La Vuelta: Las cosas no fueron nada sencillas Andorra

La Vuelta España en Andorra estuvo pasada por una cantidad de agua que complicó muchísimo las cosas

Presumíamos que la etapa de la Vuelta en Andorra iba a ser épica y lo fue, la lluvia hizo la presencia y eso que toda la organización que había cuidado los detalles el ascenso tanto de corredores, organización y espectadores.

Pero aquello se  convirtió en un descontrol en el momento que empezó el diluvió.

 

La desconexión en la cima de Encamp.

Cuando empezó a llover, las cámaras (debido al retirarse los helicópteros) y los servicios de información dejaron de funcionar, germen de la desorientación que cundió entre los espectadores que esperaban pacientes bajo la tormenta de granizo y agua.

A las 17:38 la lluvia empezó a descargar con fuerza y los que asistíamos a la prueba desde lugares privilegiados, pudimos resguardarnos en la zona más alta, dentro del refugio de Encamp, a unos 100 metros de los remolcadores de la estación y a 200 de meta.

Desde allí podíamos ver al público refugiarse bajo paraguas rotos por el viento.

En EuroSport la imagen de una pareja acurrucados sentados en la hierba bajo el granizo fue la estampa que definía el momento.

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La tormenta no pesó en la mayoría del público que esperaba ver aparecer los corredores del barrizal de la zona de “sterrato”.

Andoora y la subida vuelta 2019

Esa zona parecía más cubierta y pensamos que podía proteger mejor a los corredores, pero más tarde veríamos con nuestros propios ojos como llegaban embarrados y con las manos heladas por el frío.

La salida de los ciclistas de la tierra de la etapa de la Vuelta en Andorra fue como esperábamos: un reguero de ciclistas agotados, no entendíamos nada, ni las distancias entre ellos, ni corredores descolgados, sólo nos llegaban algunas noticias del enfado del corredor del Movistar con su director.

Así funciona el Suunto 9

A las 17:48, habían pasado diez minutos eternos para empezar a ver a la cabeza de carrera y comprobar como el público abandonaba el escenario de la tormenta.

vuelta andorra 2019

Ya tenia suficiente: el frío y el agua habían minado las ganas de animar, excepto algunos ciclistas aguerridos que habían subido en bici para protagonizar lo que hace al ciclismo grande: un amor incondicional por este deporte.

Héroes anónimos como Eduard, el chico que nos dejó su móvil para poder ver los últimos cuatro kilómetros por la televisión.

Ante la comunidad colombiana me quito el sombrero, viéndolos desde la estación como animaban a unos y otros a llegar arriba, a pesar del agua.

 

 

En la meta y el speaker pedía una y otra vez al público que aguantará a ver a los corredores en el podio, mientras veíamos el reguero de público, acreditados, personal y ciclistas aficionados que se agolpaba en la entrada del teleférico, el encargado de devolvernos al parking que la organización había habilitado.

Todo el mundo sabía por los responsables de remonte, que si había tormenta con aparato eléctrico, éste dejaría de funcionar y eso precipitó la huída de la gente en bloque.

Bajar más de diez kilómetros con la amenaza de tormenta no era la mejor idea.

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La principal pega: el desalojo de corredores y público

Llegó el momento, llegamos a la zona para coger el “huevo” y bajar al parking.

Era un desastre, ahí se juntaba todo el mundo sin y con acreditación, aficionados y lo peor corredores, embarrados y helados.

El remolcador no funcionaba.

Corredores de la Vuelta sin ayuda para bajar a los autobuses

Todos nos quedamos sorprendidos, vimos como pitaban para que dejáramos pasar con prioridad a unos corredores destrozados, entre una muchedumbre que se peleaba para coger los lentos y escasos teleféricos.

Yo mismo ayudé a Chaves para colocar su bici vertical dentro del remolcador, mezclándose con la gente que empujaba para subir rápidamente antes de que se anulara el servicio.

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El dato del teleférico de Encamp

De subida tardamos cinco minutos en llegar para bajar y debido a la tormenta que empezó a caer mientras descendíamos, tardamos una hora interminable, apelotonados y balanceándonos en el cubículo.

No daba crédito, los corredores no tenían ninguna asistencia, durante el trayecto, yo ofrecía mi chaqueta a Darwin Atapuma del Cofidis y Dani Navarro del Katusha.

Tengo las manos heladas” me decía Darwin, con una mini chaqueta y una toalla para el cuello.

¿Cómo puede un corredor sufrir así después de una etapa de este calibre?
Darwin se sacudía el barro que se agarraba en las piernas una vez seco.

La imagen de ver bajar a los corredores por las escaleras mecánicas para subirse en la bici e ir a buscar sus autobuses, era la propina, decía Dani.

“Tengo que subir 300m hasta el autobús lo veo desde aquí arriba, no si llegaré” decía medio riéndose mientras se iba.

