No entiendo el linchamiento a Egan Bernal

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Egan Bernal ha perdido este Tour, no los que no se han corrido aún

Leo asombrado el serial de comentarios despectivos hacia Egan Bernal tras la llegada del Tour al Grand Colimbier.

Y no sólo de aquí, de algunos españoles, también desde Colombia, cosa que no acertamos a entender.

Nos consta por varios sitios que no son días fáciles en Colombia, muy agitada en lo social, también sacudida por la pandemia, un cóctel perfecto para que los deportistas de ese país estén en el disparadero más que nunca.

Hace un par de días los cuatro mejores colombianos que habían venido al Tour estaban a un suspiro del líder, eran Bernal, Nairo, López y Urán.

El Grand Colombier ha sacudido la general, ni Nairo ni Egan Bernal están para ganar este Tour, una sacudida que se vino encima lejos, muy lejos de meta, a más de diez kilómetros de la cima, cuando quedaban cinco Jumbo al frente del grupo de los mejores y atendiendo al ritmo de Wout Van Aert.

La tragedia se mascaba, los segundos que les cayeron a ambos no lo hicieron a la misma velocidad, Nairo limitó los daños, sigue en el top ten, a Egan Bernal el Tour se le ha ido más allá de los ocho minutos, fuera del top ten.

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Lo cierto es que el dorsal uno no estaba dando las mejores sensaciones, de hecho cundía la impresión que sus rivales le estaban perdonando la vida, como sucedió en Ocieres y en el Mont Aigoual, etapas en las que el Jumbo se limitó a marcar su tempo y poco más.

En el Marie Blanque, Egan Bernal se agarró, sin embargo al Tour, nos hizo creer que los motivos que le llevaron a abandonar el Dauphiné y a pedir la hora en las primeras cimas del Tour habían desaparecido.

Eso es lo que tienen los ciclistas de este nivel, que a poco que estén bien, maravillan.

Pero Egan Bernal no estaba, ni está, bien.

La primera llegada en alto seria, pertrechada de otras dos subidas tipo Tour en el corazón del Jura, ha desnudado los peores temores.

Se quedó lejos, mucho, demostrando que el punto de forma óptimo que en su día Team Sky le procuraba a sus ciclistas no se ha dado esta vez, ojo que puede ser el segundo Tour que pierden desde 2021, ya ha llovido.

¿Qué ha fallado para el colombiano?

Tendrán que verlo, algunos hablan de esos entrenamientos apocalípticos como uno de los motivos, aquí podríamos hablar de lo humano y lo divino que poco o nada nos acercaríamos a la verdad por que en el fondo sólo ellos la conocen.

Por cierto, el confinamiento ha sido para todos.

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Otra cosa son las reacciones, que me parecen desproporcionadas.

Entiendo el sobrecoste que implica llevar la bandera colombiana a las mejores carreras del mundo, la exigencia es máxima: «En Colombia se le pide más a los deportistas que a los políticos» me cuentan.

Lo puedo creer, pero no puedo compartirlo.

Tirar por tierra a Egan Bernal, todo lo que ha hecho, llegar a decir que el Tour del año pasado le tocó en una rifa, como si la tormenta que paró la etapa clave no fuera para todos, decir que es flor de un día, que se acabó, decir todo eso es de una injusticia monumental.

Si algo ha tenido Egan Bernal, que ya no será «el chico maravilla», es una progresión meteórica que hay que respetar y poner en valor precisamente ahora, corriendo de forma tan admirable siempre, atacando sin guardar, entrando en abanicos, remando fuera de su zona de confort -disputando todo lo que se le cruzara- y cultivando un palmarés que muchos querrían a los treinta.

Menospreciar lo que ha logrado Egan Bernal, es menoscabar el ciclismo en sí, no valorar el talento puro y virgen que fue reclutado por el mejor equipo del mundo para lograr las metas que ya ha empezado a conquistar.

El Tour 2020 posiblemente ya no esté a su alcance -ojo no haga «un Froome»- pero le quedan muchos para enmendar la plana y además él siempre podrá decir que ya tiene uno, ganado con lo que se dio en ese momento y siendo el mejor cuando le tocó serlo.

