Vuelta sin Tourmalet: No nos perdemos nada

Tuvalum

Viendo como se corre la Vuelta dudo que el Tourmalet hubiera deparado el espectáculo deseado

Desde que la temporada ciclista 2020 se resituara más allá del mes de agosto, desplazada por la primera ola de la pandemia de coronavirus, todos marcamos en rojo el domingo 25 de octubre con la coincidencia del epílogo del Giro en Milán, la París-Roubaix y el asalto de la Vuelta al Tourmalet, como colofón a la primera semana.

Era el domingo, el «superdomingo» de ciclismo, una jornada que además iba precedida por el etapón de Sestriere en el Giro, pasando a Francia, entrando por el Agnello -donde Kruijswijk se estrelló contra una nevera- y pasando por el Izoard.

El plan fue, sin embargo, pediendo fuelle al ritmo que la pandemia crece en Francia.

A la suspensión de la París-Roubaix, le siguió el cambio de ruta en la jornada reina del Giro.

Sólo quedaba la Vuelta…

 

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Y claro, la Vuelta no puede ir al Tourmalet

A toda la zozobra del otoño y la meteorología, mirando el parte del tiempo casi a diario, se le ha añadido una emergencia que pasa por encima de todo y todos.

La Vuelta omite el Tourmalet, pero también el Portalet y el Aubisque y en su lugar improvisa una llegada a Formigal, que viendo a la velocidad que se ha montado, seguramente estaba más que apalabrada hace tiempo.

Un movimiento rápido y certero que creo retrata con fidelidad el alambre en el que se están moviendo las organizaciones este año.

Ver la cara de Javier Guillén hablando de la suspensión del Tourmalet en la Vuelta es todo un poema

El semblante de agotamiento es tal que, como nos dijeron, hasta la mascarilla parece cansada.

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Sea como fuere, lamentad que la Vuelta no sube el Tourmalet, pero lamentadlo lo justo, por que en el ciclismo somos muy de generar expectativas y mitos y luego llega la hostia, nunca mejor dicho.

Es ese momento en el que el desilusionado aficionado arremete contra los ciclistas, que si se han fumado la etapa, que si un sprint en montaña, que si cualquier cicloturista bien preparado aguantaría en ese pelotón.

Viendo quién comanda la carrera, tras lo presenciado en las jornadas disputadas, creer que el Tourmalet acabaría siendo lo que fue el año pasado en el Tour sería lo más coherente: aquello, ya lo recordaréis, fue una llegada en sprint entre los mejores, un sprint en el que se impuso el ya ausente Thibaut Pinot.

El encadenado Portalet, Aubisque y Tourmalet podría haber deparado alguna sorpresa, pero en este ciclismo en el que un equipo como Jumbo pone el tempo, el pesimismo toma el pronóstico.

Etapas como las del Stelvio han pasado a ser la excepción, el movimiento lejano se penaliza y la valentía sólo genera halagos que no computan en el palmarés.

Formigal toma las veces del Tourmalet con el recuerdo de aquel día que Contador lo reventó todo un día sin grandes desniveles ni estridencias, para sumar otra llegada en alto a la Vuelta de las llegadas en alto.

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