Vuelta 2012: Valverde pudo haber ganado en Fuente Dé

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Visto ahora Valverde pudo tener la Vuelta 2012 en su palmarés

Permitidnos viajar un momento en el tiempo, divagar sobre lo que pudo ser y no fue, hoy nos vamos ocho años atrás, a la Vuelta 2012, a aquella etapa de Fuente Dé, que encumbró a Contador, pero que podría haberlo hecho con Alejandro Valverde.

Y además perfectamente.

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Hablar con Purito de aquella jornada, él era el líder y a juicio de muchos casi ganador, es tomar conciencia de la carrera que planteó Alberto Contador ese día por Cantabria.

No atacó una, ni dos, ni tres veces, fue constante, siempre delante, siempre tentando.

A diferencia de días atrás, con Cuitu Negru, Ancares, Ézaro y otros muros, no cabía la posibilidad de esperar al final.

Ahora se imponía un ataque de largo radio.

Cuando le televisión contactó con la carrera, totalmente rota ya -el otro día Teledeporte dio en un revival-  Contador iba con menos de un minuto sobre un grupo en el que Alberto Losada se dejaba la vida por mantener el liderato de Purito.

Fue imposible, por delante Sergio Paulinho era una maza sobre la moral los perseguidores, Paulinho con relevos de Contador en persona.

Aquel día pasaron cosas muy extrañas.

El Katusha hizo aguas, Menchov no concurrió, Dani Moreno, uno de los fijos de Purito, tampoco.

Contador tomó metros en Collada de la Hoz y Purito aburrido, se los dio.

Pero ¿y si hubiera entrado Valverde con Contador?

Esa es la pregunta que entonces nos hicimos y el otro día, en el refresco de Teledeporte, tuvimos nítida.

Entre las cosas raras que pasaron, estuvo también la estrategia de Movistar, como ves lo de los azule viene de lejos.

Una vez hecho el corte, Contador arrastró en ese grupo a Beñat Intxausti y Nairo Quintana hasta que les .

¿Qué hacían dos Movistar delante?

¿Acaso el ataque de Contador iba sólo contra Purito?

Por que esta claro que Alejandro Valverde también perdía, no tanto como Purito, pero perdía.

A 19 de meta, Valverde iba en cola del grupo del líder, mientras Contador abría brecha, cinco kilómetros después, Purito en persona ya tiraba del grupo, a la desesperada, vaciándose para nada.

Un kilómetro más tarde Alejandro Valverde, de verde, valga la redundancia, se iba solo a por Contador.

Purito bajaba los brazos.

Y empieza la cuenta atrás, Nairo y Beñat esperan a Valverde, éste emprende la caza y recorta a marchas forzadas: Contador está tostado, va al límite.

Al madrileño le caen los segundos como losas, Valverde está fuerte, muy fuerte, es el más fuerte de los tres.

Se ve en la carretera, Purito derrotado, Contador fundido.

No le caza, por que, visto ahora, e incluso justo después de aquella memorable etapa, pensamos que reaccionó tarde y que Movistar no aprovechó sus peones, quizá para no ayudar a Purito.

Pero en esa omisión, Valverde también perdió, incluso después de Valdezcaray, dos semanas antes, cuando una caída y el abanico le dejaron con un minuto de merma.

A los pocos días Contador no pudo seguir ni a Valverde ni a Purito en la Bola del Mundo.

Físicamente, el madrileño no era el mejor de esa Vuelta, pero mentalmente les ganó por KO técnico.

Y sí, todos pensamos que aquellos días Purito perdió su grande, la misma que tuvo a tocar meses antes en Italia y el Giro, pero somos de la opinión que aquella Vuelta pudo haber sido de Valverde si hubiera mostrado una pizca de la ambición infinita que Contador puso sobre la mesa aquellas jornadas de calor y ciclismo achicharrantes.

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El perenne espíritu de inferioridad de la Vuelta

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La Vuelta con sus defectos y virtudes ha logrado cincelar su marca más allá de lo que hagan las otras grandes

La cuenta atrás para la Vuelta a España de 2020 empezó en el mismo momento que Roglic y toda la corte de galardonados desfiló en el corazón madrileño, con el ayuntamiento de fondo y cotizadas vistas sobre la Cibeles.

Un premio a tres semanas que pone punto y final a la Vuelta hasta que ésta se ponga en marcha, en agosto, más pronto, a mediados, en Utrech, la región más católica de los Países Bajos, puerta de grandes pasajes de la historia, con espacios compartidos con España y ciudad ejemplo en aprecio por la bicicleta.

Utrech será la primera ciudad del mundo que haya acogido etapas de las tres grandes.

Será una salida singular, muy holandesa, pero sobre todo un test para la Vuelta como competición española.

Porque ya sucedió en 2009, cuando la carrera ya salió de Assen, que la fiesta, algarabía, llenazo de las primeras jornadas no tuvo continuidad en España, a donde aterrizó una carrera sumida en el anonimato, a veces clandestinidad de la ruta, como si la carrera pasara de espaldas en muchas de las zonas que visitaba.

