Vuelta: Roglic no concede el rojo

Tuvalum

Roglic no suelta el rojo de la Vuelta ni en el aranque

Ya ha arrancando la Vuelta de octubre y Roglic sigue de rojo.

Cualquiera que estuviera en la piel de Roglic hace unas semanas, aquella tarde de septiembre, en la Planche des Belles Filles, hubiera cogido su bicicleta y la tiraría ladera abajo, sin querer saber de ella en mucho tiempo.

Pero no lo hizo, no se descolgó de ella, siguió a lo suyo, prosiguió en el Mundial, ganó esa Lieja de final surrealista y confirmó su presencia en la Vuelta, en lo que consideramos en su día un ejemplo de profesionalidad que necesariamente había que reconocer.

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El arranque de la Vuelta ha sido en martes, a finales de octubre, con hojas muertas y asfalto húmedo, cuando no mojado, entre Irún y Arrate.

Una etapa de montaña para abrir una carrera que cuando se programó no se sabía que iba a ser en estas fechas, por que de lo contrario, el norte debería haber sido el epicentro del trazado, pero es lo que hay, es lo comprometido y este atracón de montaña y emboscadas hay que cumplirlo, incluso con la meteorología de la «España verde» en otoño.

En fin que en Arrate hubo imágenes familiares, Jumbos en el grupo de cabeza, entre los perseguidores, también por detrás.

Sep Kuss hizo la selección, ahí aguantaron los que creemos serán protagonistas de la carrera, nos dan buena impresión Richard Carapaz y Enric Mas, junto a los que puedan unirse por detrás.

También aguantaba Primoz Roglic quien se relamía en cada kilómetro que se culminaba sin novedad.

Sin Pogacar para porfiarle la llegada, era el gran favorito y cumplió: once meses después de vestirse de rojo en Madrid, no suelta la prenda.

Veremos qué sucede de aquí a Madrid, con el firme deseo de que esto que empieza ahora, logre llegar a buen puerto, otra cosa es que a Roglic le cunda hasta el final.

No es la primera vez que golpea primero y la cosa se le atraganta, como decían los gitanos «preferimos buenos finales a mejores inicios».

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-escrito el 19 de octubre-

Roglic viene a la Vuelta a hacer su trabajo, no a ganar un concurso de simpatía

En el día de antes de una Vuelta que empieza en martes, arribando a Arrate, un 20 de octubre, cuando repasas el listado de inscritos, muy bueno por cierto, y ves que con el dorsal uno Primoz Roglic va a defender su título del año pasado, sólo puedes decir chapeau.

El esloveno es sin duda protagonista de una de las historias más chocantes de esta minicampaña y yo creo que de la historia reciente del ciclismo.

Su derrota con Tadej Pogacar, varias semanas después, seguramente le siga costando horas de sueño, sabiendo en sus propias carnes cuál grande es la diferencia entre ser primero y segundo en algo como el Tour.

Roglic recompuso las piezas de aquel destrozo físico y emocional y se ha rehecho para ser el corredor que ganó Lieja y regresa  a la Vuelta.

Esto es Primoz Roglic, a quien el mazazo del Tour le pilló trabajando, con la conciencia tranquila, soy de los que piensa que si no hizo más, es por que no tenía, pero en forma ya en el Mundial, llegó en el grupo de los mejores tras Alaphilippe y ganando la Lieja.

Y es ahí, en el centro de la capital valona, donde el esloveno nos demostró que en el ciclismo es tan importante celebrar los buenos momentos, como encajar los malos.

Roglic venía de un agosto interesante, ganando carreras, cincelando la forma para Francia y pasando el surto del Dauphiné.

Cualquier otro, con una campaña con la suya habría echado el cierre, de hecho han sido unos cuantos que con menos lo han hecho, un saludo a Landa, pero no, la Vuelta vuelve a contar con Roglic.

Roglic en la Vuelta ¿Sus opciones?

Es una apuesta abierta, sobre el papel, no vemos a nadie mejor que él, si la forma le acompaña, otra cosa es lo que vaya sucediendo durante la carrera y de lo férrea que sea la intención de trabajar para Tom Dumoulin en un trazado que no le va nada al neerlandés.

En esta Vuelta de rompe y rasga, donde la acumulación de llegadas en alto es la norma, en la que la crono se reduce a un entremés al muro de Ézaro, Roglic puede ser mejor opción que su compañero.

Una segunda victoria en España no le resarciría de lo que pasó en la Planche des Belles Filles, pero su sola alineación debería alimentar un aplauso unánime entre la afición, más allá de si es más o menos solícito con la prensa o los aficionados, estos por cierto hablan bien del esloveno.

Roglic viene a la Vuelta a hacer su trabajo, no a ganar un concurso de simpatía y con todo lo que lleva en esta cargadísima campaña, es muy de agradecer que venga a defender el primer dorsal.

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