Velocistas: una especie en extinción

Ciclistas velocistas - JoanSeguidor

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La bajada de las llegadas al sprint deja a los velocistas sin opciones en las grandes carreras

El otro día en la París-Tours, carrera que resultó preciosa al espectador a costa de traicionar su linaje de grandes velocistas, despertó las críticas de algunos ciclistas.

Entre otros recuerdo la de Arnaud Démare, quien, a pesar de ser el velocista que se adapta bien a otros terrenos, tipo tierra o adoquín, comentó que el experimento no le gustaba.

Ahora, a la luz del recorrido del Tour de 2019, Arnaud Démare admite abiertamente que ir al Tour no es una obligación…

«A primera vista, es un recorrido particularmente de resistencia.

Definitivamente haremos malabares entre la montaña y la media montaña con escasos finales para el sprint.

No va a ser fácil, en comparación con años anteriores, esta edición de 2019 no será en absoluto favorable para los velocistas.

Pienso que las etapas de media montaña llegan pronto para los que no son escaladores, antes de que lleguen esas pocas etapas llanas donde es probable que todos estemos cansados.

Todavía no conozco mi calendario para 2019, lo discutiremos en noviembre y debemos ver si el equipo piensa apostarlo todo por Thibaut Pinot.

Por lo tanto no estar en el inicio puede resultar ser una posibilidad.

Ya me había pasado en 2016 y no es una obligación estar allí el próximo año»

DT-Swiss Junio-Agosto

Que el mejor velocista francés, ganador de sendas etapas en las últimas ediciones, opine esto es el ejemplo de que el ciclismo camina hacia los recorridos descompensados y poco justos.

El velocista es una, otra diría yo, especie en extinción 

De siempre se ha sabido que el corredor rápido las pasa canutas para sortear la montaña con mejor o peor suerte.

Sin embargo había premios, incentivos que le hacían seguir en la brecha.

A veces, con mala fama, como la de Mark Cavendish y los coches.

El capo del Tour, Chistian Prudhomme, admitió sentirse impresionado por los infiernos que pasaron corredores como Peter Sagan o el mentado Cavendish para seguir vivos en la carrera, el año pasado.

A su vez enumeró tres etapas para velocistas la primera semana, dos en la segunda y otras tantas en la tercera.

Para Prudhomme, París es la gran jornada de los velocistas.

Sin embargo cabe preguntarse si les merece la pena vagar por todas las montañas de Francia para jugarlo todo a una jornada, a una avenida.

En invierno, probad Endura 

Sabemos que las carreras que acaban al sprint no tienen buena reputación, pero un buen sprint, el momento del látigo, es una de las esencias del ciclismo.

Y cada vez son menos las opciones que tienen los grandes de la velocidad, que casi tendrán que centrar su tiro en las carreras de inicio de temporada, por las planísimas Abu Dhabi y Dubai.

 

El Tour, la carrera que todo el mundo espera y acostumbra a decepcionar

Tour de Francia carrera decepcionante JoanSeguidor

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La sensación de vacío invade el buen aficionado ciclista cada vez que acaba una etapa del Tour

 

No hay carrera ciclista que se mida al Tour de Francia.

Para algunos el ciclismo de hecho sólo existe en julio, y todo lo demás, es un largo penar donde el ciclismo no entra en los favoritos de su escritorio.

Lo apreciamos mucho en el miundo anglosajón, con el seguimiento que hacen del Tour, y también la ingente producción documental que existe sobre la carrera.

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Pero que el Tour sea lo más esperado, no siempre significa que plazca más.

Los mejores siempre van al Tour

Hay una prerrogativa clave en el Tour, y es que es la carrera que por sí sola justifica el presupuesto anual de un equipo.

Con esta verdad, se pueden entender muchas cosas.

  

Por ejemplo que Francia mantenga tantos buenos equipos, incluso sin ganar su carrera desde hace casi 35 años.

Pero también que el peso de la responsabilidad es tan grande, que fallar en el Tour, es fallar todo el año.

Hay miedo, pavor a perder lo logrado.

Equipos enteros vertidos a objetivos que para el espectador no se justifican, pero que para ellos son vitales, por un sistema de puntos que no está ideado para el espectáculo.

