Un Tour sin público… si no hay más remedio

Ahora firmaríamos un Tour, aunque fuera sin público

Lo que cambia el cuento, no hace ni dos meses que reportábamos sobre la cancelación del Tour de Normandía, que renunció porque se les planteaba una edición sin público.

«El ciclismo es un deporte popular y el Tour de Normandía es un festival popular que debería seguir así. El mundo entero está ante algo desconocido que nos deja sin ayuda. Siendo una organización de voluntarios, con las medidas ya impuestas y las que puedan venir, no celebraremos nuestra 40 edición en 2020»

Pues bien, el cuento, como decimos ha cambiado, aquella imagen de las llegadas de la París-Niza sin nade al otro lado de las vallas nos pudo parece extraña, pero la aceptamos, la dimos por buena por un puñado de ciclismo.

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Y la vimos y apreciamos como un tesoro, que es lo que fue, antes de la travesía en el desierto en el que nos encontramos.

Ahora ya sabemos en qué queda el nuevo y frenético calendario que la UCI propone desde el uno de agosto con la Strade Bianche.

Una propuesta en la que el Tour de Francia está en el límite de todo lo normal y humano: ¿tendrá público?

Si nos atenemos a los plazos que maneja el estado francés creo que lo más coherente sería pensar que no podrá ser.

Habrá opiniones de todo, obvio.

Eusebio Unzué no descarta un Tour sin público.

Miguel Indurain no lo ve posible.

Estos dos extremos de la misma cuerda suponen un debate que hoy, a primeros de mayo, no admite discusión.

Hay una cuestión que pasa muy por encima del ciclismo, bueno podríamos decir que dos.

La primera, la más extendida, que estamos ante una crisis de salud que saca de la ecuación muchedumbre y gente de las cunetas, en las salidas y llegadas, además septiembre no es un mes hábil como podría serlo julio para arrastrar grandes masas a la carrera.

La otra es la economía, en este caso del ciclismo.

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Que no se celebre el Tour sería una catástrofe para el primer escalón del ciclismo, del otro nadie habla.

Si para salvar el trago hay que hacerlo con el mínimo de gente en los bordes, con puertos a «puerta cerrada» y ciclistas con la única compañía de la moto de diferencias y del operador de cámara, pues adelante…

Esto pasa por salvar los muebles, las florituras quedaron para otros tiempos.

Aquellas atmósferas cargadas de Alpe d´ Huez hace dos años, con gente encendiendo bengalas, tirando a Nibali de la bicicleta nos levantaran hasta nostalgia, pero quedarán ahí, en el cajón de los recuerdos de un Tour con público, porque ahora pensar en otra cosa es un lujo que no nos podemos permitir.

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