 

Aquella Vuelta, que fue la que ganó Valverde, fue el espejo de que, incluso, en la edad dorada del ciclismo español -el año anterior entre Sastre y Contador se habían ganado las tres grandes, más el oro olímpico de Samuel, más el mismo Tour de Contador ese año- en España el ciclismo interesaba lo justo.

Una realidad que entronca con algunas de las llegadas de la carrera este año.

Al margen de las discusiones que surgieron entre los aficionados y la organización, ver gente, gentío de verdad en España, cuesta horrores.

Euskadi, alguna cima del 20% en concreto y poco más.

Y lleva esta estampa a pensar en clave de inferioridad, un sentimiento muy arraigado a este lado de los Pirineos, que en ciclismo, que en la Vuelta, no podía tener excepción.

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En unos años la Vuelta a España ha creado una marca más o menos reconocible.

Nos podrá gustar más o menos, pero es reconocible, y es diferente a la del Giro y Tour.

Se destacó del amarillo con el maillot rojo, se potenciaron las llegadas de cuestracabrismo, con el tiempo se matizaron con otras más tendidas -más tipo Tour, se repite- y se insertó una crono que atraiga ciertas figuras como Froome, Dumoulin o Roglic.

La concatenación de dureza, la prolongación de los puertos, con la subida a las antenas, a la parte más alta posible, todo eso es marca Vuelta.

 

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Pero el sempiterno sentimiento de inferioridad siempre se percibe.

Y lo vemos en un caso muy claro, en el que el Tour y el Giro, y diría incluso que franceses e italianos han sabido hacer muy bien: los puertos de montaña.

El Giro y sus cordilleras que abruman, cuestas imposibles, pasos estrechos…

El Tour y su leyenda, puertos que no son puertos son emblemas, franquicias para el uso de quien quiera…

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De esta manera vemos que Javalambre es el «Ventoux de la Vuelta», que La Cubilla es el «Galibier de la Vuelta», que el Angliru nació para el ciclismo con el fin de rivalizar con el Mortirolo.

El otro día leí que Velefique, un puerto singular por ubicación, altura y dureza, además del paisaje, era el «Galibier español».

Hay dos «Galibiers» en España.

Está bien utilizar la leyenda foránea para fortalecer el ego, pero a veces apena ver que constantemente se mira fuera cuando a este lado de los Pirineos hay materia prima excelente, como reclamaban aquellos locos que decían a Unipublic que había más montaña que la que cada año llenaba la Vuelta.

Así funciona el recomendador de Tuvalum 

Giro y Tour granjearon en el tiempo pero con intención sus mitos, pero ¿qué nombre merecería la etapa de Gredos de la Vuelta?

Un terreno precioso, horrible para el ciclista, sin tregua ni descanso.

¿Y Javalambre?

¿Y las etapas asturianas?

La Vuelta es la Vuelta, no cabe darle mayor rodeo, con sus virtudes y sus defectos, pero una carrera que vista puerto con entidad suficiente para no tener que echar mano de lo foráneo, que está bien, atrae y parece que vende, pero que saca a relucir esa inferioridad que siempre viste todo lo español.

Primoz Roglic: La Vuelta es esa carrera que nunca se acaba

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Otra vez Primoz Roglic camina en el alambre de la Vuelta

Muchos habíamos previsto una tercera semana de Vuelta a España muy condicionada por las diferencias de Primoz Roglic.

Pero fue el propio Roglic el que dijo que ni con diez minutos no sería suficiente.

Y así la Vuelta camina hacia el final, pasando rapidísima para algunos y pesada para otros, Primoz Roglic, el primero.

 

Y es que la Vuelta es la grande que nunca acaba.

Es esa carrera que siendo la tercera de la campaña, algunos la compiten relajados, al menos más que Giro o Tour y sin embargo, como escribía Wegellius en su libro te encuentras una carrera que es un «sin Dios», una competición áspera, calurosa y agotadora.

Si encima la situación de carrera te sitúa líder a una semana del final, como en el caso de Roglic, conciliar el sueño es imposible.

Primoz Roglic nos recuerda mucho al Chris Froome de hace dos años. 

Salieron ambos reforzados de la crono, todo parecía a su favor, pero el tramo final se les iba complicando al punto de pensar que esto nunca acabaría.

En el caso del esloveno, esa sensación es más acuciada, primero porque las rectas castellanas le están limando por todos los lados, si no en tiempo, sí en moral y energía, y porque su equipo, el poderoso Jumbo de otros días, se diluye cada vez que se revuelven las aguas.

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Y a eso sumadle que el director de Roglic es el mismo que vio volar la Vuelta de Dumoulin hacia la vitrina de Aru…

Por eso para el tramo de Toledo valen casi todos los motivos para admirad el ciclismo como sucedió hacia Guadalajara.