Y así vemos a gente defender su décima plaza o a bloques verter su talento en la general por equipos.

Una situación que en cualquier otra carrera, con menos en juego con menos corsés, no se da.

Como tampoco se da la repetición casi extenuante de un modelo de recorrido que no ofrece nada nuevo ni incentiva la aventura.

El Tour son tres ciclos desde que la tierra es redonda: primera semana, Pirineos y Alpes.

Pueden variar el orden de las cordilleras, pero la variedad que ofrecen Vuelta y Giro no se da en el Tour, que sin embargo ha cambiado algo su guión respecto al patrón que traía a medida desde hacía tiempo.

Así las cosas, el Tour se convierte, paradójicamente, en la carrera más sencilla de controlar por un equipo que le tome la medida.

Eso es un equipo que tenga un líder muy fuerte y varios gregarios que anden lo mismo, o más, que los rivales.

Y sí, es la descripción del Team Sky y la realidad que impone.

Pero el Tour no es sólo la general

Desde hace un tiempo, por eso, con la general y todo lo gordo bien atado por los ingleses, luego hablaremos más de ellos, el Tour nos abre la ventana a una clásica diaria.

Es una serie de capítulos que no siempre van conectados y que por separado son tremendos espectáculos.

Las llegadas al sprint, la carrera de gente como Van Avermaet, Alaphlippe, Sagan… corredores top, que nunca ganarán el Tour, pero que saben entretener.

Incluso si nos apuráis, la carrera, al menos este año, ha tenido pasajes bonitos.

El final de las dos etapas alpinas, la jornada corta, la del Tourmalet-Aubisque.

Son jornadas que merecieron la pena.

En fin, que nos toca esperar otro año para volver a vernos en las mismas: toda la expectación del mundo en una carrera que deja sabor agridulce.

Pero es el Francia, y como dicen ellos «c´ est le Tour» y con ello llevan viviendo más de cien años.

Imagen tomada del FB de Team Sunweb

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El gravel, ese concepto que está al caer… 

¿Por qué Tom Dumoulin es uno de los ciclistas más admirables del peloton?

Tour - Tom Dumoulin JoanSeguidor

Tom Dumoulin ha firmado una gesta inédita en mucho tiempo: segundo en Giro & Tour

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El camino que Tom Dumoulin emprendió el año pasado, ganando el Giro, sigue su curso.

En materia de grandes vueltas podríamos decir que es el ciclista más cotizado del momento.

Un corredor que ha dado saltos de gigante, desde aquel querubín que se partía la cara con Tim Wellens en el Eneco, ofreciendo la versión más amable de este bello deporte.

 

Una versión que habla de dar la cara, no esconderse, tomar las riendas, no pedir ayuda, tener personalidad y morir con tus principios a cuestas.

El codo quieto.

Cualquier avispado lo habrá visto.

Como habrá comprobado que este Tour no le iba en nada.

no es que fuera el Tour más duro de la historia, pero la crono, esa noble modalidad que los mide a todos individualmente brilló por su ausencia.

 

Dumoulin, el doblete de plata

Tom Dumoulin llegó al Tour con las mismas hechuras que Chris Froome, y lo que no logró en Italia lo consiguió en Francia: superar al británico. 

Una semana más ha tenido la culpa, una semana de descasnso extra, gentileza del Mundial de fútbol, que abrió el espacio entre las dos grandes.

De no ver a nadie en sendos podios en veinte años a tener a Froome y Dumoulin.

Si en el primero no es más que la extensión de un ciclo irrepetible, Froome llegó al Tour tras ganar tres grandes, para Dumoulin es la confirmación.

Es la forma de demostrar que es un corredorazo hecho y derecho.

Que ha crecido y madurado tanto como para ponerse a tirar a por Froome en Alpe d´ Huez, sabedor que le Geraint le iba a dar matarile por detrás.

Que ha mejorado tanto como para subir con los mejores escaladores y mantenerles a distancia, como hacia Miguelón, para matarles en su terreno.

  

Si Froome ha ganado tres y sido podio en otra en sus últimas cuatro grandes vueltas, Dumoulin asegura una línea imperial: ganador y segundo en el Giro y segundo en el Tour.