La etapa de la Vuelta en Andorra prometía ser guerrera y se cumplió en todos los aspectos.

La canción de la Vuelta, aquel clásico (I)

¿Dónde quedó «La canción de La Vuelta»? ¿Alguien la recuerda? ¿Qué fue de ella?

¿Alguien podría nombrar alguna canción de la Vuelta durante al menos esta última década?

Sin consultar a Google, claro.

 

Así es y creemos que se ha perdido el encanto de esa sintonía que, en cada edición, la esperábamos con ganas, esa canción que pondría música a los pedales de los ciclistas, que sonaría sin cesar durante los resúmenes y las cortinillas de la tele.

Pero «La canción de La Vuelta» tuvo su época dorada, años de esplendor que coincidieron con el aumento de la popularidad de este sufrido deporte y el auge de su práctica que caló hondo entre los aficionados a las dos ruedas.

Desde este mal anillado cuaderno hemos querido rendir homenaje a estas sintonías que nos acompañaron primero en las sobremesas de abril y mayo y, posteriormente, en las calurosas tardes de septiembre.

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Todo empezó con el recuerdo de un programa de radio y el sueño de una noche de verano…

Agosto. Dos de la madrugada.

Calor insoportable.

No paro de dar vueltas en la cama. No puedo conciliar el sueño y me levanto.

Me doy una ducha rápida y voy a por mi viejo mp3.

Me pongo los auriculares y enciendo la radio.

Comienzo a juguetear con el dial.

Lo voy girando, lo voy girando… hasta que… ¡un momento! Oigo una canción que me es familiar y me gusta.

Deslizo el dial hacia atrás.

Sintonizo bien y, en efecto, se trata del clásico September de Earth, Wind & Fire que todos recordaréis.

Inconfundible.

 

La banda de Chicago que cambió el sonido de la música de color, abriéndose camino por un igual, tanto en el mercado negro como en el mercado blanco, traspasando fronteras raciales allá por finales de los años 70.

En ese momento finalizó la canción y escuché la voz del presentador del programa:

«Bienvenidos a este vuestro espacio musical que hoy dedicamos a las hazañas de no pocos artistas de las dos ruedas de las carreteras en este país. Nos referimos, claro está, a las canciones que pusieron banda oficial sonora a la Vuelta Ciclista a España, una selección con temas de diverso pelaje en la que seguro que encontraréis más de un recuerdo. De momento hemos arrancado con el prólogo de esta apasionante carrera

Acababa de sintonizar un programa dedicado a las canciones de la Vuelta a España, y ya no iba a mover el dial, por supuesto.

¡Vaya! ¡Qué recuerdos!

 

Tengo mucho más recientes, y que se me quedaron grabadas en mi memoria y que recuerdo con mucho más cariño, las canciones de la Vuelta de finales de los 70, los 80 y los 90, aquellos primeros temas que salían anunciando aquellas ediciones de esos años, sintonías muy esperadas y que se convertirían en muy populares y pegadizas, consiguiendo ser muchas de ellas, las típicas canciones del verano.

Hubo un tiempo en que el ciclismo no era sinónimo de escándalos y sustancias prohibidas. Bueno, sí que había escándalos, como ver correr algunos de los mejores deportistas que ha dado este sacrificado camino en la vida. En realidad cada uno tiene sus recuerdos favoritos de la Vuelta, y podríamos ponernos a hablar de José Luis Laguía, Marino Lejarreta, Julián Gorospe, Pedro Delgado, Miguel Indurain o Alberto Contador. Eso si nos referimos a los de aquí, porque también han pasado unos cuantos de tierras lejanas como Lucho Herrera o Sean Kelly, que han engrandecido aún más las carreteras que recorre nuestra Vuelta con el movimiento sinuoso de una serpiente multicolor que nos recuerda tardes de mayo y, desde hace unos años, lamentables tardes de septiembre (se declara completamente en contra de este cambio de fechas), que nos recuerdan que los héroes sufren, sudan, se desvanecen y al final sólo uno puede prevalecer. Lo bueno de todo esto es que lo podemos recordar con música y eso es precisamente lo que vamos a hacer ahora: bienvenidos a la Vuelta Ciclista a España

El comentarista sabrá mucho de música y será un gran crítico musical, pero, aunque confeso aficionado al ciclismo, hay que entender algunos desafortunados comentarios.

Sigue hablando el locutor y ahora pincha otra pieza inolvidable: Born To Be Alive, del francés de padre español, Patrick Hernández que llegó a vender más 25 millones de copias de este single.

Esta canción era la primera etapa de un largo recorrido a través de la historia de la Vuelta a España cortejada con música.

El Born To Be Alive acompañó la victoria de Joop Zoetemelk en la edición de 1979 y fue una sintonía que con el tiempo aún se sigue asociando al ciclismo.

El locutor sigue espléndido y ahora le toca el turno a Funky Town del grupo Lipps Inc (ya sabéis, mover los labios mientras suena la música y cantan otros) que seguro que más de uno habréis bailado sin parar en más de una ocasión.