La antepenúltima etapa temía un sitio marcado en la libreta de José Luis Arrieta para romperlo todo por los aires.

Eso dice.

Una caída y zas, la sucesión de elementos.

Movistar tirando, porque juran que ellos lo tenían previsto, que habían venido al lugar para comprobar los peligros del mismo.

El líder, Roglic, otra vez cortado, en desventaja, con Valverde recortando ventaja, Pogacar entrando él solo, López que esta vez sí que coge el tren.

Y entonces los jueces, con potestad, como aquí nos indican, que no quitan los coches para que los de atrás vuelvan a entrar.

 

 

Otra vez el viento de las decisiones, de los acontecimientos, ha soplado a favor de Primoz Roglic,

Pero el líder de la Vuelta a España a 48 horas del final sabe que esto vira en cualquier momento y que la suerte se vuelve infortunio en cuanto te despistas.

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Sea como fuere, a lo sucedido, el corte hecho y el comisario decidiendo, no es la mejor manera de solventar una papeleta nada sencilla.

El problema es que el ciclismo se ha instalado en la provisionalidad de que todo sucede rápido, que no hay margen, que es muy complicado.

Y es cierto, no es sencillo, pero si la regla no está clara… ¿qué nos espera?

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Y no es por defender a Movistar, que otras veces se ha visto perjudicado, como otras beneficiado, los azules siguieron adelante y la carrera siguió por detrás.

¿Por qué manipular la caza?

Una vez hecho el hueco, cada uno que vea cómo seguir, y si no, que se pare de inmediato la carrera.

Escuchando a unos -Perico y Carlos de Andrés- lo de Movistar estaba feo, era legítimo y los jueces no están para eso.

Escuchando a Contador y cia, Movistar reculó porque no las tenían todas consigo…

Cuando le preguntan por el cuadro a Marc Soler dice: «Preguntadle al director, yo hago lo que me dicen».

Todo queda en el aire, a la interpretación de cada uno, como casi siempre en ciclismo. 

Primoz Roglic lo tiene a tocar, pero nubarrones asoman en Gredos y a la vista de lo sucedido todo puede pasar.

La etapa de la Vuelta en Guadalajara: cinco motivos para amarla

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En la etapa de la Vuelta por Guadalajara, el ciclismo nos ofreció todo lo mejor que es capaz

Cuando recorrimos con el índice el perfil de las etapas de la Vuelta a España, el trayecto entre Aranda y Guadalajara nos pareció el más prescindible, una transición de doscientos kilómetros, eso sí.

Ocurre además que en este lado de los Pirineos, a veces todo lo que no acabe en alto, que no tenga no se cuántos miles de metros de desnivel y esas osas, como que no cuenta.

Y la realidad nos demuestra que muchas veces estamos equivocaos.

Mientras muchos echaban fuego por la boca en etapas como la de La Cubilla, vimos en la clásica de Bruselas un sprint sublime que acabó con cinco o seis tíos llegando casi a la vez a meta: la photo finish más grande de la historia.

 

Y así las cosas, volviendo sobre la Vuelta y sobre Guadalajara, la carrera nos recordó aquellas jornadas de primavera, camino Soria, como decía la letra, o de Albacete, lugares de páramo, descubiertos, donde se hizo mucho más daño que en las montañas más empinadas.

Porque el recorrido al final lo hacen los corredores y por ende el espectáculo.

Nosotros hemos reunido cinco puntos por los cuales la etapa de Guadalajara en la Vuelta pasa a los anales, no sé si como lo mejor del año, pero sí como de esas cosas que siempre tendrás preparada para recordar cuando surja una situación similar.

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El primer motivo: La etapa de la Vuelta en Guadalajara fue totalmente inesperada

Precisamente por eso, porque nadie se lo temía, aunque se advertía del viento en las horas previas a la salida.

Lo mejor es lo inesperado, lo que genera cero expectativas, ese es el problema del ciclismo moderno, hay alguien que en algún momento prevé que aquella carrera va a ser la hostia, se infla el suflé y cuando aterrizas a realidad es lejana a lo previsto.

Pasó en las etapas de Asturias, donde cada año sucede lo mismo, se vende que tocaremos el cielo y la carrera da para lo que da, y no por culta del recorrido, y sí porque las fuerzas son lo que son e interesa guardar lo ganador.

El segundo motivo: Nadie se guarda nada

Desde niños crecemos con la sensación, falsa, de que el ciclismo en llano es sencillo, consiste en rodar, ir haciendo, pero esta gente no va a eso.

Sus desarrollos rompen la resistencia, propagan el dolor desde cuádriceps a los gemelos, por doquier.

La etapa de la Vuelta en Guadalajara nos gusta porque transmite que nadie se deja nada, si guardas algo, si miras para otro lado, pierdes el tren, los ves partir y adiós.

 

 

 

El tercer motivo: Marca diferencias de antaño. 

Aunque no le fuera suficiente a Nairo Quintana para asaltar el liderato, creo que más de uno imaginamos que, cuando eso estaba a punto de caramelo, estuvo a punto de romperse y a tomar por saco todo.