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Pero lo más admirable de Dumoulin es que no lloriquea, no pone excusas, no se escuda en la ausencia total de cronos.

¿Qué no haría Dumoulin en un Tour con 100 kilómetros de crono?

El holandés que devolvió esas tierras bajas a la segunda plaza del Tour, treinta años después de Rooks, tras Perico, es un ciclista que mira los recorridos, hace de tripas corazón y va con todo.

Ganó un Giro con Stelvio y mil montañas, y ha sido el último resorte frente al Team Sky.

El Team Sky ese enemigo transversal cuyo poder Dumoulin conoce de primera mano, tanto en carretera como fuera de ella.

A la derecha de dos miembros del equipo británico, Dumoulin al menos ha entendido que, por mucha náusea que le cause, Froome, una vez ha tomado la salida, es rival, y no merece la pena marear la perdiz.

Y que la vida es tendenciosa, y te pone al lado tu denostado rival porque el cronometraje del Tour se ha emborrachado y no queda claro quién ha ganado el Tour.

Se vio buen rollo, y nos alegramos, pero hay mar de fondo, no hay que ser un adivino.

 

Sea como fuere Tom Dumoulin es ciclismo, venido de tierra de ciclismo.

Ha explorado, como un día dijimos, ahora sólo cabe ver qué recorrido tiene su apuesta.

Imagen tomada del FB de Team Sunweb

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El Cruz Race es un funcional portabicicletas de techo… 

Siempre hay algo que importuna al Movistar Team

Daniele Bennati JoanSeguidor

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Otro año más, el Movistar Team se va sin el Tour que tanto ansía y cada vez tiene más lejos

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Movistar Team es el nombre actual de una estructura histórica que va camino de los cuarenta años.

Una estructura que que acumula Tours, grandes triunfos, etapas. Una sapiencia casi infinita.

Fruto de ese recorrido, Movistar Team cada año acude a la mejor carrera con las mejores intenciones posibles.

 

 

Hay que admitir que ponen empeño, reúnen buenos equipos y venden bien el producto.

Lo venden demasiado bien.

Hace tiempo, por eso, que no hablan del #SueñoAmarillo, un hashtag que Nairo ha comprobado es una trampa.

  

 

El balance del Movistar

Eusebio Unzúe ha hecho autocrítica de su Tour.

Ha sido una autocrítica, como no podía ser de otra manera, de refilón.

Ha puesto en una balanza lo bueno y lo malo pero oírle hablar no sé si ayuda a entender lo sucedido. .

Una cosa está clara: para Movistar el resultado ha estado muy alejado del deseado.

Un resultado que se repite, de forma constante, un año tras otro. Un día de la marmota en azul celeste.

 

 

El tridente, los tres líderes, ha sido poco menos que mal interpretado por la concurrencia.

Eso dice Unzúe, como si la prensa le hubiera puesto tres gallos en el corral.

Que Alejandro Valverde nunca fue un líder, como años atrás, cuando tampoco era el líder, cuando iba a trabajar para Nairo, y acabó en el podio.

Contra viento y marea.

 

En una cosa Eusebio Unzúe dice la verdad.

Lo hace cuando habla de la actitud de su equipo, y sus ciclistas.

El trabajo de los currantes de Movistar fue ímprobo. En Roubaix tuvimos un ejemplo, lo que hizo Andrei Amador por Landa en Tourmalet fue excepcional.

Esa actitud es innegable, porque además es la que se le supone a un ciclista pro.

Esta gente va al 110%, nadie lo cuestiona.

El problema es quien lleva el timón.

En Movistar las órdenes se solapaban una tras otra, como los objetivos.

Salvar la jornada del pavé se hizo muy bien, pero en la montaña hubo más de lo mismo.

Subir al podio de París como mejor equipo será algo que venda en el dossier de Abarca, pero ¿realmente trasciende más allá?

¿Acaso no era más goloso tener a Perico u Indurain en lo más alto?

Será que en ciclismo las tornas han cambiado mucho y al final vende más un triunfo colectivo que la general de todo un Tour de Francia.

