El rodillo puede y debe convivir con la carretera

Rodillo

Unos consejillos sobre la transición del rodillo a la carretera

En la recta final para salir a rodar por las carreteras, esperemos que con buena fe y conciencia de la gravedad de lo que estamos viviendo, tenemos unos cuantos consejillos para sacarle los últimos réditos al rodillo.

Tras muchos días sacando humo a ese aparatito que más de uno tirará por el balcón, varios aspectos creo que han quedado claros.

En él hay una percepción de esfuerzo que no se da en la carretera y por eso una hora aguantando sobre la plataforma es un excelente ejercicio aeróbico, aunque en la ruta haremos más.

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Y es que sobre el rodillo es más sencillo trabajar cosas como los intervalos, todo es más lineal y homogéneo, sin que intervengan cuestiones como el viento, desnivel u otros factores que tiene la carretera.

Eso hay que valorarlo y explotarlo, combinando, por qué no, el rodillo con las salidas a la carretera, incluso cuando esta mierda pase.

Por eso no hay que extrapolar los resultados del rodillo a la ruta, cada cosa para lo suyo, pero si el puñetero engendro nos da la opción de afinar, hay que aprovecharlo, antes que lamentarse.

Cuando viene el invierno y es imposible salir, tampoco queda otra.

Así que paciencia, buena hidratación y unos comentarios de nuestro compañero Nacho…

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Las inscripciones de la Quebrantahuesos: torres más altas han caído

Treparriscos Quebrantahuesos Featured

La Quebrantahuesos ha tenido que rectificar en la devolución de las inscripciones

Han dado que hablar la marcha que quita el sueño a media comunidad ciclista…

El aluvión de cancelaciones, no podía ser de otra manera, también llegó a las marchas cicloturistas y esto es un parar, la madre de cordero, la Quebrantahuesos también cayó, pasando de junio a septiembre.

Y llegados a este punto ¿qué pasa con las inscripciones de la Quebrantahuesos?

Un callejón sin salida que pone a todos en compromiso, lo pone todo en entredicho.

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En un primer momento la Quebrantahuesos dijo que nada de devolver el dinero, con el consiguiente tsunami de críticas y gente prendiendo fuego a las redes sociales.

Pero ni la marcha más grande, la intocable, a este lado de los Pirineos pudo aguantar el tirón. 

Lo que se desprende de todo esto es que cuando decimos que las cosas no van a ser igual tras esta mierda, tendremos que mirar a los organizadores de marchas y eventos, porque a ellos les ha caído una buena encima.

Como a todos, cierto, pero el percal que tienen que sortear no es pequeño, ponerse entre la espada y la pared de tener que decidir qué hacer con un dinero que en parte ya se ha gastado en proveedores, con la masa de inscritos presionando.

Entre las muchas tesituras desagradables que está provocando el coronavirus, tenemos este dilema.

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Veremos en qué queda la próxima campaña de marchas, cuántas sobreviven y cuántas cae. 

Por de pronto, como nos cuenta Nacho sobre el tintineo de un rodillo que seguro ha provocado más de una discusión entre vecinos estas semanas, la Quebrantahuesos ha tenido que claudicar.

Eric Vanderaerden, el clasicómano de los ricitos de oro

Eric Vanderaerden ganó uno de los Tours de Flandes más duros de la historia

Hablar de Eric Vanderaerden es hacerlo del núcleo duro de los ochenta, ese ciclismo de Hinault, Lemond, Fignon,… de Guimard sin camiseta dirigiendo los ciclistas, de los chanchullos de Tapie, de Pino, Marino, Perico,… de nostalgia pura y dura, que no esconde que tras esa cortina, hubo una generación de corredores de un gran talento que, en su medida, pudieron expresarse con fortuna.

Y Eric Vanderaerden era uno de esos ciclistas, un trotón, el típico ciclista endurecido por los terrenos del Flandes oriental, más allá de los confines de Lovaina, que se hizo un nombre en una época donde todo estaba carísimo.

Ganador de seis etapas y maillot verde del Tour de 1986 más otras tres en la Vuelta, el arco de triunfos de Vanderaerden también tuvo monumentos, un par tan solo, pero sí de los que dejan huella y recuerdo.

