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El barato ejercicio de denigrar a los ciclistas

Opinión ciclista

El barato ejercicio de denigrar a los ciclistas

Tiempo de lectura:2 Minutos

Hay en este bendito país un deporte que se llama “no cambiar nada, para que todo siga igual”. Es un deporte que alcanza muchos estadios, el que padecemos a diario, leemos en portada y entra por doquier, lo ejecutan nuestros políticos, aferrados a prebendas prehistóricas para salir de rositas cada vez que ven su trasero en peligro. Luego están las elites, esas castas que heredan todo lo mejor, y lo peor, de privilegios antepasados, para ejercer a su antojo, como si nada hubiera cambiado para ellos.

También esta la prensa que piensa que sigue en el siglo XIX. Por ésta a veces corretean firmas que se cargan de odio y prejuicios para vomitar, no cabe otra palabra, engendros como el que nos regaló el otro día Mallorca Diario, un lugar que, muy a su beneficio, tiene ciclistas a patadas, ciclistas de medio mundo que conocen la belleza de su tierra como no podrían conocer a cuatro ruedas, ciclistas que se dejan una pasta en hoteles, transporte y servicios varios, ciclistas que cuando vuelvan a sus países les hablarán de Formentor, Sa Calobra y Deià.

Pues bien, ojalá no se llegue nunca a eso de las horas convenidas para usar la carretera, cual gimnasio, como el caballero demanda, ojalá los ciclistas desplacen, echen a los coches de ciertas rutas, que hace un tiempo eran útiles, porque no había otras, pero como hay gente que no quiere que nada cambie, las siguen demandando para sí en exclusiva.

Quizá convenga saber que las cifras de las muertes de ciclistas empiezan a parecerse, como dije el otro día, a otros tipos de violencia, mucho más mediática y sensibilizada, pero violencia en el fondo. Me gustaría saber si esa pluma que busca ejemplos de Cachemira para decir que los ciclistas no van a ningún lado, sería tan afilada con otras cuestiones. Que titule el equivalente de “muerte al ciclista” en otros embrollos. Vería la que le cae.

El problema es que el colectivo sigue confuso, que no hay verdadera unión, que ni siquiera los pros, los que de verdad pueden dar ejemplo, se toman su seguridad y la de sus colegas como parte esencial de su trabajo, tanto como las series, la alimentación y las horas de sueño. Unos aducen estrés, otro preocupaciones varias, algunos hacen caso de equipos que esgrimen cuestiones de imagen, estética, qué sé yo,… lo que sea, pero los faros del colectivo tienen las bombillas fundidas.

Y claro, cuando fallan los referentes qué le vas a pedir a los miles de ciclistas dispersos por la geografía, ciclistas cuyo único pecado es amar su deporte, los paisajes, las sensaciones y porqué no, gustan de estar en forma y marcar paquete, como todo hijo de vecino.

Ahora resulta que eso es un acto criticable, y que encontrarte un desaprensivo al volante es casi algo normal, porque eso es lo que buscan los ciclistas. Venga ya, por favor, no vendamos discursos infumables que alimentan descerebrados y cargan de razón a desalmados. O el que firma ese artículo tiene la certeza de que nadie lo lee, o está cometiendo una irresponsaiblidad.

El ciclismo ha sido, es y será parte de la vía pública, cada vez más, y a quien no le guste, que vaya a deshoras por las rutas, así de claro, que la carretera está ahí para quien quiera o pueda usarla y si hay ciclistas que quieren hacer deporte, pues perfecto, pues peor son los que practican el deporte de la imprudencia al volante, que se ponen en riesgo ellos y, lo que es peor, a quienes les rodean.

Imagen tomada de Mallorca 312

INFO

En Biciescapadas saben qué quiere el ciclista a cada momento

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