Fue así, tal cual.

En un instante de duda, Astana no entra a tirar y Primoz Roglic se ve solo contra los primeros.

27 a 29 de septiembre, una cita ciclista en Cambrils 

La sola posibilidad de diferencias de antaño en el presente ya pone los pelos como escarpias.

El cuarto motivo habla de la belleza del rodar… 

La carrera es una sucesión de tipos a full, acoplados, perfectamente en rodamiento, una velódromo sobre un tartán de doscientos kilómetros.

Y ahí se juega todo, se cuece todo, en medio de tanta estética, de tantos cuerpos afilados sobre la máquina, corren historias, miedos y sentimientos.

Un collage tremendo.

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Y el último motivo: volvimos a tener carrera. 

Si la Vuelta salió de Asturias tocada, al menos en Guadalajara tuvimos la sensación de que esto no ha acabado y la renovada fe en el vuelvo se plasmó en la sierra de Madrid, donde a Roglic le cayeron buenos palos.

Así las cosas, el esloveno, que empezó el Giro tan sólido, sabe que esto no acaba hasta Madrid.

En Guadalajara fue ese viento y los Deceuninck en combinación con los Movistar, en la sierra de Gredos dicen que hará mal tiempo.

La situación hay que salvarla y en cada momento sopla el viento, cae agua…

Imagen: FB de Astana Pro Team

Se nos olvida que los aficionados están fuera de la zona de confort de la Vuelta

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Las quejas de conductores y aficionados de la Vuelta deberían tener un principio de autocrítica que no se da

Se ha creado un cierto revuelo en redes con el comentario de Silvia Tirado, una mujer que cumple las labores de conductora de un coche con invitados VIP, en la Vuelta.

La han defendido algunos periodistas de ciclismo de toda la vida, pero han sido muchos aficionados y cicloturistas los que la han respondido.

Ella siempre ha respondido con educación.

Leyendo el hilo en su literalidad, no creo que se merezca tantas críticas.

Casi siempre habla de que está dentro de la burbuja de seguridad con su coche, esto quiere decir que desde el momento que pasa la moto que abre carrera, ningún cicloturista puede circular por la carretera.

También advierte de los peligros que se general al paso de la Vuelta, y eso está muy bien.

La cuestión es dilucidar quien provoca en mayor medida esas situaciones y la manera en que se producen.

Entonces, ¿por qué recibe tantas críticas?

En el hilo escribe una retahíla inconexa de situaciones que transmiten una sensación de absoluto caos en los puertos de la Vuelta.

Pitar, frenar, esquivar, gente andando, sentados, frenazos y, claro, ciclistas bajando.

No todos los ciclistas, algunos ciclistas, sin dejarse llevar por la retórica de los «conductores-hater», donde meten a todos los cicloturistas en el mismo saco.

Y eso, ¡ay!, duele mucho, y más viniendo de quien viene y en qué contexto.

Y esa retahíla inconexa da a entender que los culpables de todo el caos son los aficionados espectadores que, ilusionados con la carrera vuelven a su infancia y se comportan como chiquillos indisciplinados y desobedientes.

Y que ellos, los conductores de los coches que no son imprescindibles para la carrera como los del jurado, motos enlace, directores de carrera, televisión, agentes de seguridad o directores de equipo,… ellos que son los prescindibles, son los adultos poderosos que se escandalizan con la indisciplina de los niños.

Si hacemos el esfuerzo de creer lo que cuenta, de lo que ve en todos los puertos de montaña, también deberíamos hacer el esfuerzo de creer a todos los que le responden contando experiencias de adultos conductores que ponían en peligro a espectadores infantiles, pero responsables.

Si hacemos caso a las dos partes, la culpa debería de ser, al menos compartida.

Se echa en falta un poco de autocrítica frente a la contundente crítica a los demás.

Y, “ay” eso duele.

 

La última vez que estuve viendo una etapa de la Vuelta fue en Oiz, a un par de kilómetros de meta.

Pregunté a una agente de seguridad, si podía bajar un poco con la bici, y me contestó afirmativamente, pero: “en cuanto pase la moto que abre la burbuja, no te podrás mover del sitio”.

Me hubiera sido imposible, los agentes se veían unos a otros, por lo que no dejarían a nadie moverse.

Y las motos que van dentro de la cápsula también son muy tajantes, no permiten a ningún cicloturista montarse en la bici, y hay muchas motos.

Un diez para la organización.

Si eso no ocurre en otros puertos, quiere decir que la organización no se merece un diez.

Y no decir eso, generalizando con los cicloturistas, ¡ay!, eso duele.

Trabajé dos años, en el 96 y 97, con la organización del Tour como asistente a la dirección administrativa.

En el 98 lo dejé para irme de jefe de prensa del equipo Festina, pero esa es otra historia…

Excepto cuatro o cinco etapas de montaña que las hacía con invitados VIP, el resto de las etapas iba de la salida a la llegada, fuera de la burbuja, con la directora administrativa del Tour, Agnes Pierret.