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Porque sólo hay que preguntar a los flamencos más entrados en edad, esos que ese fin de semana veían casi en manga corta el volar de Gilbert por sus caminos, cómo fue el Tour de Flandes de 1985 para que les entre la tiritona sólo pensarlo.

Ese año el cielo y el clima se conjuraron contra los insensatos que pusieron un pie sobre la plaza de San Nicolás para tomar la salida en De Ronde.

De los 173 que salieron de ahí, llegaron 24.

Eric Vanderaerden ya vestía los colores del mítico Panasonic y figuraba en algunas quinielas. El Panasonic además tenía muchas y buenas bazas.

No obstante rebeldes siempre tuvo el pelotón, y el vigente ganador de San Remo, Hennie Kuipper quería evitar la llegada en grupo como fuera.

Lejos, antes incluso de Muur, Kuipper se fue por delante tomando una distancia interesante hasta que la reacción vino por detrás desde los Panasonic.

Vanderaerden se soldó a la rueda del duro australiano Phil Anderson que le tenía a la estela de Kuipper antes del Muur.

Subiendo éste, sin solución de continuidad, Vanderaerden se fue por delante y aprovechó el secante de Anderson sobre Kuipper para ganar en solitario su De Ronde.

A los dos años, en Roubaix, todos miraban a dos corredores, Sean Kelly y Eric Vanderaerden.

Aquella carrera, fue lo que acostumbraba a ser el infierno hace unos años, un lodazal insufrible, donde las caídas estaban al orden del día y aparecían cuanto menos se esperaban.

Kelly, de amarillo Kas, se fue al suelo porque el magnífico prologuista francés, Thierry Marie, se había caído por delante.

Fue justo cuando Vanderaerden se marchó en solitario del grupo principal, porque veía que los escapados se le iban de las manos.

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Y es que por delante, la fuga del día corría visos de ser buena. Pratric Versluys, Ruddy Dhaenens y Jean-Philippe Vandenbrande eran tres titanes que sobrevivían a todo, a caídas, como la de Dhaenens, campeón del mundo a los tres años, el empuje de los favoritos y las lluvias intermitentes que salpimentaban sus harapientos cuerpos.

Vanderaerden tomó la regla e hizo cálculos para cumplir con precisión el guíón: a veinte de meta salta, les coge cinco kilómetros después y les gana en la recta, que no velódromo. Tan sencillo de decir como imposible de hacer para la mayoría.

 

Cuando TVE entró en el Tour

Tour Francia TVE joanSeguidor

Hace 36 años TVE entró en la historia del Tour de Francia

Aquel Tour de 1983 fue memorable, y TVE pudo darlo… por primera vez.

El Tour de 1983 estaba yendo sorprendentemente bien para los ciclistas españoles. Ajenos a las primeras plazas prácticamente desde tiempos de Luis Ocaña, los debutantes azules, el equipo Reynolds, estaban en vanguardia e incluso sembrando de espectáculo una de las ediciones con más aristas y matices que se recuerdan. Dos ciclistas, Angel Arroyo y Pedro Delgado, abrigaron los motivos para que esa España, que Laurent Fignon, ganador a la postre de aquella edición, definió como miembro del “Tercer Mundo”, se decidiera a dar en directo la carrera por primera vez en la historia.

Fue en concreto el día 20 de julio de 1983 y El Mundo Deportivo lo recogía así aquella misma jornada:

 

“A última hora de la tarde de ayer pudo saberse que a partir de hoy Televisión Española va a retransmitir en directo los finales de las etapas que restan hasta la conclusión del Tour. Será por la primera cadena nacional y entre las cuatro y media y las cinco de la tarde  cada día.

La primera cita ante el televisor la tendrán los aficionados hoy alrededor de las 17 horas, hora prevista para que tos primeros corredores lleguen a la meta de Morzine. Seis puertos de montaña deberán superar desde la salida en Alpe d´ Huez. Esta medida de TVE nunca es tarde si la dicha es buena, viene un tanto a «replicar» a los medios de comunicación que se preguntaban por su ausencia en la ronda francesa, especialmente el colega parisino de L´Equipe”

 

A cuatro días del final de ese magnífico Tour, el ente nacional vio oportuno arrojar luz sobre las tremendas gestas que Perico, especialmente en aquel descenso del Peyresourde, y Arroyo, ganador en la cima del Puy de Dôme, estaban protagonizando. Aquel mismo año la Vuelta a España, la mejor de la historia según los expertos, tuvo por primera vez señal en directo, pudiéndose ver la gesta de Hinault en Avila o la conquista de los Lagos por parte de Marino.