Para Bernal, esto no ha hecho más que empezar.

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Tour: En Grenadiers y Sky nunca hubo un plan B

Egan Bernal Tour
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Ni Froome ni Geraint habrían salvado la quema del Grenadiers en el Tour

El ser ventajista es algo muy común en el siglo XXI y con las redes sociales, una norma, nosotros a veces somos los primeros en serlo, hoy toca hablar de Grenadiers en el Tour.

Al acabar la debacle de Egan Bernal y con todo el equipo en el Grand Colmbier, emergió el «Froome» como TT en España, recordando la polémica decisión del equipo británico antes del Tour, cuando Grenadiers dejó a Froome y Geraint fuera de la lista de la carrera.

Está claro que en este pelotón, nada impone más que el nombre de Chris Froome, el inglés ha sido látigo de la mejor carrera del mundo durante cuatro años, más un quinto en el que Geraint le tomó el relevo.

Decir Froome es decir Tour, azote y control, dominio del Sky, luego Ineos, finalmente Grenadiers, pero una cosa es la imposición pasada y otra es la presente.

El inglés no es la sombra del corredor que aplastó rivales años atrás, ni siquiera el que abordaba el Dauphiné del año pasado cuando se estrelló entrenando para esa crono.

Que Froome recupere su punto de pedal no es sencillo, aunque no imposible.

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Tanto él como Geraint ya demostraron en Dauphiné que su nombre no les iba a garantizar una plaza en el ocho del Tour.

Dudamos mucho, muchísimo que hubiera cambiado el cuento de lo visto en el Grand Colombier con ellos en el pelotón, en todo caso habrían intentado seguir el grupo cuando el filtro se llevó por delante a Bernal y poco más, pues los Jumbo son la horma de los Ineos, para desgracia de esos.

Ojo, que seis años después, Grenadiers, antes Sky, ayer Ineos, no va a ganar un Tour de Francia.

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Y ahora surgen preguntas, dudas que flotan en el ambiente: ¿A qué se va a dedicar ahora Grenadiers en el Tour?

La experiencia nos dice que el plan B no existe en los ingleses, si no disputan la general del Tour, les queda una vacío tan grande que amenaza con tragarlos, y no es exageración, recordad el Tour 2014, cuando Froome abandonó a puertas del adoquín, hubo una reacción de Geraint y Porte por detrás, iban como motos, pero acabaron disueltos en la general.

Nos cuesta mucho creer que Grenadiers se acabe con las opciones de Egan Bernal en el Tour, tienen un bloque soberbio para meterse en fugas, filtrarse en cortes o romper la carrera a su favor.

El Tour es tan grande que puede contentar a todos, pues la general la gana uno, si a Movistar le rogamos cambio de chip para evitar que un top ten colmara sus propósitos, ¿qué no podríamos pedirle a los ingleses?

Luego ya vendrán las explicaciones de porqué sus líderes no han dado la medida este año tan complicado para todos, no sólo para ellos.

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Que el brillo del Grand Colombier no eclipse el Tour

 

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La belleza del Grand Colombier puede dejarnos sin capítulo decisivo para el Tour

Mirando las imágenes del Grand Colombier, los lazos que se enredan como una serpiente montaña arriba, un carrusel de ciclistas y caravana del Tour yendo y viniendo, viéndose todos, desde arriba, desde abajo ¿quién no recuerda su infancia y la atracción que siempre nos despertaron las curvas de herradura?

Una curva de herradura era barniz de alta montaña, de épica: en nuestra época, cuando el ciclismo entró en nuestras vidas, el alto que se frecuentaba era la Colombière, una cima camino, generalmente de Morzine, que enlazaba con Aravis.

Hoy el Tour aborda la Gran Colombiere, en el Jura, un muro con una pequeña historia en el ciclismo, que entró por primera vez en el Tour hace ocho años, que coronó primero el infalible Thomas Voeckler con el pelotón al tran tran del Team Sky de Bradley Wiggins.