Yo tenía que respetar las normas de tráfico, al mismo tiempo que subir muy despacio y con mucha precaución los puertos, con aficionados en las cunetas.

Fueron muchas las ocasiones, a lo largo de las etapas, en las que anotábamos las matrículas de coches y motos que se saltaban las normas.

Muchos de ellos fueron amonestados, otros multados y, algunos, expulsados de la carrera.

En una crítica a aficionados y espectadores, que no se haga una sola mención a la existencia de un posible control por la organización de los vehículos que no respetan, eso, ¡ay!, eso duele.

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Son muchos ¡ays! dolorosos que causa con las omisiones y con las entretelas del hilo.

En cualquier caso, no creo en absoluto que lo hiciera con mala intención.

En esto, creo que tiene que estar tranquila, pero no tanto en que quienes la han defendido en redes, son periodistas de prensa escrita que están en la salida y luego en meta para ver la etapa en tv y recibir a los corredores y escribir la crónica.

No es necesario que estén en la cápsula ni cerca de ella, por lo que tienen que respetar las normas y tienen tiempo de subir despacio los puertos. O es corporativismo, o es que están “encapsulados” toda la carrera.

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Para terminar, este cruce de opiniones es muy positivo para que nos concienciemos de los peligros que tiene una carrera ciclista para los espectadores.

Si se produce un accidente ya no hay marcha atrás, da igual quien sea el culpable.

Como muy bien dice Silvia, esto va muy en serio, ¡precaución!

Por Peio Ruiz Cabestany

La Vuelta: ¿Por qué vemos metas vacías?

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La falta de gente en las metas de la Vuelta debería preocupar a la organización

No es un secreto que las metas de la Vuelta, pero también del Giro, del Tour, de cualquier evento ciclista, y no ciclista, son un hervidero de gente variopinta.

Muchos, por ejemplo, no tienen nada que ver con el ciclismo, son invitaciones, VIP´s que pagan la fiesta, patrocinadores que hay que tener contentos.

No puede ser de otra manera.

Las metas de la Vuelta no escapan a esa realidad.

Recordamos esta pieza de Nico Van Looy sobre las carpas del Tour de Flandes y de lo que se cuece en ellas, a veces lo de menos es el ciclismo.

 

Nosotros mismos en el pasado Giro de Italia, tuvimos que quedarnos a unos seis kilómetros de la cima de Lago Serrú porque sencillamente «ahí arriba tienen que subir muchos y no caben todos«.

Queremos compartir con vosotros una carta que nos escribe un lector…

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La Vuelta: Metas despobladas dicen….

Después de leer ayer algún artículo que hacía referencia a que las metas de la Vuelta España, están despobladas de público y que esto da una imagen un tanto desoladora, me gustaría dar mi punto de vista sobre porqué puede que ocurran esta situación.

Ayer -por el pasado lunes- fue el día de la etapa reina de la Vuelta a España que finalizaba en el Puerto de la Cubilla.

Por lo menos así lo era para mí como asturiano. 

Así que muchos amantes del ciclismo nos dirigimos a afrontar este coloso, con la ilusión de subir el puerto engalanado con pancartas y publicidad, como si fuéramos nosotros parte del pelotón profesional.

 

Cientos de personas subíamos el puerto en una sintonía perfecta, unos animándonos a otros cuando veíamos que a alguno se le atragantaba algún repecho, animando a los niños que hacían la tentativa de subir este puerto junto a sus padres.

Era un ambiente festivo al que se añadían los ánimos y vítores que nos dedicaba la gente desde las orillas de los pueblos y en las cunetas.

Pero cuál fue nuestra sorpresa cuando unas dos horas antes de que en teoría llegaran los ciclistas a un km escaso de la meta, ya no nos dejaron subir y nos dijeron que la meta estaba cerrada.

No hubo explicaciones.

Compañeros de fatigas que habían logrado pasar unos instantes antes nos decían que era una vergüenza que la meta estaba vacía de público, que no había nadie. Entre la mayoría de nosotros cundió el desaliento y nos dimos la vuelta con una sensación de pena por no haber alcanzado nuestro objetivo.

No llegamos a la meta de la Vuelta en La Cubilla.

Con esto no quiero acusar a nadie porque no se los motivos, por los que dos horas antes de que los ciclistas lleguen se corte el paso por meta, supongo que será un tema organizativo o por seguridad.

Pero en estos casos, en los que subimos en su mayoría somos cicloturistas, es complicado que subamos un kilómetro andando con nuestras bicicletas y calas, para que luego nos quedemos en la meta a animar a nuestros ídolos.

 

Quizás para estar en meta haya que ser digno de ello y tener que aguantar más de dos horas en una cumbre en unas condiciones atmosféricas poco favorables.

O que tengas suerte y seas uno de los invitados de la Vuelta para estar en meta. 

