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¿Dónde quedó el gusto por las contrarrelojes?

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¿Dónde quedó el gusto por las contrarrelojes?

Mediolanum – Giro

Veo la Crono de Naciones, Castroviejo cierra la campaña con una segunda plaza, a escasos segundos de Kiryienka. La Crono de las Naciones, desconozco su antigüedad, pero viene a ser algo así como el heredero del otrora grandísimo Gran Premio de las Naciones, durante generaciones el mundial contra el reloj oficioso, lugar de registros imperecederos como las ocho victorias de Jacques Anquetil. Recuerdo alguna edición en Cannes, con Rominger, Mottet y Fignon, luciendo aquellos manillares de triatleta que Lemond tuvo narices para usar en el epílogo de un Tour.

Hablamos del lugar del esfuerzo individual, de la lucha contra uno mismo para medirse con los demás. Un esfuerzo que tuvo maestros, dicen que el primero fue Jacques, el mentado Anquetil, el ciclista de la pose perfecta, quien sentó el precedente de la postura sobre la bicicleta. El espejo de la Francia cosmopolita que quería dejar atras la penurias de la Segunda Guerra Mundial. Anquetil fue el primero de una saga que sin embargo tiene antecesores, porque de la lucha individual, contra sí mismo y los elementos, Fausto Coppi hizo un arte de escapismo.

Luego vinieron otros buenos nomrbes, Eddy Merckx y Bernard Hinault, campeones completos que en cronos kilométricas, de más de 70 y 80 kilómetros, abrían la brecha que nadie tenía bemoles a cerrar en la montaña. Francesco Moser, otro que tal, un corredor que dominaba el arte de la crono como otros terrenos, dígase el pavés. Si hasta ganó un Giro, el Giro de las malas artes. En esas también anduvo Sean Kelly, master en cronos y adoquines. En los setenta habían rodado como los ángeles Luis Ocaña y Felice Gimondi.

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Los tiempos más recientes trajeron los grandes especialistas en el prólogo. Thierry Marie, maestro de maestros, con sus manillares revolucionarios. Chris Boardman el impulsor del ciclismo en las islas, con Miguel Indurain, “Anquetil en vida”, como maestro de ceremonias. El paso se marcó al estilo de Jan Ullrich y Abraham Olano, aunque croner de grandes ocasiones fue el omitido Lance Armstrong.

En los últimos años la corona se dirimió en nombres muy concretos. El duelo a tres Wiggins-Cancellara-Martin. Cada uno con su estilo y cadencia, nombres grandes. El presente es Tom Dumolin, la perfección, la figura redonda, la evolución de la especie.

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Ahí los tenemos, son los croners, los especialistas en abrir brecha en contrarrelojes, ciclistas que ahora viven medio desplazados en las mejores plazas. Tienen el mundial, alguna pieza suelta y poco más. Si el Tour en su historia hubiera sido como en ediciones recientes, muchos de estos ciclistas no existirían o no en la envergadura que tienen en nuestro subconsciente. No sé qué pasa contra las cronos en el ciclismo moderno, pero es injusto a todas luces que ediciones del Tour no lleguen ni a cuarenta kilómetros de lucha individual porque creo que se hace un flaco favor a la equidad que se dice premiar en este deporte.

Sé que la crono ofrece problemas, primero de logística, luego de retransmisión, no es tan gráfica como una jornada en línea, pero es arte, el ciclista contra todo y todos, él solo, sin referencias, sin ruedas a las que agarrarse. ¿Hay mejor medida del esfuerzo?

Imagen tomada de http://www.gqitalia.it, FB de Team Giant-Alepcin y Wikipedia

Labrava
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