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Entonces la Grand Colombier estaba lejos de meta, el paso de ese Tour fue icónico, llevaban esperando toda la carrera esperando desde la televisión francesa para gustarse en la producción de las imágenes por los lacets hacia la cima.

No hubo historia, deportiva al menos no, se quedó en una estampa, en un fino homenaje a la ingeniería del lugar y quien trazó esas eses por las lomas de esta montaña.

A los tres años se abordaron los Lacets de Montvernier, tan seguidos, tan estrechos que impidieron el acceso de la gente a las cuentas, se vio por helicóptero y se disfrutó de la exhibición de Romain Bardet esos días que Movistar malgastó para intentar poner en aprietos el segundo Tour de Froome.

En Montvernier esa vez no hubo público, exactamente como en la Grand Colombier esta tarde de domingo, tercer domingo del Tour del coronavirus que ha llegado a un punto por el que muchos no apostaban hace dos semanas.

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Tour 2020: ¿Qué puede pasar en el Grand Colombier?

Sinceramente, y a pesar de sonar aguafiestas, poco o nada esperamos antes de los kilómetros finales, en todo caso un ritmo endiablado de esos que Strava dude que sean fruto de ir en bicicleta y no en coche.

Antes del Grand Colombier hay un par de ascensiones a distancia prudencial para intentar algo, siempre mandando gente por delante y omitiendo el rush final de Primoz Roglic.

¿Para qué ha traído Grenadiers ese equipazo?

Entiendo que para algo más que seguir la norma del Jumbo en el pelotón, lo mismo puedo entender del Bahrain de Landa, con gente muy válida para lanzar por delante, intentar algo lejos de meta y remar por los lacets con ventaja sobre los mejores.

Intentar algo diferente se impone si se quiere probar la resistencia de los eslovenos, mejores en el mano a mano, como ya hemos visto.

Se impone además probar a Roglic, sacarlo de su zona de confort, algo que al ahora líder del Tour siempre pone nervioso, de lo contrario, prepárense para ver otra lijada del líder en el kilómetro final, con Pogacar a rueda y todos sufriendo por mantener la plaza.

No es el terreno, es la velocidad de las balas, ya veremos cómo queda el paisaje en la general, al menos sabemos que tendremos show televisivo por las curvas vacías de público hacia el Grand Colombier, la cima franquicia del Tour 2020.

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¿Romain Bardet o Thibaut Pinot?

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Cuando un francés vuelva a ganar el Tour, que no se olvide del camino que marcaron Bardet y Pinot

Romain Bardet ya no está en el Tour y Thibaut Pinot sigue, aunque sin el objetivo que le trajo a la carrera.

Uno y otro, años después de explotar en la mejor carrera del mundo, creo que pasan a engrosar la abundante lista de ciclistas franceses que han intentado su éxito prolongar un legado que lleva 35 años en suspenso, el tiempo que ha pasado desde la victoria de Bernard Hinault.

Bardet y Pinot entran directos a una nómina que incluye ilustres y excelentes ciclistas como Christophe Moreau, Richard Virente, Charly Mottet, Jeff Bernard, Thomas Voeckler, Laurent Fignon o el mismo Julian Alpahilippe, ciclistas nacidos en el hexágono que en algún momento pisaron el podio u optaron a ganar el Tour, o al menos estuvieron en un listado previo de aspirantes.

35 años después Francia tendrá que seguir esperando

Para la edición presente, a la puerta que el año pasado abrió Julian Alaphilippe, una puerta que él mismo creo que se ha encargado de cerrar por que ve lo que hay alrededor, rivales mucho mejores para esta carrera, se añadieron Guillaume Martin, un ciclista cultivado que se ha ganado un hueco en corazón de la gente por su singular bagaje y el salto de calidad experimentado en Cofidis, más el dúo Bardet-Pinot.

Como decíamos al principio, Bardet ya no está en el Tour.