Son esos invitados que suben en esa innumerable retahíla de coches de la organización que llegan más vacíos que otra cosa. 

Ellos sí pueden subir casi hasta el paso de los ciclistas.

Los orígenes bilingües de DT Swiss

Opino que si los organizadores quieren que las metas estén llenas deben facilitar el acceso a la gente, ya que no hay nada más triste, en el ciclismo que se ver por televisión, observar los últimos metros de la carrera, con escaso público, esto da una sensación de frialdad total.

De alguna manera los organizadores no deben olvidar, que ellos viven de nosotros, del público, de la gente, que somos el objetivo de las empresas que patrocinan, para que nosotros veamos esa publicidad.

Una carrera sin publico a mi juicio, se hace menos vistosa en televisión ya que la imagen que transmite es de abandono, de que tiene poco interés, de que es una carrera menor… No creo que a las empresa que ponen su dinero, les interese patrocinar una carrera que transmita esta sensación.

Esto nos ha escrito Manuel Gayol Fernández, con el sentimiento desde la misma cuneta de La Cubilla, a donde fue a disfrutar de un día de Vuelta a España.

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Mirad el último kilómetro en La Cubilla y juzgad.

 

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En el entorno de la organización de la Vuelta y la gestión de la meta se nos confirma que los cierres para subir en bici son media hora antes.

Algo no cuadra.

Quizá es que no cupiera más gente.

Pero al margen de todo esto, queremos hacernos eco del hilo que Silvia Tirado, chófer en la carrera, abrió precisamente al calor de lo sucedido en La Cubilla…

Sea como fuere, la sensación es que en La Vuelta, el público surge de forma puntual y dependiendo las zonas.

Que las metas de la Vuelta estén despobladas es la peor imagen posible, el público, aunque en éste haya de todo, es necesario e imprescindible.

Giro y Tour están en otra división.

Esa es la realidad.

Imagen: © BORA – hansgrohe / Bettiniphoto & VeloImages

La canción de la Vuelta, ese clásico (y II)

Seguimos por ese viaje que fue el de muchos con la canción de la Vuelta

La canción de la Vuelta de Azul y Negro decía aquello de…

No tengo tiempo para pensar, no tengo tiempo de programar, no tengo tiempo para escapar, no tengo tiempo de terminar, con los dedos de una mano, voy contando los segundos, voy contando los minutos.

…. Muy apropiada ¿verdad?

 

Azul y Negro volvería a repetir diez años más tarde, en 1993, con Two Pa Ka en una edición dominada por el suizo Tony Rominger que se llevaba el maillot amarillo, la regularidad y la montaña, tan querido/odiado por  los aficionados en este país.

Pero esto es una carrera y hay que seguir adelante y el pelotón sigue avanzando al ritmo de la música y llegamos a 1984, el año que Eric Caritoux, un completo desconocido, ganaba la ronda española con tan sólo seis segundos de diferencia con el gran Alberto Fernández, al son  de la sintonía del genial y malogrado cantante y compositor asturiano Tino Casal y su recordado Pánico En El Edén:

“Sí o no, una de dos, o bajas tú o subo yo”

Otra canción muy asociada a la Vuelta a España de este genial artista, Tino Casal, que con tan sólo 13 años empezó su carrera musical con el grupo Los Zafiros Negros y años más tarde formando parte de Los Archiduques.

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El locutor sigue generoso pinchando los mejores «discos» y más recordados de la Vuelta, aunque sus comentarios sobre ciclismo, mejor los evitamos.

Pero a nivel musical sigue imparable y nos ofrece una nueva canción, la del año 1985, un sencillo llamado Baila interpretado por Iván, ídolo de quinceañeras de la época que inundaban las pistas de baile.

Y en efecto, «bailando» sobre la bici, el gran Perico Delgado se escapó en el descenso del Puerto de Navacerrada en la penúltima etapa, dando alcance a José Recio que iba escapado y remontando los seis minutos de diferencia que le llevaba Robert Millar, ganando una épica edición de la Vuelta.

La ronda de 1986 vino de la mano de Gloria Estefan y su Miami Sound Machine que nos alegró la Vuelta con su Conga.

 

 

También muy reconocida ¿la recordáis?

Ese fue otro temazo en la historia de la canción de la Vuelta.

Un pelotazo que llegó a vender más de 5 millones de copias en USA, permaneciendo más de 20 semanas en el nº 1 de las listas. Aquel año el gallego Álvaro Pino («que se compró una vespino» dice el cachondo del locutor a modo de rima) nos hizo disfrutar con su victoria derrotando a figuras como Sean Kelly, Fignon, Millar o el propio Perico.

