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Orica, ese equipo

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Orica, ese equipo

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Hay una regla no escrita sobre Simon Yates, cuando arranca ya puedes espabilar, porque no lo ves. En la hermosa ruta hacia Estella, pueblo jacobeo de primerísimo orden, el inglés volvió a evidenciar ese olfato, esa forma de hacer que yo creo que un poco de todo: instinto en carrera, leer el momento perfecto, saber contra quién corres, si están los Movistar mirarán a que otros hagan el trabajo, y tu propio equipo, el Orica, que en esto de desnudar carencias rivales con la pizarra son maestros.

Iban escapados tres Movistar -Izagirre, Soler y Rubén- más dos Sky -Henao y Kiryienka- y otros tres Orica -Verona y el mentado Yates. A poco de coronar el último puerto, cuya cima sacaba el descenso hasta la base de Puy, Yates ataca, Verona controla y se acabó la carrera. Miradas, nervios, parón… y otra pieza a la saca de Orica.

Hay algo en Orica que me apasiona, y es que pueden cambiar de peones, de nombre y bazas, que el resultado rara vez les es desfavorable. Incluso cuando avezados comentaristas hacen mofa de sus movimientos, como en el Aubisque en la Vuelta o la etapa que ganó Matthews en el último Tour, los australianos siguen a la suya y se llevan el gato al agua.

Orica tiene un buen equipo, pero no el mejor, sobre el papel, pero cada año nos dejan unas perlitas de las que queda en la memoria como esas lecciones de equipo y pizarra que sobrevuelan sobre las tecnologías y la carencia total de autocrítica. Movistar con tres ciclistas en el corte bueno no ha dado, una vez más, el tono. No es la primera vez, no será la última. Si quieren que la Vuelta al País Vasco caiga para Valverde, con ese recorrido más suavizado, ya pueden estar atentos a estos tipejos que viste de azul y son escurridizos.

Simon Yates es un ciclista con agudo no, agudísimo sentido táctico. Cuando ataca es que ve la pieza, quizá como forma de sacar partido a ese ingenio y cadencia que la pista te sabe dar, más cuando has corrido para el Team GB. Yates fue campeón del mundo de puntuación hace cuatro años en Bielorrusia, pero su pequeño bajaje es como esos regalos llenos de delicatessen con sendas etapas en Vuelta y París-Niza. Ahora le añade el Miguel Indurain. Cuando le vimos saltar, era inconfundible, su rostro trinagular, fino, encajado en el casco, leve zarandeo. Lo pensamos, a éste lo ven en meta. Indurain le ha dado el premio a crío que no había nacido cuando ganaba su segundo Tour. Yates es de agosto del 92, cuando los JJOO de Barcelona.

Orica ese equipo, ese bloque que da sentido al trabajo colectivo hasta las ultimas consecuencias, un cuadro que por cierto nos tiene en vilo ¿dónde está Esteban Chaves? no se le ve hace tiempo, queda aún para el Tour, pero ello no le impidió estar delante en el Down Under. Ya sabéis sin Chavito, la sonrisa no surge igual en ese equipo que vino de las antípodas para sacar punta a todo lo que se le puede sacar punta.

Imagen tomada del FB de Orica-Scott

INFO

En breve DT Swiss nos pasará dónde puedes probar estas maravillas…

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