Mirad lo que sucedió tras su caída ayer camino de Puy Mary y el mérito que tiene por llegar a meta…

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Romain Bardet y Thibaut Pinot son los franceses que han convivido con ciclo del Team Sky en el Tour, ambos dieron el salto hace seis años, si bien antes Pinot ya había ganado una etapa, fue en la edición en la que gana Nibali cuando ambos se situaron en primera línea, junto al efímero Péraud, un biker reconvertido a rutero, muy buen croner, que acabó segundo esa carrera, aunque dando la sensación de no inquietar nunca el trono de Nibali.

Desde entonces Pinot y Bardet han experimentado una relación con el ciclismo en general y el Tour en particular muy parecida.

Si bien son corredores muy diferentes, en estilo, formas de ser e incluso entornos, han tenido muchas similitudes en su forma de encarar la carrera de su país.

Bardet pisó dos veces el podio, dando la sensación que sus mejores prestaciones quedaron en ese Tour.

El fino escalador de la Auvernia decidió, con buen criterio, dejar el Tour de lado y centrarse en el Giro para el presente año.

Ha acabo en Francia por que con la pandemia nadie asegura al cien por cien que vaya a haber Giro, un cambio de planes que, como estábamos viendo en carrera, le estaba resultando, pues iba entre los mejores, no quizá al nivel de los eslovenos, pero sí en el grupo inmediatamente perseguidor.

A Bardet le ha sentado bien venir al Tour sin presión y esa maldita caída le deja con el sabor de boca de qué pudo haber sido.

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Lo mismo vemos en Pinot, un corredor que en años sucesivos a su podio en 2014 apuntó alto en el Tour sin buen resultado, luego se centró en otras carreras y le fue bien, ganando etapas en Giro y Vuelta, siendo primero en Lombardía.

Volvió al Tour el año pasado, sin la presión de tiempo antes, y también le fue bien, hasta el golpe en la rodilla justo antes de los Alpes.

Tanto Bardet como Pinot han descubierto que sus mejores días en el Tour vinieron cuando menos lo esperaban, con menos presión sobre sus espaldas, presión que este año posiblemente se haya llevado Alaphilippe hasta que se descartó para la general.

Si nos dais a elegir nos quedamos con la calidad ciclista y humana de Bardet con el pundonor y entrega de Pinot, no sabríamos escoger, en todo caso la suma de ambos podría dar el primer ganador francés de Tour desde Hinault.

De lo que no cabe duda es que cuando Francia vuelva a hacer suyo el Tour, tarde o temprano pasará, que nadie se olvide que Bardet y Pinot pusieron migas en el camino para el logro que tiene a un país expectante.

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Daniel Martínez, Marc Hirschi en el Tour… victorias que valen por dos

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Daniel Martínez y Marc Hirschi ya está entre lo mejor del Tour 2020

En el ciclismo no todo es ganar, y ya está, si a la victoria, al resultado, le añades el barniz de la historia y la épica, el resultado es el doble, y lo hemos apreciado estas dos jornadas de Tour por el Macizo Central con Marc Hirschi y Daniel Felipe Martínez.

Si empezamos por el segundo, la historia es redonda.

El Puy Mary era, leí hace un rato, la etapa con más desnivel del Tour 2020, el primero de septiembre, entre las mil cuestas de la jornada se formó una escapada de nivel Tour, de segunda semana.

Ahí estaban Alaplilippe, con su compañero Cavagna, Marc Soler y David de la Cruz, en la primera Diada coincidente con el Tour… también estaban Sivakov, Rolland más dos Bora, Schachmann y Kämna, y otros tantos del Educationn First, Powless y el citado Daniel Martínez.

Una fuga de quilates, con varias versiones, ataques, tirones y estadios hasta que la cosa se clarificó.

Dos duelos, paralelos, entre los morados de Vaughters y el Bora de Sagan que es un equipazo que roza el poste y que seguro acabará mojando.

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Powless abrió fuego, el EF movió primero, pero se inmoló ante la reacción de Schachmann.

Pero los lilas tenían una certeza, Daniel Martínez estaba ante su día en el Tour, él que vino como ganador vigente del Dauphiné, con lo que ello implica en el Tour, y acabó en el suelo el día uno.

