La Vuelta: Las luces se encienden, desde Nairo a Yates

La Vuelta- Michael Woods JoanSeguidor

El Monte Oiz abre huecos y pone orden en la Vuelta que Valverde y Mas pueden tener a tiro

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Monte Oiz, la Vuelta se gusta por aquí.

Se gusta por desniveles imposibles, firmes gruesos.

Se gusta por Euskadi, algo que por suerte ya no es noticia.

Se gusta verde, pero también entre la niebla que nos impide ver bien a Alejandro Valverde y Enric Mas poniendo la Vuelta custa abajo.

Una niebla que disimuló el mal momento de Simon Yates, en el mejor día de Adam.

Una luz roja que empieza a encenderse en muchos sitios.

Simon Yates mantiene el liderato, pero en esa armadura roja no le llega el nudo de corbata.

Alejandro Valverde le ha descolgado, le ha metido el miedo en el cuerpo, miedo escénico.

Fantasmas que vienen desde Italia, desde ese fin de semana horrible que empezó antes de Finestre.

Es un aviso, pero Simon Yates no quiere que Andorra sea los Alpes italianos.

Entretanto Valverde crece y ahora sí desplaza cualquier duda: es el líder del Movistar, con Nairo quedándose cuando aún no habían empezado las hostilidades.

La Vuelta para Enric Mas

Y a rueda de Valverde, un balear que casi tiene la mitad de su edad.

Enric Mas sale de la Vuelta 2018 como otro ciclista.

Un corredor que ha madurado en dieciséis etapas lo que otros en varios años.

Está en el podio, tras la flaqueza de Kruijswijk y de Nairo. Ojo que se han dejado un minuto.

Ahora mismo nada está escrito, y este azul no ha venido a firmar cualquier cosa.

La jornada vizcaína de la Vuelta, verde a rabiar, verde pero mechada por bronce de otoño.

Una etapa que ha demostrado que la Vuelta, en su tercera semana, está en la mano de unos pocos.

Endura te invita a entrenar con los Movistar 

Y así otra vez una fuga con nombres que nos suenan: De Gendt, Mollema, Clarke, Woods, De Marchi, Herrada, Teuns, Fraile, Amador, Nibali, Zakarin, Majka…

Es lo que pasa cuando estás en la tercera semana de la tercera grande, cronológicamente hablando, del año.

Y de esa fuga emergió Michael Woods en lo más duro de Monte Oiz.

Dejó hacer a Majka, a De la Cruz, a Fraile, y dio cuenta de Teuns.

El Education First vino con el casillero temblando y gana dos etapas en la Vuelta con dos corredores diferentes.

De Clarke en bajo el sol plomizo y andaluz a Woods entre la niebla del Balcón de Vizcaya.

Michael Woods, como Ryder Hesjedal en La Camperona en aquel final de infarto, le da continuidad al jardín canadiense en la Vuelta.

Una victoria preciosa, una victoria que Woods ha podido dedicar a su mujer que ha pasado por un trance de esos que no deseamos a nadie.

La jornada vizcaína de la Vuelta, la jornada para Murias, que no pudo meter la gente que quisiera delante, pero que no dejaron la opción de al menos conducir el pelotón mientras la cámara se recreaba por San Juan de Gaztelugatxe.

Una fiesta de ciclismo íntegramente vizcaína para poner la Vuelta a merced de Andorra, del País Vasco, al País de los Pirineos.

Imagen tomada de FB de La Vuelta

Monte Oiz, donde el viento sopla muy fuerte

Monte Oiz JoanSeguidor

La cima de la etapa vizcaína de la Vuelta acaba en la «cima ventosa»

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Muchos preferiremos que llueva antes que atrevernos a salir a combatir la ira de Eolo, dios de todos los vientos a quien, según la mitología griega, Zeus le concedió el poder de controlar las tempestades, que tenía encadenadas y las podía liberar a su antojo.

Por eso Eolo era tan temido.

Y lo sigue siendo aún en día: el enemigo público nº1 del ciclista.

Sirva esta introducción hablando del viento para situarnos en la fantástica excursión que realizamos hace unos meses con el fin de conocer la nueva joya de la próxima edición de la Vuelta a España: la subida al Monte Oiz, una montaña muy al gusto de la ronda española, corta y explosiva, que hará las delicias de los seguidores. Ya veremos también si la de los corredores, una inclinación sólo apta para escaladores puros.

