A Carlos Betancur se lo tragó la tierra

Casi un mes después del vuelo del «orgullo colombiano» nadie sabe dónde está Carlos Betancur

Cuando hace unas tres semanas partió de Colombia el vuelo que llevaba la bandera del país con lo mejor de su ciclismo, y otros deportes, la noticia fue la ausencia de Carlos Betancur.

Un «not show» sin marcha atrás, por que al colombiano le esperaban para el reinicio italiano, encadenando Strade Bianche con Milán-Turín y San Remo antes de Emilia, Gran Piamonte, Tirreno y Giro de Italia, la carrera en la que hace siete años corrió de blanco, mejor joven, omnipresente, maravillando y disputándolo todo.

¿Cuántos quisieran un calendario así?

Es curiosa, por eso, su no presencia en Milán-San Remo, una carrera con la que tiene una curiosa historia en Movistar, fue la primera el año de su fichaje, un ciclista escaso de forma en el nueve azul para un monumento, el más largo, casi 300 kilómetros, una muesca en el cariño que históricamente le han dedicado a este tipo de carreras en chez Unzue.

Ahora con el fichaje de García Cortina prometen que cambiarán las tornas.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

En todo caso y dejando la anécdota atrás, lo que más llama la atención es el mutismo sobre Carlos Betacur, «bananito» sobre el que Eusebio Unzué admitió tener un reto personal allá por enero.

Así las cosas, nadie sabe nada, nadie cuenta nada.

En prensa de Movistar, Carlos Betancur directamente no existe, o muy mal hemos mirado sus redes y contenidos, pero no hemos visto nada.

Era uno de los colombianos que viajaban en aquel singular vuelo rumbo a Europa, y nada.

No se dice nada, ni se comenta, ni se comunica.

Y la situación es grave: En el momento de su ausencia en el aeropuerto, antes de partir a Europa, se alegó una enfermedad de alguien cercano.

Sin embargo no aprovechar esa ventana para viajar era un arma de doble filo, pues las restricciones para volar desde Colombia son importantes, nos consta que en este país la situación con el coronavirus no es sencilla.

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Cruz 400×400

 

Esto en Movistar, luego rascas entre fuentes colombianas y cero.

«Pues supongo que debe andar allá en Ciudad Bolívar (Antioquia) tomando aguardiente, comiendo chicharrones y jugando billar a lo loco» nos cuentan desde Colombia.

Otros hablan de la tierra que se lo ha tragado y algunos periodistas admiten que no han podido contactar ni saber nada de él en varias semanas.

Ojo que hablamos de un corredor del World Tour que mucho me temo esté quemando sus últimos días en el máximo nivel.

Carlos Betancur es uno de los mejores talentos que ha dado, ojo, Colombia en los últimos diez años, y si miramos todo lo que ha salido de este país podéis imaginar que no es poca esa calidad.

Es un corredor que cuando está inspirado es un Dios, un martillo sobre los rivales, inabordable y sembrado, pero que esas lagunas que ya apreciamos justo después de su gran 2013 le hacen aparecer y desaparecer de forma triste para todos y en especial para el aficionado que aprecia en un ciclista el barniz de la calidad y el brillo del talento.

Y es una pena porque como una vez escribieron aquí mismo sería una rutilante estrella «si alguien lo hubiera convencido -a Betancur- de que con unos pocos años de ascetismo y trabajo duro podría ganar tanto como para pasarse el resto de la vida tomando cerveza, comiendo chicharrón y jugando billar en ese pueblo cafetero donde nació…».

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