 

Ahora era en los Alpes franceses, a miles de kilómetros, donde en una nube de confusión los periodistas de TVE tuvieron que sufrir lo suyo para dibujar con meridiana fidelidad la carrera. Allí estuvo Emilio Tamargo, dispuesto en Francia, apoyado por Angel María de Pablos y Rafael Recio desde los estudios. Pedro González trabajaba en ese momento para Radio Nacional.

Por cierto la jornada que marcó el hito fue agridulce pues Angel Arroyo desbordó coraje y madera por las cunetas del Joux Plane, ante la cicatería de Van Impe, y la baza más evidente, la principal amenaza de Fignon, Pedro Delgado, sufrió una de esas ventoleras que con el nombre de pájaras le haría casi tan mítico como sus ataques. “Delgado y la tele, incompatibles” tituló el deportivo del Grupo Godó al día siguiente en una nada premonitoria cabecera.

La Lieja-Bastgone-Lieja para enmarcar: Michele Bartoli

Lieja-Bastogne-Lieja de 1997: Michele Bartoli puede con Zulle y Jalabert a la vez

“Jalabert is losing his wheel” bramaban en Eurosport UK. “Bartoli, a fondo” espetaban  en la RAI.

De los muchos momentos ciclísticos que entraron por mi retina, pocos se grabaron a fuego como aquella Lieja-Bastogne-Lieja de 1997. Aquello fue el coco contra todos, Michele Bartoli frente al mundo.

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Nacido en Pista, Bartoli se dio a conocer joven, pero su primer éxito llegó en el Giro de 1994 cuando logró en la primera de las etapas dolomíticas una victoria que sirvió para “telonear” el terrible fin de semana que se marcaría Marco Pantani con aquella jornada de imborrable recuerdo entre Merano y Aprica.

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DT-Swiss Junio-Agosto

 

A los italianos siempre se les ha dado muy bien ese país que ellos llaman “il Belgio”.

Grandes se hicieron Fiorenzo Magni en Flandes y Moreno Argentin en la Lieja-Bastogne-Lieja.

 

 

Bartoli tiene ambas en su palmarés.

En 1996, cuando medio mundo miraba los Mapei, que a la semana habían temblar Roubaix, una centella saltó camino de la capilla. Bartoli aprovechaba el Muur como rampa de lanzamiento hacia su bautismo en “Fiandre”. Una victoria mayúscula que llegó en solitario fruto de una cabalgada tan larga como el trecho que separaba la capilla de Meerbeke.

Lieja Bastogne Lieja Bartoli

Lieja también fue de Michel Bartoli

Al año sin embargo, y como apuntó en el inicio de la entrada, arribó el mejor momento de Michelino.

 

El pisano corrió en medio de la nada frente al dúo que todos temían tener enfrente.

Atacó Alex Zulle, o Laurent Jalabert, o ambos al unísono, no recuerdo, en la Redoute, ese gran muro que criba la Lieja con una gran autopista al fondo.

Así rinde la eléctrica aero de Berria

Se soldó a su rueda Michele.

El camino de entonces a Lieja fue una tortura a toda velocidad. Uno y otro, otro y uno, Zulle y Jalabert, la pareja amarilla que todo lo dominó minaba a Bartoli hasta que… éste dijo basta: a un kilómetro de meta, en plena pendiente hacia Ans descolgó a Jalabert.

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Enorme, había fraguado un triunfo de los de entre en un millón.

Una de las mejores clásicas jamás vista.

Al año nuevo aldabonazo en Lieja. Esta vez en dominador absoluto.

Cambrils Square Agosto

 

 

Primero en la Redoute, dorsal uno en la espalda, machacando la moral del personal para posteriormente irse solo. “Qué viene el coco” decían.

Bartoli fue un martillo aquel día, pero tan magno y sobrado éxito careció de la prestancia del año anterior.

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“Il Belgio” de Bartoli se zanjó en una jornada gélida, terrible, apocalíptica, como nos gusta llamar a lo que se sale fuera norma.