Al ritmo frenético del funky en la ciudad de Nueva York, a la que está dedicada la canción, el gran Faustino Rupérez se hizo con la edición del año 1980.

Y los recuerdos siguen pedaleando una y otra vez en mi cabeza.

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Recuerdo estas sintonías esperando con impaciencia los resúmenes que se hacían de la etapa por la noche después del Telediario.

Y llegamos al año 1981 y es el turno de Stars On 45 del grupo homónimo holandés, rey absoluto en aquella época del popurrí más o menos chusco en según qué cambios, que se puso de moda homenajeando/destrozando algunos clásicos del género como Beatles o Boney M.

El presentador se queda bien a gusto despachando a este grupo musical.

Así, las estrellas del pelotón a 45 rpm de aquel año fueron Giovanni Battaglin, el vencedor, y Pedro Muñoz y Vicente Belda que ocuparon el resto del pódium.

La importancia de unas buenas ruedas cambia la bicicleta de arriba abajo 

En la edición de 1982 todos nos volvimos chiflados con la Vuelta y con Azul y Negro y su reconocidísima canción Me Estoy Volviendo Loco, que estaba sonando en esos mismos instantes en el dial.

Este grupo de tecno-pop formado por Joaquín Montoya y Carlos García Baso decidieron unirse a finales de los 70 bajo el nombre de Azul y Negro, como homenaje a los colores de la camiseta del Inter, debutando en el año 81 con su álbum La Edad de los Colores, toda una revolución en su época a través de un grupo innovador, pioneros del género en este país, aficionando a mucha gente a la música electrónica.

De hecho fue la primera banda española en editar un trabajo en CD y en crear un LP en formato digital en el 83, así como grabar un álbum en 5.1 en el año 2003 y que trajeron términos e instrumentos que sonaban a ciencia-ficción hace 30 años: sintetizadores, secuenciadores, etc.

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Unos auténticos cracks.

Quizás sea la sintonía más reconocida de una Vuelta a España (aún recuerdo como la gente la bailaba simulando con los brazos el movimiento en bailón encima de una bici).

Aquella edición fue ganada por Marino Lejarreta por descalificación de Ángel Arroyo por dopaje.

El propio Junco de Bérriz,  en la Vuelta del 83, ganaría en los Lagos de Covadonga, encontrando por fin la organización la gran montaña que tanto tiempo había ido buscando.

Con el recuerdo grabado aún en las retinas de la memorable ascensión de Marino Lejarreta al mito asturiano, que pudimos ver en directo con la primera retransmisión por TVE, y de nuevo al ritmo de Azul y Negro, Bernard Hinault ganaba aquella novedosa edición bajo la sintonía de No Tengo Tiempo, más conocida como  Con los dedos de una mano.

Con aquella canción, uno se imaginaba en la rampa de salida de una contrarreloj:

No tengo tiempo para pensar, no tengo tiempo de programar, no tengo tiempo para escapar, no tengo tiempo de terminar, con los dedos de una mano, voy contando los segundos, voy contando los minutos.

Continuará…

Por Jordi Escrihuela

La Vuelta en Andorra no entiende de reglas

La Vuelta Andorra JoanSeguidor

La etapa más caótica de la Vuelta vuelve a ser en la trampa de Andorra

Leí en twitter lo de carrera histérica, que no histórica, lo dijo Adrián en la Montonera de Eurosport, la Vuelta en Andorra es terreno abonado a la tragicomedia, la traición y los desenlaces dantescos.

Cayó un rayo y dejó las radios secas, cayó una granizada y la señal de televisión se fue al garete, la Vuelta trepó por el drama hacia una de esas etapas que pasarán a los anales por muchas cosas, entre otras esos intangibles que son las emociones que cada kilómetro te regala y te acompañan de por vida.

Una carrera histérica, histórica, lo que queráis, pero una carrera que en una semana va disparada, desmontando cada uno de los argumentos, a cada cual más pesimista que acompañaron las horas previas de la salida de Torrevieja.

 

Leemos en Velonews que la primera semana de esta Vuelta ha sido posiblemente la más dura de cuantas muchos han disputado en una grande.

La jornada de Andorra, señoras y señores, ha sido antológica, en ingredientes y desenlace.

Un vaso jarreante de ciclismo puro y desprovisto de estrategia y hasta entiendo que de pinganillos en más de un momento.

Pinganillos que sí funcionaron en el peor momento para Marc Soler, hastiado de ser siempre él quien espera a los líderes arrugando su progresión.

Ha sido interesante leer reacciones, si ha aparecido Mikel Landa sin estar presente…

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En Marc Soler y su gesto quizá nos recreemos en otro momento, lo que importa es que por poco que fuera, creemos que esperar a Nairo se imponía, otra cosa es la carrera que parecen haber emprendido Nairo y Valverde, a turnos, atacando, no sabemos si a Roglic, si a López, si a otros,  o si entre ellos, para tomar la diferencia y el liderato definitivo del equipo.

