¿Por qué todos querían la victoria de Alejandro Valverde?

Mov_Gore

Pocas victorias levantan tanta unanimidad como el mundial de Alejandro Valverde

Porque… ¿estamos todos de acuerdo en que deseábamos que Alejandro por fin se coronara como Campeón del Mundo, no?

Por lo tanto, si hay alguno de entre vosotros -de los que estáis leyendo estas líneas- que no pretendía que el murciano se hiciera con el maillot Arco Iris, pues además de tener un poco de mala leche, ya podéis cerrar este post y seguir leyendo otros artículos de este cuaderno.

Seguramente, los que no deseabais esta victoria, aún estéis echando bilis por lo que ocurrió en el Mundial de Florencia de hace cinco años, cuando no saltó a por Rui Costa que iba como un tiro a fumarse un Purito con sabor a oro.

Muchos no se lo perdonasteis.

Al final, un bronce que no supo a nada.

También sois bastantes los que lo seguís poniendo a parir por su implicación en la Operación Puerto y por eso no queríais que ganara.

Sí, vosotros, que aún lo llamáis Valv-piti (la bolsa nº 18), sambenito que le ha acompañado prácticamente hasta este pasado 30 de agosto.

Y es que en este país somos así, especialistas en tirar piedras sobre nuestro propio tejado, en echar mierda sobre todo lo que reluce o en elevar a los altares a nuestros ídolos para luego condenarlos al infierno sin remisión.

DT-Swiss Junio-Agosto

Otros, con atisbos de bastante mala leche, son más capaces de meter el dedo en la llaga y recordar más sus derrotas que sus victorias.

Como cuando perdió la Vuelta del año 2006 bajando Monachil al no poder seguir la rueda de Vinokourov por culpa de una Valverdada como fue no abrocharse el chubasquero en el descenso.

Sí, he dicho Valverdadas porque con este término han sido muchos los que han criticado sus fallos en carreras que podía haber ganado.

Son muchas, sí, pero hay que ser muy miserable para escribir ciertos artículos sobre él argumentando que a Alejandro se le recordará más por su oscuro pasado que por su brillante palmarés.

Algunos son tan críticos que opinan que, por todos esos desconcertantes motivos, la carrera de Valverde podría haber tenido un palmarés extraordinario y que «sólo» ha quedado en un buen palmarés.

¿Se puede ser más ácido?

Así podríamos seguir enumerando, una tras otra, todas las críticas negativas que ha recibido el murciano durante toda su carrera como ciclista.

A ver, si hasta en foros de dudosa reputación se han atrevido a llamarlo «garrulo».

Sí, es cierto, sólo falta darse una vuelta para leer lo que muchos aficionados de salón han escrito sobre él para darnos cuenta sobre lo injusto que es este deporte con sus héroes.

Así somos, así son.

En fin, después de habernos despachado a gusto con los detractores de Valverde, retomamos el verdadero hilo de la cuestión:

¿Es cierto o no que todo el mundo quería que Valverde ganara este domingo pasado?

Rotundamente, sí.

Quitando ese porcentaje de infamadores, digamos un 10% por poner una cifra, y después de haber leído los ríos de tinta que se habían escrito sobre las opciones de Valverde en el Mundial de Innsbruck, hemos de decir que el resto, toda la afición, la española, y por extensión mucha extranjera -que le admiran mucho más que en nuestro país por ese aire de puro clasicómano que desprende-, estábamos de acuerdo en que queríamos que Valverde se enfundara el maillot Arco Iris.

Todos anhelábamos ese triunfo: Alejandro se lo merecía más que ningún otro.

¿Por qué?

Pues por muchos, variados y razonados motivos.

Quizás el más importante era desear que Valverde obtuviera el reconocimiento más brillante que podía tener a una trayectoria deportiva de ensueño.

Un broche de oro a una carrera espectacular.

Quizás muchos pensaron que podría ser su jubilación dorada, retirándose por la puerta grande, en olor de multitud, dejando una huella indeleble en la memoria colectiva de los aficionados.

Pero por fortuna vamos a disfrutar un año más de él.

El propio Alejandro lo ha dicho, que no se va a retirar, que no va a ser así, que también quiere seguir disfrutando del ciclismo y luciendo su flamante Arco Iris todo el año que viene, por supuesto.

A él le gustaría llegar al menos hasta Tokio 2020.

Veremos.

¿Por qué más motivos queríamos todos que ganara Valverde?

Porque, por mucho que digan algunos, es el ciclista en activo más querido por la afición, porque lleva 16 años dando espectáculo en todas las carreras en las que participa, con un total de 122 victorias (contando ya también su Mundial) para todos los gustos y colores.