En la Flecha Valona de 1999, si atisbar Huy, ni sus porcentajes disuasorios, arrancó y firmó un éxito de leyenda, grande y dimensionada a su grandeza: Michele Bartoli, aquel que gustaba de atacar agarrado de la parte baja del manillar, aquel que no gustaba de mirar atrás.

Imagen: Bike Race Info

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Las raíces del ciclismo amenazan ruina

Menudos días de confesiones y ajetreos. Nuestros deportistas metidos a autores amenazan con poner todo patas arriba. Rasmussen se une a la fiebre editorial y causa estragos. Tarea ingente tiene la renovada cúpula de la UCI con esta parentela. Ya se lo harán, no obstante, y aunque tomemos distancia, lo que sus errores o aciertos deparen nos afecta, y mucho, la salud del ciclismo va en ello.

Estos días se habla de quién estará o no en el inminente World Tour, de la suerte que correrá el proyecto de Fernando Alonso, de las maniobras de Oleg Tinkov, el bufón de este circo llamado ciclismo, y sin embargo no vemos que nuestros mayores, las carreras de toda la vida, muchas de ellas, vamos, lo están pasando mal y peor que lo pasarán si el plan de la UCI se aplica con la precisión que su hoja de ruta marca.

Como piensa el World Tour

Porque en España por ejemplo la llamada racionalización del calendario ciclista internacional pasa por degradar la carrera por etapas más antigua del World Tour, a excepción hecha de Giro y Tour. Sí me refiero a la Volta a Catalunya y sí me refiero a que carreras vacías de contenido y expresión histórica a como el Tour de Pequín le van a pasar por encima a no más tardar. En el documento que la UCI quiere implantar la Volta a Catalunya pasará a un segundo escalón a partir de 2017 y compartirá categoría con las vueltas a Omán, Dubai y Qatar.

Vuelta al país Vasco, se marcha

Pero la degradación de la Volta no es la única que se impone. La Vuelta al País Vasco también se cae del primer nivel, y con ella Romandía, Eneco Tour y Polonia.

Perfecto, vamos, una jugada maestra, pues en ese ciclo se ponen también Het Nieuwblad –la Het Volk de siempre- Harelbeke, Plouay y París-Tours. Es decir no sólo se penaliza la historia sino probados casos de éxito moderno como Plouay, Harelbeke y Polonia, carreras que demuestran que otro ciclismo es posible.

En el otro lado de la balanza se potencia la adinerada vuelta pequinesa y las carreras de Canadá, donde ni siquiera se ha hecho ademán de recuperar el Gran Premio de las Américas que un día ganara Fede Echave y qué tan pintoresco hacía el otoño más allá del Atlántico.

Incluso se mantiene hasta Hamburgo, como guiño para que un día los alemanes vuelvan a invertir en ciclismo.

Racionalizar el calendario era algo que se imponía, pero el coste es alto. En unos momentos donde la supervivencia fuera del más alto nivel es un milagro, apostar pruebas centenarias a la intemperie es una torpeza de dimensiones colosales. Este experimento se ha realizado en el fútbol europeo eliminando la Recopa y creando de la nada la Europa League, veinticinco peldaños por debajo de la Champions League.

¿Cuál ha sido el resultado? Pues una competición fantasma a nivel continental cuyo único partido importante es la final y el resto morralla de cruces y emparejamientos que muy pocos sabrían explicar. En el fondo, lo de siempre, abrir una brecha más profunda entre los ricos y los pobres.

Y como síntoma del poco aprecio que el ciclismo le tiene a su historia el caso del Museo del Ciclismo de Ghisallo. El recinto está cerca de su cierre.

Sí es el Vaticano ciclista, la Meca del fiel de la bicicleta, el lugar que guarda casi todas las maglias rosas de la historia y la bicicleta original con la que Fausto Coppi batió el récord de la hora en el Vigorelli milanés. Prueba más tangible de que perdemos el norte no podemos encontrar.

Foto tomada de www.ccsantboi.com

DT Swiss ERC 1100: La bicicleta se viste por los pies

Las ERC 1100 DT Swiss están en medio de todo y un topónimo «Roubaix» define su versatilidad

En la familia de las ruedas de DT Swiss hay una evolución, un línea familiar, cuyas siglas ya marcan el uso.