Personaliza tu

Sea como sea lo de Marc Soler, escriban lo que escriban en las redes sociales de Movistar, siempre tan ajenas a la realidad, el mal rollo que se desprende de ese equipo no se soluciona con vídeos ni masajes en público.

Es una realidad palpable, plausible, este equipo necesita una revolución, que parece que se está dando, pero que urge culminarla con más velocidad que la pachorra que en ocasiones exhibe el maestro Eusebio.

 

 

Porque yo soy Nairo Quintana y no sabría cómo interpretar lo de Marc Soler ni qué esperar del equipo en las dos semanas que esperan, porque quedan aún dos.

¿Trabajará Movistar para un líder que se va en un par de meses?

Esa es la pregunta del millón y ahí reside parte de la clave de una carrera que por lo demás está abierta en canal.

Porque el big 4 acapara la escena pero no la clasificación.

Nacex, la bicicleta donde le digas

De Nairo a Valverde hay un suspiro, pero por detrás hay tela que cortar, maillots como el del UAE de un crío que hace doce meses ganaba el Porvernir y ahora, pam, se lleva la etapa andorrana de la Vuelta, una etapa que va camino de ser una tradición en sí misma.

Tadeg Pogacar está ahí, a distancia prudencial, como otros tantos, que ven y conviven con la igualdad y asperezas de Roglic, Valverde, López y Nairo y saben que en cualquier momento se meten ahí en una carrera que no responde ni a patrón ni a guión.

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Incluso en el caso hipotético que Roglic pase el rodillo en Pau, en una crono que le va como aquella de San Marino en el Giro, esto estará lejos de estar finiquitado.

El factor incertidumbre de la Vuelta, como el del Giro, eso que tanto echamos en falta en el Tour, juega a favor de cualquiera, a veces el menos esperado.

Incluso podría, ya sería suerte, hacerlo a favor de Miguel Ángel López, un tipo admirable, con una fuerza y valentía acorde al celeste del equipo que viste su progresión, que siempre topa con la misma piedra, una mala suerte que empieza a ser legendaria.

Si todo esto es para que López acabe rompiendo el hielo de los grandes triunfos, lo daríamos por bueno, pero a esta Vuelta no la conoce ni su madre, y poner la mano en el fuego por cualquiera te asegura acabar abrasado.

Imagen: FB de La Vuelta

Els Cortals d’Encamp, la meta de Andorra

La etapa andorrana de la Vuelta asalta Cortals d´Encamp

Aún hay gente que se pregunta si vale la pena visitar Andorra en verano, Els Cortals d´Encamp es una excusa.

En todo caso, seguro que no serán ciclistas.

 

Puede que sean turistas de invierno que se acercan al País de los Pirineos para efectuar sus compras y disfrutar del deporte de la nieve en sus pistas de esquí.

Pero para los que amamos el cicloturismo y nos consideremos sobre todo pirineístas, Andorra es mucho más y nos sigue emocionando y despertando esa parte de nosotros como cuando descubrimos por primera vez y en bicicleta los verdes paisajes de los Pirineos.

Después de superar uno de los puertos más duros de este pequeño país, por fin había alcanzado lo más alto a 2086 metros de altitud.

Allí me quedé sentado en actitud contemplativa más de una hora.

No hay nada que me guste más que alcanzar una cima con mi bici, serenarme y deleitarme con las panorámicas.

Solo, sin que nadie me moleste, perdiéndome en la inmensidad de estas cumbres, llevando mi mirada sin rumbo fijo en el horizonte, absorto, viéndolo todo sin fijarme en nada.

Ni que sean sólo cinco minutos.

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Es el único espacio de tiempo en el que desconecto de la realidad y me convierto en un espectador más.

Un observador, un admirador y curioso soñador de esta cordillera atravesada por pistas que en pocos meses estarían repletas de esquiadores.

Pero ahora la vall d’Encamp, con su intenso y homogéneo color verde, era de mi propiedad y de todo el que había llegado hasta aquí con la libertad que da el moverse con la pequeña reina.

Ya en Els Cortals d´Encamp, me quedé un buen rato allí arriba.

Els Cortals d’Encamp, un entorno único por su belleza y singularidad, donde tradición y modernidad confluyen en sus bordes (casas rurales) con sus cortals (corrales, pastos cercados) rodeadas por campos y aromas de la tierra.

Pero a la vez también, a menos de cinco minutos del telecabina Funicamp, el acceso más rápido al dominio esquiable de Grandvalira.

Venía remontando la carretera en suave ascenso desde Andorra la Vella, visitando las empedradas calles del casco antiguo de la parroquia d’Encamp y su iglesia románica del siglo XI que pervive inalterable al paso del tiempo.