Como el tiempo apremia y el programa ya va contra el crono, el locutor empieza a dar tumbos en el tiempo, pasando directamente al año 1988, en el cual Serafín Zubiri lo bordó con su Pedaleando para dar la victoria a Sean Kelly:

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¿Cuántos kilómetros me faltan para la meta final? Pedaleando, te voy buscando. Si llegara yo primero, lo sabría el mundo entero

Seguimos con otro grupo como La Unión, banda madrileña que con su “Más y Más” llevó a Perico en volandas para pedir más y más y llevarse al zurrón su segunda Vuelta, la del 89:

Haz conmigo lo que quieras nena, sabes que te pertenezco nena, vamos a volvernos locos, vamos a subir al cielo juntos, cabalgando en la pasión, deseo más y más, vamos nena hasta el final….”

¡Un escándalo! 😉

El personalizado de colores es santo y seña en Berria Bikes 

Según Rafa Sánchez, de esta manera, habrían contribuido a que los españoles, durante aquel año, hicieran mucho más el amor.

La Unión repetiría con otro éxito indiscutible en 1991 con su Dámelo Ya, algo que muy bien le podría haber dicho Melcior Mauri a Indurain, aquel año, para que entregara la cuchara y rindiera el triunfo al catalán de Vic”

La hora escasa de duración del programa hace que el presentador proporcione un nuevo brinco en el tiempo y vayamos a parar a la recordada edición del año 1999.

Atrás quedaban temas de Havana, Víctor Coyote, Malou o Vengaboys, por destacar algunos.

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Pero aquel 99 no lo podía dejar fuera, no en vano era su etapa reina, ya que al son de los acordes de la gaita folk/celta del asturiano Hevia y su El Garrotín, la edición de aquel año ascendía por vez primera el mítico Angliru.

La prueba la ganó Jan Ullrich pero todos recordaremos la victoria épica del Chaba Jiménez en las rampas del muro de Riosa, saliendo de entre la niebla y adelantando a Tonkov que iba escapado.

El locutor confiesa que no le gusta para nada la gaita MIDI de Hevia y que no soporta su línea de bajo electrónica.

Para gustos los colores.

Pero yo me quedo con esta canción.

Escucharla en Asturias, en la Cueña les Cabres, un día de orbayu, esperando el paso de los corredores, no tiene precio.

Yo estuve allí.

En 2003, Hevia volvería repetir con su Tirador, en otra épica Vuelta ganada por Roberto Heras, la segunda después de la del año 2000, edición que fue acompañada por la sintonía de la formación barcelonesa OBK y su El Cielo No Entiende, otra canción que también quedó bastante labrada en el recuerdo de la ronda española.

Nos plantamos ya en el año 2004 y el locutor va devorando etapas, el tiempo se le echa encima y como si fuera a la cabeza del gran pelotón, está preparando ya fuerte el sprint y nos lanza con Melendi y su Con La Luna Llena.

Su canción dedicada a la vuelta a España estaba bien justificada por su famosa anécdota, cuando en un viaje en avión a México obligó a la tripulación a girar y volver a Madrid.

Se comenta, se rumorea, que Melendi montó un pollo tremendo, algo “fuera” de sí.

Aquel año de nuevo la edición fue para un gran Roberto Heras.

El presentador vuelve a pincharnos una nueva sintonía, brevemente, la del 2006 ganada por Alexandre Vinokourov que al ritmo de Nena Daconte (nombre de un personaje del libro de Gabriel García Márquez, El rastro de tu sangre en la nieve) se preguntaba ¿En Que Estrella Estará?

La respuesta, años más tarde, la encontró en este 2012, concretamente en Londres.

Al locutor ya le quedan pocos minutos para finalizar el programa.

El esprint final estaba cantado y los Preciados, en 2010, daban Otra Oportunidad al italiano Vincenzo Nibali para ganar una gran ronda por etapas, ya con el maillot rojo, y ante un gran Ezequiel Mosquera con la primera ascensión que se hizo a la Bola del Mundo.

Inolvidable:

Quiero que me ciegue el sol, quiero ser un corazón que lata con más fuerza

El programa había finalizado después de una hora larga de duración en el que habíamos recorridos juntos parte viva de  la historia de la Vuelta de los últimos 30 años con el recuerdo de sus sintonías oficiales.

En el tintero habían quedado muchas, como la de Pastora Soler y su Corazón Congelado,  Hanna, Beatriz Luengo o Zahara, pero sobre todo a quien más eché de menos fue a Patricia Manterola que llevaba loco perdido al pelotón con su canción y famoso baile plagado de curvas Que El Ritmo No Pare.

Cualquiera le decía que no a la guapa de la Manterola ¿cierto?

Otro temazo de la canción de la Vuelta…

«Que el ritmo no pare, no pare no, que el ritmo no pare, si te gusta a ti, muévete y no pares y no pares sigue sí, que el ritmo es tan rico, que sí, que sí, que sí, ¡que sí!»

Desde entonces, poco o nada hemos vuelto a saber de «La canción de La Vuelta».

Porque, reconocedlo, ¿sabríais decidnos quién canta y el título de la sintonía de esta edición de 2019?

Sin consultar a Google, sí.

