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Maillots ciclistas: ¿De dónde viene esa fiebre?

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Maillots ciclistas: ¿De dónde viene esa fiebre?

Maillots ciclistas: ¿De dónde viene esa fiebre?

Tiempo de lectura:2 Minutos

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El gusto por los maillots ciclistas tiene un nombre y apellido y unos inicios

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Dicen que fue un tal Gianni Marcarini, ex ciclista profesional francés de origen italiano, el que puso de “moda” los maillots ciclistas.

Finales de los años 90.

Antiguos corredores del equipo Mercier se reúnen en un encuentro en Saint-Étienne para charlar sobre los viejos tiempos.

Gianni tuvo la brillante idea de encargar fieles reproducciones del viejo maillot del equipo para venderlos entre sus amigos.

Tuvo un éxito rotundo y todos le compraron. Bueno, todos menos uno: Poulidor, que tenía fama de tacaño.

Marcarini empezó a fabricar réplicas exactas de los maillots de los equipos míticos del ciclismo: Molteni, Bic, Peugeot y tantos otros.

Maillots ciclistas: allí estaban

Colgados de unas perchas en una de las paradetas del mercadillo vintage, expuestos al radiante sol de aquella tierra, iluminaban los refrescantes KAS, del equipo vasco que lucían amarillos con grandes letras en azul, CAFÉ DE COLOMBIA, en los que aún se apreciaban las siluetas de los finos escaladores colombianos como Lucho Herrera y Fabio Parra, los míticos envasados REYNOLDS, equipo navarro formado por José Miguel Echavárri que aún mantienen la misma estructura de equipo desde los años 80, los encendedores ZOR de Fuerte, Cubino, Pino y Chozas, los colchones DORMILÓN de Martínez Oliver, las chocolatinas HUESO de Suárez Cuevas, los electrodomésticos TEKA de Dietzen, los electrodomésticos FAGOR de Pedro Muñoz o los rompedores VIE CLAIRE, con sus paneles en azul, rojo, amarillo y gris, un diseño de Benetton muy recordado y único, abstracto y moderno, que lucieron los Hinault, Tapie y Lemond.

Cambrils oct.2018

También un FERRYS, inolvidable en el recuerdo porque su portador, Pérez Francés, protagonizó la escapada de su vida: una cabalgada de 240 km en solitario entre Ax-les-Thermes y Barcelona. Dicen que aquel día de julio de 1963, un millón de catalanes se echaron a la calle para aplaudirlo y animarlo.

Maillots ciclistas: nostalgia

Sacados de un cajón el día anterior, donde habían descansado guardados y doblados, se mostraban con añoranza a todos aquellos que los quisieran contemplar, mientras recordaban sus múltiples batallas vividas en sus espaldas.

Aunque muy bien llevados, algunos deberían de tener más de 50 años.

Las arrugas les delataban, descoloridos por el sol, la lluvia, el calor, el viento y el frío que habían tenido que sufrir durante tantas temporadas de carreras.

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Permanecían a la espera de que alguien les ayudara a recuperar sensaciones perdidas en el tiempo.

Nacidos entre los años 60 y 80, vivieron entre el glamour y la popularidad de muchos corredores, rodeados de bicicletas de acero y otros maillots de algodón que, como ellos mismos, fueron confeccionados con mucho esmero, buscando romper con lo visto hasta aquel entonces.

Durante aquellos años se crearon los más elegantes y míticos, diseños sencillos pero reconocibles a simple vista por bonitos y vivos colores, combinados con el nombre del patrocinador que se mostraba único y en letras grandes.

El gran libro del maillot ciclista

Maillots ciclistas: auténticas joyas

Por cada poro de sus mallas se desprendía la épica y en las rayas de sus singulares diseños se podía leer la historia de este deporte en la que ellos habían sido parte y testigo de numerosas batallas en las que no habían faltado la gloria y la fama, pero también las lágrimas y la sangre en forma de fracaso y expiración.

Soy globero, ¿y qué? porque he tenido la oportunidad de ver las montañas de otra manera, y así he cogido mi bici, mi cámara de fotos, mi grabadora y mi GPS y me he ido a la caza de puertos terribles, para poder experimentar sensaciones de primera mano y luego poder explicároslo.

Presté atención a lo que a mí me parecían susurros mezclados con el sonido del viento.

Aquellas vistosas prendas hablaban por sí solas narrando sus victorias y derrotas, contando sus historias a través de sus edades en el tiempo, sus cambios de color y de formas, y cómo vivieron aquellos hechos imprimados a la piel del gigante de la ruta que dejaba caer en ellos su sudor, siendo espectadores de lujo de la epopeya de este deporte llamado ciclismo.

Por Jordi Escrihuela

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