Por eso la gente lo adora, reconozcámoslo, porque es un corredor completo, un todoterreno que esprinta, llanea, escala y contrarrelojea, además de estar considerado como clasicómano y vueltómano.

Repasemos de lo que ha sido capaz de hacer Alejando Valverde durante todos estos años.

Ha ganado escapado en solitario; al sprint en grupos de todos tipos; ha vencido en etapas de media y alta montaña; etapas y podios en las 3 grandes; clásicas y vueltas de 1 semana; Una Vuelta de tres semanas; líder del UCI ProTour; 7 medallas en campeonatos del mundo; ha ganado incluso contra el reloj.

Y además gana de febrero a octubre.

Señores… ¿se puede pedir algo más?

La afición deseaba verlo triunfar en la última dura rampa del circuito Innsbruck porque querían ver a un tío con 38 tacos subirse a lo más alto del podio, en una especie de fenómeno sobrenatural que, con esa edad, se pudiera lograr semejante gesta, sólo apta para nacidos con una genética portentosa, de los que salen muy pocos, con esa capacidad para luchar y ganar ya desde los 13 años, pasando por los 20, hasta seguir ganando con más de 30 años.

Por eso le siguen llamando «El Imbatido», sobrenombre que se ganó en su época de juvenil y que sigue intacto cuando ya se está acercando a los 40 años de edad, una edad crítica.

Para Valverde… ¿también?

Lo veremos y pase lo que pase la próxima temporada, el paso de esta fuerza de la naturaleza por la Historia del Ciclismo será recordado como uno de los más grandes.

Muchos de nosotros podremos decir en el futuro: «yo vi correr a Valverde».

Y competir y ganar.

Todo el mundo quería que venciera Alejandro en Innsbruck porque era su 12ª participación en un Mundial, desde que un ya lejano octubre del 2003 debutara en la prueba reina por selecciones nacionales y destapara el tarro de sus esencias consiguiendo la medalla de plata en Hamilton (Canadá) sólo superado por su compañero de equipo Igor Astarloa, flamante campeón del mundo.

Allí presentó sus credenciales ganando fácilmente al sprint al grupo de favoritos, superándolos con un último golpe de riñón increíble.

Así, hasta 10 participaciones donde consiguiera otra plata en 2005 y en cuatro ocasiones más el tercer cajón del podio.

Por eso, el domingo pasado, todos deseamos que por fin Alejandro fuera de oro.

Si a todo esto le añadimos además que Valverde estuvo medio año en el dique seco, recuperándose de la terrible caída que sufriera el 1 de julio de 2017 en la etapa prólogo del Tour, en Düsseldorf, cuando al chocar contra una valla ¿de protección? se fracturase la rodilla izquierda: rótula, astrágalo, tibia y calcáneo, pues con más razón todos queríamos que ganara, para demostrar que la fortaleza física y psicológica que aporta este deporte hace que se vivan historias de motivación y superación como la de Alejandro.

Muchos pensaron por aquel entonces, no sin falta de algo de razón, que aquello era el final de la carrera del bueno de Alejandro, ya con una edad y con tres impresionantes cicatrices que adornaban su rodilla, pocos daban un euro por él y su recuperación.

Entra en el armario de Gobik 🙂 

Pero como siempre Alejandro Valverde ha ido callando bocas, igual que ha ido apartando y jubilando rivales a su alrededor, siempre quedando por encima de muchos que aún eran adolescentes cuando él ya se estaba partiendo la cara con Armstrong en Courchevel en el año 2005.

En definitiva, todos queríamos que ganara Valverde el Mundial, porque hasta Peter Sagan quería que él fuera su digno sucesor como reconoció cuando le rindió pleitesía en el podio, entregándole su preciada prenda Arco Iris.

Agotado y emocionado, llorando, Valverde nos decía que «llevaba mucho tiempo esperando esta victoria, toda una vida de trabajar mucho para conseguir esto«.

Porque Alejandro es así y no nos cansamos de repetir cómo lo definió en su día su compañero de equipo Imanol Erviti: «un sentimental, una gran persona y un ciclista espectacular, un Messi o Cristiano de las dos ruedas«. Y además ahora, Campeón del Mundo.

Felicidades, Alejandro, todos queríamos que ganaras y ahora el maillot Arco Iris ya puede descansar tranquilo, por fin, en tu espalda.

Por Jordi Escrihuela

 

 

 

Entradas recomendadas

2 Comentarios

  1. Ole tus huevos. El que no se alegra de la victoria de Valverde, no tiene nada dentro del pecho…


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio esta protegido por reCAPTCHA y laPolítica de privacidady losTérminos del servicio de Googlese aplican.