Sorteando rieras y travesías adormecidas me dejé invadir por el legado cultural y natural, histórico y arquitectónico de un lugar enclavado entre el ayer y el hoy.

Una experiencia que perduró en mí durante mucho tiempo en el recuerdo.

 

La escalada se endureció saliendo de Encamp, y de qué manera, al afrontar una rampa mantenida al 10%.

Las vistas entretenían mi esfuerzo aunque algunas curvas colgadas en la falda de la montaña hacían prever una ruta muy variada.

Toda esta primera parte de la empinada y dura cuesta se interrumpió brevemente al final del tercer kilómetro, donde pude recuperar el aliento.

Observé, escondido detrás de las ramas de los árboles del frondoso Bosc de les Llaus, el camino hacia el precioso Llac d’Engolasters.

El río Pardines que bajaba sin contemplaciones desde lo alto del collado, flanqueado por los postes del teleférico, me conducía en la escalada.

Iba sorteando serpentinas escarpadas, capillas a pie de carretera como la de Sant Felip i Sant Jaume y bordas hasta llegar a Els Cortals.

 

La pendiente aún se amparaba al 8%, pero yo me sentía acogido por la intimidad de las piedras y la madera que me acompañaban en mi relajado ascenso.

La sensación fue de haber viajado a finales del s. XIX, cuando estas casas refugiaban al centeno y los rebaños del frío invernal, hoy rehabilitadas en alojamientos con gran encanto.

De vez en cuando, afrontando alguna curva, podía echar la vista atrás para contemplar la beldad del valle y como, poco a poco, Encamp iba quedando abajo y al fondo, mientras observaba la caprichosa cinta de asfalto que se aferraba a la ladera.

Tan sólo unos momentos antes yo había pasado por allí.

La calma era total.

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Sólo oía el jadeo de mi respiración y sentía los latidos de mi corazón mientras seguía admirando el entorno que destilaba encanto.

Descubría sensaciones inolvidables con la visión de nuevas bordas que intentaban mimetizarse en el paisaje y que me recordaban que estas tierras habían sido de los agricultores y los ganaderos que habían vivido en estas casetas cubiertas a dos aguas y que en aquel momento resplandecían bajo los rayos del sol.

Ya quedaba menos y la montaña ya empezaba a dar síntomas de rendición mientras afrontaba el penúltimo lazo que conducía directamente a la estación después de cruzar el breve, alegre y burbujeante arroyo hasta llegar a la confusa y gran roca en aquel lugar plantada para los amantes de la escalada.

Els Cortals d´Encamp ha entrado con todos los honores en la lista de cuestas irresueltas para cualquier cazador de puertos que se precie de serlo.

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Su puesta de largo en la Vuelta y elevación a los altares fue gracias a un excepcional corredor como Mikel Landa que ni miró para atrás y, sin escuchar la voz que salía de su pinganillo, se quitó el maillot de gregario para convertirse en gran líder coronando en solitario.

Aquel día tardé en iniciar el descenso y apuré todo el tiempo del que disponía, ya que después siempre me queda misma la sensación de no saber cuándo poder volver a sentir esta indescriptible emoción.

Eso sí, bajaba con suficientes argumentos para explicar a los «no creyentes» que Andorra es un país para amarlo durante las cuatro estaciones del año.

Foto: www.ramacabici.com

“Con Franco, la Vuelta era mucho mejor”

Aquella Vuelta de Enrique Franco fue el germen de lo que es hoy

No me miréis así que yo también me he asustado, ¿eh?

 

Bromas aparte, la verdad es que cuando leí esta primera frase del tuit que me contestó a esta entrada el bueno de Pello -el gran Pello Ruiz Cabestany– me quedé, en un principio, bastante perplejo.

No sabía si me estaba vacilando o tenía un nuevo hater como seguidor, pero la primera impresión fue la de quedarme a cuadros.

Por suerte, el estado de schock inicial duró muy poco, apenas unos segundos.

Después de tragar saliva, pude seguir leyendo que Pello, como no podía ser de otra manera, se estaba referiendo, claro está, al recordado Enrique Franco, “que fue el director general de la Vuelta, y gran impulsor, antes de que la comprara la empresa organizadora del Tour”.

Recuperado del susto inicial -imagino que como todos vosotros- he querido recordar la memoria del ilustre e histórico director.

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Su gran trabajo y ambición, su anhelo y deseo fue, desde que se hiciera con sus riendas en el año 1980, la modernización definitiva de La Vuelta.

Y a fe que lo consiguió.

Así fue durante 25 años hasta 2004, temporada en la que tuvo que jubilarse.

 

 

Siempre al mando de su coche rojo y dando el banderazo de salida, agitándolo con ilusión.

Lo hizo con mano firme como cabeza visible de su empresa Unipublic, especialista en organizar eventos deportivos de todo tipo.

Dicen de él, algunos, que quizás lo hizo de manera intransigente y dictatorial.