 

Las instrucciones han sido las que han sido y en la carretera se plasmaron.

Han manejado un talento enorme como el de Soler, Amador y compañía en veinte objetivos, sin rumbo claro, ni horizonte nítido.

Y cuando han atacado a la general ha pasado lo de siempre.

Cinco años después de chocar en el Tour, desde el primer triunfo de Froome, en el que Nairo se postuló como principal rival, Movistar se declara incapaz frente al Sky.

Como otros tantos equipos, pero en el caso de los azules, ellos han sido los que se ha situado en la vanguardia frente a los ingleses.

Tácticas de siempre, con los resultados de siempre.

Se intentó en los Alpes a pares, Valverde-Soler. en los Pirineos, Landa-Amador, porque Nairo colmó sus aspiraciones con el triunfo de etapa…

El resultado siempre es el mismo. El Team Sky es una roca que mantiene tres, cuatro o cinco efectivos y siempre igual.

Y claro en estos casos, surge el tema del dinero, como si fuera lo único.

Es presupuesto, qué duda cabe, pero es gestión, determinación, claridad de objetivos.

Si el Sky hace lo suyo, los demás van a remolque, Movistar los primeros.

En fin, que en la Vuelta tendremos tridente segunda parte, lo pasaremos bien.

Imagen tomada de FB de Movistar Team

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El nuevo conjunto tope de gamma de Maglia Sport

 

El problema no es del Team Sky, es de otros

Tour - balance Team Sky JoanSeguidor

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El Team Sky ha ganado seis de los últimos siete Tours de Francia en nueve años de vida

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Al Team Sky aterrizar en el ciclismo no le resultó sencillo.
En el libro de «Sky´s the limit» lo explican.
No fueron acogidos con mucha fe, mucha novedad en un mundo, el ciclista, conservador.

 

 

 

Su objetivo: ganar el Tour con un inglés.
Tardaron tres ediciones en lograrlo. Bradley Wiggins abrió el melón y ese Tour fue el primero de unos cuantos manteniendo un patrón muy similar.
El Team Sky se ha convertido en el rodillo, el equipo especialista en el Tour de Francia.

Es la carrera que mejor dominan, lejos incluso de otras que se suponen más sencillas, como Vuelta, Giro y algunas clásicas.

  

 

El Team Sky no pretende sorprender

En el camino hacia el triunfo del Team Sky, el conjunto inglés aplica una fórmula que por sencilla resulta apabullante.

Es el único equipo que corre para ganar el Tour, hasta el final y las últimas consecuencias.

Pero es que además este año han introducido una novedad, una segunda baza que pasó a ser primera en cuanto se requirió.

Geraint Thomas ha respondido como lo habría hecho Chris Froome.
Incluso creo que hasta mejor, porque al cuádruple ganador se le recuerdan momentos complicados en su travesía hacia el amarillo en París.
Cuando hablamos del convencimiento del Team Sky en el Tour, nos referimos principalmente a que todos los equipos parecen ir a remolque de sus actos.
Como cuando Bahrain limitó el ataque de Valverde, como cuando Dumoulin tiró a por Roglic, ahorrando calentón a los compañeros del líder.

El ciclismo, el Tour, en especial, gira en torno al Team Sky y no es la primera vez.

Llevamos años viendo un «déjà vû» en el Tour.

Un día de la marmota que se repite y se repite: un bloque férreo al frente y todos detrás, amilanados e intimidados.

Todos van a remolque del Sky, y eso es culpa de los demás, no de los ingleses.

Llevamos años con el mismo cuento y nadie le mete mano al Sky en el Tour.

 

En el éxito del Team Sky no todo es dinero

Sé que es sencillo hablar de dinero, recursos, medios y esas cosas.

Es obvio que el dinero juega su papel, pero también ser meticuloso, cuidadoso, espera atento a todo, contar con todo y plasmarlo.

Y eso el Team Sky lo aplica tanto en la carretera, como fuera de ella.

Dígase fallo sobre el caso de Chris Froome.

 

No estaría equivocado al pensar que Sky ya trabaja en el Tour de 2020, sólo así se explica esa sensación que da verles dos o tres pasos por delante del resto.

El fichaje de Egan Bernal es un ejemplo.

