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La marca “Vuelta a España”

Análisis JoanSeguidor de la Vuelta a España

Opinión ciclista

La marca “Vuelta a España”

La marca “Vuelta a España”

La Vuelta a España ha logrado hacerse un hueco propio en el imaginario ciclista

Seré sincero, no he podido ver la presentación de la Vuelta a España en directo, pero sí ver algunas partes, a posteriori, y conocer algunos de los protagonistas opinando sobre lo visto. Una primera impresión, muchos excorredores en el acto, como queriendo beber del glorioso y cercano pasado de este ciclismo llamado español.

La Vuelta a España ya conoce recorrido, y sinceramente, sin novedades bajo el sol. Se queda uno frío ante lo que un trazado anunciado, en uno de esos encajes que nunca entenderé.

Cada año el puzzle se empieza a cuadrar desde la prensa local hacia la nacional, y de ésta hacia la especializada y de ahí: el recorrido de la Vuelta a España.

Una cosa es inequívoca, la Vuelta a España ha acuñado su marca, y lo ha hecho bien, sinceramente.

Si miramos diez años atrás, esta carrera no la reconoce ni su madre. Desde el maillot del líder, ahora rojo, desde hace ocho años rojo, antes dorado y mucho antes amarillo, al recorrido, preñado de “cuestones”, y finales en alto al entorno, de la variable primavera y veranos venidos a menos, a tórridas jornadas que funden al más pintado. El Angliru, que ha sido noticia en invierno, lo cambió todo.

La Vuelta a España ha conseguido hacerse hueco en el imaginario, ha hecho marca. Si el Giro es clásico, tifosi, Dolomitas y el duomo milanés, y el Tour “c´ est le Tour”, la Vuelta es roja, pasión, calor y dureza, como nunca se hubiera planteado cuando la pasaron a septiembre.

La Vuelta a España se ha hecho una marca al revés, a través de un recorrido que por emblemático ya resulta  hasta previsible. Dureza de menos a más, pero salpicando cada recodo del recorrido, un par de llegadas inéditas o menos divulgadas, algún símbolo, sea Lagos por ejemplo, una crono después de la segunda jornada de descanso y etapa emblemática a 24 horas de Madrid.

Y esta vez la jornada de marras será en Andorra, el principado que de un tiempo a esta parte sabe que en el ciclismo tiene parte de la medicina a los males que acusa su turismo.

Una jornada de esas que dicen corta la respiración, similar a la que causó estragos hace tres años y ganó Mikel Landa. Una jornada de ciento y pocos kilómetros y 4000 metros, toma ya. La Purito y Purito han marcado tendencia.

Antes por eso, hay mucha Vuelta y mucho de Vuelta. Desde el primer fin de semana, en ese descubrimiento llamado Caminito del Rey que Chaves pusiera en el mapa, a las trampas repartidas entre Murcia y Galicia, sin obviar La Covatilla.

Hay jornadas de todo, algunas de perfil feo: la citada Covatilla, La Camperona y Naturlandia, esa subida que empieza entre viñedos, asómbrense, de albariño. Luego Lagos con Fito, dos veces, y jornada por Granada, final en Alfaguara, que limará las piernas.

Entre las novedades, la llegada a Praeres, 23% de máxima en algunos tramos para celebrar el día de Asturias, y el Monte Oiz, en la réplica de la Itzulia en el corazón de la Vuelta a España.

Añadidle la crono cántabra, entre la villa de las tres mentiras, Santillana del Mar, y Torrelavega, y tendréis eso, la marca “Vuelta a España”.

Puesta de largo, presentación y conocimiento del recorrido, en jornada completita por Estepona, presencia de celebridades, buenas intenciones, mejores palabras pero ¿alguien habló de Froome?

Imagen tomada de FB de La Vuelta (Unipublic/Photo Gomez Sport)

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