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No hay líneas en el horizonte

Mundo Bicicleta

No hay líneas en el horizonte

Cerré sesión en el ordenador. Ya tenía suficiente. No quería saber nada más. Había visto algo por encima, alguna foto, alguna opinión, pero no quería ninguna influencia externa más. Esto tenía que verlo por mí mismo. La propuesta de Pau me había cautivado. De hecho, en una semana íbamos a ir a verlo y a fotografiarlo, a conocerlo. Pero no pude esperar. Llamé a mi cuñado.

-Oye, no me esperes. Me voy ahora mismo al Berguedà.

-¿Y eso? ¿Ahora mismo?

-Sí, me voy a ver un puerto que me han dicho que es muy duro… y muy bonito.

-Te acompaño.

-¿Cómo?

-Que sí, que voy contigo.

-Pero oye… que es muy bestia, que tiene rampas inhumanas.

-No será para tanto. ¿Dónde está “eso”?

-Por Espunyola, cerca de Berga.

-Yo esa zona la conozco de cuando vamos a buscar bolets. ¿Cómo dices qué se llama?

-No te lo he dicho. Se llama Capolat, aunque lo conocen también como Malpàs.

-¿Malpàs? Miedo me das.

Nuestra aproximación en coche fue hasta Avià, muy cerca de Berga, una población desde donde se pueden hacer duras rutas de montaña ascendiendo puertos como Rasos de Peguera, durísimos como Creu de Fumanyà o Pradell, y algo más allá bellezas más “humanas” como Pal o la Bena. Un paraíso para sufrir con mucho gusto.

Empezamos a pedalear suavemente por una deliciosa carretera de tendencia ascendente, rodeados de campos verdes, masías y las primeras estribaciones montañosas del Prepirineo catalán. Son las 9 de la mañana y la boira (niebla) de primera hora ya se está empezando a disipar, dejando al descubierto un hermoso paisaje. Después de haber calentado piernas llegamos enseguida a Espunyola, un pequeño pueblo de apenas 200 habitantes situado a 800 metros de altitud.

Al llegar nos desorientamos un poco. Buscamos el cruce dirección Capolat porque habíamos visto que estaba muy bien indicado, pero creíamos erróneamente que el desvío se encontraba en el mismo pueblo. Después de titubear un poco decidimos salir de Espunyola y en apenas 1 km, después de una larga recta, por fin encontramos la señalización hacia Capolat. No había pérdida, era por ahí. La sensación que teníamos en ese momento era de algo de emoción, pero también de algo de temor.

Tiramos con decisión hacia arriba, ya en ligera subida. Llegamos a un nuevo desvío a la derecha donde parecía que daba inicio la ascensión definitiva. Es en este punto cuando levantamos la vista y vemos el tremendo muro que hay delante de nosotros. Se trata del macizo de Els Tossals. Si nos fijamos bien se vislumbra por dónde pasa la carretera que lo atraviesa. Hasta se puede observar la baranda de protección, enclavada en la roca, y uno no imagina que una carretera pueda pasar por ahí. Pero pasa, y tanto que pasa.

Continuamos, algo impresionados porque tenemos que subir hasta allí arriba. Hace rato que no nos decimos nada. Parece que hay miedo escénico. En mi interior, sin decirle nada a mi cuñado, pienso que si partimos de 850 m de altura y tenemos que llegar casi a los 1300 en tan sólo 5 km, es que estamos ante algo realmente exagerado.

Pasamos el primer kilómetro, el más suave, y llegamos a una señal que nos indica un 16% de pendiente que, después de visto lo visto, se nos antoja algo mentirosa. En este punto le digo a mi cuñado que lo meta ya todo, triple plato, reductora y lo que haga falta. Y sobre todo, que no mire mucho hacia arriba.

Yo también engrano mi gran piñón de 30 dientes, auténtico seguro de vida para salvar grandes desniveles.

Hasta aquí llega la carretera rural asfaltada por la que se han deslizado las finas ruedas de nuestras bicis, transformándose ahora en una pista de hormigón de unos 3,5 m de ancho, perfectamente ciclable pero que se agarra bastante. Primer giro a la derecha -esto se empina-, nuevo giro a la izquierda y la carretera se levanta literalmente por encima de nuestras cabezas. Una cuesta impresionante. Vista desde abajo parece una pared inabordable. Oigo decir algo ininteligible a mi cuñado. Mejor no le pregunto qué ha dicho. Me lo puedo imaginar. Mi GPS empieza a marcar porcentajes tremendos mientras afrontamos una espectacular doble curva derecha-izquierda: 12-14-16-18… ¡Hasta un 22%!