Empezamos por debajo, las ARC, son las «aero», las llantas de DT Swiss para rodar como los ángeles y volar sin poner el neumático sobre el asfalto.

Son las más estrechas.

Vienen luego las PRC, las DT Swiss polivalentes, con montajes de hasta 28, aluminio o carbono, el abanico se abre.

En el extremo, permitidnos irnos a la cuarta línea, tope de gamma, gravel extremo. Las CRC, aptas para todos los terrenos.

 

Las DT Swiss ERC 1100, el tercer escalón

Y tenemos las ERC, las endurance, o gran fondo, lo que prefiráis. Son para rodar y rodar.

Entre los trabajadores de DT Swiss, las llaman sus «Roubaix», llantas para terrenos variados, con prestaciones que ahora veremos, pero que podéis suponer que no quedan lejos de los paladares más finos.

Y así abrimos la caja, dos piezas de orfebrería entre nuestras manos.

Un juego que ronda los 2.200 euros, canela fina.

Dani las monta y las compara ante otra máquina con llantas de la misma marca. Unas aero, otras para gravel.

Montamos un neumático de 40, aunque la franja, por debajo permite a partir de 29.

Es una llanta de carbono de acabados estéticamente perfectos y prestaciones elevadas.

Trazamos el radio con los dedos, haciendo pinza.

Rápido vemos los cambios de perfil, primer ocónico, por el centro plano y finalmente cónico para que encaje perfectamente en la llanta.

DT Swiss ERC 1100 radios JoanSeguidor

Un singularidad que pasa desapercibida, pero que se traslada a la experiencia del ciclista: cruje menos, se muestra más rígida y aguanta mejor las cargas.

Es decir, primera impresión, las DT ERC 1100 mejoran, con mucho, nuestra bicicleta.

El buje es de rodamiento cerámico.

Sobre el papel significa menos calenturas para la rueda, lo que le permite trabajar mejor, ofrecer más reactividad y mayor vida al producto.

El ancho de la llanta es de 47, muy correcto.

En carretera, los días de viento lateral se compensa con un perfil no tan ancho.

De esta manera, lo uno por lo otro, y la vibración se reduce, aunque se note algo.

Las DT Swsiss ERC 1100 sobre el terreno

Y salimos con ellas.

Tres superficies marcan los límites y para cada una de ellas, prestaciones muy concretas.

En carretera pasamos por llano, subidas y descenso. Aquí el adjetivo es reactivo, una rueda que te tiene despierto, concentrado.

No es conducir por una autopista, ni aburrido.

Devora kilómetros con facilidad.

En pista se muestra rígida, pero manejable. Permite combinar superficies sin notar en exceso la dureza, de asfalto roto a camino, y viceversa.

La rueda trabaja bien y ello no parece ir en detrimento de su ciclo de vida.

Se le puede meter caña.

Y prueba de la exigencia, tomamos el terreno más extremo.

Buscamos un single track e incluso trialera con alguna raíz seca a la vista.

La frenada es efectiva, y nada estridente. No hace ruido, transmite seguridad.

El carbono en su máxima expresión, peso controlado y prestaciones amplias.

Las DT Swiss ERC 1100 nos abre en canal el entorno, sin discriminar superficies. Es coger el mapa y elegir donde ir. Limitaciones, las justas.

Un juego para usuarios gourmet que saben que la bicicleta empieza por debajo, que se viste por los pies.

DT Swiss cuenta con un amplio repertorio de tiendas y tarda una semana, máximo, en servirlas.

 

Clásica de Puertos de Somiedo: el ciclismo como una vez fue

puertos de Somiedo JoanSeguidor

La V Clásica de los Puertos de Somiedo se celebra el 25 de agosto con 120 kilómetros y 3300 metros de desnivel

Decir Somiedo basta, es Parque Natural desde el 1988 ,y recientemente, reserva de la Biosfera. No words.

Por ejemplo es uno de los pocos lugares donde todavía quedan osos pardos que se pueden disfrutar en determinados meses del año.

Cuenta con muchas zonas prácticamente vírgenes y pueblos en los que no ha entrado la civilización, todo combinado con la capital del Concejo, que es Pola de Somiedo, donde tenemos todos los servicios que una persona pueda necesitar.