No sé qué hubiera hecho otro, pero Daniel Martínez quemó esos días de mierda en el Tour sabiendo que de esos saldrían los buenos.

Iba como un tiro, sólo así se explica que tomara el ritmo del grupo y se quedará solo con Kämna a rueda, cuando sólo otro alemán, y del Bora iba por delante.

Les ganó a pelo, corriendo sin reservas, remando y remando hasta colgarse un triunfo que sólo podemos considerar memorable.

Ganó a dos Bora, dos ciclistas que lo hicieron todo bien, pero que en un terreno extremo acabaron doblando la rodilla ante el más fuerte.

Esta etapa de Daniel Martínez en el Tour es un ejemplo de vida: cómete los días malos, a la espera de los buenos, que seguro llegarán.

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El ciclismo y el Tour hicieron justicia como Daniel Martínez, como lo habían hecho un día antes con Marc Hirschi.

Al suizo ya le hemos loado las gracias muchas veces, pero no por ello nos cansamos, más cuando su triunfo fue la rúbrica de un equipo que trabajó la pizarra con maestría.

Es tal el estado de forma de Hirschi que no dudaron en poner a Benoot y Kragh Andersen a trabajar y controlar para él.

Una exhibición individual asentada en lo colectivo que ha calado en el corazón y memoria del aficionado, por que estas victorias, aún contando igual en el palmarés, valen por dos, y el mecenas, el que pone la pasta, seguro que lo sabe.

Imagen: FB de EF Pro Cycling

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En la explosión de Marc Hirschi no hay casualidades

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Ciclistas como Marc Hirschi son imprescindibles en el pelotón

Sobre la etapa que ha ganado Marc Hirschi estoy muy de acuerdo con este comentario…

En la segunda semana del Tour, y aquí da igual que sea en julio o septiembre, la carrera se convierte en dos: la general y las etapas.

La primera va en compás de espera, a la espera de tiempos mejores, la segunda es sencillamente espectacular, y en 2020 no está siendo una excepción, vamos a una caza sin cuartel a diario -nada que ver con la semana pasada- jornada tras jornada en una sucesión de etapones y exhibiciones que quedarán de por vida, pues lo que logres en el Tour te acompañará ya siempre.

Marc Hirschi lo sabe y no perdona, no deja títere con cabeza: liderando un brillante Sunweb, que sin grandes nombres van como tiros, sacó lo mejor de casa para abordar una etapa en la que le iba la vida entre rivales tipo Schachmann, Marc Soler, Herrada o Alaphilippe.

Terrible.

Este suizo es una bendición, agua de mayo necesaria en un ciclismo de roles atribuidos y tan marcados que no deja margen de interpretación al corredor medio.

Un ciclista total que rueda como los ángeles, sube acoplado y nos agita descendiendo: no tiene miedo, literalmente no lo conoce, se pone sobre la barra cuando la carretera parece más parcheada que nunca, domina la máquina como si fuera una extensión suya y va escribiendo historia.

Una historia que se escribe a lo grande… como casi todos los de su generación, que no esperan ni respetan los plazos, vienen para quedarse.

Y ahora la repercusión que logra no es por una derrota honrosa, es por una victoria soberbia.

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-escrito el 6 de septiembre

La etapa en la que el Marie Blanque iba a ser decisivo por primera vez en el Tour, nos ganó el corazón un gigantón suizo, llamado Marc Hirschi, que jugó y perdió a lo grande, porque en el camino entraron en acción los mejores de la carrera.

En la etapa de Lauruns, Hirschi ha demostrado que la victoria queda en los anales, en la estadística, pero en el corazón del aficionado que ama este deporte de verdad, que aprecia el esfuerzo sin condiciones y la entrega sin límites, sólo puede querer a corredores como el suizo.

Hirschi hizo todo, seleccionó antes del puerto, rodó como los ángeles, subió sin fatiga aparente, bajó con maestría y sólo el top 4 del Tour de Francia, a relevos para distanciar al resto, pudo echarle mano.