El Monte Oiz en la marca «la Vuelta»

Era un frío pero soleado día de marzo.

Apenas nueve grados de temperatura para lo que se suponía tenía que ser ya un acercamiento de la primavera, después de un largo invierno que había sido duro, sobre todo en el norte, de frío, lluvias y nieves.

Estábamos sin embargo en el tercer mes del año, el más ventoso de  todos.

¿Alguna duda después de aquella salida? Al final lo veremos.

Aquel día, un cierto miedo escénico se respiraba en el ambiente.

No era para menos: el viento soplaba de lo lindo.

Pero no habíamos venido hasta Gernika para abandonar entonces, aunque el Monte Oiz se había estado ocupando de complicarnos mucho su conquista.

De la grupeta, los más fuertes y corpulentos marcaban el ritmo.

Los demás, bastante teníamos con seguirlos, resguardados, eso sí, del viento.

Llegando a Urrutxua tras pasar por Mendata, siempre en constante ascensión, ya conseguimos a ver en lo alto de la montaña los generadores de Oiz, desafiantes.

Alcanzamos el precioso «Balcón de Bizkaia» y un indicador a la derecha nos mandaba ya hacia Monte Oiz.

Sabíamos lo que nos aguardaba, por eso aquí ya todos echamos manos del piñón de 32 que llevábamos detrás.

Iba a echar chispas en aquellos apenas 5 kilómetros de durísima subida, en la que habríamos de «sortear» rampas entre el 20 y el 25%, muy, muy, difíciles, con la complicación añadida de tenerlo que hacer por una carretera estrecha y hormigonada, resquebrajada y muy empinada.

Vamos, las carreteras que a nosotros nos gustan.

Seguimos. Para definir este tremendo muro, lo mejor es describir las sensaciones que experimentamos escalando aquellos 5 kilómetros de pared: primero una gran tranquilidad para no atufarnos con la primera inclinación al 20%; después seriedad, se acabó la cháchara y sólo se oía el jadeo de nuestra respiración; y a continuación una sensación de agonía y de sofoco.

Las piernas nos quemaban cuando alcanzamos la cuesta al 25%. Estábamos en la mitad de la subida. Nos retorcimos esquivando el cemento rajado.

Cada pedalada que dimos fue artesanal, muy al límite del sobreesfuerzo, hasta que por fin parecía que aquellos gigantes molinos de viento querían rendir ante nosotros, pero aún no, todavía no se daban por vencidos para claudicar bajo nuestros pedales.

En la prórroga del verano, pedalear con calor tiene su miga 

Un kilómetro entero a más del 12% nos dejó casi ya sin fuerzas, como un boxeador a punto de besar la lona, mientras su entrenador quiere tirar la toalla. Nosotros no, somos así de cabezones y sudando a borbotones, con evidentes gestos de dolor, por fin llegamos, después de haber mecanizado nuestro pedaleo y asimilado el sufrimiento: Oiz hace mucho daño pero las vistas compensaron… ¡impresionantes!

El esfuerzo valió la pena y allí estuvimos un buen rato en actitud contemplativa en lo que para nosotros fue descubrir el auténtico Balcón sobre Bizkaia.

¿Y el viento? Aquel día, increíblemente, no soplaba allí arriba.

Tuvimos suerte y hasta los aerogeneradores ni se movían. Fascinante. Sin embargo uno de nosotros nos desveló su secreto: la noche anterior, víctima del pánico, estuvo rogando a Eolo aires propicios o al menos una suave brisa favorable para facilitar la conquista del monte, del Monte Oiz.

Parece ser que el «Dios de los Vientos» vio con buenos ojos aquella petición y fue misericorde con nosotros entregándole al capitán de nuestra expedición todos los vientos encerrados  dentro de una bolsa bien ligada para que los manejara a su antojo.

Y allí estaba. Eso sí, nadie se atrevió a abrirla.

Por Jordi Escrihuela

La Vuelta: Las conquistas silenciosas de Simon Yates

La Vuelta Rohan Dennis JoanSeguidor

Como decíamos en la última semana del Giro, la Vuelta sólo la puede perder Simon Yates

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Segunda contrarreloj, inicio de tercera semana, ayer jornada de descanso, poco o nada que esconder.

El tramo entre Santillana del Mar y Torrelavega ha puesto la Vuelta al límite para algunos, para ciertos corredores que dejaron, cuando no pudieron, pasar oportunidades para decantar las cosas a su favor.

