Cerler y ciclismo: «Chamonix» de los Pirineos

Apelar Cerler es evocar buenas tardes de ciclismo

Decir Cerler es decir nieve y no, no exageramos, cuando nos referimos al municipio de Benasque como el «Chamonix» de los Pirineos, donde está situada esta estación de esquí alpino, nuestro objetivo de hoy, un paraíso para los amantes de la montaña y del ciclismo.

 

En él, en efecto, se encuentran el 80% de los más de 70 tresmiles que hay en España, entre ellos el Aneto, el techo de los Pirineos (3404 metros), para disfrute del esquiador y de todo aquel que quiera combinar naturaleza, sol y nieve, como pueda ser nuestro caso, el de los cicloturistas.

Para eso os hemos invitado a venir hasta aquí, hasta esta esquina nororiental de la comarca de la Ribagorza, en la provincia de Huesca, una zona virgen rodeada de bosques de pinos negros y de glaciares que aún resisten el cambio climático, donde nace el río Esera para dar forma a este valle como el mejor de todo el Pirineo.

Buscando un tesoro pirata, la propuesta está clara: ascender a caballo de nuestra bici hasta la famosa estación de esquí de Cerler a 1910 metros de altura.

 

Y sí, habéis leído bien, si tenéis oportunidad, podréis ir a la búsqueda de las joyas y monedas que, según cuenta la leyenda, cayeron de un cofre rodando pendiente abajo cuando unos piratas, un poco torpes, lo intentaban esconder en la parte más alta de la montaña.

Una historia que cuentan y nosotros os la explicamos «por si acaso».

Tras los pasos de Lale Cubino.

Así os sentiréis cuando ajustéis vuestras calas y deis vuestra primera pedalada desde las estrechas callejuelas de calzada romana entre las preciosas casas de piedra gris de la invernal y montañera Benasque, capital del valle y reconocida también por sus aguas termales.

Aquí, en esta ascensión, podremos revivir la épica etapa de la Vuelta un 30 de abril de 1987.

 

Aquel día hubo un terremoto en Cerler que produjo estragos en la montaña.

Un joven y poco conocido bejarano del BH llamado Landelino fue un “caníbal” a las órdenes de una agresiva táctica de Javier Mínguez, que dinamitó en las rampas de esta subida a un pelotón de lujo integrado por célebres nombres como Sean Kelly, Dietzen, Perico, Gorospe, Arroyo o Indurain.

En esa jornada abandonaron 22 corredores que no pudieron aguantar el inhumano ritmo impuesto por los hombres de Mínguez y dejando, atención, a 40 fuera de control, si bien 27 de ellos fueron repescados, como suele pasar en estos casos, para no dejar la carrera huérfana de ciclistas como Recio o Alfonso Gutiérrez.

 

El rostro de Kelly, desencajado, reflejaba el esfuerzo de aquella jornada memorable, tremendamente dura, que le supuso perder el liderato en beneficio de Dietzen, nuevo maillot amarillo.

Con este estreno se dio a conocer esta estación invernal que reclamó la presencia de la ronda española para promocionar sus instalaciones.

No defraudó y desde entonces fue habitual referencia en la Vuelta la presencia de esta cuesta donde grabaron sus nombres ilustres escaladores como Parra, el propio Perico, Farfán, Ivanov, Rominger, Rincón, el Chava, Heras, Escartín o Laiseka.

SQR – GORE

Pero Cerler no es sólo una estación de esquí válida para el ciclismo en los meses de deshielo, es también un encantador pueblo de piedra y pizarra (el más alto del Pirineo a 1540 metros) en el que bien podemos hacer un alto en el camino en nuestra escalada a mitad de recorrido para visitar sus calles estrechas, antes de afrontar, tras un breve respiro, los dos duros kilómetros a una media del más de 9% para poner rumbo definitivo al grandioso espectáculo del circo de Ampriu.

Foto: http://1001puertosdemontana.blogspot.com/

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