Y el Tour que entra en la segunda semana nos ha descubierto un corredor en cuyo éxito concluyen muchas cosas, y entre otras el querer aprender, siempre, incluso en etapas como las de hoy que seguro que le habrán dejado el corazón roto.

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-escrito el 3 de septiembre-

En Marc Hirschi confluyen muchos virtudes que explican su irrupción

Es curioso este Sunweb, un equipo cuyas raíces vienen de lejos, desde aquel Argos-Shimano, pero que prolonga una manera de hacer que sigue intacta, como ya hemos visto con Marc Hirschi.

Y decimos curioso, por que resulta un bloque muy eficiente en la minería de nuevos talentos, apostando a largo y sacando nombres que con el tiempo son estrellas, pero al mismo tiempo, su método, tan marcado, tan definido, no siempre encaja con alguno de sus arietes.

Y así vemos que por ejemplo Warren Barguil no dejó el equipo de la mejor manera, al igual que Tom Dumoulin, a quien tras ganar el Giro hace tres años le prometieron una mejora de la plantilla que nunca llegó, o estos mismos días con Michael Matthews, quien ganó de forma contundente, y con una buena labor de equipo la semana pasada en Plouay,

Incluso si miramos más atrás, los casos no son pocos.  

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Sea como fuere, Marc Hirschi se ha prodigado en el mejor escenario posible, escapándose con Julian Alaphilippe en el Col d´ Èze y llegando con él, y Adam Yates, a la meta de Niza.

Cierto es que ya no está delante, peroestar ahí requiere una calidad extrema de un corredor sub23 aún, que acompañó a Remco Evenepoel en el podio de San Sebastián, hace un año, y que va haciendo su camino, sin hacer ruido, en este ciclismo de prodigios imberbes.

Lo que Hirschi hizo con Alaphilippe el domingo es un tema de elegidos, y no sólo por llegar a meta con él, nos asombró su forma de remar en la subida, recortando poco a poco, viendo al francés disparado, ahí delante, y cogiéndole finalmente, incluso antes que llegar Adam Yates.

Leemos cosas de la historia de Marc Hirshi y vemos muchas que nos gustan.

De Berna, vive cerca de Fabian Cancellara, el corredor que le inspiró de pequeñito, siendo su padre un gran fan del mejor ciclista suizo de este siglo.

Con Cancellara comparte pasión, consejos y una perspectiva de trabajo que se fundamente en algo imprescindible para llevar algo tan duro como el ser ciclista adelante, tener sed y ganas de aprender el oficio, de cero, sabiendo que nunca es suficiente.

Marc Hirschi sabe lo que es trabajar fuera del ciclismo, se ha labrado un futuro por si el sueño de la bici se convierte un día en pesadilla y ha pasado por casi todas las modalidades del ciclismo, es decir conoce BTT, ciclocross y pista, antes de centrarse en la carretera.

Su perfil de competidor renacentista, completo, circular, interesado en el ciclismo y en lo que no es ciclismo, es el perfil que Sunweb ha sabido trabajar desde tiempos inmemoriales, ahora a ver cuánto le dura ese blanco al que aspiran, ahí es nada, algunos como Tadeg Pogacar o Egan Bernal.

Y es que Marc Hirschi ya merece figurar en ese listado…

Imagen: FB Team Sunweb

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Tour: ¿Qué objetivo persigue Peter Sagan?

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Sagan se complica el verde del Tour por una maniobra escalofriante en el sprint

El Peter Sagan de la segunda semana del Tour no es el de la primera: se iguala con los mejores velocistas, suma puntos en los intermedios y su pugna por el verde se estrechaba con Sam Bennett.

Pero el sprint de Poitiers ha abierto un hueco que no va a ser nada sencillo cerrar, a Sagan le va tocar remar mucho para coger al irlandés, ahora vienen jornadas en las que el eslovaco puede tener más opción que el del Deceuninck para sumar.

