Una lágrima por un hombre, un recuerdo por el ciclista Antonio Martín

Fue un mes de diciembre. Llegó el frío a la Península y lo mejor que pude hacer fue preparar la maleta, coger el avión y marcharme a Gran Canaria, a disfrutar de un clima primaveral, bajo el plácido sol canario de aquel mes para darme una vuelta en bici por la isla (“el continente en miniatura”) donde encontré rutas en las que pasear tranquilamente o sufrir a gusto con exigentes y muy duras ascensiones.

Allí me esperaba Ángel Bara, mi anfitrión. Quién mejor que él, organizador de la Vuelta Cicloturista Internacional de Maspalomas-Gran Canaria, para enseñarme un paraíso para el cicloturista y descubrirme un tesoro medio escondido, de gran valor para el ciclista.

Quedé con Ángel en la hermosa Villa de Agüimes para acompañarme en la ascensión a una de las escaladas más duras de Canarias: la subida al Barranco de Guayadeque, Reserva Natural de uno de los valles más verdes y bellos de la isla, con todo tipo de especies tropicales.

Es una subida que se debe hacer de menos a más –me comentó Ángel. Y no todo el mundo se atreve a enfrentarse a este coloso y no todos logran someterlo.

Afronté el primer kilómetro, casi llano, para que me fuera confiando, pero Ángel ya me puso en alerta y me dijo que me esperaban prácticamente 9 kilómetros de ascensión muy dura, que la pendiente iría creciendo kilómetro a kilómetro por una carretera encajonada entre rocas con muy pocas curvas, lo que la hacía un poco pestosa a medida que se iba endureciendo a un ritmo constante: 6% de media en su inicio, 7 y 8% el tercer y cuarto kilómetro, 10 y 10,5% el quinto y sexto, para rematar con unos espectaculares 11,5 y 12% en los dos últimos, con un tramo final al 16%.

Después de pasarlas canutas en estos tramos finales es cuando por fin llegué al merendero y área recreativa. Aquí Ángel es donde me guardaba una sorpresa, un tesoro escondido que llevaba tiempo detrás de él, buscándolo incluso en la red de redes, pero, la verdad, no encontré ni una sola foto de este monumento. Ciclistas sacándose fotos en este precioso paraje natural sí había visto, pero no era capaz de visualizar el Monolito In Memorian a Antonio Martín Velasco.

Aún recordaba perfectamente aquel maldito día, el 11 de febrero de 1994, en el que Antonio Martín, de 23 años, la joven y firme promesa del ciclismo español, nos dejaba en la carretera después de sufrir un terrible accidente, cuando volvía de su rutinario entrenamiento a su casa de Torrelaguna, al ser golpeado en la cabeza por el espejo retrovisor de un camión. Yo salía de mi trabajo, cuando puse la radio y un intenso dolor también golpeó mi pecho al escuchar las palabras del locutor: “Hoy llora el ciclismo. Antonio Martín, el mejor joven del pasado Tour, ha subido muy rápido al cielo, como él solía hacerlo cuando escalaba los puertos”.

Ángel me mostró el Monolito, algo oculto debido a unas plantas llamadas tabaibas, justo en el centro del Barranco.

-¿Por qué aquí, Ángel? Antonio era madrileño –le pregunté.

Me explicó que el año anterior, en diciembre, había estado junto a ellos en la edición de la Vuelta a Maspalomas, dejándoles una profunda huella por su trato exquisito, cercano, cariñoso y amable con todos. Cuando falleció les dejó un gran vacío y una profunda tristeza, y Ángel en seguida pensó en poderle rendir un sentido homenaje. Y qué mejor sitio que en este Barranco de Guayadaque.

Se puso en contacto con el Ayuntamiento de Agüimes, con su concejal de deportes y su alcalde, que desde el primer momento apoyaron la idea. Así fue como se instaló esa enorme roca, en la que el periodista José Antonio Díaz le dedicó la siguiente inscripción:

Una lágrima por un hombre, un recuerdo por el ciclista
ANTONIO MARTÍN In memorian
Agüimes, año 1994

Desde entonces, en cada edición de la última etapa de la Vuelta que se realiza en Guayadeque “Memorial Antonio Martín”, se guarda un minuto de silencio en su memoria y en la de todos los cicloturistas que nos han dejado.

Por Jordi Escrihuela

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