Otros, le llegaron a recordar hasta su apellido.

La gamma 2020 de Berria ya está disponible… 

Encargo directo, en el año 1979, de la propia Federación Española de Ciclismo, dejaban en sus manos una Vuelta tocada de muerte, con la amenaza latente, incluso, de ser víctima del terrorismo.

Fue una apuesta arriesgada.

Gracias a su obsesión por mejorar una carrera obsoleta y en decadencia, consiguió convencer a Televisión Española para que se interesara por La Vuelta, descubrió Los Lagos y, no lo olvidemos, incorporó el Angliru a su recorrido, después de recibir la famosa carta de Miguel Prieto.

Siempre intentaba atraer a las grandes figuras ciclistas del momento.

Apostaba por la innovación y la sorpresa, por eso a los “palomos mensajeros había que cazarlos”, como él mismo se refería a aquellos que les reventaba las presentaciones de los recorridos con su filtraciones a la prensa.

Algo que a Enrique Franco le enrabietaba y mucho: “La Vuelta para mí es sagrada”

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Los cuatro sueños de Franco.

Hace 22 años, exactamente un 17 de septiembre de 1997, Enrique Franco fue entrevistado en el programa de radio “El Larguero”, presentado por José Ramón de la Morena.

En él, revelaba que tenía cuatro sueños por cumplir para “su Vuelta”:

-incluir en su recorrido la ascensión al Teide.

-lograr un final de etapa encima del puerto de Navacerrada, en un lugar conocido como “La Bola del Mundo”, un lugar inhóspito, muy poco accesible, casi intransitable, muy difícil de llevar a cabo por no decir casi imposible, donde los vientos juegan a su antojo entre antenas e instalaciones antiguas.

-volver a la montaña cántabra de “Peña Cabarga”, que ya había sido final de etapa en 1979 pero que entonces, claro está, no tuvo la repercusión que en esos momentos se merecía con la llegada de La Vuelta.

-por último, celebrar una contrarreloj individual (una cronoescalada) entre Pamplona y la “Higa de Monreal”, la montaña navarra en forma de pirámide, considerada como una de las más duras de la geografía española, con rampas de hasta el 20%.

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Cuatro sueños que no pudo ver cumplidos al fallecer, después de una larga enfermedad, en el año 2008.

Parece que fue ayer y ya han pasado 11 años.

Sin embargo, dos años más tarde, en 2010, dos de sus sueños sí iban a llegar a buen puerto.

En aquella edición se tuvo el enorme acierto, primero, de incluir la llegada a “La Bola”, algo que, como comentamos, no debía ser tan fácil cuando Enrique Franco se quedó sin ver cumplido.

Esa ilusión ya tenía fecha: el sábado 18 de septiembre, la penúltima etapa de la 75ª edición de la ronda española.

El segundo, con la llegada de nuevo de La Vuelta a Peña Cabarga, una ascensión que, posteriormente, ha agrandado su leyenda ya no sólo al ser final de etapa ese año, sino también en 2011 y 2013.

Queda pendiente el sueño de la “Higa de Monreal”, que parece un muro inaccesible, de momento, para las finas ruedas de las bicis de los corredores.

También, la escalada al Teide, un tema en trámite, un reto de futuro que según palabras del propio Guillén: “todo el mundo sabe, no es ningún secreto, que tengo ese deseo de volver a las Canarias”.

La Vuelta ya partió de allí en 1988.

Desde entonces no se ha vuelto.

Podríamos añadir que Enrique Franco tuvo un quinto sueño que tampoco pudo ver cumplido.

Éste no era otro que traer a Induráin después de ganar el Tour.

No lo consiguió nunca.

La Vuelta del 91 (segundo tras Mauri) y la del 96 (obligado a participar a la fuerza por su «no victoria» en el que tenía que ser «su sexto Tour») no servían.

Él quería al Induráin victorioso de julio en el mes de septiembre y eso no podía ser.

No pudo ser.

Esto hacía enfadar mucho a Enrique Franco que arremetía contra Induráin con estas duras palabras, fiel a su fuerte carácter:

“no le beneficia en nada a su carrera, porque habrá hecho mucho por el deporte español pero no por el ciclismo de este país y en otro sitio, público, políticos y medios de comunicación, no hubieran consentido su ausencia” -sentenció con firmeza.

Antes de retirarse, se encargó personalmente que su Vuelta quedara atada y bien atada durante varios años, como él mismo reconoció.

En su legado, puertos como el Angliru del que llegó a decir «una ronda española sin el muro asturiano es como una maratón de cinco kilómetros”.

Un puerto que cambió para siempre el sino de esta carrera y la de los límites humanos del ciclismo profesional.

Foto: Diario AS

Mas de la Costa no es «cuestacabrismo»

El pelotón sube a Los Machucos

El cuestacabrismo surgió en muros de mil metros, explosivos y cortos, no como Mas de la Costa

Al calor de la llegada a Mas de la Costa, surge, como casi siempre en La Vuelta, la palabra «cuestacabrismo».