Saliendo de aquí ya vemos enfilar la carretera con decisión en busca de la garganta de la montaña, un tramo casi rectilíneo, el más espectacular de toda la ascensión, el más bello y también el más duro, uno de los kilómetros más impresionantes que podamos encontrar en toda Catalunya, nada menos que al 14%, con muchas puntas entre el 18 y el 20%.

Mi cuñado sigue echando pestes de la ascensión pero se está comportando como un campeón, dándolo todo en la escalada. Estamos metidos ya en pleno Desfiladero de Malpàs (mal paso), atravesando el pintoresco congost por donde hizo pasar la carretera, nada menos que en el año 1959, la empresa constructora Serrerías del Llobregat S.A. con la colaboración de los propietarios de estas tierras: Cal Bertrán, Cal Sant, Vilella y Casoliva. Una placa a nuestra derecha, fijada en la roca, deja constancia de este hecho.

A nuestra izquierda una doble barandilla (la vieja, destrozada por el paso del tiempo, y la de nueva construcción) protegen el paso del barranco, eso sí, con unas vistas espectaculares. Dan ganas de agarrarse a ella para subir, pero eso no vale. En este punto las piernas duelen y el corazón se acelera y, como de costumbre, una canción empieza a bombardearme la cabeza, se trata del estribillo de “Escuela de calor” de Radio Futura: “no des un paso, no des un mal paso…”, que viene que ni pintado.

Sorteada esta impresionante cuesta, un giro a la derecha nos va a dar una tregua en forma de rellano que nos va a venir de perlas para recuperar y afrontar el siguiente kilómetro con garantías. Apenas serán unos 200 m, pero cuando parece que todo ha acabado topamos de frente con otra terrible curva de herradura donde el porcentaje aumentará de nuevo hasta el 18-20%. Tremendo. Aquí lo damos todo porque según los cálculos ha de quedar poco para hacer “cumbre”.

En efecto, ya vemos el cambio de vertiente y una nueva señal al 16% pero ubicada al otro lado, para indicar a los que vienen en sentido contrario de lo que se les avecina. Si giramos la cabeza vemos como la carretera se hunde literalmente hacia abajo. La pista cementada la dejamos atrás y la calzada vuelve a recuperar su fino aspecto en un nuevo rellano. Un último esfuerzo para superar una nueva rampa al 11% y se acabó.

Acabamos de superar 3 km de ascensión increíbles, de los más duros que puedas afrontar.

A partir de aquí pedalearemos por una deliciosa carretera dirección Capolat. La pista forestal se abre dejando al descubierto un paisaje espectacular: a nuestra izquierda el Pirineo, a nuestra derecha Montserrat, a veces rodeados de verdes praderas donde las bucólicas vacas pastan a su antojo y otras por frondosos bosques de pinos y abetos.

Son unos ondulantes 12 km, con continuos subes y bajas, afrontando de vez en cuando algún repecho a bloque, pasando por pequeños núcleos rurales como Taravil o el propio Capolat, lugares donde parece que el tiempo se haya parado. Estamos en una altiplanicie en la que altura oscilará entre los 1200 y 1300 metros, en una de las carreteras más contemplativas que podamos encontrar por Catalunya y además con tráfico casi inexistente.

A buen ritmo llegamos al cruce de la carretera de Sant Llorenç de Morunys a Berga, al alto conocido como Coll de Jouet o la Mina. Giramos a nuestra izquierda entrando en el túnel sin iluminar que hay en el mismo desvío. Nos dejamos caer dirección Sant Llorenç, buscando algún bar donde avituallarnos. A pocos kilómetros del descenso encontramos uno: La Cantina de Llinars, que también pertenece al municipio de Capolat, donde pudimos almorzar y alucinar con la historia de este bar, que hará las delicias de los fans de U2. Lluís, el propietario de la cantina, nos explicó que hace unos años miembros del mítico grupo de rock irlandés vinieron a rodar aquí el video-clip “Linear”, que pertenecía al último álbum: “No Line on the Horizon”. Increíble. Parece ser que algún representante de U2 paró aquí con su moto para comer y le gustó tanto el sitio que decidió que fuera el escenario del rodaje del “road-movie”. Y nosotros habíamos estado, casi sin querer, persiguiendo a U2.

Por Jordi Escrihuela

Imagenes Pau Catllà, Caminando por el Berguedà y APM Foro

INFO

El Cruz Bike Rack G es un portabicicletas de techo en acero (gris). Equipado con doble pomo antirrobo.

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