Va a necesitar al equipo, como el pasado viernes cuando dejó atrás a todos los velocistas, limpiando de rivales la lucha por los puntos.

En todo caso, el sprint de Poitiers ha sido posiblemente la mejor llegada del año, la muestra fidedigna de que cuando se disputa una volata en el Tour, no hay límites en el riesgo y en la entrega, la foto de Bettini retrata eso, y también la obsesión por grabarlo todo en móvil… nadie ve el ciclismo con sus propios ojos.

La acción de Peter Sagan sobre Wout Van Aert no es peligrosa, es lo siguiente, la descalificación fue de justicia, pero en estos momentos siempre nos queda una duda: ¿es suficiente con descalificar o se debe ir más alla?

Nos sucedió lo mismo con Groenewegen -quien admite que recibe amenazas diarias- en Polonia, cuando vemos la acción casi pedimos la sanción a perpetuidad, pero pasan los minutos, los días, las semanas y nadie sabe si eso va a quedar como quedó.

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Peter Sagan abre hueco donde no lo hay, cuando Wout Van Aert tiene perfectamente cogido el carril y lo respeta hasta el final, ese empujón pudo haber causado una desgracia terrible, no creo que el oficio sea eso, entiendo que es otra cosa, que es lo que hizo Ackermann en la inauguración de Tirreno  o Ewan el otro día.

Oficio es buscar agujeros donde progresar sin rozar a nadie ni causar estragos.

Dicen que Sagan lo ha hecho por que está nervioso, que no es la primera vez, lo cierto es que es complicado encontrar un velocista que en algún momento no se haya excedido y puesto en peligro a los demás, van tan en el filo que no es sencillo trazar la línea del peligro.

A la coctelera de atractivos que tenemos para estos días, añadidle que el Bora de Sagan posiblemente quiera hacer criba, y ya vimos de lo que son capaces… por que no hay novedad, hasta París ya no vamos a tener un sprint como el de ayer.

 

©Ralph Scherzer Bora hansgrohe

-escrito el 4 de septiembre-

Ganar el verde ya sería un éxito para este Sagan en el Tour

La mejor etapa del Tour 2020 no fue una de esas llegadas en alto que gusta acumular, ni una de cuesta de cabras, ni siquiera la encerrona de Col d´ Èze en Niza, fue una jornada previa a los Pirineos, por terreno cátaro y de Mistral, de peligro en cualquier palmo de terreno, seco, castellano casi, que en septiembre puede esconder más peligro que el julio, Peter Sagan lo sabía.

Y lo sabía a tal punto que la tormenta no fue de agua, ni eléctrica, fue a ras de suelo, con el viaducto de Milau que los franceses siempre cuelan en la retransmisión, «la grandeur, c´est la grandeur», con los Bora al comando y la seguridad de que su capo aguantaría, que Peter Sagan estaría para amasar puntos para el maillot verde, porque lo que es la etapa…

Comentó Alberto Contador en Eurosport si el verde del Tour era un objetivo suficiente y acorde a la categoría de Peter Sagan.

Nosotros nos lo llevamos preguntando hace días, e incluso nos frotamos los ojos cuando todo su Bora se puso a reventar velocistas de salida.

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Y bien podemos decir que Peter Sagan, este Peter Sagan, el de 2o20, el que visitaba museos en las promos del Giro, a lo más que puede aspirar es al maillot verde.

En el intermedio, Matteo Trentin, corredor que hace unos años ya le ha hecho morder el polvo, le quitó el premio gordo, en el sprint final, Van Aert encabezó una ristra de doce ciclistas que le superan.

Esa es la realidad de Peter Sagan para que el maillot verde sea su objetivo en este Tour 2020.

Si en lo sucesivo va a tener que echar mano del equipo, con este nivel de exigencia, mucho me temo que el Bora llega sin ciclistas, sí, creyendo que el Tour llegue, a París…

Pero es el capo del equipo, vino al Tour sin preverlo, con su primer Giro a un mes vista de empezar.