Nuestro compañero Jordi Escrihuela, ya le dedicó unas palabras el mes de abril, cuando la primera etapa de la Vuelta al País Vasco situaba un muro en medio de la contrarreloj que exigía lo mejor de cada uno y en especial del ganador, el motoraco alemán Max Schachmann.

Así las cosas empezó su relato hablando así…

En España se han ascendido en competición 41 altos o puertos de montañas, cuestas o rampas por encima del 20%, muy por encima de Italia con 21 y sobre todo Francia con tan sólo 6.

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El cuestacabrismo lo entendemos como la fórmula de buscar la combustión de desniveles imposibles, sucedidos sin solución de continuidad dejando en el ciclista y aficionado una sensación de que atacar, jugarla de lejos, es arriesgarse a perderlo todo para cuando la pendiente se ponga por encima de los dos dígitos.

Mas de la Costa vuelve a poner de relieve el concepto de cuestacabrismo.

Sin embargo, no creemos que Mas de la Costa sea cuestacabrismo, y nos explicamos.

 

 

Si miramos unos años atrás, quizá pensemos en Valdepeñas de Jaén como el primer sitio en el que la Vuelta se sintió cómoda con ese concepto explotado de las subidas imposibles.

Hablamos de hace menos de diez años y en esa subida, ese final picando al cielo, lo cierto es que la cosa no se iba más allá del kilómetro.

Es lo que en su día nos dijo Purito «una llegada en muro de manual, de cánones, de esas que se impusieron en Huy, con ese kilómetro más largo del ciclismo«.

 

Así las cosas, La Vuelta siguió explorando, y rebuscando, encontrando nuevas cimas y lugares que hoyar tras un buen baile sobre la máquina.

Llegaron Ezaro, La Camperona y Mas de la Costa.

También Machucos.

La diferencia de llevar unas buenas ruedas

El canon de un kilómetro de subida explosiva se alargaba como el chicle.

El final en Mas de la Costa expone a los corredores a cuatro kilometrazos, algunos sobre hormigón con más del diez por ciento de desnivel medio y picos que son paredes.

Hemos visto a Javier Guillén perder el aliento en la subida con Perico haciendo la entrega de «Pericopuertos» dedicada a la subida castellonense.

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Perico le atribuyó el rol de recolector de subidas imposibles, la persona que nada más que huele una pendiente de retorcerse va para allá a estudiar su viabilidad.

Sin embargo, lo de Mas de la Costa excede ese kilómetro que definió el primer cuestacabrismo, aquellos mil metros que definían violentamente una etapa, una clásica o lo que fuere.

El Mas de la Costa cae del otro lado, es casi la mitad del tramo duro del Angliru, veinte años de su descubrimiento, y un tercio de los Lagos de Covadonga, es algo más.

La Vuelta se sintió muy cómoda en el cuestacabrismo un tiempo, abusando de la fórmula, en los tiempos recientes creo que se han cortado algo, pero siempre les quedará ese muro al que volver y darle eso que el público dice Guillén que tanto aprecia.

Y es que los puertos mediáticos fue algo que surgió con los Lagos, se disparó con el Angliru y hoy venden casi más que un cartel de lujo.

La Vuelta es cosa de los Herrada

La Vuelta Jesus Herrada JoanSeguidor

En dos días los Herrada, Jesús y José logran una cuota de hermanos en la Vuelta que cabría rebuscar en los anales

En dos días es complicado ver un apellido en la vanguardia de una carrera como la Vuelta.

El apellido Herrada en dos jornadas de Maestrazgo, esa zona de colinas peladas, abruptas y rectas, serpientes por una ruta pedregosa.

Una ruta angosta que los Herrada tienen por la mano, como Jesús mantuvo cuando, entre lágrimas explicaba un triunfo de etapa que llega con cierto sabor a revancha.

 

Un día después que en Javalambre la suerte de la Vuelta se girara de espaldas sobre José Herrada, Jesús, el pequeño, en el mismo equipo, Cofidis, dio en la tecla.

Lo hizo es una escapada de buen nivel y nombres amenazando con descargar a los capos de la generar de tener que arrastrar algo tan pesado como el maillot rojo.

David de la Cruz fue líder oficioso mucho rato, pero la casaca roja recayó sobre la espalda de Dylan Teuns, uno de esos corredores cuya calidad empieza a reflejarse en el palmarés.

Cuando hace un año, claudicó ante Oscar Rodríguez en La Camperona, pensamos en la cantidad de ciclistas como Teuns que da lo que tiene y recibe escasas migajas para su empeño.

Ahora le caen dos premios importantes: la jornada de Planche des Belles Filles del Tour y un liderato de la Vuelta que tendrá que defender en Mas de la Costa, que no es cosa pequeña.