Steven Kruijswijk sacó a pasear ese cuerpazo, anchísimas espaldas, por Cantabria y ha puesto la Vuelta incandescente.

Una contrarreloj de esas que ponen orden, incluso en la igualdad que las montañas no saben resolver.

Hoy me preguntaban, ¿pero no hay contrarrelojes en subida? las hay, pero quedaron en la retina, entretanto queda esto.

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Enric Mas en la Vuelta

Y como el neerlandés, Enric Mas, de quien nunca hemos escrito en este mal anillado cuaderno.

Qué crono del largo mallorquín que dijo que iría hasta reventar.

Puede estar tranquilo, que sea capaz de esto en una crono, a estas alturas, siendo el más joven de los primeros, es sencillamente admirable.

 

Kruijwswijk pone en hora los relojes, la Vuelta no sé si está en sus piernas, pero sí en su suerte y cómo progrese.

Como Simon Yates, en la tercera semana lo perdió todo en el Giro.

Llegó a meter miedo hasta Rohan Dennis, al menos el primer tramo.

Pero el australiano, una delicia verle rodar, que dijo que el rojo era efímero

 

Alejandro Valverde no ha hecho la crono de su vida, las ha tenido mejores, en su porfolio de hombre completo, pero ha sido resultón.

Como los feos en la discoteca.

Alejandro Valverde no sale de líder, pero lo es un poco más.

Que en Movistar deben ver qué ha pasado es un hecho, han tenido todo a punto de caramelo y ahora Simon Yates les envía al minuto o más allá.

 

Me hizo gracia: todos mirando estadísticas de Valverde vs Yates en las cronos.

Que si el murciano siempre había sido mejor, que si Yates está a punto de tener su día malo, que si…

Consuelo de bobos, Simon Yates habrá aprendido o no del Giro, pero va haciendo y ahora mismo lo tiene ahí, a huevo, a punto.

Ojo porque Yates puede completar el año británico de las grandes: Froome, Geraint y ahora ¿él?.

El mismo corredor que se fue con su hermano al Orica, hoy Mitchelton, porque en el Sky estaba todo topado.

La Vuelta rueda entre los ciclistas de Bkool

Y es que, permitidnos la vanidad, es lo de siempre.

No hay nada como una buena contrarreloj para sacudir las cosas y abrir la carrera en canal.

Todo lo demás son castillos al aire.

La Vuelta se frota las manos, varios en menos de dos minutos y por delante Oiz, Naturlandia y Andorra.

Imagen tomada del FB de La Vuelta

 

¿Por qué Miguel Ángel López se merece una grande?

Miguel Angel López JoanSeguidor

Si algo tiene Miguel Ángel López es que es insistente, muy insistente

Hace años escuché una entrevista donde Rafa Acevedo decía que en una de sus primeras carreras “Supermán” López se fue al suelo y quedó sangrando con contusiones muy fuertes.

Recordaba que Miguel Ángel López, en lugar de abandonar la competencia, insistió en volver a montar sobre la bici para terminar la carrera.

Decía Rafa que entonces vio madera fina.

En Colombia diríamos que vio un muchacho con “garra”, con “perrenque”, con “verraquera”.

Rafael Acevedo, un viejo corredor del Café de Colombia que anduvo por las Europas, lleva muchos años dedicado a buscar talentos en Boyacá, ese altiplano alto y frío donde nació en 1954, la misma tierra de Nairo Quintana, de Fabio Parra, de Patrocinio Jiménez, de Juan Mauricio Soler, del mismo “Supermán” López.

La insistencia de Miguel Ángel López

Acevedo decía que por sus manos habían pasado muchos corredores y que los hay testarudos como Miguel Ángel López, y también los hay de esos que aunque tienen condiciones físicas excepcionales se quejan porque les duele esto o aquello, porque ven sangre, porque se caen y se pinchan.

Corredores de fuerza descomunal que se asustan con las caídas y los raspones, y que se bajan de la bici cuando la cosa se pone fea. Sus palabras, que entonces me parecieron crueles, no dejan lugar a la duda: “esos no sirven”.

DT Swiss ERC: La bicicleta se viste por los pies 

De López se dijo en su momento que era más fuerte que Nairo Quintana, incluso que podía mover más vatios.

En algunas etapas de contrarreloj demostró una progresión excelente frente a rivales menos fuertes que él en la montaña y entonces pasó a figurar como gran favorito en todas las largadas.

Pero la carretera lo trata mal.

