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Iván Ramiro Sosa está hasta cuando no se le espera

Ivan Ramiro Sosa JoanSeguidor

Opinión ciclista

Iván Ramiro Sosa está hasta cuando no se le espera

Iván Ramiro Sosa está hasta cuando no se le espera

 

El salto de calidad de Iván Ramiro Sosa da continuidad a la excelencia colombiana

 

Y ahí estaba él, Iván Ramiro Sosa, moviendo las bielas con la rotación de una aplanadora, con un pedaleo pesado, como en cámara lenta, que no se compadecía ni con la inclinación de la carretera, ni con el sartal de kilómetros que todos tenían encima.

Y ahí estaba Froome con un compañero y una fila de rémoras detrás, vaya uno a saber si aprovechándose del esfuerzo ajeno o apenas salvándose bajo el paso infernal del grupito que sobrevivía al final en alto de la segunda etapa del Tour de los Alpes.

Era el 16 de abril de 2018 y ahí estaba todavía Pinot, que atacaba una vez, que atacaba otra, sin romper del todo, y ahí estaba Pozzovivo, pero ya no estaba Fabio Aru, tampoco estaba George Bennett, ni Peio Bilbao, el líder de la carrera.

Qué bien va ahí el colombiano, Iván Ramiro Sosa… Con su maillot blanco, tranquilo, detrás de Froome” decía Perico Delgado en la televisión.

Veinte años y ahí con los gallos… Hay que decir todos los apellidos. Este va a ser una estrella”.

 

  

Y ahí estaba él, cruzando la línea de meta justo a las espaldas de Miguel Ángel López, el colombiano ganador de la etapa, para subir luego al podio a vestirse con la camisa del líder de la carrera, él, un colombianito moreno de veinte años, corriendo en un equipo de segunda categoría, un escalador puro y absoluto, de cadencia forzada, de pedaleo encorvado, incógnito, desconocido en los radares de la gran prensa.

¿Quién era este pequeño trepador?

Un tal Sosa, dijeron los comentaristas, Iván Ramiro Sosa Cuervo: con todos los apellidos.

No importó que Sosa se fuera al suelo en un descenso cuando iba ungido de líder, ni que terminara la etapa lejos de los mejores, cortado y escoltado por su equipo en pleno.

No importó que perdiera cualquier posibilidad de hacerse con el título de la carrera, porque ya los comentaristas al otro lado del océano especulaban con la enésima promesa colombiana que va a ganar algún día –¡algún día!– el Tour de Francia.

Como Juan Mauricio Soler. Como Nairo Quintana. Como Supermán López. Como Egan Bernal.

¿Sólo promesas?

Hasta ahora la única cosa probada es el talento de Giani Savio para fichar colombianos anónimos que su equipo lanza al primer nivel a fuerza de escapadas imposibles, de triunfos heroicos o exhibiciones tremendas no exentas de sufrimiento.

Quedan años todavía para saber si Iván Ramiro Sosa, tan callado y tan menudito y tan buen escalador y tan pésimo bajador, va a ser algo más que el prototipo clásico  del escarabajo colombiano.

O al menos eso pensábamos con cierto escepticismo quienes tratamos de mantener la objetividad frente a nuestro “deporte nacional”, algo bien difícil de lograr por estos lados.

Eso pensábamos hasta que llegó el Tour de Bihor, primero, y  la Vuelta a Burgos después.

Y ahí estaba él, Iván Ramiro Sosa, saliendo del grupo puntero a cogerle la rueda a Miguel Ángel López en el último kilómetro, con su pedaleo de máquina aplanadora, tan parecido al de Lucho Herrera y esos escaladores de los años ochenta que subían las cuestas en cadencias despaciosas, pesadas, dando la impresión de que van con la máquina fundida cuando es al revés.

Y ahí estaba Miguel Ángel ganándole la etapa con la lengua afuera a punta de viveza, un ciclista mañoso que espera y sabe rematar a otro que anda más fuerte, y Sosa derrotándolo unas etapas más tarde, descolgándolo lejos de meta, no fuera a ser que le ganará otra vez con sus mañas de perro viejo, si es que se le puede decir viejo a un ciclista de 24 años.

Y ahí estaban los calculistas explicando que Sosa había hecho un ascenso muy parecido al de Nairo Quintana en las Lagunas de Neila con apenas un minuto de diferencia, y que el muchacho mueve más vatios que Egan Bernal a su edad.

 

Y ahí está él, un tal Sosa, campeón derrotando a los grandes a sus veinte primaveras. Algún día podrá cantar esa canción de esta tierra que dice que todos tuvimos veinte años y un corazón vagabundo…

Y una Vuelta a Burgos en el palmarés.

Por Camilo Alzate

Imagen tomada del FB del Team Androni

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Germán Tamayo López

    18 de agosto, 2018 at 0:43

    Pero que por favor no le quiten lo escarabajo.

  2. Germán Tamayo López

    18 de agosto, 2018 at 0:44

    Pero que no le quiten lo escarabajo.

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