Y qué decir cómo trabajan, como afilan sus ciclistas.

El Kwiatkowski del Quick Step no soñaba subir colosos como lo hace aquí, el Castroviejo de Movistar tampoco.

Ambos mantienen sus virtudes de siempre, pero acentúan su valor por el trabajo de equipo.

 

Así son las cosas, así suceden.

Sé que ganar como lo hacen los ingleses no siempre es popular, que este año además, han sorteado un clima muy hostil, pero es que es lo que hay y lo imponen.

Y cuando alguien hace bien su trabajo, no cabe otra reflexión que motivarse para mejorarlo.

Imagen tomada del FB de Team Sky

 

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Viste como el Team Sky en el Tour 

 

 

Tour: Mikel Landa ve pasar otro tren

Movistar Tour JoanSeugidor

 

A pesar de reclamar por activa y por pasiva el liderato, el Tour nunca estuvo al alcance de Mikel Landa

 

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Dice Eusebio Unzúe sobre su tridente, Landa, Nairo y Valverde, que ha acabado en puestos que su categoría no merecía.

¿Qué significa eso?

Implica que ¿los seis ciclistas han quedado por delante de Landa no deberían estar ahí?

Que ¿Landa es mejor que ellos?

O que, como siempre: la conjura de los elementos juega en contra del Movistar y los suyos.

Sea como fuere el séptimo puesto de Mikel Landa es lo que hay en una carrera, el Tour, que como ellos saben, mucho mejor que nosotros, no perdona, es rodillo y pasa factura en cada esquina.

Mikel Landa se agarra ha que no ha dicho la suya, que incluso ha estado lastrado.

Es que esto es el Tour y todos los grandes han estado lastrados en un momento u otro.

Dumoulin en el Muro de Bretaña, Roglic en la crono por equipos, Froome se cayó el primer día…

El único que ha salido indemne de todo ha sido el ganador. Nada nuevo bajo el sol.

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El camino de Landa en el Tour

Mikel Landa llegó al Tour de Francia 2018 con la larga resaca del anterior.
El hecho que quedará a un segundo del podio, de un Bardet que se desfondó, tras trabajar para Froome era el aval para liderar el Movistar.
Pero ¿era suficiente argumento?
Para él sí, aunque desde fuera lo más normar la opción de Nairo, más curtido y con grandes vueltas ya ganadas, si bien con una brutal sensación de haberse estacando.
Mikel Landa como si oyera llover, él iba a optar al Tour.
Tuvo el percance de Roubaix que le perjudicó en los Alpes, pero en los Pirineos, o había secuelas, o no había fuerzas, o sencillamente no había más.
Y ahí es donde radica el problema, en que no haya más.
Mikel Landa, como Nairo Quintana, ha tenido el camino más apropiado para el Tour, para llegar bien, en disposición y con opciones.
No se ha dado y ellos son los que deben saber el motivo, más allá de lo que nosotros podamos pensar o especular.

 

 

Porque puestos a especular, lo que hemos visto es un corredor, volviendo Landa, que ha querido pero que no ha podido.
Que sus declaraciones han llegado donde sus piernas no, y que, cuando se armó del valor para intentarlo, a cien kilómetros en la etapa del Tourmalet, se escudó en el trabajo de otros equipos para decir que no le había salido.
Eso, creemos, son excusas de mal pagador.
Decir que el Lotto-Jumbo tiró para fastidiarle la fiesta es poner humo a un Tour muy alejado de lo que prometió.
Los holandeses tiraron para que Roglic no perdiera pistonada, como Movistar ha trabajado denodadamente en la clasificación por equipos y ese objetivo supremo seguro que habrán fastidiado a terceros.
Decir lo primero, pasando por alto lo segundo es contar la versión que interesa.
  