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Y en estas que otro Herrada pilló la fuga y el viento a favor.

Si a José le fundieron los dos Burgos, Bol a rueda y Madrazo haciendo un gestión de fuerzas sin parangón.

José Herrada, uno de los mejores gregarios que ha dado este ciclismo moderno que pone puntos a disposición de quien gana pero no de quien trabaja para el que gana, tuvo su ocasión y está voló por las estrellas que se atisban desde Javalambre.

Lo mereció, pero le fue todo en contra.

 

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Jesús Herrada sí tuvo las circunstancias a favor.

Se metió en una escapada con gente interesada en que eso prosperara y goza de un estado físico que afina desde hace meses.

Y así que a rueda de Dylan Teuns se lleva el premio que le faltaba en la Vuelta a España.

Al maillot rojo que supongo tendrá enmarcado le suma esta etapa que logra porque un día apostó a ser cabeza de ratón y le va resultando.

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Jesús Herrada está completando su mejor año en un Cofidis que supo darle lo que quería en el momento que lo precisaba.

Un ciclista que estuvo seguro de ganarse el hueco en un equipo ajeno al World Tour para llegar a donde ya entonces pensábamos que podía llegar, a ciclista de culto, con un pequeño pero prestigioso palmarés, lleno de buenos momentos, ganas y calidad, porque Jesús Herrada sí tiene una cosa es calidad….

Imagen: FB de La Vuelta

La Vuelta ¿Es un Miguel Ángel López vs Primoz Roglic?

Miguel Angel López JoanSeguidor

El duelo Miguel Ángel López contra Primoz Roglic emerge en la Vuelta sin descuidar que un tercero les haga un «Carapaz»

Pensar que Miguel Ángel López es el máximo favorito para la Vuelta, sería tan incompleto como decir que se lo juega todo contra Roglic…

Esto sigue estando abierto.

Javalambre, pocas llegadas te marcan como ésta en una primera ocasión, al menos desde televisión.

Recordamos, en el mismo sentido, aquella granadina Hazallanas, hace seis años, cuando un tal Chris Horner se propuso ganar una Vuelta a España.

Son llegadas que por variedad, belleza y dureza las recuerdas en la cara de los corredores, en sus gestos, en su «deambular» por la carretera.

Y en ese desarrollo Miguel Ángel López vuelve a ser el líder.

 

No es difícil pensar que el colombiano ahora mismo es uno de los grandes favoritos para ganar la Vuelta que se corre en dirección al norte.

Miguel Ángel López está ante su carrera, sin duda. 

Ha hecho limpio hasta la fecha, salvo los segundos que le tomó Nairo en Calpe y el tiempo que le tomó Roglic, está ahí.

Está salvando la primera semana, esa condena no escrita que le cae en forma de segundos, cuando no minutos en cada grande que toma parte.

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En su caso, que nos recuerda al de Mikel Landa, salvar estos días significa postularse al premio que le vemos capaz desde que ganara el Porvenir, no hace tanto tiempo, porque Miguel Ángel López, con varios años ahí, sigue siendo joven.

A su favor un recorrido ratonero, muy de su estilo, con llegadas duras y el gran fondo que se exige siempre en estas carreras, incluso con esas etapas de kilometraje reducido, versión mini, que parece que no castigan pero que pesan como el plomo.

 

 

Para Miguel Ángel López emergerían dos enemigos concretos. 

Uno esa crono de Pau, el mismo sitio en el que Alaphilippe los puso firmes en julio, y donde se prevé que Primoz Roglic eche el resto.

En la Vuelta, el Caja Rural corre con un maillot muy especial 

Y otra su equipo.

Aunque Astana haya ganado la crono inicial, llamó la atención la descomposición del final de la etapa de Calpe.

No es de recibo ver líder de la carrera tirar y tirar en el tramo final, con nombres como Izagirre, Luisle y Fuglsang en la nómina del equipo.

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La debilidad mostrada por Astana en un momento tan crítico hace sembrar dudas sobre la suerte del colombiano si se ve vendido en una carrera tan abierta, que tiene pocos, pero muy buenos contendientes y sobretodo outsiders que puede jugarlo todo a fuego.

Ahora mismo, a 29 de agosto, jueves, primera hora, la Vuelta apunta a un López-Roglic.

Ambos, colombiano y esloveno van creciendo en la general, aunque esto no ha hecho más que comenzar.

En el caso de Primoz Roglic, Javalambre es un botón. 

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Dejó hacer a López, le tomó distancia, no salió al ataque, pero fue recortando poco a poco hasta contener daños.

Primoz Roglic lleva poco en ciclismo pero aprende rápido, sus años cuentan por dos o tres de otros.

Y en el Giro se expuso tanto, antes y durante el mismo que acabó abrasado y pidiendo la hora para no ceder el podio.

El «Roglic vs López» nos recuerda el «Roglic vs Nibali» del Giro, ojo no venga un tercero por detrás…