Tour: Richie Porte en su momento

La vida deportiva de Richie Porte ha sido como una especie de embudo, una escalera cada vez más estrecha y estrecha hasta conducirle al momento actual.

El tasmamo surgió rápido entre la élite. En 2010 fue hasta maglia rosa en el Giro, y lo que entonces pensamos que sería la primera prenda de muchas entre los mejores de las grandes citas, ha sido la única. Aquel corredor de contundente pedaleo y ambición cincelada por la dificultad de venir a triunfar desde la otra punta del mundo, parecía sin duda un ciclista venido a marcar una época, mejor o peor, pero una época.

Al año siguiente Richie Porte coincidió con Alberto Contador en el Giro del que sería desposeído el madrileño. No se le recuerdan grandes servicios, no al menos al nivel de los que realizaría para Chris Froome en los Tours venideros, siendo auténtico ángel de la guarda del tres veces ganador de la mejor carrera.

Pero, de forma paralela, Porte alimentaba una ambición personal. Aún en el Team Sky, tuvo dos opciones de portar galones, en ambas falló: Tour del 14, con Froome fuera, no estuvo entre los mejores, y Giro 15, el famoso de la rueda que acepta de Clarke, con la consiguiente sanción en tiempo.

Porte volvió a ser clave en el segundo Tour de Froome, le salvaría, una vez más, en Alpe d´ Huez, como dos años antes cuando le fue al coche por el gel. Ese Tour fue el punto y a parte, quería más, y en el Team Sky había tocado techo, un techo amarillo y británico pero de pasta keniata.

Porte cogió rumbo al BMC y asumió galones con otro de esos lideres de medio hervor, Tejay Van Garderen, muy buenas maneras, grandes dotes, excelentes perspectivas, pero siempre, en los grandes momentos, se quedaba con las ganas. Ya el año pasado Porte fue el líder del BMC, la mala suerte del inicio y esa increíble caída en el colapso del Ventoux nos dejaron con ganas de más, con la certidumbre de saber que el tasmano, con la suerte de su lado, podría darnos un buen rato.

Y en esa estamos, el cerco se estrecha, la edad aprieta, la experiencia no es poca y Richie Porte encabeza, a la par con Froome, las apuestas previas para ganar el Tour. Yo creo que para ver las posibilidades de Porte era necesario todo este preámbulo para explicar que es ahora o nunca, que éste es el momento, su momento, lidera en solitario el BMC, ha realizado una buena temporada, con el disgusto, temporal, del Dauphiné y el recorrido es de su agrado, como no podría ser de otra manera, pues si algo tiene es polivalencia.

Tres cosas pueden jugar en su contra: que pueda llegar pasado de forma, si en Dauphiné los grandes nombres parecían un escalón por debajo, él estaba casi a full, muy pronto quizá, otra cuestión, los descensos, y en especial ese Mont du Chat que desnudó sus carencias ante los rivales y las cámaras y el tercer factor, el anímico, son ya bastantes las veces que se ha estrellado contra sus limitaciones, romper ese topo está en su mano, pero no será sencillo, Porte, como otros muchos en su lugar, está en capilla de algo grande, que nunca llega y eso puede acabar pesando.

Por todo eso creo que para Porte lo que ocurra en este Tour es clave, ya no sólo para su presente, también para su futuro. Sabe qué implica esta carrera, que lo que logre, lamentablemente, puede borrar de un plumazo todos sus logros pasados, porque para bien o para mal, la vara es el Tour. Yo creo que merece suerte, se ha hecho acreedor a ella.

Imagen tomada de FB de BMC Racing Team

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