 

Me llamó mucho la atención, en la previa del Tour leer gente que el favorito único y casi inequívoco era Mikel Landa.
Nos extrañó porque Landa de capo aún no ha rendido a satisfacción.
Y no es tan complicado comprobarlo. Lo del Tour del año pasado, él mismo lo dice, le vino un poco de rebote, y en el Giro 2015 lo cierto es que al final no se sabía si era él, si era Aru, o como se vio ninguno de los dos.
Lo cierto es cosas tangibles, resultados que hacer valer, de principio a fin, «rien de rien» hasta la fecha.
Y en la vida, son todo trenes que pasan. El año pasado, cuando iba sin cadena, el tren llevaba capitán, Chris Froome, como cuando Roberto Heras corrió sus mejores días con Lance.
Landa es un excepcional ciclista, con un talento que le viene de origen, pero… las cosas no siempre son sencillas, y al alavés creo que el Tour, ahora mismo como que no.
Han quedado seis ciclistas por delante de él, y de esos seis, varios contrarrelojistas que han tenido sólo 30 kilómetros para expresarse.

¿Qué habría sido de Landa en los tiempos de Indurain e Hinault?

Landa y Movistar

Ahora surgen preguntas sobre la suerte de Mikel Landa en el equipo celeste: se cuestiona si se equivocó o no.
Lo cierto es, a la vista está, Movistar no es el mejor equipo para ganar el Tour, pero otra cosa es que Landa vuelva a cambiar de aires.
Sea o no Astana, serían tres o cuatro equipos en cuatro años, una barbaridad, un retrato fiel de que quizá, entonces, el problema no sea el maillot y sí el corredor.
Otros, como Geraint, supieron ser pacientes hasta que la bola volvió a su tejado.
Imagen tomada del FB de Movistar Team
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La dignidad de Chris Froome está por encima de todo

Tour - Chris Froome JoanSeguidor

Dignidad, lucha y estómago define el Tour de Francia para Chris Froome

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Por primera vez Chris Froome no ha sido el plan A.

Por primera vez, el Team Sky, y mira que eso es difícil, se plantaba en el Tour de Francia con dos bazas declaradas.

No quizá de forma explícita por el staff, pero sí por parte de los propios corredores.

Desde inicio de año, Geraint dijo que él, le sabía mal por Chris, pasase lo que pasase, iba a por el Tour.

 

 

Las ambiciones del que ya es ganador del Tour 2018, junto al Giro que pesó en las piernas de quien defendía el título del Tour de 2017, fueron la alienación de los astros.

 

 

Froome nunca fue el plan A

Nos costó darnos cuenta, hasta la cima del Portet.

Mientras Nairo saboreaba su etapa, comprendimos que Froome no había sido la primera carta de su equipo.

Costó verlo en la carretera, porque Froome, sin estar súper, tampoco había demostrado flaqueza.

Por ese mismo hecho, porque su máscara no se cayó hasta el corazón pirenaico tuvo más mérito aun que Froome no hiciera valer su dorsal uno en el equipo.

Porque el Froome de este año no era el de otras veces, cierto, pero su sola presencia, y la de su equipo ya intimidan.

Si Froome hubiera pulsado el botón rojo, el Tour a temblar.

Ni más ni menos.

  

 

Pero pasaron las jornadas, y el temido ataque de Froome no llegó, ni siquiera la falacia de montar un teatrillo que quitara a Geraint de la cabeza.

Eso, en Froome, que padeció el peso del liderazgo negado en tiempos de Wiggins, no nos lo hubiéramos imaginado.

Pero cosas peores hemos visto.

 

El orgullo de Froome

Sin opciones de victoria, sacado del podio por un Primoz Roglic esplendoroso en el Aubisque, se nos antojaba complicado verle pisar el cajón de París.

Y sin embargo lo va a hacer.

Cuando firmó en la crono su acceso a la tercer plaza, sobre un rival en el papel mejor contra el reloj y crecido, comprendimos que este inglés que ha convivido con lo peor de este deporte, incluso después de doblegar cuatro veces el Tour, es uno de los grandes.

Sí, así de claro y sencillo.

Froome ha tenido los medios, dinero y gente que le han facilitado desmontar su positivo, al punto de revertir la situación.

Su proceso se ha explicado mal, su resolución peor. 

 

Siempre pensamos que no debió tomar parte del Giro que ganó.

Pero chicos, él se agarraba al resquicio legal y a la presunción de inocencia extirpada del ciclismo.

Y le salió bien.

