El veneno del «Rat Penat»

Parque natural del Garraf (Barcelona). 7.30 h de la mañana. Estamos en uno de los miradores de la carretera que hemos subido, a unos 200 metros de altura, para contemplar el maravilloso espectáculo de la salida del sol, emergiendo del mar como una gran bola roja, encendiendo el cielo. La observamos en un entorno privilegiado y en primera fila. En apenas tres kilómetros de ascensión ya se aprecia una buena vista del litoral. Abajo, la carretera serpentea, enfilada hacia la montaña. El desnivel es tremendo, el esfuerzo de subir en bici hasta este alto también. Sólo mencionar su nombre causa pánico entre los cicloturistas catalanes. Os presentamos el Rat Penat.

Lo primero que hay que aclarar es su nombre, pues esta impresionante cuesta es conocida de varias maneras: Creueta dels Aragalls, así sale reflejado en los mapas de la zona, Palau Novella, urbanización donde podríamos dar por acabada la subida, Turó de l’Alzina Freda, punto más alto ciclable de la montaña hasta la estación meteorológica y, finalmente, Rat Penat (el murciélago) otra urbanización, al inicio del puerto, que es la que se ha impuesto entre los ciclistas. ¿Será quizás por qué los murciélagos son imprescindibles para situaciones terroríficas?

“Sí, pero… ¿dónde está ubicado exactamente?” Pues está ahí mismo, escondido, cerca de una gran ciudad, a la espera de que cualquier despistado sucumba ante sus fauces o bien combatir al avezado ciclista que intente retarle de igual a igual. Saliendo de Barcelona dirección Castelldefels (¡ni se os ocurra hacerlo por la autovía!) y pasada esta población, en pocos kilómetros, encontraréis el desvío a la derecha hacia el Rat Penat, justo antes de las “cuestas del Garraf”, la famosa, y no menos peligrosa, carretera que nos lleva a Sitges. No os confiéis por el hecho de que tan cerca de la playa, sea imposible que os pueda sorprender puerto alguno a vuestro dilatado y experimentado currículum de cimas conseguidas, y es que el alado habitante está ahí al acecho, delante de ti, y no lo notarás hasta que no hayas entrado en su caverna. Sólo tienes que levantar la vista y contemplar la inmensa mole pétrea que se alza ante ti, que parece surgir directamente del mar.

“Sí, vale, pero… ¿es tan duro como dicen?” Aquí en Catalunya, hasta que no se descubrieron los no menos temibles Pradell o Collfred, era el paradigma de dureza extrema y no eran pocos los cicloturistas catalanes que preferían subir el Turó de l’Home que enfrentarse a sus terribles 5 kilómetros de escalada. Para explicároslo, de nuevo echo mano de mi libro de referencia de altimetrías: Ciclistes! (1994) donde Juan García Ayllón (J.G.A.) nos lo describe así: “490 m de desnivel, 9,8 % de media en 5 km terroríficos, rampas máximas 16-17 %. Como mínimo hay que subir con 42 x 24 y para ciclistas muy bien preparados”. En aquellos años lo normal era llevar un 42, el 39 se usaba poco, el triple aún menos y el compact ni existía. Así que había que probar con lo que fuera.

“Y tú… ¿lo has subido?” Varias veces. He de remontarme al boletín de excursionismo del 94 del Club Ciclista Gràcia. En noviembre había una salida 3 estrellas a Palau Novella donde se recomendaba “portar pinyons grans!” (¡llevar piñones grandes!), cuando en ninguna salida, por dura que fuera, se daba semejante “aviso”, por algo sería… La altimetría, ya sabéis, la pude ver en el libro de J.G.A. y quedé sorprendido tanto por sus rampas como por el hecho de que “aquello” estuviera tan cerca de mi casa, así que me fui a por él, solo, con el desarrollo que llevaba entonces, un 42 por 24.

Con éste había subido a Rasos de Peguera y no tenía ningún miedo, pero afrontando su primera rampa, entrando al auténtico túnel del terror, vi que aquello era muy serio y el pavimento se levantaba por encima de mí con unas cuestas que nunca había visto. Con todo metido pude salvar el primer kilómetro y ver como en tan poco espacio había ascendido lo suficiente para tener el mar ya muy abajo. Impresionante. Seguí avanzando muy despacio, contemplando con incredulidad la diferencia de altura entre una curva y la siguiente. En una de ellas paré, no podía más, el corazón se me salía por la boca y eché pie a tierra. Me acuerdo que coloqué la bici tumbada y ¡casi estaba vertical! Asustado, di la vuelta y pensé que tenía que traer más desarrollo y entrenar más, y no había llegado hasta lo más duro…

Poco tiempo después me hice con un plato de 39 y… ¿sabéis dónde fui a probarlo? Efectivamente. Allí estaba de nuevo con mi “ristra de ajos de 26 dientes” para vencer al murciélago. Lo conseguí, sufriendo como un perro pero lo conseguí. Superé la primera fase, allí donde puse pie a tierra, y seguía pedaleando, ¡seguía! Me disponía a afrontar el tramo más duro de la ascensión, la rampa del mirador del Puig del Martell. ¿Martillo? No, mazo, aquí vive el hombre del mazo, que te noquea y te deja sin fuerzas, un tramo infernal, que pude superar con algunas eses ya que si iba recto la bici me hacía caballito. Una cuesta que todo el que la ha superado no la olvida fácilmente.