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El problema de Peter Sagan es que cosas que hace un tiempo no hubiera perdonado hoy se le escapan de la mano

Cuando ve a Van Aert debe ser la horma de su zapato, aunque mejorada, a tenor de lo que vemos.

Peter Sagan se puso el listón muy alto hace años, en la tele, en las estadísticas, en la ruta y en el corazón del aficionado, y ahora no nos acostumbramos verle en perfil bajo.

Pero Sagan no desiste, sabe que pisa un terreno que nadie conoció, sabe que, igual que es único siendo triple campeón del mundo consecutivo, podrá ser más único con el octavo maillot verde del Tour, tan dejando más atrás a Erik Zabel.

Y no cejará en el empeño.

Ya puede apretar el culo Bennet y ganar etapas Van Aert, por que delante tienen a un ciclista que en sus horas más bajas sigue teniendo un peligro infinito.

Y no, no lo sobrevaloramos, a la historia nos ceñimos.

Imagen: © BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

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A Fabio Aru se le acaba el crédito

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Fabio Aru sigue sin recuperar su mejor versión, la que vale el precio que pagan por él

Hablo con un médico sobre los problemas de arteria iliaca y sus consecuencias y es demoledor, Fabio Aru lo debe estar experimentando.

Pasados unos años de profesional, con cientos de miles de kilómetros en las piernas, una anomalía en la arteria iliaca puede emerger como un lastre decisivo para un corredor que camine por la edad de Fabio Aru, un problema de circulación, que no es menor, y que deja seco al corredor.

No sabemos qué nivel de incidencia está teniendo este fantasma sobre Fabio Aru, ahora mismo, pero sí que es donde empezó todo, el kilómetro cero de un declive que, por mucho que queramos lo contrario, no pinta nada bien.

Hace tres años le recordamos ganar un Campeonato de Italia dando una exhibición brutal, en un estado de forma que alargó hasta el Tour, donde puso su nombre en la prestigiada Planche des Belles Filles y llegó incluso a ser líder.

Fue efímero, le costó horrores acabar bien esa carrera e incluso quedó fuera de podio, y por detrás de un Mikel Landa metido a labores de gregario.

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Los años 2018 y 2019 de Fabio Aru han sido un calvario amortiguado por sus mentores, en especial Matxin, quien nunca ha dudado que el sardo volvería a su nivel de siempre.

Así nos habló de él hace unos meses, en pleno confinamiento:

¿Qué le pasa a Fabio Aru?

«Fabio es un ciclista excelente que lleva dos años en los que no levanta cabeza. Conviene no olvidar que alguno de los ciclistas que ha sido operado de la arteria iliaca ha tenido que dejar la bicicleta»

¿Seguís confiando en él?

«La calidad y el palmarés que atesora están fuera de toda duda, es un profesional, pero hace falta que tenga suerte. Creemos en él, su nivel a inicio de año era bueno y esperamos que lo recupere»

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Sin embargo esa fe inquebrantable, ese crédito que parecía largo, empieza a tambalearse, Fabio Aru ya no tiene el favor de sus mentores, no al menos de todos, por que Giuseppe Saronni ha cargado duro contra él tras quedarse cortado camino de Lauruns, antes incluso que se empezara a subir el primer puerto y ojo que no es tan sencilla la cosa, la acusa de ser «endeble» mentalmente, hecho que choca frontalmente con lo que siempre nos habían dicho del italiano, que es un profesional como la copa de un pino, que no deja nada en el tintero y que en su cabeza residía parte de su fuerza.

Ahora Fabio Aru no tiene contrato para el año que viene y no será sencillo ficharle en estas condiciones, a sabiendas, además, que es uno de los corredores mejor pagados del pelotón.

La baja de Aru se suma además a la de Davide Formolo para dejar a Tadeg Pogacar con un equipo muy justito de cara a los Alpes: David de a Cruz, lesionado, junto a ciclistas poco útiles en montaña como Kristoff, Marcato y Laenger.

Le quedaría un líder de Giro de Italia, Jan Polanc, para desarrollar ese trabajo en el que Fabio Aru debería haber contribuido.

Imagen: FB UAE Emirates

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