ninguna manera podía abandonar. Quería demostrar a todo el mundo que todavía podía asombrar. Estudiamos el perfil de la etapa siguiente y decidimos saltarnos el avituallamiento. Volvíamos a entrar en acción. Aquel día Bernard lo perdió todo. Sus compañeros de equipo quisieron llevarlo hacia delante inmediatamente, pero él, nada alterado, dijo que no, afirmando: “Hay tiempo para empalmar”. Grave error. Por delante se había formado una gran coalición…

Tour Villard de Lans

En un ataque de orgullo yo me había vuelto a encontrar con unas piernas más o menos decentes. Mi cólera se cebó también con aquellos malditos pulsómetros: apagué el mío para no ver más la información. La cosa me fue más o menos bien. Al día siguiente, en el Alpe d’Huez, acabé sexto. Y al otro día gané en La Plagne una etapa prestigiosa. No obstante, recuerdo que no rodé a fondo. A ver, no me merecía quedar totalmente fuera de juego en aquel Tour. A pesar de haber corrido muy mermado conseguí en París la séptima plaza de la general, con un retraso de 18 minutos: más o menos lo que perdí en las contrarrelojes. Mi regularidad en montaña había sido significativa.

Dos o tres días después de la etapa de los Campos Elíseos, tirado en un sofá, me pregunté seriamente sobre mi capacidad para volver a ganar el Tour…

Imagen: FB Le Mont Ventoux

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¿Qué Tour le queda a Movistar?

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La general por equipos y el top ten de Mas son objetivos muy de Movistar para el Tour

Sobre el Movistar en este Tour cabe decir que las cosas están mejor que hace una semana y bastante mejor que en la previa de la mejor carrera del mundo.

La versión de los azules hace justicia a su historia, mejoran con el paso de los días, cuando el fondo empieza a imponerse al ritmo que el cansancio atenaza los ánimos.

En la general progresa Enric Mas, siempre persiguiendo en los Pirineos, pero muy fiable en lo que hemos visto de Alpes, no lejos de los mejores, incluido los eslovenos.

Siempre con esa pose sufridora, de trabajo de hormiguita, recordándonos mucho al que acabó segundo en una Vuelta a España, hace dos años por estas fechas, emergiendo según los otros se iban descolgando de los primeros.

No ocultaremos que creemos que a Enric Mas le hace falta algo más para estar delante del todo, igual que pensamos que en este ciclismo brillar es complicadísimo, pues el nivel lo estamos viendo a diario, con un equipo que no domina, directamente derriba la fortaleza y moral de los rivales, donde Tom Dumoulin, Wout Van Aert o Sep Kuss llegan con los primeros, o cerca de ellos.

Dijimos hace unos días que no podíamos entender cómo Enric Mas argumentaba el ritmo para explicar su inacción, los Jumbo hacen su trabajo y para Mas y los suyos la clave está en desmontarlo, pero cabe reconocerle al mallorquín que va ahí, en vagón de cabeza, ya no persiguiendo como en los Pirineos, demostrando que empieza a conocer la carrera, cosa que, aunque extrañe a muchos, nos alegra.

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Como nos alegra ver a Marc Soler en las fugas, la pieza más obvia para el Movistar si no quiere irse sólo con el premio de todos los años, la general por equipos del Tour, que entiendo que en la casa madre debe ser un orgullo casi celeste, pues llevar el casco amarillo a veces parece el primer y único objetivo de los Unzué.

En todo caso, Marc Soler ha reinterpretado, como Carlos Verona, el papel del equipo en la carretera, una vez ven que la general individual, al margen de Mas, está fuera de todo alcance.

Hay muchas formas de alcanzar el liderato por equipos.

Recuerdo la ONCE en el Tour del 90, que se quedó a puertas de lograrlo, venía de ganar las generales de Vuelta y Giro y el Z de Greg Lemond les privó de la triple corona.

Aquel equipo estuvo a punto de ser el mejor del Tour a base de escapadas, de ataques y protagonismo, con etapas firmadas por Chozas y Lejarreta.

Eusebio Unzúe prefiere un perfil bajo y a este equipo le cuesta horrores interpretar movimientos tipo los del Sunweb o desplegar el olfato de Deceuninck para cazar escapadas, cada uno tiene sus virtudes.

En todo caso, la segunda semana ha dado otro brillo a la actuación del Movistar, que camina por delante de Ineos Grenadiers para gozo de alguno de sus incondicionales.

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Sea como fuere, los celestes siempre tienen quienes les blanqueen.

En este caso se habla de Perico, quien recordamos lleva el logo de la telefónica en el pecho, pero no es más que la punta del iceberg en una prensa que acude en corrillo cada vez que el bloque los necesita.

Las explicaciones de Javier Ares sobre los Sram para argumentar el pobre rendimiento del equipo durante el primer mes largo de temporada y parte del Tour sonrojan a cualquiera.

Hasta Alberto Contador le ha tenido que recordar que el mejor Tour de Richie Porte se está produciendo con ese mismo grupo, quizá a Javier Ares le dé cosa decir que el problema parte directamente de los mecánicos del Movistar, otra cosa es complicado entender.

De cualquiera de las maneras, la mejor noticia para Movistar en el Tour es Enric Mas, y cómo progresa, otra cosa sería preguntarse a qué ha acudido Valverde a Francia.

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