Después un pequeño rellano, que me dejó respirar, a la altura del Pla de Querol, en pleno parque natural, en un paisaje rocoso y agreste, desolado, casi lunar, aunque no exento de una exótica belleza. Sin demasiado tiempo en contemplaciones y pasada la oficina del parque, la masía “La Pleta”, tuve que volver a retorcerme para vencer otra curva inhumana en otro tramo durísimo hasta coronar un primer alto “la Creueta dels Aragalls”. Aquí encontré el desvío hacia Palau Novella y a la derecha hacia las antenas y el radar del Turó de l’Alzina Freda, con una barrera para impedir el acceso a los vehículos a motor. Mi idea era seguir hasta Palau Novella, siguiendo el perfil de J.G.A., como así hice, pero hoy sabemos que podemos coronar en bici hasta las antenas a 592 metros de altura, en un par de kilómetros más de dura ascensión, sobre todo en su último tramo –si queréis hacer “Cima”, tendréis que hacerlo hasta aquí arriba para que “cuente” –.

La segunda parte del recorrido no es una subida propiamente dicha, siempre dirección Palau Novella. Este tramo de 5 kilómetros de carretera está un poco peor de asfalto pero es totalmente ciclable y es una divertidísima y durísima sucesión de toboganes o “montañas rusas, donde pasas de 70 a 8 km/h y hasta un 20% de desnivel” (J.G.A. dixit). Así es, el segundo “tobogán” es impresionante y es como si un gran tsunami de asfalto se echara encima, un rampón que lo superas porque vienes lanzado de la bajada pero que luego te “clava” en su tremendo desnivel. Esta pared ha sido utilizada en varios spots publicitarios, por su espectacularidad. Así seguí, por este ”parque de atracciones” hasta llegar a Palau Novella, con su majestuoso palacio señorial del s. XIX donde en 1996 se instaló una comunidad budista. Buen lugar para la reflexión y la paz mental.

Después del “éxito”, volví por donde vine, superando de nuevo los toboganes que, por este lado, también se me antojaron durísimos y, al llegar la bajada, vigilando y siguiendo los consejos de J.G.A. “¡ojo el descenso, muy empinado y peligroso!”.

Fue mi primer estacazo al “murciélago”. Más tarde llegó la salida del club, desconocida prácticamente para todos los integrantes de aquella primera expedición de “matavampiros”. Para mí no lo era. Al llegar, ya subiendo, la sorpresa fue mayúscula entre mis compañeros y muchos se dieron la vuelta echando pestes de la ascensión. La verdad es que pocos llevaban los desarrollos adecuados y el murciélago iba dejando víctimas por el camino. Recuerdo que sólo cuatro valientes y yo aguantamos el tipo y acabamos todo el recorrido en una jornada memorable donde incluso nos llovió, endureciendo la salida aún más. Aquel día me caí en el descenso. No fue nada porque prácticamente iba bajando parado pero en un momento dado no pude sacar el pie de la cala y fui a caer sobre un charco. Un poco ridícula –y húmeda- la caída, pero nada serio.

Otro día “engañé” a mi compañero de entreno, mi amigo Jordi L., y le dije “ven, que te enseñaré una subidita que te gustará”. Sus comentarios “irreproducibles”, cuando bajé a buscarlo, después de haber coronado “sólo” hasta la Creueta, y comprobar que me estaba esperando en el Martell, donde se había quedado clavado. El desafío casi me cuesta su amistad. Suerte que luego lo pudimos arreglar delante de unas cervezas en el vecino y bonito pueblo del Garraf, comentando la jugada.

Después he vuelto varias veces más. Sí, ya lo sé, no tengo remedio, pero es que estos puertos me van. Eso sí, lo he hecho más preparado con mi compact y subiendo dignamente, como en el caso de hoy, que lo he hecho antes de escribir estas líneas y llevando encima un GPS y comprobar cómo en el mirador del Puig del Martell me marcaba un 23%, algo que no sabía cuando subí las primeras veces, pero que realmente te deja bien a las claras porque este tramo se hace tan duro y penoso. También he podido “visualizar” un 19% después de “La Pleta” y un 20% al final, tocando las antenas, dando la razón a las nuevas altimetrías que del “murciélago” se han publicado.

Anécdotas y comentarios sobre el Rat Penat podéis encontrar a patadas, porque cada subida individual es una historia en sí misma, gente que lo ha ascendido con triple plato, con BTT, con 39 x 26, con compact…a 5 km/h –se va más rápido andando– haciendo eses o caballitos, o simplemente andando o se han dado la vuelta, pasando por fieras que lo han hecho con 39 x 23. Cicloturistas que han definido el tramo del mirador como infernal, descomunal, el tramo más duro que han subido nunca “sufriendo como un condenado”, pasando por los que no quieren volver nunca más, los que en sus rampas han probado las sensaciones –y platos y piñones– en una subida extrema para preparar sus retos, y los que no ponen pie a tierra “por dignidad”. También son muchos los que han caído descendiendo la zona del mirador y es que la bici se embala rápidamente, así que ¡ojo! y tened cuidado.

A los vehículos motorizados no les va mucho mejor la cosa. Dicen que los camiones no pueden subir a plena carga, que han de dejar la mitad a pie de puerto y luego volver para hacer un segundo viaje, y los coches, en invierno y con hielo, las pasan canutas para poder subir en primera. Son historias del Rat Penat, que espera que tú también vengas y nos lo cuentes.

 

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