Con frecuencia se compara la suerte de “Supermán” con la de Juan Mauricio Soler, aquel prodigio que acabó su carrera en una cuneta de la Vuelta a Suiza, donde por poco pierde la vida.

Como Soler, López suele acabar en enredones, en montoneras, con la cadena suelta, pinchado a nada de la meta, o reventado contra el piso, donde ya se dejó una vez varios dientes.

La mala suerte ha sacado a López de la pelea en dos Vueltas a España, y lo alejó lo suficiente en el pasado Giro de Italia donde acabó tercero a fuerza de coraje.

Y aunque en las primeras dos semanas de esta Vuelta a España cayó en cortes malos y sufrió averías mecánicas, nunca López había llegado a los días finales de una gran carrera a menos de un minuto del liderato.

Siempre atacando, siempre intentándolo, López muestra una ambición que no hemos visto a ninguno de los otros corredores.

Si en el ciclismo hubiera justicia, diríamos que es quien más se merece esta Vuelta.

Valverde- Nairo: ¿Quién lastra a quién?

La Vuelta - Movistar Team JoanSeguidor

La pareja Valverde-Nairo ya tiene varios capítulos detrás suyo

Aquí pasa una cosa, y es complicada y sencilla de explicar al mismo tiempo.

En el mundo de simplificación, donde todo es negro y blanco, decir que Nairo no merece ganar la Vuelta a España -como en su día no mereció ganarle el Giro a Dumoulin- no es ir ni contra Colombia, ni contra los colombianos, ni siquiera contra el propio ciclista.

Es decir simple y llanamente la verdad.

Nairo Quintana rizó el rizo en los Lagos, allí donde dos años antes había ganado entre grandes campeones, y se ha llevado una merecidísima crítica de un público que aprecia, ama y respeta tanto este deporte y sus deportistas que tiene todo el derecho a expresar su opinión.

Sobre Valverde y Nairo en los Lagos

No sé sinceramente qué sería de Nairo Quintana sin Alejandro Valverde en esta Vuelta.

Las declaraciones del murciano en la cima de los Lagos explicando que Nairo le pedía que tirase a por López cuando acababa de hacer el esfuerzo de meterse en el grupo de elegidos, hablan por sí solas.

Valverde corre tres carreras, la suya para la general, que poco a poco cobra sentido -y eso que dijimos que no le vemos para ganar la Vuelta-, la de cazar alguna etapa y la de Nairo un corredor que corre con el ojo en su compañero, estos días vestido de verde.

Desconocemos de dónde viene esa inseguridad de Nairo, el mismo que atacó en el Stelvio porque Gorka Izagirre estaba ahí para llevarle o el que se soldó a C0ntador camino de Formigal para descartar a Froome.

Un ciclista que atesora esta calidad, o que al menos pensamos que la atesoraba, es impensable que corra de esta manera: sacó de sus casillas a Yates como en su día hizo con Dumoulin y Nibali.

Espera que los rivales el arreglen la plana, y que le salga gratis.

La Émoda by Trek es sinónimo de ligereza 

Así las cosas, las hojas del calendario caen, y en la crono no va a tener a Alejandro Valverde para que le dicte lo que debe hacer.

Demuestran mil veces más personalidad Miguel Angel López y Rigo Uran, en sus limitaciones, el susodicho Nairo.

Y eso es así, pueden encender más o menos la parroquia, pero es así.

 

Como que Nairo creo que perdió sus mejores pedaladas, en su momento, por estar con Alejandro Valverde en ciertos instantes.

Nos referimos al Tour de 2015 que Nairo acabó segundo porque no atacó hasta muy al final, pues el objetivo del Movistar parecía meter dos en el podio antes que ganar la carrera.

Aquel Tour se cobró la obsesión de Valverde por la carrera francesa, pero creo que privó a Nairo de meterle mano a Froome.

El ciclismo es largo en el tiempo y en espacio, y tiene memoria, una vez unos, otra vez otros.

Ni tan bueno ni tan malo, la hinchada de Nairo tiene motivos para estar decepcionada de aquel Tour, como la de Valverde con esta Vuelta.

El problema es el equipo, que corre y corre sin que nada quede claro, sin que el objetivo sea nítido.

Luego nos asombramos por la determinación del Team Sky y los éxitos que arrastran.  