Y en medio de ese ambiente viciado, cargado y tenso se ha sacado un Giro más un podio en el Tour.

¡El mismo año!

Eso no lo cuenta nadie desde hace veinte años.

 

Froome gustará más o menos. Atraerá más o menos. Pero es un corredorazo, un ciclista de época, de la suya como otros tantos hubo de las suyas respectivas.

Y eso no lo podemos negar, porque sería esquivar la mayor.

Cuando Froome se pone un dorsal es para entregar lo mejor de sí, e incluso aceptar, como ha sido el caso, que el triunfo le corresponde a un compañero.

 

Froome no le ha regalado el Tour a Thomas, pero ha contribuiído, qué duda cabe.

Y en su haber, en su palmarés de ensueño, se lleva nuestra admiración y respeto, porque la vida no se lo ha puesto nada fácil.

Imagen tomada de FB de Team Sky

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El nuevo Cruz Roof wheel carrier es un portarruedas de techo compatible con la mayoría de ruedas delanteras de bicicletas.

No somos conscientes de lo que ha hecho Egan Bernal

libro - Egan Bernal JoanSeguidor

No sabemos cuándo, pero Egan Bernal un día hará suyo todo lo que quiera

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Poner listones, objetivos, es problemático. Egan Bernal ahora mismo está en ese momento.

Un momento dulce, donde todo sale, donde incluso las heridas y el dolor –dígase Volta a Catalunya– pasan rápido.

En el Tour de la explosión de Roglic, de la confirmación de Dumoulin, la brecha que Egan Bernal abre en el corazón del aficionado es grande.

 

 

Pero no somos conscientes de lo que estamos presenciando.

Un ejemplo: en la retransmisión de Eurosport sobre la subida al Aubisque, Javier Ares hace un inciso sobre Bernal.

Viene a decir que no sabe acompasar, o como que se acelera en exceso en ciertos momentos.

Alberto Contador responde rápido: “Nos olvidamos de que tiene 20 años”.

Y Antonio Alix añade: “Ahora los de su edad están debatiéndose en la Vuelta a León”.

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Las hechuras de Egan Bernal no entienden de edad

Cuando el Team Sky dijo que Egan Bernal iba a venir al Tour de Francia no acabamos de verlo claro.

  

 

Muy joven, pero mucho, equipo de jerarquía muy marcada, dos líderes por delante, una carrera que es la más dura, el Tour, y excesivo trabajo para hacer.

 

 

 

¿A qué irá Bernal al Tour?

A ayudar, lo dudábamos, por su propia edad y madurez.

A liderar, lo descartamos, teniendo a Froome en capilla del quinto Tour y Geraint en la flor de la vida.

 

¿A qué irá?

Pues como siempre en la vida, la realidad es tozuda y acaba por los cauces marcados.

Egan Bernal vino al Tour a sentar cátedra de cómo se maneja un neo, hace menos de un año ganaba el Avenir, entre los mejores y más experimentados ciclistas del mundo.

Ya en la primera jornada, cuando quedó cortado evidenció que su ambición no entendía de edad y ternura.

Cortado, se puso a remontar y remar para mitigar las pérdidas.

La exhibición de Alpe d´ Huez

Y aunque en el pavé le vinieron todas las lecciones de golpe, Egan Bernal sembró de admiración la subida a Alpe d´ Huez.

En el día que sentimos náuseas por lo impresentable de algunos que se llaman aficionados, Bernal fue el rayo en medio del humo de las bengalas.

Una exhibición que se completa con lo visto en los Pirineos y con una actitud fuera de toda duda.

Bernal ha sido la sombra de Geraint y de Froome, alternativamente, sabedor de quién debía ayudar en cada instante, casi de forma automática.

Con una naturalidad que excede lo que esperábamos de él.

Hablaremos del Team Sky, del rodillo que aplica, del dominio que exhibe, pero quedaros con movimientos como éste, ser lo primeros en fichar talentos como éste.

Es en casos como el de Bernal donde vemos la profundidad de acción del equipo inglés.

Domina ahora y asegura el dominio en los próximos años.

Las cosas no son porque sí.

Imagen tomada del FB de Team Sky 

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Castelli en la cita donde el ciclismo nunca duerme