Somiedo, el paraíso para los ciclistas

Carreteras solitarias, paisajes de ensueño, valles moldeados por las nieves que perviven semanas…

Por todo eso, y mucho más, Somiedo es un paraíso para las dos ruedas, aparte de todos los caminos, senderos y montes para la bicicleta de montaña, hay unos grandes puertos de montaña, magníficas curvas de herradura y preciosos hayedos, que hacen posible etapas como la Clásica Puertos de Somiedo, un lugar muy «ciclista», que ha empezado a ser descubierto por muchos.

Puertos de Somiedo - maillot JoanSeguidor

La Clásica Puertos de Somiedo nació hace cinco años de la mano del Club Mountain Bike Somiedo.

Todo surgió de un grupo de amigos con ganas de que todo el mundo tuviera la oportunidad de recorrer y visitar este concejo.

El recorrido ofrece cuatro altos de montaña encadenados en 120 kilómetros.

Podríamos decir que es una etapa en miniatura de una Vuelta a España cualquiera.

puertos de Somiedo - cuesta JoanSeguidor

La llegada en el Alto de la Farrapona – Lagos de Somiedo ofrece a todo cicloturista la oportunidad de acabar en un puerto donde se han decidido dos Vueltas a España, nada menos.

En la Farrapona Alberto Contador dio cuenta de nada menos que de Chris Froome, quien había probado al ganador de la Vuelta de 2014 varias veces durante la cima astur.

Antes Reim Taaramae ganó en esta cima una etapa de la Vuelta de 2011, el día que muchos daban por gran favorito a Bradley Wiggins sin esperar a lo que ocurriera con Juanjo Cobo en el Angiru.

Antes de la Farrapona, Somiedo

Antes de nada, se sube el Puerto de Somiedo, un primera categoría nada más salir de Pola de Somiedo.

Es una ascensión de doce kilómetros muy entretenida en general y dura en sus primeros y dos últimos kilómetros. P

ara llegar al alto, en la localidad de Santa María del Puerto, a 1486 metros habremos pasado por unas cuantas zetas donde podemos ver los lo que nos queda en todo momento.

Luego llega el Puerto de Ventana, de tercera categoría, un puerto muy tendido que llega a 1587 metros y que tiene como particularidad el descenso hacía San Martin de Teverga, tras veinte kilómetros, uno de los pueblos más bonitos de la zona.

Ese tramo se desarrolla en gran parte por dentro de un hayedo, que nos deslumbrará de belleza entre curva y contracurva.

San Lorenzo, la estrella de Somiedo

A continuación el plato fuerte: el Alto de San Lorenzo, un primera categoría, el puerto más duro de la marcha y uno de los más duros de la zona norte de España.

Sus últimos cinco kilómetros no bajan del 12%, y para más dificultad, la subida transcurre por una carretera abierta donde suele pegar bastante el sol.

El puerto final es el Alto La Farrapona- Lagos de Somiedo, de categoría especial, nos lleva a más de 1700 metros tras una subida de casi 19 kilómetros de subida, de ellos los últimos siete son los más duros, no bajan en ningún momento del 9%.

En los 3km finales tenemos una sucesión de curvas muy bonita para todo ciclista.

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En meta sidra y bollos preñados de buen chorizo esperan como el mejor avituallamiento del mundo, la cima a una jornada de paisajes, dureza y olores ancestrales en una zona donde el mundanal ruido no es ruido, es belleza en el silencio, la quietud y la calma.

Pocos pero muy buenos en Somiedo

Como no puede ser de otra manera, esta marcha ofrece unos paisajes preciosos y unos puertos que hacen que el cicloturista tenga que exprimirse en un evento que podríamos calificar de familiar, pues no hay más de 400 ciclistas.

Aquí todos los participantes pueden llevarse un premio.

El día de antes realizamos un sorteo de regalos según el puesto en que finalicen la marcha. Incluso el último en hacerlo se lleva un recuerdo especial.

Que no os asuste la dureza del itinerario, tenemos dispuesto un recorrido alternativo que evita que el cicloturista deba acabar en el alto de La Farrapona, por si no le apetece o no se encuentra bien.

Esta gente incluso también se llevará un diploma de recuerdo.

Imagen tomada de www.fotoscarreras.com