Si queréis leer la primera parte

Por Jordi Escrihuela

La Vuelta retrata el momento del ciclismo español

Ciclismo español Vuelta JoanSeguidor

Uno en el top 10, cuatro en el top 20: la situación del ciclismo español en la Vuelta a España

El ciclismo español, cuánto hemos escrito de él en este mal anillado cuaderno, cuántas veces hemos descrito, desde hace tiempo la realidad que esta Vuelta está retratando.

Es la realidad de un ciclismo español exhausto en cantidad, que no en calidad, cuyos síntomas de hace un tiempo afloran casi todos de golpe en una edición que como bien leemos aquí, no tiene la mejor de las participaciones…

Lo de Alejandro Valverde en esta Vuelta a España es muy meritorio, pero el que sea el único español entre los diez…

Publicada por Chema Rodríguez en Sábado, 7 de septiembre de 2019

 

Y es que lo que dice Chema Rodríguez sí, da que pensar.

La general, en la segunda jornada de descanso, sigue teniendo sólo a Alejandro Valverde en el top ten, donde se sostienen ciclistas como Nicolas Edet o Carl Fedrik Hagen, el rookie desconocido de la carrera, como único local.

En el siguiente escalón vienen Ion Izagirre y Mikel Nieve, por detrás de Marc Soler, que va camino de los 27 años y no se ha visto nunca en el papel de líder.

Una situación muy coherente con el rol medio del ciclista español: ayudar a un jefe de filas.

Marc Soler dio un mal paso en Calpe y se descolgó tanto que las opciones de liderar el Movistar se desvanecieron desde el segundo día.

Marc Soler, desde entonces, ha estado ahí, rascando para una etapa que se le resiste y ayudando cuando se le requirió, de mejor o peor gana, pero ayudando.

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La situación de Marc Soler es paradigmática de la situación del ciclismo español, que no tiene la cantidad que tuvo en la elite, pero sí tiene cierta calidad.

Los sempiternos problemas de Mikel Landa para encontrase de jefe único, la progresión de Enric Mas y si será capaz de seguir creciendo, entendemos que sí, pero habrá que verlo.

Fue segundo en esta misma carrera hace un año, pero el Tour se le descubrió como esa carrera que da y quita razones.

El Caja Rural viste sus mejores galas para la Vuelta a España 

Enric Mas es el ejemplo de «maduración española», más lenta, constante, siempre un poquito más.

Nada que ver con los caníbales que vienen por debajo, chavalucos de veinte años que quieren todo al momento.

Claro comparas unos con otros, y el ciclismo español no sale bien parado.

 

 

Como no sale de esa general que sólo tiene a Alejandro Valverde entre los diez mejores.

Un cuadro real, muy fiel de lo que venimos tiempo comentando, incluso en fechas tan mágicas como aquella Vuelta de 2012 que coparon Contador, Valverde y Purito.

Le llamaban la «edad de oro del ciclismo español»: pasaron olímpicamente de él. 

Aquella carrera marcó la cima, pero también el camino hacia lo que tenemos hoy.

Y hoy no tenemos fondistas, corredores que opten a ganar una grande más allá de Landa, Mas, Valverde, con los asteriscos que queráis ponerle, porque no es eterno…

Mirad las generales del Tour y Giro.

Más allá del mentado Landa, nada.

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Sin embargo ocurre que, en esta Vuelta, el ciclismo español está rascando etapas de una forma a la que no nos tenía acostumbrados.

En una carrera que no tiene la concurrencia internacional de otros años, los ciclistas españoles están sacando buena tajada, y eso que no es sencillo.

Ganar una etapa en la Vuelta no es sencillo pues ha movilizado estrellas como Sam Bennett, Philippe Gilbert y Jakob Fuglsang, sin obviar las dos que se llevó el fenómeno Pogacar, la crono de Roglic y el golpe de mano de Nairo en Calpe.

Entre esos grandes nombres, emerge la segunda línea de ciclismo español que quizá no venda titulares en grandes medios, pero que ayuda a pasar el trago.

La ilusión, con resultados, de los tres equipos profesionales es el ejemplo.

Murias es la imagen perenne en la carrera y eso proyecta chavales como Oscar Rodríguez, que si no me equivoco se va a Astana, Mikel Iturria, el ganador de Urdax, Sergio Samitier, Héctor Sáez y un corredor que nos encanta, Fernando Barceló.

 

En el Burgos la aventura montañera de Angel Madrazo está copando miradas y líneas gruesas.

Este cántabro se ha ganado la estima del respetable y la mirada de los focos, su presencia en carrera es redonda, aparece antes, durante y después.

Su aportación es apreciable.

SQR – GORE

 

Y en el Caja Rural no hay tregua hasta que no caiga la victoria.

Creo que al carrera pone en otro escalón un ciclista veloz como Alex Aramburu.

Esta es la foto que la Vuelta nos deja del momento actual del ciclismo español, una foto que retrata un paciente estable, que un día lo fue todo, pero como siempre en la vida, días de mucho…

Imagen: FB de Euskadi Murias