La Vuelta: Covadonga exige grandeza

La Vuelta Covadonga JoanSeguidor

Los Lagos de Covadonga no deciden pero premian a quienes más lo merecen

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Tras lo visto por Covadonga, podemos concluir que en el pelotón hay dos tipos de ciclistas.

Entre los grandes nombres, me refiero.

Los corredores que lo dan todo, que se vacían, que levantan la gente, que dignifican la profesión: Miguel Angel López, Thibaut Pinot, Simon Yates…

Y hay otros que trepan, que buscan entre las rendijas, que piden relevo, que sacan los colores a sus rivales.

En este caso Nairo Quintana se lleva el premio.

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Los Lagos de Pinot y Yates

Para Thibaut Pinot la Vuelta era la reválida de su salida con el pie cambiado en el Giro.

No ha estado con los mejores en los momentos clave, pero sigue a flote y ha ganado en los Lagos, la cima que cambió la suerte de Laurent Jalabert.

Pinot es un corredor que sólo puedes querer, porque es humano, se vacía, se entrega y lo da todo.

Su triunfo, atacando de lejos, en plena lección de mezquindad de Nairo, tuvo el premio deseado.

Como la personalidad de Simon Yates, el maillot de rojo que corre con la espada de Damocles sobre su cabeza.

Todos le recordamos, le recuerdan que en el Giro explotó, y como entonces sale de líder del tercer domingo de carrera.

Sin embargo, a falta de un tío como Chris Froome, si Yates no flaquea tiene que estar delante, sí o sí.

 

 

Los Lagos de Miguel Ángel López

Covadonga está, dicho con todos los respetos, llena de nombres de escapadas, gente que buscó la gloria entre las ambiciones de los grandes.

La Vuelta ya ha comenzado entre los ciclistas de Bkool 

Esta vez no fue así.

Praeres dejó un buen sabor de boca a Miguel Ángel López y quiso a todos juntos en los Lagos.

Lo consiguió y no fue para nada.

Atacó a ocho de meta, a ocho, a algunos les entra vértigo con esa cifra, pero López tiene hechuras de ciclista grande, de ciclista que quiere lograrlo a base de su esfuerzo, no del de otros.

No distanció al resto, porque sencillamente están todos muy igualados, pero qué delicia ver al mejor joven de la carrera enfilarlos.

Los Lagos de Nairo y Valverde

Hubo un momento, a unos tres y pico de meta que Nairo tuvo a Yates delante, a punto para rematarle.

Fue más o menos en ese punto donde despegó a Contador hace un par de años.

No lo hizo.

La subida de los Lagos que ha protagonizado Nairo Quintana es a todas luces la más mediocre que hemos visto en un gran nombre durante mucho tiempo.

Es un ciclista perdido, como un pato mareado que no sabe por dónde le vienen los golpes.

«Con que tenga un día bueno, todo está a su alcance» dijo Arrieta en meta.

Conviene saber si Nairo tendrá un día bueno.

Nairo corre con dos ojos, uno pendiente de los rivales y el otro de Valverde, no corre por sí solo, está cohibido, empequeñecido.

Por mucho que le consideráramos el gran favorito, ahora mismo no sabríamos decir si Alejandro Valverde debería ser el líder del equipo telefónico.

Con una crono, y llegadas explosivas, no vemos dónde Nairo puede distanciar a Valverde, si éste no explota.

La progresión que vemos en Yates, que vemos en López, que incluso muestra Enric Mas, Nairo no la muestra.

Le queda una semana para revertir la situación, pero lo suyo no parece nada sencillo.

Imagen tomada del FB de La Vuelta

 

Lagos de Covadonga, el santuario colombiano de la Vuelta

Lagos de Covadonga- ciclismo colombiano JoanSeguidor

Oliverio, Lucho y Nairo ganaron en Covadonga cuando la Vuelta

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Vuelvo a esa imagen de Oliverio Rincón cuando cruzó la meta en Lagos de Covadonga en 1993.

Su pelo oscuro y liso, su piel cobriza de nativo americano, los ojos achinados, ese porte delgadísimo de escalador, el uniforme rojo del equipo Amaya y la sonrisa en los labios mientras pasa la raya.

Antes de soltar las manos de la bicicleta para levantar los brazos Oliverio repite un gesto que también hemos visto hacer a Nairo en esta cima: con la mano derecha traza la figura de una cruz persignándose en el instante mismo de la victoria.

Rincón, el jovencito Rincón consagrándose en la cumbre de la montaña, como un Cristo que sufre por su redención.

Allá, en ese santuario y esas montañas donde la leyenda dice que se libró la batalla épica contra los musulmanes en España, se consagraron los grandes ciclistas de la Vuelta a España: Perico Delgado, Lale Cubinos, Raymond Dietzen…

Allá atacaban con furia los colombianos: vimos a Lucho casi sentenciar la Vuelta del 87 en esas cumbres y lo volvimos a ver coronándose rey de la montaña en el 91.

Vimos al jovencito Oliverio estrenándose en Europa, ese muchachito maravilla que había hecho parir a Fabio Parra en el Alto de la Línea, donde le arrebató una Vuelta a Colombia al veterano que acababa de ser segundo en España.

Como vimos a Nairo consiguiendo una de sus victorias más espectaculares hace un par de años.

Covadonga con su virgen y sus cuevas y sus lagos llenos de niebla y su leyenda épica es algo más que una montaña de desniveles atroces.

Covadonga es el santuario castellano de los grandes escaladores, “el Alpe d’Huez” al otro lado de los Pirineos, como dijo Hinault.

Cuesta creer que hubieran descubierto tan tarde, apenas en 1983, este maravilloso final para el sufrimiento y la gloria.

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Una vez más, esta montaña decidirá quiénes podrían perder la Vuelta a España.

 

Una vez más aquellos pequeños ciclistas de piel morena se dejarán sudor y sangre sobre la ruta, su propio calvario de redención en esas tierras tan lejanas, con el anhelo de ser ellos los que crucen los dedos al persignarse en la línea de llegada.

 

La Vuelta: Oscar Rodríguez y esas victorias que cambian vidas

Oscar Rodríguez- La Vuelta JoanSeguidor

En el Eusdaki Murias hay un antes y un después con Oscar Rodríguez en La Camperona

 

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Cuando Jon Odriozola dibujaba su idea para el Euskadi Murias, la luz de sus ojos decía más incluso que sus palabras.

Un proyecto que no era naranja, era verde fosforito, pero que tenía mimbres.

Y esos mimbres tenían futuro.

El Euskadi Murias llevaba tiempo llamando a la puerta y la jornada que la Vuelta se atrevía con La Camperona fue a por todo.

Metieron tres en una fuga que tenía bastantes nombres de días anteriores y mucha calidad.

Edu Prades y Gari Bravo fueron los arietes para que Oscar Rodríguez llegara entre grandes nombres, pero con margen frente a los de la general.

Un trabajo redondo, que además se completó con una subida a La Camperona perfecta.

 

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Dejó hacer a Teuns, obsesionado con ganar, y a Majka, el más rimbombante de los escapados.

Les dejó hacer, tiró de potenciómetro, se clavó en los 400, hasta que les cogió aspiración y se fue, entre pendones leoneses, a por la gloria al pie de la antena.

Oscar Rodríguez, entre estrellas

Oscar Rodríguez, navarro, 23 años, ha dado la vuelta a la Vuelta.

Un triunfo que le empaña la mirada. Ha ganado en una escapada con King, Henao, Zakarin, Teuns, Majka…

 

«Ganar el pros no pensaba que estaba a mi alcance y menos en la Vuelta» le decía a Juan Carlos García.

«Cuando les he pasado, vi que llevaba mala cara y pensé: pues igual gano» añadía.

La Vuelta ya ha comenzado entre los ciclistas de Bkool 

No pudo llegar a La Camperona cuando la Vuelta a Castilla y León, por caída, y ahora llega por primera vez y entrena su palmarés: en la Vuelta..

«Es ciclismo, este chaval me ha sorprendido» comentó Rafal Majka, muy, pero muy decepcionado.

Esta gente del WT se cree intocable, pero esto está igualado, y cualquiera te puede mojar la oreja.

 

Los favoritos, quietos

Centramos la reflexión en Murias y Oscar Rodríguez, porque los nombres importantes poco o nada ofrecieron.

Era lo esperado, La Camperona suena fuerte, disuade, y no era más que un entremés para Prares y sobre todo Lagos.

Nairo abrió hueco con Yates, y al final llegó hasta solo.

Veremos cómo salen las cosas de Covadonga, pero mucho me temo que el tostado boyacense  tiene todos los números.

Casi sin hacer nada, por el desnivel propio y las fuerzas que exhibe, parece el mejor.

Jesús Herrada sigue de líder, pero su  ventaja se desgaja, y creo que seguirá así.

Imagen tomada de FB de La Vuelta